El Libro de las Introducciones a la Biblia

INTRODUCCIÓN AL GÉNESIS - Reto a la Teología de las Iglesias

PRIMERA PARTE- HISTORIA DEL GENERO HUMANO

LA CREACIÓN DEL UNIVERSO

Capítulo 1
1
Al principio creó Dios los Cielos y la Tierra.
2
La Tierra estaba confusa y vacía, y las Tinieblas cubrían la haz del Abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las Aguas.
3
Dijo Dios: “Haya Luz,” y hubo Luz.
4
y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las Tinieblas;
14
Dijo luego Dios: “Haya en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el día de la noche y servir de señales a estaciones, días y años;
15
y luzcan en el firmamento de los cielos, para alumbrar la Tierra.” Y así fue.
16
Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas;
17
y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la Tierra,
18
y presidir el día y la noche, y separar la Luz de las Tinieblas. Y vio Dios ser bueno,
19
y hubo tarde y mañana, día cuarto.

 

Sección 1 - Creación de los Cielos

 

Es evidente y espero que se comprenda sin mayores excusas que no voy a extender hasta sus últimas consecuencias un Tema en el que ya me he explayado debidamente en la Introducción a la Cosmología del Siglo XXI. Sí insistiré y me detendré lo que sea necesario, aunque yo no sea hombre de muchas palabras, en la Omnisciencia del Autor de la Biblia, quien, asumiendo el Orgullo del hombre, concentró en unas cuantas líneas el resumen general de la Creación de nuestro universo, haciéndolo con tanta Sabiduría, como era de esperar de quien es Dios verdadero y su Pensamiento es inaccesible para cualquiera, tal que su Jeroglífico se ha paseado delante de la cara de todos los genios de todas las ciencias de todos los tiempos, cada cual negando cualquier contenido científico en el relato de la Creación del universo del Génesis, asumiendo de esta sutil manera que Dios es un idolo de letras y ellos los verdaderos genios y sabios y únicos dignos de omnisciencia, amén, aleluya. Es por tanto para mí un honor ser el instrumento de la risa de Dios hacia tanto Einstein que negando a Dios afirmara su ciencia, tal que con su solo pensamiento, sin necesidad de ver, oír y tocar siquiera, podían relatarnos el Origen no ya de nuestro Universo sino del mismísimo Cosmos, y he aquí la risa de las risas la más destornillante: Nanosegundo por nanosegundo.

 

El Principio

 

Creo recordar que uno de los argumentos de la Ciencia para negar la existencia de Dios es que Dios ni se ve ni se toca ni se huele. Argumento sesudo digno de una inteligencia Sapiens indecisa entre el regreso al estadio primate o el Salto a la vida de los hijos de Dios. Cosa curiosa, pues, que el argumento ad luminen que le sirviera a la Razón para negar la Fe, ese mismo argumento acabara siendo el dogma desde el que definir el pensamiento científico, y así, concluyendo, aceptar como prueba prueba final el argumento con el que la Razón diera por acabada su discusión con la Fe. Después de todo ¿cómo tocar el Origen del Universo? ¿Se tiene que negar que hubo un Principio porque no se le toque? Y sin embargo siguiendo la misma lógica usada por el discurso decimonónico de la Razón contra la Fe, por este mismo argumento y sin necesidad de más argucias retóricas cualquiera que le diese fe a la teoría cosmológica del siglo XX sería un neurótico, porque es imposible que lo frío sea caliente para un semejante mío, a no ser que la semejanza termine donde empieza la mente. Estos queridos neuróticos nuestros nos vienen con el cuento de que sí ven y tocan el Principio Cosmológico Perfecto, y aducen que de vez en cuando una luz brilla en sus telescopios, como si fuera ésa la única, y que esa luz procede del principio del Cosmos.

Ya digo, no me extenderé más en esta refutación de la neurosis científica que caracterizó al siglo XX y que, degenerando en dogmatismo materialista, condujo a las naciones a la Segunda Guerra Mundial.

El fascismo existe desde el día que una criatura le dijo a otra: “Eva, come y seréis como los dioses”. Pero los fascistas, como el diablo que encuentra en su negación su pantalla china particular, concentran su movimiento en un punto en el espacio y el tiempo, ocultando la madriguera en que el nazismo intelectual se ha escondido tras la caída del hijo predilecto de la Teoría de las especies, Stalin- Hitler.

Transformada la Ciencia en la cueva donde el fascismo totalitario de la Ideología del XX se pertrechara a fin de obligar a todas las naciones a regresar para evolucionar, borrando de esta manera la Historia del Género Humano según Dios, para escribir otra según la Ciencia, cumpliendo así el sueño del Diablo, hacer del hombre un dios, pasando por alto que quien no pudo hacer del hombre un superhombre ya nos explicará cómo lo va a convertir en algo más; y puesto que la profundidad en su patología está en fase avanzada de degeneración sin solución, como se ve por el asalto contra la naturaleza del hombre que es la Clonación, y contra la Naturaleza del Universo, que es la Transgenia, a nosotros no nos queda más que hacer lo que debemos hacer sin mirar a los lados ni hacia atrás. El Futuro de la Humanidad está en juego.

 

La Omnisciencia

 

Nadie mejor que Dios conocía este momento. Ya lo dijo desde el instante en que el hombre eligió la Guerra sobre la Paz como vehículo de Civilización. El fin de este proceso suicida sería la autodestrucción de la Humanidad: “Polvo eres y al polvo volverás”. Y no porque Dios lo dijera tal que la Condena fuera asunto suyo; sino porque siendo inseparable la causa del efecto una vez dado curso a la Causa se debía seguir el Efecto. Y el efecto natural debido a un mundo sujeto a la Ley de la Ciencia del Bien y del Mal, es decir, del Más fuerte, es la Autodestrucción.

