El Libro de las Introducciones a la Biblia
INTRODUCCIÓN AL GÉNESIS
PRIMERA PARTE- HISTORIA DEL GENERO HUMANO
HISTORIA DE ADAN - El trono de Satán
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Tentación y
caída |
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1 |
Pero
la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo
hiciera Yavé Dios, dijo a la mujer: “¿Conque os ha mandado
Dios que no comáis de los árboles todos del paraíso?” |
2 |
Y
respondió la mujer a la serpiente: “Del fruto de los árboles
del paraíso comemos, |
3 |
pero
del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho
Dios: “No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis
a morir” |
4 |
Y
dijo la serpiente a la mujer: “No, no moriréis; |
5 |
es
que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán
los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del
mal” |
6 |
Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno para comerse,
hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él la sabiduría,
y tomó de su fruto y comió, y dio de él también a su marido,
que también con ella comió. |
7 |
Abriéronse los ojos de ambos, y, viendo que estaban desnudos,
cosieron unas hojas de higuera y se hicieron unos ceñidores. |
Resumen y regreso al camino.
La Inteligencia obliga. Su ley es la ley del Tiempo. El proceso de crecimiento abre la vida a la individualidad, y siguiendo este camino el invididuo llega al Ser. No hay oposición entre Persona y Civilización por el mero hecho de la declaración de su autonomía, independencia y supremacía de su Ser sobre la Naturaleza en cuanto Realidad externa; en razón de su potencia intelectiva y la fortaleza de su pensamiento el Hombre está obligado a seguir las huellas de su Creador y bajo su Estrella extender su Existencia al Conocimiento de todas las cosas. Ya no somos meras criaturas de barro, ésa respiración de Vida que se deshace en la niebla de los tiempos y se difumina en la escarcha de los universos para volver al seno de la Madre Increada. Por Revolución Creadora la Vida ha abierto su brazos y en Dios la Madre ha alcanzado su supremo gozo, ¡ver inmortalizado el fruto de su Seno Sempiterno!
Esta Alegría, feroz, sin límites, en cuyo núcleo el Infinito y la Eternidad se abrazaron y procedieron a un Todo Final, Indestructible, Sublime y Apoteósico en su Genialidad y Magnificencia, ¡la Creación!, fue el seno omnisciente y todopoderoso en el que el Ser del Hombre se tejió. Como articula un Ingeniero un edificio de complejidad avanzada y según va resolviendo todos los obstáculos su mente se sumerge en la visión que se va formando en su pensamiento, gozando durante el proceso intelectivo con la fuerza inagotable de un poder interior creativo, único, insolente en su esplendor, felicísimo en el auge de la abstracción individualizada, en las alas de este genio creador tejió Dios en su Mente cada Era por la que debía pasar su "Proyecto Adán" antes de ver "que era bueno" y darlo por terminado.
¿Cuánto tiempo pasó desde que sirviéndole el Cosmos de Cantera, extendiera Dios la Plancha Gravitatoria sobre cuya Superficie luego alzó la Vía Láctea? ¿Cómo nos atrevemos a medir acorde a nuestra experiencia mortal la ontología de quien es eterno y para El la rapidez no cuenta, ni tiene sentido para El plazos de Edificación sino en función de las Leyes del Universo que El mismo concibe en su Cabeza?
El Ser actúa acorde a dos hechos: Su Poder para realizar un Proyecto y la Potencia de su Pensamiento para concebir su Realización; esto de un sitio. Y del otro, su relación con el Tiempo. ¿Dónde está quien proyecte obras para milenios siendo su vida la de unos cuantos decenios? Y al contrario, ¿quién es Inmortal e Indestructible qué ley limitará el factor tiempo en el conjunto de un Proyecto suyo?
Luego las Dimensiones de un Universo, caso nuestra Vía Láctea, proceden de dos parámetros sustanciales: La Ontología del Ser Divino y la Omnisciencia de su Pensamiento. Poder sin límites e Inteligencia sin medida se unen en el Ser Divino para ser El quien es, ¡¡el Creador del Cosmos en cuanto Campo de Materia Prima, y del Universo en cuanto Campo de Cultivo del Arbol de la Vida!!
El Hombre en cuanto Idea y su Realización en tanto que Ser a la imagen y semejanza de su Creador, es decir, del Hijo de Dios, es el Proyecto que Dios concibiera antes de crear los Cielos y la Tierra, cuyas Memorias teneis escritas en la CSXXI, y, no siendo el objeto de esta sección, lo dejo por conocido y paso al tema vital que en la sección anterior dejé al descubierto hablando de la Historia del Género Humano.
El Caso de la Caída, por consiguiente, nos conduce a los pies del Trono de Satán. Es obvio. En la Mesopotamia del Milenio Quinto antes del Nacimiento se produce un fenómeno de naturaleza maligna, suicida y homicida, que para nada figuró en el Proyecto que concibiera Dios en su Mente antes de declarar abierto el Principio de nuestro Universo.
