Introduccion a la Biblia
Introducción de cristo Raul al EXODO
Abraham
La
estructura de los hechos nos permite creer que Najor, abuelo de Abrám, fue uno
de los jefes de Ur que bajo la jefatura de Utukhegal de Uruk (2116al 2110 AC)
liberaron al País de la anarquía en la que lo sumieron los Bárbaros Gutis.
Teraj, el
padre de Abrám, siguiendo esta línea, participó en la coalición de los
príncipes de Ur que bajo la jefatura de Nammu (2110 al 2094 AC)se alzó contra
la tiranía a la que Utukhegal se abandonó.
La
victoria de la coalición de Ur les permitió a los hijos de Nammu alzarse con la
corona. Una corona que no tardó en sucumbir al paroxismo de la perversidad
cuando su sucesor, Shulgi (2093- 2046 AC), declaró ser dios en la tierra.
Digamos que se regresó de repente a los días anteriores al Diluvio, cuando los
héroes de muy antiguo proclamaron ser auténticos y genuinos hijos de los dioses
y reclamaron para sí todos los derechos de la divinidad. ¿No fueron sus
religiones y sus hazañas las que condujeron a las naciones a la ruina?
Bajo el
reinado de los hijos de Nammu, reinando en Ur Shulgi y sus hermanos, nuestro
Abraham abandonó su ciudad natal. No pudiendo soportar por más tiempo aquella
egolatría Abraham abandonó Ur. Curiosamente sin encontrar resistencia. (Poco
espacio para la duda dejan los hechos. Por la fuerza que posteriormente
demostró el ejército de soldados ganaderos al mando de Abraham, todo indica que
el hijo de Teraj estuvo en el ojo del huracán de la guerra civil que la
divinización de Shulgi puso sobre la mesa. De no haber mediado su Dios el hijo
de Teraj seguramente hubiera liderado el golpe de Estado contra el hijo de
Nammu. Otro gallo habría contado entonces en Ur. El ejército del hijo de Teraj
habría decidido la suerte de la ciudad).
Cuando por
tanto Abraham abandonó Ur el hijo de Nammu vio partir a su enemigo más
peligroso. El destierro voluntario del hijo de Teraj reducía la oposición a su
dinastía a la mínima expresión posible. Y así fue cómo al frente de un poderoso
ejército de guerreros-pastores Abraham subió por las orillas del río Occidental
sin nadie que le osara hacerle frente. Entró en Siria por el Norte, tierra de
nadie abierta al pastoreo y al bandidaje. Y dice la Biblia que guerreó Abraham
hasta contra cinco reyes juntos. Y siempre triunfó. Y siguió triunfando.
Tampoco el Faraón se atrevió a consumar su audacia. ¿En qué se quedó su
anunciada boda con la mujer del Hijo de Noé? Un ejército de hombres curtidos en
el campo de batalla que se mueve al sonido de la palabra de un solo hombre ¿de
cuándo fue lo que se dice un enemigo fácil? En cuanto a la fecha aproximada del
peregrinaje de Abraham y su hijo Isaac por las tierras del Oriente Medio, las
hambrunas de las que habla la Biblia y las hambrunas que asolaron el reinado de
los hijos de Nammu, especialmente durante el reinado de Ibbi Sin, entre el 2028
y el 2004, nos sirven de punto de su localización en la línea del tiempo.
Finalmente, la presencia de Abraham y su hijo entre los Amorreos, pueblo
enemigo de Ur, con los que las relaciones de Abraham fueron las típicas del
enemigo de mi enemigo es mi amigo, nos abre los ojos a la situación geopolítica
en la que se movió el padre de Isaac. Amén de confirmarnos en los límites
cronológicos entre los cuales hemos situado a Abraham y su hijo.
Israel
Incomprensible
una decisión que pudo haberle manchado su reputación con la fama de los
cobardes, Abraham prefirió la sabiduría de su Dios a la de los hombres. Su
posición teológica no admitía mutilaciones ni revisiones. El tiempo del hijo de
Eva no había llegado. Esta era su verdad. Lo otro -creer que la historia del
Paraíso Perdido era sólo eso, una historia de viejas- para Abraham era
tentación de Satanás.