Como conocía perfectamente esta Ley y una vez que justificó en la Ignorancia del desobediente su Delito, y concentró la Culpa de su Elección Suicida en la Traición de un hijo de su propia Casa, Dios se planteó darle un final feliz a lo que era una Tragedia. Conocedor perfecto de todas las edades y fases por las que atraviesa un mundo sujeto a dicha Ley Asesina, a la Hora de plantearse este Final Feliz para una Tragedia, cuya realidad quedó manifiesta en la Cruz de su Hijo, Dios se adelantó a todos los siglos previendo punto por punto los pasos que habría de darse para llegar a dicho Día, que los Apóstoles vieron y juzgaron digno de todo sacrificio, siguiendo en esto el ejemplo de su Maestro, nuestro Cristo Jesús.

 

El pensamiento de Dios

 

La negación de la Ciencia y de la Teología a la Imposibilidad material de la criatura para acceder al pensamiento de su Creador sería una de esas fases finales, razón por la que quiso Dios humillar el orgullo de todo hombre, de ciencia y de iglesia, mediante la palabra de un hijo suyo, criado en su Pensamiento sin mediación de hombre alguno. Y queriendo por esta humillación de los que a sí mismos se llaman sabios llamarlos a Obediencia, tejió en su Omnisciencia el jeroglífico con el que comenzó su Libro. Cuya Interpretación tenéis en su forma científica en la Introducción a la CSXXI, y en su aspecto teológico, es decir, referido al por qué, en la Historia Divina de Jesús. Pero que abriré de nuevo a fin de que por lo general la Luz llegue a más sentidos y atraiga a sí a quienes cruzando la Puerta han de trabajar en lo particular para gloria del Dios de todos y salvación de la plenitud de las naciones de la Tierra.

 

Historia del Género Humano

 

Estamos, pues, en que la Historia del Hombre no empieza en la misma Tierra, ni en las estrellas de los Cielos siquiera, sino en la Mente de quien tejió en su Inteligencia su Existencia en el Espacio y el Tiempo. Tenemos, entonces, una Historia Natural del Hombre, que es la referida a la Memoria de su nacimiento y crecimiento en la Tierra; y una Historia del Género Humano, que es referida a su Origen en Dios. No puede haber, por tanto, oposición entre ellas sino porque la ignorancia las enemistara y los unos quisieron hacer del campo del otro propiedad propia, expropiando el otro al uno de lo que le era ajeno a ambos.

Creo yo que esta correspondencia entre Fe y Razón y sus campos respectivos vino descrita en ocasiones haciendo del médico su parábola, diciendo que así como la Fe se ocupa de la salud del alma la Razón se ocupa de la salud de la inteligencia. Pero claro, si se niega la existencia del alma se abole la correspondencia y mediante esta sutil locura se niega la necesidad de la Fe y, por ende, de la existencia de Dios. ¡Increíblemente, como si la existencia de Dios fuera una necesidad del hombre"

No quiero meterme en una dialéctica de ataque masivo contra unos y otros, los unos por haber querido aplastar a los otros y los otros por haber querido responderles a muerte. La Ignorancia en la que fuimos encerrados todas las naciones quedó patente en el Misterio del Sacrificio Expiatorio que dio luz verde a la Crucifixión de Jesucristo. Y que esa Ignorancia seguiría su curso se ve de la Doctrina del Evangelio hablando de la Noche de los Obispos, durante cuya Noche el Diablo sembraría su Cizaña, tanto para destruir el reino de Dios en la Tierra mediante la Desobediencia de las iglesias al Mandato de Unidad Universal, cuanto para conducir a las naciones al campo de la Segunda Guerra Mundial a través del enloquecimiento de la inteligencia de todos por la ideología materialista de las ciencias modernas.

Dos cuerpos históricos: Historia del Género Humano e Historia Natural del Hombre -regresando al tema- que son una sola realidad, pero que define campos de pensamiento, limita el camino a los lados que tocan con la Ciencia de la Destrucción, que es la Guerra, y por tanto del Bien y del Mal, y abre el horizonte a la Omnisciencia Creadora en el punto en que el Origen de la Historia del Género Humano salta de la Materia al Espíritu y se interna en la Mente de nuestro Creador.

 

Dios

 

El origen del Hombre, así los hechos, tenemos que buscarlo no en la materia sino en Dios, quien lo engendra en su Mente y le da a su existencia una Razón específica, Razón singular que hará del Hombre el que es. Determinar la singularidad y especificidad de esta Razón no procede de la estructura de la materia terráquea ni se puede descubrir en su historia dinámica. Es una Razón que trasciende la propia estructura del Universo y permanece en la Mente de Dios, de donde partiera para proyectarse sobre la Materia y dar vida al Género Humano, que será el cuerpo vivo de esta Razón, en cuyo cuerpo esa Razón Divina materializa en acto vivo el Pensamiento de su Creador. Esto nos lleva al Origen.

 

El Origen

 

Dios tiene su propio Mundo y cuando crea al Hombre lo hace desde la integración del Género Humano en la estructura de su Reino. ¿Qué lugar le adjudicó Dios en su Mente al Hombre en dicha Estructura?, he aquí la pregunta correcta que ha de llevarnos a la respuesta verídica.

El papel de la ignorancia, entre otros, es imposibilitar a la inteligencia para formular la respuesta correcta que requiere un cierto problema dado. Mientras más compleja es la ignorancia mayor es la distancia entre una inteligencia, genéticamente creada para dar respuestas verídicas a preguntas correctas, y la necesidad del ser de solucionar los problemas que mediante las preguntas correctas ha de conducir a la inteligencia a las respuestas verídicas. En suma, la Historia de nuestro Mundo desde la Caída hasta Cristo es la evolución de la complejidad de dicha Ignorancia, y desde Cristo a nuestros días la lucha por desatar el nudo gordiano creado por esa complejidad.

 

La Historia Divina

 

La respuesta verídica a la pregunta de la Razón del Ser Humano ha sido escrita en la Tercera Parte de la Historia Divina. En definitiva, la Creación de un Mundo formado por una suma de mundos creados en sucesión en el tiempo y llamados a compartir, ad eternum, un mismo espacio existencial, puso ante Dios la necesidad de dotar a este Mundo de un cuerpo vivo que actuase de cemento entre las partes del Edificio, de manera que sin anular las diferencias singulares extendiese sobre todos los pueblos la Conciencia de ser parte de una misma Realidad.

