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Introducción de Cristo Raúl al Evangelio de
San Marcos
I
El problema a la luz de los siglos
En esta Introducción he pensado que sería conveniente poner primero el Problema acorde al estudio de los especialistas e inmediatamente pasar a mis propias conclusiones sobre la verdadera Identidad de Marcos el Evangelista. Y lo he hecho así porque sin el conocimiento del Problema no se entendería el contenido de la Respuesta que planteo y, cómo vereis, enfoca el Tema desde una perspectiva totalmente nueva. Sin más os dejo con el Problema y a continuación entramos en la Introducción.
(fuente:Nácar Colunga)
La Persona del Autor
En los Hechos
de los Apóstoles se habla de un tal Juan, por sobrenombre Marcos
(12:12.25; 15:37). Otras veces se le llama indistintamente Juan o Marcos
(Col 4:10;1 Pe 5:13). Que una persona tuviese dos nombres era frecuente. “Más
de la mitad de los judíos mencionados en las inscripciones de Roma llevan un
nombre o un cognomen latino” (Act 13:9; Col 4:11). Es generalmente admitido por
los autores que se trata de la misma persona.
Era hijo de
una mujer jerosolimitana, María (Act 12:12). Probablemente fue bautizado por
Pedro, pues lo llama “hijo” (1 Pe 5:13). Según San Epifanio, Marcos fue uno
de los setenta y dos discípulos de Cristo. Pero niegan explícitamente esto
Papías, Eusebio y el Fragmento Muratoriano.
Era familiar
de Bernabé (Col 4:10), persona de gran prestigio en la Iglesia primitiva (Act
9:27, etc.). Fue con él y con Pablo en el viaje apostólico (Act 12:13). Pablo
no lo quiere llevar en el segundo, volviéndose de Perga a Jerusalén (Act 15:38).
Sobre el
61-63, Marcos está en Roma con Pablo, cuando éste está en cautividad (Col
4:10), como colaborador suyo. Sobre el 63-64 está también con Pedro en Roma
(1 Pe 5:13).
Posteriormente
Marcos va a Oriente. Pablo, cautivo por segunda vez en Roma, sobre el 66,
escribe a Timoteo que le envíe a Marcos (2 Tim 4:11).
Después de la
muerte de San Pedro y San Pablo no se sabe dónde fue.
Marcos, autor del segundo Evangelio.
El primer
testimonio explícito es el de Papías. Enseña que Marcos es el asistente de
Pedro; lo que Pedro predicaba, él lo ponía por escrito. Lo que no excluye su
propia labor complementaria. Pero no lo escribió por el orden en que fueron
dichas las enseñanzas o hechos por Cristo. Su evangelio, que era lo que oía a
Pedro, lo escribió para “utilidad de los oyentes.” Y se esmeró al máximum en la
fidelidad de la narración, aunque no en redactar una historia completa.
Del texto de
Papías se sigue que Marcos no pretendió escribir una historia completa ni
ordenada de los hechos y enseñanzas de Cristo.
Posteriormente,
la tradición testifica explícitamente lo mismo. Así, San Ireneo dice: “Marcos,
discípulo e intérprete de Pedro, nos transmitió por escrito lo que Pedro había
predicado”, y el Prologus antiquior, Tertuliano y Clemente Alejandrino, quienes
afirman que escribió el evangelio a petición de unos caballeros que oyeron en
Roma la predicación de Pedro; Orígenes, Prólogo Monarquiano, Eusebio de
Cesárea, narran lo mismo que Clemente Alejandrino sobre el origen del evangelio
de Marcos, siendo ya luego la tradición unánime.
Análisis interno del libro.
El autor se
revela como familiar de Pedro. Comienza su evangelio conforme al esquema
catequético de Pedro en Hechos de los Apóstoles (1:21; 16:19; 10:34-43).
Cristo comienza su oficio de salvador con la vocación de Pedro (1:16-18). Se
describen con más detalle las cosas que pasan en casa de Pedro (1:29-34), y de
otras escenas se dice explícitamente que Pedro asiste (1:35-38; 5:37-43,
etcétera). Se omiten las cosas que son en alabanza de Pedro. Nada se dirá de su
caminar sobre las aguas, que se narra en Mateo, aunque se dice que Cristo
caminó sobre el mar (6:45-52); tampoco se narra la promesa del primado, aunque
se narra la confesión de Pedro (8:27-29), ni de la moneda encontradaen la boca
del pez, que se lee en Mateo. Sin embargo, se dice que Pedro fue reprendido por
Cristo (14:67-72). Eusebio atribuía “esto a humildad y discreción de Pedro, que
omitía en su catequesis lo que era en elogio suyo y publicaba sus “negaciones.”