En efecto,
la impaciencia fue la madre del pecado del Caín. La ignorancia, no la
sabiduría, fue el motor de su delito. Quien juró venganza se conservó el
derecho de ponerle número al día del combate a muerte entre el hijo de Eva y la
Serpiente. A Dios le tocaba decir el cuándo y el cómo. Él dice y la creación
entera escribe: Y así se hizo. Y en su palabra estaba la vida: “Cuenta las
estrellas del cielo si puedes, así de numerosa haré que sea tu descendencia”.
¿Dónde
están los descendientes de la Casa de Nammu?
Después de
la muerte de Isaac, en vida de Jacob, padre de José, la hambruna volvió a
golpear las tierras del Oriente Próximo Antiguo. Durante aquéllas hambrunas que
asolaron el universo conocido nos ha sido descubierto en los papiros el
asentamiento de un poderoso Clan Hebreo en el Nilo. La Conexión Judía introduce
a José en los movimientos sociales que las hambrunas causaron en la Corte del
Faraón. Con José, digámoslo así, entró en Egipto la Providencia. Se entiende
que en agradecimiento el Faraón y su Corte les permitiesen a los hermanos de la
Providencia instalarse en la orilla del Nilo que más les gustase. Con la
Providencia en casa adiós a los malos tiempos.
Moisés
Hemos
localizado el periodo abrahámico durante la III Dinastía de Ur, entre los dos
puntos extremos del siglo XXI AC. Y hemos visto cómo en los registros
faraónicos del Imperio Medio, en el reinado de Amenemhat II, entre el 1929 y el
1895, las tribus asiáticas empezaron a internarse en el Egipto, desplazándose
cada vez más hacia el sur. Fue en las crónicas de Sesostris II, sucesor del
anterior, que ya queda constancia firme de esta inmigración de tribus asiáticas
en el imperio. Pero el punto de interés que atrae nuestra atención son las
hambrunas que asolaron el Egipto durante el reinado de Mentuhotep III.
Hambrunas que nos conectan con la Historia de José, permitiéndonos situar la
entrada de los hebreos en el País del Nilo al principio del Segundo Milenio.
La
importancia de esta conexión radica en la respuesta que exige el acontecimiento
del asentamiento de tribus ganaderas en el reino de los faraones, agricultores.
El hecho de la ruptura con la cultura tradicional faraónica, de rechazo hacia
los pueblos nómadas, ganaderos, nos abre los ojos a un cambio que sólo se
explica por la revolución que supuso la presencia de José en la Corte del
Faraón. Sin ir más lejos será durante este periodo cuando el Faraón adquirirá
todas las notas clásicas, tan típicas a las estructuras imperialistas asiáticas
Es de
comprender, pues, que hasta que no llegó aquél faraón que no conoció a José,
los Hebreos disfrutaron de una política de amistad privilegiada, disfrutando de
la cual al crecer extendieron sus asentamientos más al sur, al precio, claro
está, de abandonar la tradición ganadera de sus padres. ¡Qué pronto, pues, se
olvidan los malos tiempos! Al volver la esquina los hijos de los salvadores se
convirtieron en los padres de los esclavos que hicieron grande al Imperio del
Faraón, y, con el paso del tiempo y otras vueltas de esquina, le acabó
significando a los egipcios su ruina. Pero vayamos por partes.
La
política de amistad hacia las tribus del Oriente Próximo que los faraones de las
dinastías XII y XIII ejercieron atrajo a su imperio a otro pueblo. Estamos
hablando de los Hicsos. Y será en el golpe de Estado que estos Hicsos dieron
donde debemos buscar al faraón que no conoció a José, y que le pagó a los
hebreos su negativa a secundar el asalto al Poder: con la esclavitud. Fue la
decadencia que experimentó la corte faraónica durante la dinastía XIV la que le
abrió las puertas al poder al pueblo que se hallaba entre ellos, los Hicsos,
poder que no recuperarían los egipcios sino después de perecer el ejército
hicso ahogado en las aguas del mar Rojo.