Contra la opinión homicida de aquéllos hijos de Dios que se alzaron contra el Hombre, digamos que Dios jamás concibió al Hombre para dominar sobre todos los mundos y servirse del Género Humano como Ejército con el que mantener a raya a su creación entera. El Maligno vio en el Hombre aquella Fuerza que dominando todas las almas vaciaría de sentido la Corona de todo hijo de Dios en cuanto que al hacer suya la Conciencia de todo el mundo su Pensamiento sería el Poder Final al que toda alma le daría su Obediencia y su Fidelidad.

Ni que decir que tiene que esta no es la Razón Divina en cuyo seno fue formado el Ser Humano. Lo que el Maligno estaba proponiendo como base para la Rebelión era una falacia, ¿porque en qué cabeza cabe que Dios le quite a su Hijo Amado su Herencia para dársela a una criatura de barro?

 

El Árbol de la Vida

 

La Verdad es ésta: Toda criatura es barro que vive por el Poder de su Creador de hacer que la Mortalidad sea vencida por la Inmortalidad y viva para siempre en la Gracia de una Adopción que hace de toda criatura hijo de su Creador y, en cuanto hijo de Dios, recibe por herencia la vida eterna.

Esta Herencia es la savia que recorre la Creación y manteniendo las partes en el Todo hace de todas las ramas una sola cosa con el tronco, un sólo ser, una sola realidad: El Árbol de la Vida.

No hay superiores ni inferiores, no hay grandes ni pequeños, sino hijos de Dios, hermanos en el mismo Creador, vivientes para la eternidad. Uno es el Dios que cultiva este Árbol y Uno el que recoge sus frutos. No hay entre el Padre y el Hijo división. El Espíritu del Padre es el Espíritu del Hijo. Es por este Espíritu que la vida eterna es herencia de la Creación entera y en El la Unión entre el Padre y el Hijo adquiere la Fuerza Todopoderosa de la Divinidad.

 

La Idea del Hombre

 

El Amor con que Dios concibió al Hombre en su Mente no es necesario recalcarlo. Las dos grandes guerras que habían sacudido su Paraíso había levantado en el horizonte de su Creación los nubarrones de la destrucción total. Su Deseo era que esas nubes del Infierno se dispersasen y regresasen al Abismo del Olvido donde El las enterrara mucho antes de abrir la Creación del Cosmos.

La esperanza de su Ser entero depositada en esta Victoria Dios no concibió en su Mente al Hombre con garras de acero y dientes de titanio, ni piernas de roca y músculos de hierro; la Fuerza del Hombre vendría de su amor a la Verdad, un amor incondicional, sin límites, sin concesiones, un amor entregado ad eternum, y su Poder estaría en su palabra, que sería ley, para sí, para sus semejantes y para la creación entera.

Ese Espíritu que estaba en el Padre y el Hijo se haría carne y su Amor ad infinitum a Dios, Padre e Hijo, sería un sol de Sabiduría penetrando en todas las conciencias del Paraíso, fortaleciendo las ramas más alejadas del tronco del Árbol de la vida con la fuerza de la Presencia que, no importa la distancia, está siempre presente, como lo está siempre respecto a su campo el hortelano que los trabaja.

 

La Adoración de Dios

 

¡Alzad vuestros brazos a Dios, hijos de la Tierra! Que no se sequen las alabanzas en vuestras gargantas por miedo a la vergüenza. Que no sea la vergüenza el puñal asesino que os seque la garganta. Os concibió Dios entre sus brazos, comiéndoos los ojos a besos cuando aún no erais más que un deseo en su Mente.

Ah, Adán, ése fue tu Nombre antes siquiera que de entre los cúmulos de las galaxias hiciera el Eterno descender ríos de estrellas y reuniéndose en un lugar formasen tu Mundo. Bailad, hijos de Adán, a la hoguera de los amores encendidos por la Fe y la Sabiduría. ¿En qué momento sembró Dios en vuestro futuro la piedra contra la que se romperían la cabeza sus hijos? ¿No veis que la ignorancia os tiene encadenados a su nudo maldito y queriendo adorar a vuestro Creador adoráis a quien hizo de vuestra carne cueva donde engendrar sus monstruos malignos? 

Ay Tierra, que se me muere el alma y en las lluvias se pierden mis lágrimas cuando te veo en tu vejez sacudida por el hambre de tus hijos. Regresad, hombres, a la fuente de la vida. Cesad en vuestra locura de creeros más que hombres. Ni dioses ni superhombres, sólo eso, hombres.

Qué triste el día en que de rodillas Adán lloró la ruina de su Género. Vio a su Padre Divino acercarse a entregarle su Herencia, y sintió como si se la estuviesen hundiendo a él la lanza que le entraría por el costado y le rompería a Dios el corazón.

¿Por qué lloras, Adán?

¿Por qué me has matado, Eva? Me acabas de robar lo que más quiero. Veo a tus hijos matándose entre ellos. Veo mi mundo arrojado al polvo por el Pecado que hemos cometido, y al mundo entero camino de su Apocalipsis, pereciendo bajo el fuego la Raza creada para vivir la eternidad. Polvo al polvo, cenizas a las cenizas. Ay, quién me diera ahora que me crecieran garras de buitre y alas de águila para lanzarme sobre la carroña de la serpiente que te envenenó con el deseo de ser una diosa.

 

La Creación de los Cielos

 

En efecto, y tal como ya expuse en la Historia Divina, la Revolución de la que el Hombre era el último trayecto, comenzó el Día en que Dios llamó a sus hijos y los invitó a seguirle fuera de su Mundo, al otro lado de las fronteras de su Paraíso.

Como dice el propio Autor en su Libro, hablando de la Sabiduría en la Creación: “Cuando afirmó los Cielos, allí estaba yo; cuando trazó un círculo en la faz del abismo”.

