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El
principio de la existencia es el Amor. Y sin el Amor no
existiría nada de cuanto ha sido hecho creado. El
Amor es el principoio de la existencia de todas las cosas.
Dios no crea para bañarse en multitudes o golpearse
el pecho en plan King Kong desafiando al Infinito y la Eternidad
en la punta de lo alto de la torre del Poder. Para nada.
El Origen de la Actividad Creadora Divina tiene en el Amor
por la Vida su Fuente, su Núcleo y su Roca. Y fue
este Amor por la Vida a su Imagen y Semejanza el epicentro
que revolucionó la Realidad Cósmica en su
Plenitud el día que El levantó entre la Vida
y la Muerte el Muro Indestructible de su Deseo: ¡Inmortalidad,
vida eterna para todos los Vivientes! (En la Tercera Parte
de la Historia Divina está expuesta la Memoria de
la Increación y el Camino que Eternidad, Infinito
y Dios recorrieron hasta la Creación. No insistiré
en el tema). La Batalla fue ganada por el Espíritu
Santo de la Sabiduría. Y Dios, deviniendo su Esposo,
heredó la Omnisciencia Creadora sin la cual era Imposible
proceder al Salto de la Increación a la Creación.
Esta Revolución se consumó ad eternum et ad
infinnitum cuando la Sabiduría devino Madre, y Dios
devino Padre: en el Hijo. En el Hijo el Amor de Dios por
la Vida se hizo Dios. Y de aquí que nuestros Apóstoles
clamaran a boca llena: Dios es Amor.
Ahora, ciertamente
la verdad sólo tiene un camino, y la Fe únicamente
un destino: andar ese Camino al encuentro de Dios en el
Paraíso. ¿Hay algún cristiano que no
suscriba esta declaración para chiquillos? Y sin
embargo ya no somos chiquillos. Nuestra inteligencia, formada
a imagen y semejanza de la de nuestro Creador, pide algo
más que promesas bailando en la oscuridad de un más
allá tras el cual, aparte de la Resurrección,
nadie sabe absolutamente nada. "Creemos en la Resurrección
de los muertos y la vida eterna en el mundo futuro...",
declaramos desde hace siglos. La pregunta es: ¿Dónde
está ese "mundo futuro"? O sea, ¿Dónde
está el Mundo del que bajó el Hijo de Dios
al nuestro y al que volvió tras su Resurrección?
Cerrarle al pensamiento toda vía afirmando que está
en Dios es decir nada, pues ¿qué no está
en Dios? ¡En Dios está todo! Empero, nuestro
pensamiento quiere ver; pues los animales ven con los ojos
y de la vista hacen su ley, y según esta ley edifican
sus ciencias. Mas los hijos de Dios, engendrados en el Espíritu
de Dios, vemos con los ojos del Espíritu de inteligencia,
y desde su ley nuestro pensamiento trabaja con realidades
inaccesibles a nuestros sentidos pero tan reales como la
extensión tecnológica que nuestro Creador
le ha dado a nuestro cuerpo a fin de que mediante la Ciencia
veamos lo que con nuestros ojos es imposible que veamos.
Toda la tecnología existente y por existir no tiene
otra finalidad que ampliar la realidad humana, deviniendo
de esta manera la materia y sus fuerzas parte de nuestro
ser, en vista a cuya ampliación extensiva de la realidad
humana Dios ha despertado en nosotros la Inteligencia, madre
de todas las ciencias. Por la Inteligencia todas las fuerzas
del Universo están a nuestra disposición con
el único objeto de hacernos gozar de la existencia
Divina, abriendo el horizonte de los límites de nuestro
ser en cuanto creación a la realidad sin límites
natural al ser de nuestro Creador. Para el animal político
o racional la ciencia es magia al servicio del poder del
fuerte, un instrumemto de dominio de la bestia más
poderosa contra la subespecie de los débiles. Para
un hijo de Dios la Ciencia es el medio que nos permite abrir
nuestra realidad en cuanto criaturas a la realidad del Hijo
de Dios; de aquí que la Ciencia sola, sin la Inteligencia
Creadora, sea el refugio en la que el Mal, en todas sus
formas, elabora sus planes de destrucción del Género
Humano, fin último del Ateísmo científico
contra cuya verdad los mismos esclavos se curan engañándose
a sí mismos con la ciencia de los dioses del infierno
de cuya boca saliera aquella palabra maldita, origen de