De esta
forma mirada la línea del tiempo si la entrada de los Hebreos la hemos situado
en alguna parte del siglo XX, su salida, cuatro siglos más tarde, la situaremos
hacia la mitad del siglo XVI, fecha, precisamente, en la que se produce la
Caída de los Hicsos y la conquista del trono perdido por los Ramsés.
Los
profesionales de la Historia tendieron a situar la fecha del Éxodo muy cercano
a la decadencia del Próximo Oriente durante los siglos XII y XIII. Los
profesionales de Dios, acomplejados por el discurso en masa de tales expertos
en destruir la Verdad, bajaron sus cabezas y en lugar de actuar
científicamemnte, es decir, de estudiar por sí mismos el tema, humillaron a la
Biblia integrando en sus introducciones la oponión de quienes, por sistema,
eran enemigos de Dios. Dejemos claro que la Iglesia Romana, pues que dijo
"Yo soy la Iglesia Católica" y devino beneficiaria de la Biblia como
testamento legítimo de Dios a la Esposa de Cristo, hubiera debido pagar una
investigación científica sobre el Hecho del Exodo en lugar de escribir como
Introducción al Éxodo lo que sigue:
Introducción Oficial al Exodo
En
general, debemos tener en cuenta que nos hallamos ante una historia religiosa
de carácter popular y redactada cuando los hechos habían sido elevados a la
categoría de épica nacional, lo que implica no poca “idealización” de aquéllos.
Ante todo se quiere destacar la intervención providencial de Dios en la
liberación y formación del pueblo escogido, y por eso el hagiógrafo muchas
veces prescinde de las causas segundas y considera a Dios como el guía
inmediato de su pueblo en todas las vicisitudes de la peregrinación por el
desierto. Sin duda alguna, la liberación de Egipto y la estancia de los
israelitas en la estepa no se pueden explicar sin intervenciones
preternaturales y milagrosas de Dios; pero no quiere esto decir que los
milagros se produzcan en serie durante cuarenta años.
En
general, las narraciones sobre la estancia de los israelitas en el país de los
faraones encuentran su confirmación en los documentos extrabíblicos. En el
papiro Anastasi VI, de fines del siglo XIII aC (época del Éxodo), se menciona a
unos beduinos de Edom que bajaron al Delta en tiempo de escasez “para conservar
su vida,” a los que se les permitió establecerse con sus rebaños en el Wady
Tumilat, justamente en la zona de la tierra de Gosén, donde moraban los israelitas.
Era normal que los asiáticos, en épocas de hambre, bajaran al país del Nilo,
donde siempre había víveres con que aprovisionarse. También la afirmación
bíblica de que los israelitas, llamados hebreos por los egipcios, fueron
empleados en la construcción de la ciudad de Ramsés, concuerda con un texto de
la época de Ramsés II (s.XIII AC), en el que se habla de los extranjeros que
“arrastraban piedras para la construcción de la gran fortaleza de la ciudad de
Ramsés, el amado de Amón.” En efecto, Ramsés II emprendió la construcción de
graneros en Pitom, y de una ciudad con su nombre. Esto prueba que el faraón
“opresor” fue Ramsés II (1300-1229 AC). La historia de las plagas encuentra su
marco propio en Egipto, ya que la inundación de ranas, mosquitos, granizos y
langostas son fenómenos que periódicamente se repiten en el país del Nilo. Lo
excepcional es el modo como son producidos estos fenómenos a voluntad de
Moisés, y en eso hay que ver la intervención milagrosa divina. Lo mismo hay que
decir del fenómeno del maná y de las codornices. El arca de la alianza
encuentra su paralelo en las arcas que procesionalmente llevaban en Egipto los
sacerdotes. El legislador hebreo pudo inspirarse en ellas para diseñar la que
iba a ser símbolo de la presencia de Dios en su pueblo.