Al Principio, lo primero que hizo Dios fue extender un campo de energía en el lugar donde se disponía a crear los Cielos. Como quien extiende un mar gravitatorio que irrumpe en el espacio y en su expansión arrastra toda la materia hacia sus bordes, barriendo todo el área interna en crecimiento. Inmediatamente después Dios se sirvió de los cúmulos y supercúmulos que componen nuestro Grupo Local para extraer de sus cuerpos, transformados en cantera de materia prima, el volumen astrofísico con el que edificaría nuestros Cielos, en cuya creación, por extensión, sus hijos verían la mecánica natural que tiene lugar en el acto de expansión ad eternum del Universo.

Creó los Cielos haciendo emerger de los supercúmulos locales, -galaxias enanas o irregulares -, ríos estelares que, bajando desde las cordilleras en que Dios convirtiera la masa de su Universo, le dieron cuerpo a los Cielos.

Por extensión, dije, los hijos de Dios entendieron que esta es la mecánica natural de la que se sirve Dios para expandir su Universo. A imagen del modelo que acababan de ver, las galaxias son las cordilleras desde las que Dios extrae, mediante dinámica natural, los volúmenes astrofísicos que, recorriendo las distancias en forma de aquéllos ríos que nuestros antiguos del siglo XX llamaron cuerdas gravitatorias, desembocan en las fronteras externas de este Universo que nosotros llamamos Grupo Local, dando luz aquí a nuevos supercúmulos, llamados también galaxias irregulares por los merlines del siglo XX.

Siendo la Creación Cosmológica una Realidad nacida para ser eterna y cubrir el infinito el crecimiento del Universo en cuyo núcleo se creó Dios su Paraíso, su Casa, su Mundo, desde el que dirigir su Creación, es continuo, constante. Si nosotros pudiésemos ver la energía, podríamos cartografiar en el espacio que rodea a este Universo las huellas de los lechos gravitatorias por los que una vez recorrieron los ríos de estrellas las distancias entre sus galaxias de origen y el Universo. Justamente de la misma manera que veríamos las huellas en el tiempo de los lechos gravitatorios que marcaron el espacio desde los supercúmulos locales hasta nuestros Cielos.

 

La Libertad de los hijos de Dios

 

Vemos, pues, que la Puerta a la Libertad que Dios le había abierto a sus hijos conducía a la Universidad de la Sabiduría, en la que, en vivo, iban a recibir un Curso Avanzado sobre los principios y leyes de la Ciencia de la Creación. No olvidemos que ninguna criatura puede asistir a su propia creación. Ninguno de los hijos de Dios hablando de quienes dice el Autor en Job: “¿Sobre qué descansan sus cimientos (de la Tierra) o quién asentó su piedra angular entre las aclamaciones de los astros matutinos y los aplausos de todos los hijos de Dios?”, ninguno de estos emocionados espectadores de la creación de nuestro mundo había sido testigo de la contemplación de Dios en pleno Acto Creador. Y aunque conocer las cosas según la teoría articula la Fe cuando procede de la Sabiduría, nada como la experiencia en directo, sobre el terreno, para aprender mediante los sentidos lo que mediante el intelecto puro y únicamente por la sobrenaturaleza de la Fe es asumible por la criatura.

Alegría pues en el gallinero y exaltación en todo el patio. Lo mismo en primera fila que en la última, maravilla de maravillas, lo que sólo en sueños se había atrevido a vivir la criatura, vivir el Universo con toda la Libertad Divina, eso vivían, y no sólo esto, sino que el Padre Eterno, Creador de todos ellos, como quien se transfigura y asume su verdadera Naturaleza Increada se había entregado a la Creación y su contemplación era la maravilla sublime, el goce más elevado que puede experimentar los sentidos de la creación entera.

Ver el Universo con los ojos que lo ve su Creador, he aquí la Sabiduría y la Felicidad Perfecta.

Los supercúmulos del Grupo Local transformados en Cordilleras ... el Campo Gravitatorio General un océano hacia el que desde las cumbres bajan raudos ríos de estrellas y deviniendo rocas crean en la llanura de las aguas gravitatorias continentes luminosos flotando cuales islas sobre la superficie de las aguas del Universo. ¡Cómo no aplaudir, cómo cerrar la boca que en su admiración extasiada no puede ni siquiera borrar de sus labios la sonrisa más amplia y encantadora! Así fueron creado los Cielos.

 

La Ciencia

 

Ahora, si desde la reflexión científica puede simularse este proceso de extracción de ríos de astros de un cúmulo, es otro asunto. Como para quien asistía en vivo a los Milagros del Hijo de Dios cuando estuvo en carne entre nosotros la pregunta sobre el Cómo lo hacía no se le pasaba por la cabeza delante del maravilloso espectáculo que el Acto en sí representaba, la contemplación de Dios en la salsa de su Actividad Creadora absorbe cualquier pensamiento. Únicamente desde el Futuro se puede estudiar ese Presente en tanto en cuanto hecho Pasado.

Nosotros, conociendo a Dios y Su dominio infinito de las leyes que mueven la relación entre energía y materia, y espacio y tiempo, podemos simular este acto de expansión de un campo de energía que en su crecimiento arrastra hacia fuera toda materia, semejante a una marea imparable inundando las tierras. Y que al colapsarse revierte el proceso, se repliega sobre sí mismo y en este movimiento arrastra consigo hacia el centro al que tiende parte de los cuerpos que moviera durante su expansión, creando como resultado y como suma de todos los volúmenes astrofísicos extraídos un nuevo supercúmulo, que El, en este caso, llamó los Cielos.

Todo lo que sea progresar en este apartado es cosa de simulación, que puede recrearse desde distintas ópticas, pero que no le quitan nada al modelo básico inteligible para todo entendimiento. Mas, como ya he dicho, únicamente y sólo después de un proceso largo de distanciamiento del momento de la experiencia puede el intelecto abrir el pensamiento al Cómo. Durante el Acto en sí la inteligencia es absorbida por la experiencia y sus sentidos, abstraídos de todo pensamiento, sólo tienen ser para la admiración resultante del juego armónico del Poder y la Belleza.

