Introducción al Evangelio según San Mateo Reto al Cristianismo del Siglo XXI El principio de la existencia es el Amor. Y sin el Amor no existiría nada de cuanto ha sido hecho creado. El Amor es el principio de la existencia de todas las cosas. Dios no crea para bañarse en multitudes o golpearse el pecho en plan King Kong desafiando al Infinito y a la Eternidad en la punta de lo alto de la torre del Poder. Para nada. El Origen de la Actividad Creadora Divina tiene en el Amor por la Vida su Fuente, su Núcleo y su Roca. Y fue este Amor por la Vida a su Imagen y Semejanza el epicentro que revolucionó la Realidad Cósmica en su Plenitud el día que El levantó entre la Vida y la Muerte el Muro Indestructible de su Deseo: ¡Inmortalidad, vida eterna para todos los Vivientes! (En la Tercera Parte de la Historia Divina está expuesta la Memoria de la Increación y el Camino que Eternidad, Infinito y Dios recorrieron hasta la Creación. No insistiré en el tema). La Batalla fue ganada por el Espíritu Santo de la Sabiduría. Y Dios, deviniendo su Esposo, heredó la Omnisciencia Creadora sin la cual era Imposible proceder al Salto de la Increación a la Creación. Esta Revolución se consumó ad eternum et ad infinitum cuando la Sabiduría devino Madre, y Dios devino Padre: en el Hijo. En el Hijo el Amor de Dios por la Vida se hizo Dios. Y de aquí que nuestros Apóstoles clamaran a boca llena: Dios es Amor. Ahora, ciertamente, la verdad sólo tiene un camino, y la Fe únicamente un destino: andar ese Camino al encuentro de Dios en el Paraíso. ¿Hay algún cristiano que no suscriba esta declaración para chiquillos? Y sin embargo ya no somos chiquillos. Nuestra inteligencia, formada a imagen y semejanza de la de nuestro Creador, pide algo más que promesas bailando en la oscuridad sobre un más allá tras el cual, aparte de la Resurrección, nadie sabe absolutamente nada. "Creemos en la Resurrección de los muertos y la vida eterna en el mundo futuro...", declaramos desde hace siglos. La pregunta es: ¿Dónde está ese "mundo futuro"? O sea, ¿Dónde está el Mundo del que bajó el Hijo de Dios al nuestro y al que volvió tras su Resurrección? Cerrarle al pensamiento toda vía afirmando que está en Dios es decir nada, pues ¿qué no está en Dios? ¡En Dios está todo! Empero, nuestro pensamiento quiere ver; pues los animales ven con los ojos y de la vista hacen su ley, y según esta ley edifican sus ciencias. Mas los hijos de Dios, engendrados en el Espíritu, vemos con los ojos de la inteligencia, y desde su ley nuestro pensamiento trabaja con realidades inaccesibles a nuestros sentidos pero tan reales como la extensión tecnológica que nuestro Creador le ha dado a nuestro cuerpo a fin de que mediante la Ciencia veamos lo que con nuestros ojos nos es imposible ver. Toda la tecnología existente y por existir no tiene otra finalidad que ampliar la realidad humana, deviniendo de esta manera la materia y sus fuerzas parte de nuestro ser, en vista a cuya ampliación extensiva de la realidad humana Dios ha despertado en nosotros la Inteligencia, madre de todas las ciencias. Por la Inteligencia todas las fuerzas del Universo están a nuestra disposición con el único objeto de hacernos gozar de la existencia Divina, abriendo el horizonte de los límites de nuestro ser en cuanto creación a la realidad sin límites natural al ser de nuestro Creador. Para el animal político o racional la ciencia es magia al servicio del poder del fuerte, un instrumemto de dominio. Para un hijo de Dios la Ciencia es el medio que nos permite abrir nuestra realidad en cuanto criaturas a la realidad del Hijo de Dios; de aquí que la Ciencia sola, sin la Inteligencia Creadora, sea el refugio en la que el Mal, en todas sus formas, elabora sus planes de destrucción del Género Humano, fin último del Ateísmo científico contra cuya verdad los mismos esclavos se curan engañándose a sí mismos con la ciencia aquéllos de cuya boca saliera la palabra maldita origen de nuestra tragedia: "El día que comais sereis como los dioses". Y sí, algunos viven como los dioses, y la inmensa mayoría como verdaderos gusanos. Entre los primeros y los segundos la comunidad científica eligió, como animal que es todo ateo, pertenecer al primer grupo y poner su ciencia al servicio del poder a la manera que el poder de los antiguos buscaba en la magia de los