Aunque la
Biblia no da nombres de los faraones opresores, sin embargo, hoy día la
generalidad de los exegetas y egiptólogos suponen que el Éxodo tuvo lugar en el
siglo XIII bajo la dinastía XIX. El mismo itinerario hacia el Sinaí es
verosímil, ya que, aparte de la finalidad de aislar a Israel en el desierto
para crear una nueva conciencia nacional y religiosa, el camino recto hacia
Canaán por la costa mediterránea estaba erizado de fortalezas militares
egipcias para hacer frente a las invasiones asiáticas (particularmente hititas,
que presionaban hacia el sur), lo que hubiera hecho imposible que los hebreos
pudieran salir hacia Canaán. Por otra parte, Moisés conocía las estepas del
Sinaí por haber vivido en ellas, y es muy natural que se comprometiera a llevar
al pueblo por caminos fuera del control militar egipcio...
Crítica al Hagiógrafo (CR)
De no ser
porque sabemos que esta Introducción al Exodo ha sido tomada de la Biblia
Nácar-Colunga, en su día publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos, cualquiera diría que esta
Introducción fue escrita por un enemigo acérrimo del Autor de la Biblia. El
Introductor se limita a suscribir por buena la tesis del historiador
anticristiano más vulnerable, y no atiende, ni por conciencia propia ni por
verguenza ajena, a la imposibilidad de que habiendo vivido Abraham en el siglo
XXI AC, (asunto que los pioneros de la Historia Antigua de principios del Siglo XX firmaron, si bien contra el populismo de Cambridge y escuelas mellizas, que acabó imponiendo su criterio anticientífico a tenor de unas guerras mundiales bajo cuyas ruedas la Historia dejó de ser Ciencia para devenir Arte, en especial de la manipuacióon de la Memortia de la Humanidad); y habiendo estableciendo Dios cuatro siglos desde la entrada de su Casa de Israel en
Egipto, es materialmente imposible, siendo Dios veraz, que la fecha del
historiador, siglo XIII para el Exodo, tenga siquiera pasaporte de credibilidad.
Para ocultar
su mediocridad el Hagiógrafo tacha a Moisés de oportunista y a Dios de
mentiroso, relegando el Hecho a simple mitología popular. Es decir, más preocupada en recolectar
dinero que en invertirlo en Defensa de la Biblia, su Legado, la Iglesia Romana
se dedicó a otros asuntos, dejando los asuntos que debieran serle más Sagrados
en las manos de criados sin inteligencia de ninguna clase que, como los
papagayos, se limitaron a repetir lo que los enemigos de la Biblia proclamaron
a todos los vientos, dando lugar a la creencia de haber sido el Paso del Mar
Rojo un Mito. Ahora bien ¿qué inteligencia tiene quien contrata a un mico? ¡A
tal siervo, tal amo!
NO será en vano, concluyendo este argumento, que,
exceptuando casos aislados, aunque muy sonados, la Teología haya sido el peor
enemigo del Cristianismo; la prueba más contundente el texto de renuncia a la
Defensa de la Historia Bíblica que he copiado desde la Nácar Colunga. ¿Se puede
ser sabio según Cristo y al mismo tiempo negar a Dios afirmando ser su Obra una
"épica nacional"? Eso sí, con vasilina hagiógrafica entra mejor la
piedra de molino con la que se comulga.
¿No es ya célebre la astucia del diablo
para esconder en términos rimbombantes sólo aptos para una inteligencia
superior su maligna ciencia? ¿A qué viene la imitación del Diablo en quien
tiene por Maestro a Jesucristo?
Si no por conciencia propia al menos por
verguenza ajena la Iglesia Romana, pues que se ha considerado Defensora
Universal de la Fe Católica, hubiera debido corregir al Hagiógrafo y haber despedido su
pluma, anulando sus servicios.
¡Dios es veraz! Los hombres son mendaces.