Es como si para entender el Milagro nosotros nos acercásemos a su discurso diciendo que la activación de la célula pluripotencial específica dañada dirige su señal hacia la activación de la célula totipotencial madre de la que procediera, para mediante la identificación material de todas las partes del sistema por parte de esta fuente y tras dar con la parte afectada proceder a la reconstrucción de la célula pluripotencial en vista a la reactivación del proceso interrumpido o dañado. Reconstrucción que el Hijo de Dios activaba a tiempo Divino, es decir, instantáneo. Pero es obvio que esto que parece tan sencillo sólo puede quedar claro una vez que este Poder pueda ser activado por el hombre. Algo que, como se entenderá, supera toda posibilidad referida a la recreación del Acto Creador Cosmológico. Y seguimos.

 

Sección 2-La Creación de la Tierra

 

Esta es una memoria comprimida de acontecimientos históricos cuya duración en el tiempo y su extensión en el espacio implican eternidad e infinito, de aquí la dificultad añadida a la descripción de los hechos. En la sección anterior dejamos las cosas en el lugar donde la actividad de Dios en tanto que Creador y la necesidad del Creador en tanto que Padre formaron el núcleo, la matriz en cuyas aguas divinas fue concebida la Idea del Hombre. A fin de cerrar un ciclo y abrirle una Nueva Era a su Creación se dispuso Dios a proceder a la revolución más grande hasta entonces vivida por sus hijos: la apertura del Acto Creador y su transformación en Espectáculo Libre. Caminando por esta Senda los hijos de Dios vieron lo que jamás ningún ojo -exceptuando los Hermanos y el Primogénito de Dios- viera: Dios en plena actividad creadora. Y centro esta Revolución en el Ser Divino a fin de obviar lo obvio, es decir, la experiencia apoteósica del viaje libre por el campo universal.

Reflexionando sobre este particular, a saber, por qué Dios no abrió su Creación a este Espectáculo antes de ser forzado por las Guerras que asolaron su Mundo, hemos de salir en su defensa - recordando la Tercera Parte de la Historia Divina - y ver en el recuerdo del acontecimiento de la Creación del Cosmos la causa que llevó al Dios de los dioses a mantener a sus hijos apartado de una Realidad que, si ya había aplastado a los dioses bajo su peso, podría desintegrar en los hijos de Dios cualquier lazo en ellos engendrado por su Creador.

Del otro lado, una vez que Dios encontró a su Igual, y revolucionado su Ser por la Paternidad, el despliegue limitado a su Omnipotencia que le hubiera supuesto la Creación en función del observador, dicho límite quedó volatizado en razón de la Naturaleza de Aquel por quien lo hacía todo, el Único Expectador ante cuyos ojos todo es poco y mucho nunca es suficiente: su Hijo, nuestro Rey, Señor y Padre ¡Jesucristo!

El trauma de la experiencia vivida tras la creación del cosmos, ya superado, Dios abrió el Universo a todos sus hijos y comenzó la Creación de los Cielos tal cual ya se ha expuesto en el primer capítulo de esta Introducción. Dijimos que Dios abrió un campo de energía en el Grupo Local y construyó el edificio lácteo básico importando de los supercúmulos locales toda la materia astrofìsica necesaria para la formación de las Constelaciones tal cual las conocemos. La fuerza de esta experiencia no es necesario recalcarla y cómo actuó en la mente de los expectadores, deduciendo de lo que veían lo que sucede entre el cosmos y el universo local, ya lo he expuesto, así que seguimos.

 

El viaje al fin del Cosmos

 

Una revolución que mira a la eternidad se plantea desde presupuestos distintos a los que precisa otra que tiene por fronteras unos determinados siglos. No se puede edificar una Civilización con vocación de eternidad si su estructura no está edificada sobre una Roca Indestructible e Inmutable en su esencia y sustancia. Esto es justamente lo que Dios se dispuso a hacer, refundar su Mundo. Y si el primer acto general fue la apertura de las fronteras de su Paraíso, el segundo no fue menos trascendental, apoteósico y grandioso.

Dios dirigió la mirada de sus hijos al otro lado de las Fronteras del Grupo Local, es decir, del Universo, y fijó sus mentes en el campo de las galaxias. ¿No se habían sentido como en una prisión entre las fronteras del Paraíso? Pues venga, Libertad sin medida, bienvenidos al reino de las galaxias, comienza la aventura por el Cosmos. Y tal cual levantó el deseo, abrió Dios el viaje por el mundo de las galaxias.

¡Quién no se perdería en un bosque donde sus árboles se mueven y corren y desaparecen y aparecen otros como surgiendo de la nada! El viaje por el mundo de las galaxias es una aventura por las autopistas del tiempo. Lo que se ve con los ojos no está donde se ve y si buscas su lugar has perdido la noción del espacio. El Cosmos óptico es un universo virtual en el que sólo sabe navegar Aquel que ha nacido y se ha criado en ese mundo. Un punto en la distancia deviene un infinito a medida que te acercas a su cuerpo real y te puedes encontrar en el fondo de un pozo negro, ocupado por una galaxia luminosa, ciertamente, pero desde la que reemprender el viaje a tu lugar de origen es más que imposible porque tu lugar de origen ha desaparecido en el espacio remoto y su identificación desde la región del tiempo donde te encuentras es una misión imposible. Únicamente viajando en el tiempo se puede navegar por el espacio cósmico. ¡Quién puede decir qué distancia hay entre el objeto real y el óptico sino que alguien que se ha criado en el seno de este bosque virtual! ¡Quién sabe seguir las curvas del tiempo y hacer de los límites de los campos galácticos su pista de vuelo sin perder el horizonte exacto y sin desviarse de su objetivo no importa las distancias entre el punto de partida y el de llegada! Ningún extranjero podría alcanzar jamás las fronteras de este bosque; todo viajero se vería perdido en su arboleda. Perdido en el espacio cosmológico, únicamente tras una eternidad y por un remoto azar regresaría a su lugar de partida.