brujos un medio para mantener aplastado a los pueblos. A esta naturaleza criminal se ha visto reducida aquella Ciencia que alzara su Razón contra la Fe acusándola de no haber procedido el cristianismo tal cual debiera a tenor del Evangelio. Pero, en fin, Dios juzgará a cada cual según sus pensamientos, palabras y obras. A nosotros lo que nos toca es ser consecuentes con nuestra Inteligencia y mirar a los cielos a la búsqueda del Mundo de Jesús, ése Mundo desde el que Dios nos envió a su Hijo y al cual regresó tras esa Resurrección. Y alguno se preguntará qué tiene que ver este discurso con una Introducción al Evangelio de San Mateo. Recordemos que ser cristiano y no creer en la existencia de un Mundo creado por Dios para ser su Morada en la Eternidad y el Infinito, es no ser cristiano, es sencillamente ser un hipócrita al estilo de aquéllos saduceos que siendo sacerdotes, descendientes de Aarón, el hermano del mismísimo Moisés: creían en Dios y no creían en la resurrección de la vida. ¿Eran sacerdotes semejantes hipócritas? Sí lo eran por el título y los hábitos, pero por el Ser y el Espíritu eran verdadera basura, y de aquí que Dios demoliera aquél templo, le quitara el servicio divino a la casa de Aarón y se lo diera a una nueva Casa, la de Cristo, que oficia según el Espíritu. En fin, esto es papilla, así que no voy a insistir en este particular. El hecho es que después de este mundo, una vez que nuestro tiempo se cumpla, según la Promesa: "120 años serán tus días", despertamos a la Vida en un Mundo creado para ser eterno, donde Dios ha fijado su Tienda entre los puntos cardinales del Infinito, a la sombra del Arbol de la vida, Mundo del que esperamos ser sus habitantes por toda la Eternidad, y gobernado por un Rey sempiterno, cuya Cabeza de Gloria es Dios. En fin, la leche con la que nos criamos. Nada nuevo. La pregunta es la que marca la diferencia: ¿Dónde queda el Mundo del que bajara el Hijo de Dios, al que regresara tras su Resurrección y al que nosotros mismos esperamos subir una vez consumado nuestro tiempo en este mundo que nos ha visto nacer? Determinar con los ojos de nuestra Inteligencia dónde queda el Mundo hacia el que nos dirigimos y para habitar entre cuyas fronteras fuimos, primero, creados, y después, engendrados, no es una aventura supersticiosa ni el resultado de un proceso maniaco, sino el fruto natural del árbol que nos mantiene vivos y sostiene nuestras fuerzas durante el tiempo que nos toca vivir acosados por las fuerzas de la Muerte. El guerrero se relaja mirando al cielo durante la hora del refrigerio, y el sabio dirige su pensamiento hacia Dios, confortando su alma con visiones del Paraíso. Nada hay más natural para el espíritu que buscar la fuente de su existencia y caminar hacia la luz de la que procede su luz propia. ¿Entre cuáles, pues, de las estrellas de los Cielos que nos rodean se creó Dios un Mundo para sí? ¿En qué región de su Creación, entonces, fijó el Creador la Tienda desde la que dominar el Cosmos? Esté donde esté este Mundo Futuro será allí Arriba donde todos nos veremos y compartiremos la vida eterna. Somos hijos de Dios, y cualquier otra declaración sería un acto solemne de reverenda hipocresía: ¿Dónde está ese Mundo Futuro? Y entramos en materia. Según mi criterio y acorde al conocimiento que me he hecho de la Realidad, basándonos en que Dios existía antes de Crear los Cielos y la Tierra, cosa que no necesita demostración, el Mundo hacia el que caminamos está al otro lado de nuestro Universo, entendiendo por "Universo" nuestra Vía Láctea. La conclusión es cierta por obvia, y por obvia, como he dicho, no necesita de demostración de ninguna clase. La Vía Láctea es nuestro Universo, la última de las creaciones de Dios, en cuya Tierra planta el Arbol de la vida, que por fruto le da El Género Humano. Y es este Fruto el que El recoge Dios para su Paraíso, poblando su Mundo con toda suerte de vivientes. Nos lo declaró su Hijo, y nosotros le creímos, y diciendo: "Dios hará mayores obras que ésta (hablando de nuestro Universo)", nos decía que Dios ya ha hecho otras Obras como ésta, respecto a las cuales, si se quiere, ésta es mayor que las anteriores, determinando Dios por este crecimiento de menos a más, de menor a mayor, la dinámica natural a su Actividad Creadora, cuya ley viene de la Relación