Recreémoslo partiendo de este supuesto. ¿Qué seríamos nosotros para una Especie en estado de Infancia Ontológica a la que nos llegásemos con la Idea de formar su Inteligencia? Y lo que es más importante, ¿qué le llevaríamos a ese Mundo?
¿Seríamos "extraterrestres" -desde el punto de vista de ese Mundo? ¿Seríamos dioses, - en razón del estado prehistórico de su inteligencia?
No olvidemos que el Hijo de Dios nos extendió la Invitación que Dios extendiera a toda Su Casa, prometiéndonos un asiento en el Espectáculo de la Creación de las Obras Futuras de su Padre. Y desde esta Invitación si conjugamos las Palabras del mismo Dios, cuando dice en Job: ¿Dónde estabas tú cuando asentaba yo la estrella matutina entre las aclamaciones de los hijos de Dios?, nos es obligado concluir que ese mismo proceso de imaginación -nuestra relación con un Mundo futuro- fue la base de partida bajo cuyos efectos tuvo Origen la Civilización en nuestro Mundo.
¿Estábamos capacitados para definir qué eran aquéllos seres que bajaban y subían del cielo?¿Extraterrestres, dioses?
Lo uno y lo otro: Hijos de Dios.
Y volvemos a nuestro caso de imaginación: ¿Qué le llevaríamos a un Mundo la relación con el cual fuera Civilizadora? ¿Espada y fuego? ¿Hierro y piedra? ¿Sangre y guerra?
¡No! Que esta haya sido la suerte del Primer Hombre no debe arrojarnos al error de creer que este fue el efecto natural de la causa bajo la que el Género Humano hiciera su camino del estado salvaje a la Civilización. Pero, independientemente del Pasado, concentrándonos exclusivamente en el Futuro, repito la pregunta: ¿Qué le llevaríamos a un Mundo en su Infancia y con vocación de Ser?
La respuesta no puede ser otra que la Cristiana: le llevaríamos un Reino, fundado en la Verdad, la Justicia y la Paz como fundamentos Divinos, y edificado sobre la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad como columnas del Ser. Le llevaríamos el Reino de Dios.
Y este Reino fue precisamente el que le trajo a nuestro Mundo los hijos de Dios, cuyos orígenes creacionales tuvieron lugar antes de la Creación de nuestro Universo Lácteo. La cuestión de la existencia de Vida en el Universo, entendido como Creación, es una Sí antológico sin concesiones a la duda. La existencia de Vida extreterrestre en el Cosmos es un No sin discusiones. ¡Donde está Dios está la Vida! Y basándose la Creación en un Cosmos que se expande hasta el Infinito, abriendo su Materia a la Fantasía Creadora de Dios, en cuyo Núcleo Cosmográfico ese Dios ha creado un Universo de universos en el que El Cultiva el Arbol de la Vida, toda Vida existente tiene su Origen en esta Creación que, siguiendo la Ley del Tiempo, crece siguiendo la ley del "todavía más". Y de aquí que el Hijo de Dios dijera: "Y vereis mayores obras que ésta".
Aunque claro, levanta uno la cabeza, la dobla, le da la vuelta al cuello y se dice ¿cómo de mayores? ¿Puede haber un infierno peor que éste que hemos conocido en la Tierra?
Y sí, lo hay. Pero no es este el tema, sino ¡cómo no habiendo Dios planeado este infierno fue este infierno el que nos tocó en suerte!
Regresamos al Edén, y nos plantamos delante de quien, en ausencia del Autor del Proyecto de Formación del Hombre, sentó su Trono en Mesopotamia. Desde la Teología ya está todo dicho, y desde la Historia está todo por decir, porque la Historia se limitó a negar la existencia de Mesopotamia hasta hace muy poco, y casi hasta ayer mismo no ha empezado a reconocer que en verdad existió un Edén.
Nuestro futuro pasaba por este momento. Teníamos que ponernos delante del Trono de Satán, la Serpiente antigua, el Dragón de las Guerras del Mundo de los dioses. No ya como quien ha de enfrentarse a una "serpiente" descabezada, pues el tiempo del Diablo ha concluido, y aunque su descabezamiento provoque más ruido que la propia descabezación del Maligno, como es natural en un cuerpo que sigue dando latigazos hasta que la sangre se le vacíe del cuerpo extinto, y a los ignorantes este movimiento ruidoso le produzca pánico y terror al no ver el cuello sin cabeza, el hecho es que el Juicio de Dios ya ha sido sellado y el que se sentaba en el Trono de Satán ya ha consumido su tiempo. ¡Satán, al Infierno!
¡Que se abra la boca del Abismo y el Infinito sepulte en el Pozo del Olvido eterno a quienes eligieron entre la Vida y la Muerte: la Muerte; entre la Verdad y la Mentira: la Mentira; entre la paz y la guerra: la Guerra; entre el Cielo y el Infierno: el Infierno; entre Cristo y el Diablo: el Diablo! Dios ha hablado y su Palabra es Dios. Bendito sea Dios. Nosotros, ahora, a lo nuestro.