nuestra tragedia: "El día
que comais sereis como los dioses".
Y
sí, algunos viven como los dioses, y la inmensa mayoría
como verdaderos gusanos. Entre los primeros y los segundos
la comunidad científica eligió, como animal
que es todo ateo, pertenecer al primer grupo y poner su
ciencia al servicio del poder a la manera que el poder de
los antiguos buscaba en la magia de los brujos un medio
para mantener aplastado a los pueblos. A esta naturaleza
criminal se ha visto reducida aquella Ciencia que alzara
su Razón contra la Fe acusándola de no haber
procedido el cristianismo tal cual debiera a tenor del Evangelio.
Pero, en fin, Dios juzgará a cada cual según
sus pensamientos, palabras y obras. A nosotros lo que nos
toca es ser consecuentes con nuestra Inteligencia y mirar
a los cielos a la búsqueda del Mundo de Jesús,
ése Mundo desde el que Dios nos envió a su
Hijo y al cual regresó tras esa Resurrección
que devino nuestra Puerta a la vida eterna.
Y
alguno se preguntará qué tiene que ver este
discurso anómalo, más parecido a una crítica
contra la actitud científica moderna, con una Introducción
al Evangelio de San Mateo. Y me gustaría mover la
cabeza reconociendo meas culpas por dejarme llevar tras
mis...¿compulsiones neuróticas?..., pero no
puedo; y no porque la torticulis me lo impida, que no tengo,
sino porque sería contra mis principios, que sí
tengo, ahorrarme la verdad por miedo a la opinión
ajena, máxime cuando sabemos que la opinión
pública es como una ramera que se mueve más
o menos según el color del dinero.
La
experiencia no miente, seis milenios apaleado y torturado,
esclavizado y machacado, dan para mucho a la hora de la
experiencia. Siempre hay quien se fía de la palabra
del prójimo aún cuando el prójimo haya
demostrado que su palabra se mueve al ritmo de las nalgas
de la justicia: Tanto pagas, tanto te absuelvo; tanto tienes,
tanto te sirvo. Al fin y al cabo como la justicia es ciega
y no ve rostro lo mismo le da que le pague el criminal más
grande del mundo que el santo más famoso de la tierra.
El problema, que los santos no tienen un centavo y por esta
ley la justicia solo sirve al rico, al poderoso y a todo
el que le llene el platillo. ¿Y a qué venía
todo esto?
Ya
me acuerdo.
Se
trata del Mundo Futuro. Recordemos que ser cristiano y no
creer en la existencia de un Mundo creado por Dios para
ser su Morada en la Eternidad y el Infinito, es no ser cristiano,
es sencillamente ser un hipócrita al estilo de aquéllos
saduceos que siendo sacerdotes, descendientes de Aarón,
el hermano del mismísimo Moisés: creían
en Dios y no creían en la resurrección de
la vida. ¿Eran sacerdotes semejantes hipócritas?
Sí lo eran por el título y los hábitos,
pero por el ser y el espíritu eran verdadera basura,
y de aquí que Dios demoliera aquél templo,
le quitara el servicio divino a la casa de Aarón
y se lo diera a una nueva Casa, la de Cristo, que oficia
según el Espíritu. En fin, esto es papilla,
así que no voy a insistir en este particular.
El
hecho es que después de este mundo, una vez que nuestro
tiempo se cumpla, según la Promesa: "120
años serán tus días", despertamos
a la Vida en un Mundo creado para ser eterno, donde Dios
ha fijado su Tienda entre los puntos cardinales del Infinito,
a la sombra del Arbol de la vida, Mundo del que esperamos
ser sus habitantes por toda la Eternidad, y gobernado por
un Rey sempiterno, cuya Cabeza de Gloria es Dios. En fin,
la leche con la que nos criamos. Nada nuevo. La pregunta
es la que marca la diferencia: ¿Dónde queda
el Mundo del que bajara el Hijo de Dios, al que regresara
tras su Resurrección y al que nosotros mismos esperamos
subir una vez consumado nuestro tiempo en este mundo que
nos ha visto nacer?
Conste
aquí que la Fe no es un delito, y que creer no es
un acto de locura. Desde esta base mirar para Arriba y determinar
con los ojos de nuestra Inteligencia dónde queda
el Mundo hacia el que nos dirigimos y para habitar entre
cuyas fronteras fuimos, primero, creados, y después,