Y digo esto porque esta es la sensación que sobrecogió a todos los hijos de Dios en pleno viaje intergaláctico. Era una experiencia maravillosa y al mismo tiempo sobrecogedora, porque imaginarse perdido o abandonado en aquel bosque sería.... Y sin embargo el lazo que les unía a su Creador estaba siendo consolidado en el seno de esta indefensión que Dios estaba vistiendo con la fuerza del amor sin límites de un padre amantísimo de sus hijos. Y esta Fe, hija de Su Fuerza, engendraba en sus hijos la emocionante pasión madre de la alegría desfalleciente de una felicidad divina que comiéndose a besos a sus hijos de sus ojos desterraba todo temor y confusión. Y en el cálido arrullo invencible los hijos de Dios descubrieron el abrazo de la Sabiduría Increadora, la hija de la Eternidad y el Infinito, en quien, haciéndose Esposa de Dios, se había sellado la Fusión de la Trilogía Creadora.

La confianza hecha Vida y la Fuerza que procede del amor de un padre amantísimo, la expectación sucedió a la maravilla cuando ese Padre alumbró en sus mentes la respuesta a la pregunta que se estaban haciendo: ¡Sí!, iban a traspasar la Puerta del Fin del Cosmos.

 

Y las Tinieblas cubrían la faz del Abismo

 

A 14 billones de años luz de nuestro Universo – según nuestros sabios - allí donde campos creadores transforman la energía cósmica en materia astrofísica, produciendo continuos y múltiples Big Bangs, allí terminó el viaje más emocionante en que jamás criatura alguna se embarcara. Conociendo a Dios la respuesta era: ¡Sí!, iban a cruzar la puerta que da al otro lado del Cosmos.

Lo que jamás había visto nadie, la respuesta a la gran cuestión; ¿y más allá, qué?, lo estaban viendo. El Abismo cubierto de Tinieblas, el cementerio sin término sobre cuyo espacio flotan los restos de un universo increado, materia muerta, sin energía propia, las ruinas de un cosmos contra el que en su Hora de Dolor se levantó el Único Dios Verdadero y, buscando su propia autodestrucción imposible, redujo el espacio infinito en materia a la deriva por una tumba sin fondo ni techo, un espacio privado de toda energía en el que ninguna transformación es posible y cuyo futuro es la congelación en el tiempo.

Pero, desde el otro lado, mirando hacia donde estamos, una luz brilla al fondo, un Nuevo Cosmos en plena juventud arrolladora y magnífica extiende sus alas y todo sitio por donde pasa se llena de energía. Sobre sus fronteras explosiones creadoras de nuevas galaxias, matando el silencio, resucitan el alegre sonido de la existencia de las cosas que se mueven y se trasforman y crecen y siguen creciendo y no se agota jamás el deseo imperecedero de crecer, dar a luz nuevas cosas y seguir extendiendo alas sobre el horizonte que jamás se alcanza. O como un océano en plena actividad tsunámica invadiendo costas por sus cuatro playas a velocidad vertiginosa entre explosiones de fuegos artificiales del tamaño de una galaxia. O como una luz que se alza sobre una tierra cubierta por las tinieblas de la muerte y allá por donde deja su rayo la vida prende y surgen plantas y árboles y especies que nadan y especies que vuelan y especies que cabalgan y especies que paren y especies que no mueren nunca. ¿A qué compararé la Creación?

¿Y a qué el terrible temor que se apoderó como una sombra frágil pero helada de los corazones y las mentes de todos los hijos de Dios? ¿Qué les pasaría si ahora Dios los abandonase en ese cementerio? ¿A qué profundidad en el espacio y el tiempo se hundirían? Una vez que cayesen en las profundidades de aquél pozo sin fondo, y la luz del Nuevo Cosmos se perdiese en la oscuridad absoluta ... ¿cómo regresarían al Paraíso del que habrían sido expulsados?

¡¡Castañear de dientes y crujir de huesos!!

Si ... perdidos en el bosque de las galaxias... y aún cuando jamás se encontrara el camino de vuelta al Paraíso, aún... Pero perdidos en el Abismo era perderse para siempre jamás.

Un sudor frío recorrió las frentes de los hijos de Dios y del susto el miedo les hizo temblar de espanto. Pero Dios, padre amantísimo que en sus hijos levantó este horror a fin de que se unieran más a su Santo Espíritu y olvidasen las circunstancias terribles que, en su orgullo, desataran las Guerras del Paraíso, sonriéndoles con sus ojos divinos volatizó este miedo de sus almas y adelantándose se dispuso a desterrar de sus venas aquel infernal frío, y los invitó a calentar sus huesos en el fuego de color y sonido de cuyo nacimiento pero que enseguida, a la voz de ya, iban a ser testigos.

Se adelanta Dios Padre, avanza por el Abismo cubierto de Tinieblas, extiende un mar de energía creadora sobre el Abismo, y con la naturalidad de quien con simplemente alargar la mano abre una fuente de luz en la galaxia más lejana y le basta el pensamiento para dirigir el curso de esta flecha luminosa sobre una diana a este lado remoto, con la misma elegancia alzó Dios su Brazo, cogió un rayo y lo lanzó sobre el mar de energía creadora que usaba por diana. Habiendo cruzado aquel tren de energía las distancias, desembocó en las fronteras del campo en cuyas entrañas habría de transformarse en el Sol y su familia planetaria.

Tras este tren luminoso y como si se hubiese encarnado en su peso el dedo de Dios, el campo comenzó a girar sobre sí mismo, absorviendo hacia su centro las tinieblas del Abismo que barriera hacia sus fronteras el campo durante su nacimiento. El espectáculo no podía ser más magnífico.

Como creado de la Nada, el Sol apareció en el centro del campo. Enseguida los planetas le pusieron música a su nacimiento haciendo estallar sus cortezas en millares de volcanes, transformando toda la materia atrapada en cinturones de asteroides y cometas de órbita larga.

Cuando la relación entre masa astrofísica y energía gravitatoria alcanzó un equilibrio sistemológico el vulcanologismo masivo fue decreciendo y los planetas se vistieron de sus clásicas atmósferas nebulares. La belleza del Sol en su cuna y de los planetas y sus satélites en su infancia, ¡cómo describirlo! Tendría que haber estado allí presente para proyectar a este papel de cristal siquiera la infinitésima parte de la maravilla vivida por quienes vivieron en vivo la Creación de nuestro Sistema Solar.