que mantiene con su Hijo, cuya expectación mantiene de esta manera viva por la eternidad. Resuelta la imposibilidad de ser nuestro Universo la región entre cuyas fronteras constelacionales plantó Dios su Tienda, nos toca buscar este Mundo Futuro al otro lado de los Cielos, es decir, entre los sistemas del Grupo Local. La configuración del Grupo Local es particular en todos los extremos (ver UNIVERSUM). El problema que nosotros tenemos desde el día después de la Caída se refiere al egocentrismo, raiz de la que partiera el geocentrismo y ahora mantiene el Lácteocentrismo, desde el cual cartografiamos la Región Local tomando como centro nuestro Universo. Dejando aparte este tic histórico heredado del comportamiento de nuestros antepasados y aceptando el reto de la localización del Mundo Futuro entre los Miembros de la Región Local, nuestra pregunta se traduce en esta: ¿cuál de entre los Miembros ...de los Cielos de los cielos... es el Mundo donde Dios ha pantado su Tienda, se ha Edificado Casa y Paraíso y desde él sale y a él vuelve a voluntad? Observando tal cual la Región Local entre cuyos Miembros se halla localizada la Vía Láctea tenemos que proceder por descarte; o sea, dejando de lado los Miembros que por su estructura son prototipo del Modelo Celeste en el que hemos sido creados y vivimos. En realidad todos los Miembros de la Región Local se ajustan a un patrón astrofísico, lo que se llama comúnmente y erróneamente "galaxia irregular", pues a la hora de la verdad y tanto por la apariencia cuanto por la estructura dichas "galaxias irregulares" son verdaderos "cúmulos globulares irregulares". Un cúmulo globular (ver STARWEB)es esto:
Y esto:
O esto:
Esto otro no es una galaxia iregular, sino un cúmulo globular irregular:
Exactamente como este otro:
¿Cómo llamar, contra lo que los ojos ven, galaxia a lo que es un cúmulo globular "irregular"? ¿Sobre qué cimientos de ceguera voluntaria e ignorancia encumbrada se atreve nadie a confundir el pan con la piedra, el hombre con la bestia y un cúmulo globular irregular con una galaxia, eso sí: "irregular"? De lado las visiones y los discursos de quienes nos quieren ciegos, el hecho indiscutible y visible es que un único Miembro del llamado Grupo Local y Región Local presenta unas características únicas, tales que ni es cúmulo globular irregular ni es galaxia del tipo cósmico general. estamos hablando de ANDRÓMEDA, también llamada Messier 31. Echadle un ojo:
De entrada , por su apariencia, parece una galaxia del tipo general. La siguiente foto destroza la imagen típica de una galaxia y nos abre la puerta a...
Esto es otra cosa. Ese centro luminoso refuta la identificación de ANDRÓMEDA como objeto o cuerpo galáctico. Y rechaza su identificación con un objeto globular. (Saltando a UNIVERSUM podéis determinar por vosotros mismos la singularidad que ANDRÓMEDA levanta en el centro de la Región Local). No tengo a mi disposición los medios técnicos suficientes para desplazar el centro desde la Vía Láctea a ANDRÓMEDA y desde ANDRÓMEDA cartografiar la Región. Pero es evidente que ANDRÓMEDA y no la Vía Láctea, nuestro Cúmulo Globular "Irregular", es el Centro Físico de la Región Local. Se puede determinar este desplazamiento en función de las dimensiones del campo gravitatorio de ANDRÓMEDA. Pues sería un fenómeno absolutamente anticientífico que un campo gravitatorio de densidad y volumen infinitamente más extenso que el de los cuerpos de su Región orbitase alrededor de sus vecinos, y no al contrario. El número de satélites globulares que orbitan alrededor del campo gravitatorio de ANDRÓMEDA y la concentración de haces estelares que hace converger en su área, iluminando su superficie con focos en apariencia propios, son factores decisivos a la hora de enmarcar los valores del campo de ANDRÓMEDA. Es más, tal cual se observa en la segunda foto, el campo gravitatorio de ANDRÓMEDA se ajusta prefectamente a lo que llamamos una lente gravitacional. La hipótesis Lacteocéntrica hasta ahora en boga, al igual que la geocéntrica en su día, tiene un sustrato de inocencia que justifica totalmente el comportamiento de las generaciones que vivieron bajo el umbral de sus postulados. La Historia del Género Humano es una evolución desde nivel óptico de conocimiento cero al nivel en que nos encontramos, y sigue la cuenta. C.R. |