engendrados, no es una aventura supersticiosa ni el resultado
de un proceso maniaco, sino el fruto natural del árbol
espiritual que nos mantiene vivos y sostiene nuestras fuerzas
durante el tiempo que nos toca vivir acosados por las fuerzas
de la Muerte.
El
guerrero se relaja mirando al cielo durante la hora del
refrigerio, y el sabio dirige su pensamiento hacia Dios,
su Maestro y Guía, confortando su alma con visiones
del Paraíso. Nada hay más natural para el
espíritu que buscar la fuente de su existencia y
caminar hacia la luz de la que procede su luz propia.
¿Entre
cuáles, pues, de las estrellas de los Cielos que
nos rodean se creó Dios un Mundo para sí?
¿En qué región de su Creación,
entonces, fijó el Creador la Tienda desde la que
dominar el Cosmos?
Esté
donde esté este Mundo Futuro será allí
Arriba donde todos nos veremos y compartiremos la vida eterna.
Somos hijos de Dios, y cualquier otra declaración
sería un acto solemne de reverenda hipocresía.
Si hasta Ayer la Civilización no había logrado
integrarse en nuestra realidad transformándose en
la extensión tecnológica de nuestro Ser, gracias
a Dios desde Hoy darle la espalda a esta cuestión
es rechazar la esencia y la substancia misma del espíritu
en el que nacemos y vivimos: ¿Dónde está
el Paraíso?
Y
entramos en materia.
Según
mi criterio y acorde al conocimiento que me he hecho de
la Realidad, basándonos en que Dios existía
antes de Crear los Cielos y la Tierra, cosa que no necesita
demostración, el Mundo hacia el que caminamos está
al otro lado de nuestro Universo, entendiendo por "Universo"
nuestra Vía Láctea. La conclusión es
cierta por obvia, y por obvia, como he dicho, no necesita
de demostración de ninguna clase.
La
Vía Láctea es nuestro Universo, la última
de las creaciones de Dios, en cuya Tierra planta el Arbol
de la vida, que por fruto le da El Género Humano.
Y es este Fruto el que El recoge Dios para su Paraíso,
poblando su Mundo con toda suerte de vivientes.
Nos
lo declaró su Hijo, y nosotros le creímos,
y diciendo: "Dios hará
mayores obras que ésta (hablando de nuestro
Universo)", nos decía
que Dios ya ha hecho otras Obras como ésta, respecto
a las cuales, si se quiere, ésta es mayor que las
anteriores, determinando Dios por este crecimiento de menos
a más, de menor a mayor, la dinámica natural
a su Actividad Creadora, cuya ley viene de la Relación
que mantiene con su Hijo, cuya expectación mantiene
de esta manera viva por la eternidad.
Resuelta
la imposibilidad de ser nuestro Universo la región
entre cuyas fronteras constelacionales plantó Dios
su Tienda, nos toca buscar este Mundo Futuro al otro lado
de los Cielos, es decir, entre los sistemas del Grupo Local.
La
configuración del Grupo Local es particular en todos
los extremos (ver UNIVERSUM).
El problema que nosotros tenemos desde el día después
de la Caída se refiere al egocentrismo, raiz de la
que partiera el geocentrismo y ahora mantiene el Lácteocentrismo,
desde el cual cartografiamos la Región Local tomando
como centro nuestro Universo. Dejando aparte este tic histórico
heredado del comportamiento de nuestros antepasados y aceptando
el reto de la localización del Mundo Futuro entre
los Miembros de la Región Local, nuestra pregunta
se traduce cuál de entre los Miembros ...¿de
los Cielos de los cielos?... es el Mundo donde Dios ha pantado
su Tienda, se ha Edificado Casa y Paraíso y desde
él sale y a él vuelve a voluntad.
Observando
tal cual la Región Local entre cuyos Miembros se
halla localizada la Vía Láctea tenemos que
proceder por descarte; o sea, dejando de lado los Miembros
que por su estructura son prototipo del Modelo Celeste en
el que hemos sido creados y vivimos.
En
realidad todos los Miembros de la Región Local se
ajustan a un patrón astrofïísico, lo
que se llama comúnmente y erróneamente "galaxia
irregular", pues a la hora de la verdad y tanto por
la apariencia cuanto por la estructura dichas "galaxias
irregulares" son verdaderos "cúmulos globulares
irregulares".
Un
cúmulo globular (ver STARWEB)es
esto:

Y
esto:

O
esto:

Esto
otro no es una galaxia iregular, sino un cúmulo globular
irregular:

Exactamente
como este otro:

¿Cómo
llamar, contra lo que los ojos ven, galaxia a lo que es
un cúmulo globular "irregular"? ¿Sobre
qué cimientos de ceguera voluntaria e ignorancia
encumbrada se atreve nadie a confundir el pan con la piedra,
el hombre con la bestia y un cúmulo globular irregular
con una galaxia, eso sí: "irregular"?
De
lado las visiones y los discursos de quienes nos quieren
ciegos, el hecho indiscutible y visible es que un único
Miembro del llamado Grupo Local y Región Local presenta
unas características únicas, tales que ni
es cúmulo globular irregular ni es galaxia del tipo
cósmico general. estamos hablando de ANDRÓMEDA,
también llamada Messier 31. Echadle un ojo:

De
entrada , por su apariencia, parece una galaxia del tipo
general. La siguiente foto destroza la imagen típica
de una galaxia y nos abre la puerta a...

Esto
es otra cosa. Ese centro luminoso refuta la identificación
de ANDRÓMEDA como objeto o cuerpo galáctico.
Y rechaza su identificación con un objeto globular.
(Saltando a UNIVERSUM
podéis determinar por vosotros mismos la singularidad
que ANDRÓMEDA levanta en el centro de la Región
Local). No tengo a mi disposición los medios técnicos
suficientes para desplazar el centro desde la Vía
Láctea a ANDRÓMEDA y desde ANDRÓMEDA
cartografiar la Región. Pero es evidente que ANDRÓMEDA
y no la Vía Láctea, nuestro Cúmulo
Globular "Irregular", es el Centro Físico
de la Región Local.
Se
puede determinar este desplazamiento en función de
las dimensiones del campo gravitatorio de ANDRÓMEDA.
Pues sería un fenómeno absolutamente anticientífico
que un campo gravitatorio de densidad y volumen infinitamente
más extenso que el de los cuerpos de su Región
orbitase alrededor de sus vecinos, y no al contrario. El
número de satélites globulares que orbitan
alrededor del campo gravitatorio de ANDRÓMEDA y la
concentración de haces estelares que hace converger
en su área, iluminando su superficie con focos en
apariencia propios, son factores decisivos a la hora der
enmarcar los valores del campo de ANDRÓMEDA. Es más,
tal cual se observa en la segunda foto, el campo gravitatorio
de ANDRÓMEDA se ajusta prefectamente a lo que llamamos
una lente gravitacional.
La
hipótesis Lacteocéntrica hasta ahora en boga,
al igual que la geocéntrica en su día, tiene
un sustrato de inocencia que justifica totalmente el comportamiento
de las generaciones que vivieron bajo el umbral de sus postulados.
La Historia del Género Humano es una evolución
desde nivel óptico de conocimiento cero al nivel
en que nos encontramos, y sigue la cuenta.
C.R.