Cuatro
siglos fueron los siglos que estuvieron los Hebreos en Egipto, y al Quinto, es
decir, en el XVI-XV aC, cuando cae el Reino Hicso y vuelven los Egipcios a
adquirir su Independencia, nos encontramos con Josué en Palestina. Será
contando con esta Realidad Histórica y a partir de ella que se debe proceder a
la localización de la Ruta por el Mar Rojo, abandonando sin ninguna duda los
dibujos para micos que en su negación del Hecho trazaron sobre los mapas
"los sabios del siglo XX" y "los Sabios de la Iglesia Romana
bendijeron" sin que se les cayera la cara de verguenza. Aunque claro,
esperar de una iglesia teocrática venida a menos, que hizo de la Pornocracia su
política, del Absolutismo Monárquico su compañero de camino, y de la Dictadura
del Poder su aliado comercial, vendiendo la Fe como se vende un artículo,
esperar de la iglesia romana que actuase según el espíritu de inteligencia era
absurdo, sobre todo porque el espíritu de Jesús es el espíritu de la profecía.
Absurdo contra el que la Teología de la Liberación, bajo el pontifiado de Juan Pablo II, se partió la cabeza cuando
quiso liberar a este profeta que lleva en sí el sacerdocio de Cristo.
Pero regresemos al tema principal y pasemos de las críticas y las divagaciones. La existencia de Abraham en los dias de Shulgi un facto vero, determinado a partir de la estructura de la sociedad ganadera de la Ur del fines del Tercer Milenio AC, donde el rey era el ganadero más grande, a la vez que la cabeza de un clan cuyo cuerpo venía organizado como formación militar autocrática, respecto a cuyo cuerpo el Jefe del Clan era el Autócrator, en este caso Shulgi por la Casa de Nammu y nuestro Abraham por la de la Casa de Najor, la Historia de la Biblia sobre Ahbrham nos pone de relieve la contemporaneidad de ambos Clanes y el Proyecto de Golpe de Estado y Guerra Civil en el que, como ciudadano de Ur, Abraham se vio envuelto y no sellevo a su consumación por la Intervención de su Dios. Propiciando la salida del hijo de Najor el colapso dela resistencia de los clanes menores de Ur a la divinización de la Casa de Nammu.
Como ya dije antes, el Autocrator del Clan de Nammu y Príncipe de Ur, Shulgi, cuando vio exiliarse voluntariamente al hijo de Teraj, el único que, liderando la Resistencia a la Imperialización de la Corona de Ur, hubiera podido acabar con su sueño de devenir un dios, el dia que Abraham emprendió la salida de Ur, exiliándose voluntariamente por asi decirlo, la Historia de la Civilización pegó un salto del interés personal al interés universal cuya consumación se cerró, para nuestra Salvación, en la Victoria de nuestro Jesucristo.
Ahora bien, todas las especulaciones son pajas al viento, lluvia sobre mojado, fuego contra un volcán. El final del discurso sobre la fecha del Exodo está a nuestro alcance. Sólo tenemos que meter la mano bajo las agua, desenterrar al faraón de Moisés y su ejército, que yacen bajo las aguas del Mar Rojo. ¿Por qué la Ciencia y los Gobiernos que financiaron la Arqueología de finales del Siglo XIX y principios del XX, trayendo a luz la Memoria de la Civilización Biblica ¿detuvieron su brazo en el Oriente Medio Asiático, dando de lado el Proyecto más importante y final al que conducía ese Movimiento? ¿Acaso no era solo natural que habiéndole cerrado la boca con barro a la Historia y la Ciencia del XIX antes de la Arqueologia ese Movimiento desembocase en las aguas del Mar Rojo?
Las Guerras Mundiales, sin embargo, vinieron a distorsionarlo todo, debiendo posponer la Civilización ese Momento para mejor ocasión. Este Siglo verá con sus ojos la resurrección del Faraón de Moisés con la misma garantia de veracidad que el principio del Siglo XX viera resucitar a los Sargones y los Pileseres que "sólo existían en la Mitología Bíblica". Entonces se verá con los ojos de la cara la verdad que los historiadores arqueólogos independientes del principios del XX firmaron antes de las Guerras Mundiales, a saber, que la Caida de los Hicsos y el Exodo debe conetarse como causa-efecto, poniendo para la fecha del Exodo el Siglo XVI AC, Conclusión-Manifiesto Final del Proceso Arqueológico derivado de la Lectura de todos los Manuscritos desenterrados a finales del XIX.
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