 

Pero el Espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las Aguas

 

Hemos visto cómo Dios se dispuso a refundar su Mundo mediante la regeneración de la memoria viva de su creación tomando como fuerza revolucionaria de arranque la libertad sin límites que le es propia al Creador. Y hemos dicho que la Idea del Hombre la concibió Dios mirando al futuro de esta regeneración de su Imperio, punto de mira sin el cual es imposible describir la esencia de lo que es el ser humano. Así pues, una vez en marcha el Principio de esta Revolución que había de unir los Cielos de los cielos en un único Universo, Origen Común de todos los hijos de Dios, campo donde había echado sus raíces el Árbol de la vida, Dios pasó del pensamiento a los hechos, abrió la Puerta entre su Mundo y el Universo e invitó a todos sus hijos a seguirle.

Hemos recreado en la medida de lo posible el momento en que Dios abre con su Sabiduría un campo de energía en el Espacio Local, extiende una plancha gravitatoria en el espacio, acota el terreno donde ha de edificar nuestros Cielos, y una vez extendida la plancha gravitatoria, y sirviéndose de los supercúmulos locales, también llamados galaxias irregulares - (sobre los cuales teneis la información necesaria al caso en Universum) , galaxias irregulares que cumplen una doble función como veremos más adelante pero que referido al caso que nos ocupa se comportan como el campo de materia prima del que Dios se sirve para proceder a la creación de nuevos edificios astrofísicos. Y dije que abriendo en los supercúmulos del Universo Local ríos estelares: Dios fue dirigiendo estas aguas astrofísicas hacia nuestros Cielos, que por ello habla nuestro Dios de este mar diciendo "pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas", porque hay que estar un poco tonto para creer que Dios estaba haciendo surfing en el Mar Rojo cuando escribiera estas letras sirviéndose de la mano de Moisés por pluma.

Del estudio y obervación de distribución de materia en este campo celeste concreto, la Región Local o Universum, nosotros deducimos que la masa se desplaza dentro siguiendo un juego de relaciones electromagnéticas, mientras que el campo masivo que la ubica se relaciona con los campos externos siguiendo la ley universal del efecto a distancia. Digamos que la relación entre masa y campo determina la velocidad del movimiento intergaláctico, y que, cual vemos en los Wanderers locales, los centros gravitatorios que puede albergar un campo son tantos como puntos astromoleculares se formen en su área. En fin, no es este el momento de entrar en detalles, en la Introducción a la CSXXI y sus Apéndices - Nebulaweb, Starweb, Universum, y Cosmografía- podeis ampliar por vosotros mismos las consecuencias que se deducen del conocimiento físico de nuestros Cielos tal cual son y no según se lo imaginaron los merlines del siglo XX. Nosotros seguimos.

Esta maravilla vivida vimos en la sección anterior cómo Dios se dispuso a revolucionar la mente de sus hijos mediante el viaje intergaláctico, que les llevaría a salvo y a la velocidad del pensamiento divino a las fronteras del Cosmos e, inmediatamente, al otro lado de los Muros de la Creación. Una vez aquí los ojos de sus hijos vieron lo que jamás creyeron poder ver, el Abismo cubierto por las Tinieblas. Y cerró Dios este Primer Viaje dándoles una lección en vivo sobre Estelogía Atómica. En efecto, lo que a escala microastrofísica vieron durante la creación de nuestro Sistema Solar es el proceso que a escala macrocósmica tiene lugar durante el acto de multiplicación de las galaxias.

Si de la Edificación de los Cielos de nuestra Vía Láctea pudieron pensar que sí, que Dios es todopoderoso y por lo tanto se sirve de la materia para su uso, de este Nuevo Acto, la creación de nuestro Sistema Solar, vieron que el Creador no sólo se sirve de la materia sino que El la crea. Para entender la Mecánica de la Creación de Materia Astrofísica en Galaxias solamente tenemos que proyectar la ley observada en el proceso de creación del Sol a campos gravitatorios de dimensiones macroastrofísicas (en la Estelogía Atómica de Creación - entrad en Astromania - he desarrollado, siempre dialécticamente, el tema).

Comprendido este proceso Dios hizo algo que levantó en todos sus hijos un pensamiento extraño. Esto es, Dios apartó un planeta del Sistema Solar recién creado y lo abandonó en las Tinieblas. En seguida y sin que pudieron entender el por qué - posiblemente en toda proceso de creación sistemológica especial se da un subproducto desechable, pudieron pensar - comenzó el Viaje de regreso al Cosmos, esta vez a bordo de una nave llamada el Sol.

Estamos viendo cómo Dios se había dispuesto a revolucionar y revolucionó la inteligencia de sus criaturas mediante la contemplación en vivo de la experiencia que supone verle en la plenitud de sus facultades creadoras. Si el viaje al otro lado de los muros cósmicos fue una experiencia maravillosa ahora iban a sumarle a esa experiencia la experiencia en vivo de la visión de la Fuerza Divina. Y comenzó el regreso con esta pregunta flotando en el ambiente: ¿Cómo encontrar el Universo de Origen de Origen en el seno de este Océano de Galaxias en movimiento constante en el espacio y el tiempo? Pregunta que no porque la respuesta viniera en su núcleo perdía su peso en sus mentes.

Para todo navegante el cosmos es un laberinto que a su complejidad ultrageométrica le suma su derivación en el tiempo, razón que hace imposible la direccionalidad: excepto para quien se ha criado en el seno de esa complejidad. Y si encima - es el caso de nuestro Dios - El mismo la ha creado, ésa complejidad, entonces el miedo está fuera de lugar y sólo cabe espacio para la admiración y la fascinante mirada de quien desde detrás de los cristales de una fortaleza inexpugnable contempla encantado el despliegue de la Naturaleza en forma de supertormenta.

Y así fue. Dios dirigió aquella nave estelógica desde su lugar de origen en las Tinieblas, al otro lado de los Muros de la Creación, al lugar de donde partieran todos: los Cielos de los cielos; y una vez aquí puso rumbo a las profundidades de nuestros sistema lácteo. Se trataba de buscarle al Sol un lugar entre las estrellas de nuestros cielos.