La Teología no puede quitar ni poner punto ni coma a lo que está escrito. Lo dice Dios al final de su Libro: "Al que le quita o le añada palabra a las profecías de este Libro", hablando de su Libro, la Biblia, "le añadiré las plagas escritas en este Libro". Apoyarse en el subterfugio de la necesidad de traducción al nivel de la inteligencia del pueblo, es un subterfugio legalista para burlarse de la Ley, subterfugio en cuya ciencia los abogados son expertos. No en vano Lutero iba para abogado. ¿Porque y si resulta que el pueblo tiene menos inteligencia que un mosquito? ¿Reduciremos entonces la Biblia a un cuento para burros? ¿No sería más lógico quitarle las orejas al burro para que se vea el hombre tal cual él es y no como otros quieren que él se vea a sí mismo?
El Dogma es esa Verdad infinita que llega a todo tipo de inteligencia, independientemente de su nivel, y hace posible que sin comprender cómo Padre e Hijo pueden ser dos Personas distintas, que no diferentes, y un sólo único Dios Verdadero, el hombre más atontado, en este capítulo esté a la misma altura del sabio más encumbrado. Esto es el Dogma, la expresión de la Sabiduría más infinita al alcance del pensamiento de cualquiera por Obra y Gracia de la Fe. Y sin la Fe no hay Gracia, como se ve por los hechos.
Otra cosa será que alguien coja una mentira y, por el poder que se confieren unos a otros, declare contra Humana Natura, dogma esa mentira, como la INFALIBILIDAD DE UN HOMBRE, o el origen del PODER ABSOLUTO DE LOS REYES en la Voluntad Divina. ¡Todo hombre está sujeto a error y todo hombre no tiene más Rey Sempiterno que Jesucristo! Y palabra de más o palabra de menos es un insulto contra Dios en la persona de sus hijos.
Desde la Teología, en definitiva y regresando a nuestra Cuestión, hablando de la Caída, Dios le pidió una Prueba de Fidelidad a todos sus hijos, y a todos los dejó solos a fin de que en la plenitud de sus facultades mentales e intelectuales todos se relacionasen con todos a través de la Ley, y en consecuencia les dice: "El día que de él comiereis, morireis".
Habiendo señalado, desde la Historia, que el Fruto del árbol de la ciencia del mal y del bien no era el Sexo, conclusión que imponía la Irracionalidad de la visión de Adán y Eva como saliendo del huevo mágico, ellos mismos un huevo mágico de donde nacían todas las razas humanas, hay que concluir que la Ley contra la Ciencia del bien y del mal era una Prohibición contra la Guerra como Medio de alcanzar el Fin de la expansión del Reino Universal hasta los confines del mundo. Más aún, el Mandato era Todopoderoso y desterraba la Guerra de la Creación.
¿Por qué entonces intervenir contra el Proyecto Divino y utilizar al Hombre como hacha de guerra contra el Espíritu Santo?
Bueno, la respuesta viene en la pregunta. Lo que aquí nos importa es la Historia, sin tocar en absoluto el Dogma de la Teología fundada y establecida por Dios en la Sangre de su Hijo. Y la Historia abre sus puertas a la Primera Guerra de Expansión y Conquista del Reino Universal que la Mesopotamia del Quinto-Cuarto Milenio B.C. proclama, y proclama por "Derecho Divino", pues un hijo de Dios en persona es quien induce a la Corona a lanzarse a la conquista del Mundo.
No olvidemos que la Civilización no fue una masificación en el tiempo, por hablar a lo bruto. Mientras la Mesopotamia de la que saldría el Primer Hombre había alcanzado la Plenitud del Ser en tanto que Hombre, las familias humanas del Asia, Europa, Africa y América seguían en estado salvaje, quien en las montañas, quien en los valles. El Proyecto de Formación del Hombre, por tanto, no acababa en Mesopotamia sino que en Mesopotamia el Hombre tomaba el control del Proceso de sus semejantes a imagen del Proceso que había sido seguido con él por los hijos de Dios.
Es este Proceso el que se rompió y aquel Primer Reino Mesopotámico, que se hundiera luego bajo las aguas del Diluvio, enterró al emplear la Fuerza para obligar a todas las tribus semisalvajes a civilizarse. Esta ruptura causó una división civil con salida en la guerra, de manera que al regresar Dios a su Creación se encontró con lo contrario de lo que había esperado cosechar. En lugar de Obediencia, Rebelión. En lugar de Felicidad, Miedo. En lugar de Amor, Terror.
Ciertamente dice la Escritura que "se hicieron unos ceñidores", pero también le dice Dios a Job: "Cíñete los lomos", y cuando van a la guerra los héroes "se ciñen los lomos", ciertamente. ¿Pues quién es el que va desnudo a una guerra?
Esta es la historia de la Caída desde la Historia. Desde la Teología, que estudia las causas de la Rebelión, dice el que sabe que el Diablo es homicida y envidioso, y no conociendo el Hombre el Mal, que cayera, "viniendo en nombre de Dios su enemigo": era solo natural.
C.R.