Pero viendo en su aspecto bruto aquel edificio astrofísico, semejante a una casa en sus muros descarnados, el lugar que Dios le eligiera al Sol parecía irrelevante. Y sin embargo Dios le dio al Sol "su lugar" en el seno de unos cielos que simulaba, en aquel momento, a la perfección la direccionalidad imposible que le es propia al mundo de las galaxias. Porque, efectivamente, desde aquel punto interno la Carta de Navegación Estelógica Intralocal era sencillamente un caos browniano en el que desplazamiento hacia el exterior sólo podía dejarse al azar. Por supuesto, Dios entra y sale y navega a sus anchas por el laberinto, no importa si astrofísico o intergaláctico, y en este aspecto la pregunta estaba respondida, pero ¿y si ellos tuvieran que hacer el viaje solos?, ¿cómo navegarían por un medio en el que el caos era su sustancia y en el que ningún punto de referencia podía servir de primer esbozo de Carta de Navegación?

Dios, en su salsa creadora, parece abstraído y se dedica a lo suyo sin detenerse en darle respuesta de inmediato a las preguntas que con sus actos suscita. Y en esta incertidumbre dejó a sus hijos cuando habiéndole buscado al Sol su sitio entre las estrellas de los cielos, tal que hubiera querido esconder esta estrella a fin de que nadie pudiese encontrarla, dio comienzo al Segundo Viaje que recoge en sus páginas el Libro de la Vida de los hijos de Dios.

¡¿A quién no le gusta lo bueno y si bueno: dos veces, mejor?! Dios no dijo adonde iban, simplemente iban. Lo cierto es que todos esperaron que al término del Viaje y una vez el Sistema del Sol en su sitio el siguiente Acto se centrase en la creación de un nuevo mundo, con su propia evolución y su historia filogenética particular. Curiosamente Dios les quitó de la cabeza esa suposición gratuita y los invitó a seguirle.

Salieron del Universum. Se adentraron en la autopista de las galaxias y alcanzaron los Muros del Cosmos. Saltaron al Abismo y siguieron a Dios hasta el lugar exacto donde abandonara en las Tinieblas a aquel Planeta de desecho.

 

La Tierra estaba confusa y vacía

 

Seguía allí, en las Tinieblas. Su Corteza había crecido de tamaño por la caída sobre su superficie de la masa nebular atrapada por su campo. Aquel Planeta era como una Luna gigantesca sin atmósfera ni apariencia planetaria típica. Su superficie no era más que un cúmulo de rocas y polvo tal cual si se hubiese transformado su cuerpo en un campo al que iban a parar los residuos flotantes a la deriva por las inmediaciones. El pulso de su Núcleo estaba como el de esos cuerpos que reducen el suyo a fin de gastar la mínima energía. Y la materia flotante seguía cayendo, y había formado alrededor de su campo una corteza de polvo y roca envuelta en una costra helada contra la que se guía estrellándose la materia a la deriva por el Abismo.

Viéndola, a la Tierra, abandonada allí en la haz del Abismo, la pregunta delirante era doble: ¿Por qué abandonó Dios a este Planeta en las Tinieblas, y por qué regresaba ahora a ver cómo le iba?

No voy a entretenerme en la Serie Creadora que historizó Dios al proceder a crear la Luz partiendo de la fusión de aquella Corteza Primaria. Y no voy a hacerlo porque en la Introducción a la CSXXI me he explayado lo debido. En lugar de volver a sumirnos en las profundidades de la Física Creadora de los Hielos Biosféricos, vamos a centrar nuestra mirada en el Actor Estelar de la escena.

 

Y el Verbo era Dios

 

Y así es. Era la Hora de darle fin a la Duda sobre la Veracidad Divina del Hijo. Todos creían en la Veracidad del Primogénito de Dios en razón de la Fe. Sólo tenían la Palabra de Dios por testigo. Y con el tiempo una parte de los hijos de Dios asumió que podía ser cuestionable dicha Veracidad. Y no únicamente podía serlo sino que además habían asumido la cuestión. Dios se dispuso a cerrar esta cuestión a su manera, pocas palabras y muchos hechos.

Así pues, cuando nadie sabía en verdad qué iba a pasar ahora, y sólo se imaginaban, por lógica, la razón del regreso a las Tinieblas, en tanto que todos se preguntaban qué iba a pasar ahora, qué era lo siguiente, y todos esperaban que Dios Padre en persona protagonizara la siguiente Escena, avanzó el Hijo de Dios, y abriendo su boca, dijo: "Haya Luz".

Y la Luz se hizo, formación que podeis seguir paso a paso en la CSXXI. Donde dije que la naturaleza sui generis que la Atmósfera de la Tierra presenta procede de esta formación particular de su Corteza Primaria. Y que, forjados los Hielos de la Biosfera a la temperatura absoluta natural a la región donde fuera creada la Tierra, su masa y su tiempo de vida quedaron sellados gracias a esta formación sui generis de su cuerpo externo.

Hecho, creada la Luz, es decir, el Manto de Hielos que cubrió la Tierra de polo a polo, y que Dios lllamó la Luz, "separó Dios la Luz de las Tinieblas", dando comienzo así Dios al regreso del Segundo Viaje de sus hijos por la Creación entera, desde el Universo al Abismo y desde el Abismo a la superficie de las aguas de los Cielos, donde sumergiéndose en el mar de las estrellas dirigió la Tierra al encuentro con su familia Solar, y reunida con el Sol, procedió Dios a crear la Atmósfera, que es el Firmamento, y las aguas que están debajo del firmamento de los cielos, dividiéndose en dos el Manto de Hielos en dos bloques, en viaje hacia los polos terráqueos, donde se transformaron en los dos focos termorrefrigeradores de la Ecosfera.

Creados los mares y los continentes y a la Voz siempre del Hijo de Dios el reino de las plantas colonizó la tierra seca. Los grandes bosque prehistóricos extendieron su man