El autor de
este evangelio se refleja como un judío que escribe una catequesis aramaica.
Pues conoce perfectamente las costumbres judías (7:3; 14:12; 15:42); gusta
de conservar vocablos aramaicos, sobre todo los usados por Cristo en momentos
más solemnes, (5:41), (7:34), (14:36; 15:34). A esto se une un estilo
inculto, rudimentario, vulgar. No suele usar las partículas ouv, apâ, etc.,
para relacionar las frases, sino que suele unirlas por el xai, correspondiente
al wau copulativo. Utiliza frases semitas:(7:24), (10:1). Sin embargo, no se
puede atribuir todo este estilo inculto en el uso de las partículas a la índole
semita, puesto que aparecen a veces en obras griegas escritas en lengua vulgar.
Pero en comparación del evangelio de Mateo, y sobre todo de la mejor lengua
griega de Lucas, en Marcos se acusa mucho más el carácter semita.
El autor no
escribe para judíos, sino para fieles de la gentilidad. Ya que interpreta el
sentido de los vocablos aramaicos (3:17; 5:41; 7:11-34; 15:22-34; 14:36). Igualmente explica las costumbres y usos judíos (7:1-23; 14:12; 15:42).
Omite, en cambio, lo que los gentiles no podrían comprender fácilmente o
interesarles (Mt.5-7 y Mc 12:37-40; Mt 24:20 con Mc 13:18; Mt 16:4 con Mc 8:12), lo mismo que omite muchas citas de las Escrituras. Por el
contrario, destaca que la predicación del Evangelio debe ser hecha a las
“gentes” (13:10; 11:17), cosa que Mateo omite en el lugar paralelo (21:23).
Suaviza las cosas que podrían ofender a los gentiles (7:27; cf. Mt 15:26). E
incluso omite toda la misión de los apóstoles sólo al pueblo judío (Mt 10:15;
15:24), lo mismo que la misión a Israel de los setenta y dos discípulos (Lc
10:1).
Fecha de composición.
Con relación a
la fecha de composición hay los datos siguientes:
Según la
tradición, el evangelio de San Marcos es el segundo que se compuso de los
canónicos. Así San Ireneo, Orígenes, San Épifanio, San Jerónimo. Explícitamente
se dice que fue escrito poco después que el de Mateo (San Épifanio).
Se admite
generalmente que está compuesto antes del año 70. La descripción del vaticinio
de la destrucción de Jerusalén hace ver que no es “post eventum.” La
descripción hubiese sido más rica. La destrucción del templo por el fuego no
hubiese faltado, y el texto da la impresión de su destrucción por demolición:
“No quedará piedra sobre piedra” (13:2). La expresión “la abominación de la
desolación” hubiese sido probablemente precisada, por lo que no haría falta
prevenir al lector con el “que lea, entienda.” Como, por otra parte, nada se
dice ni nada se alude al comienzo de la guerra de Roma contra Israel, podría
ser indicio de que este evangelio esté compuesto antes del año 66.
Como fecha
tope de su composición se da frecuentemente el año 63. Ya que Lucas escribe
después que Marcos, y antes de su libro de los Hechos, escrito éste estando,
acaso, aún San Pablo en la prisión romana del 61-63.
Como fechas de
más precisión se dan las siguientes:
San Epifanio:
escribió “en seguida de Mateo” arameo. De ahí el suponer que escribió entre el
42-44. Pero son muchas las hipótesis que han de suponerse. No sabiéndose con
exactitud la fecha de Mateo, tampoco se puede saber, por este capítulo, la de
Marcos. Habría de suponerse que Pedro estuvo ya en Roma sobre el 42 y que llevó
de compañero consigo a Marcos. Pero sobre el 44 Marcos está en Antioquía (Act
12:15), y poco después, junto con Pablo y Bernabé, emprende el primer viaje
apostólico (45-48), volviendo de éste a Jerusalén.
San Ireneo
dice que Marcos compuso su evangelio “después” de la muerte de San Pedro y San
Pablo. Por eso ponen algunos la composición entre el 64-70.
Pero la
palabra “salida,” para unos se trata de la muerte de San Pedro y San Pablo (2
Pe 1:15; Lc 9:31), y para otros se referiría a la salida de Palestina. El
argumento tomado del final de Marcos, que los apóstoles predicaron “por todas
partes”, lo que supondría una época muy tardía para la composición del
evangelio de Marcos, tiene en contra dos serios reparos: el “final” de Marcos
es una adición posterior al evangelio; y la locución aludida, en absoluto
podría referirse sólo a su misión en Palestina. Que haya sido escrito después
de la muerte de Pedro, lo excluye el testimonio de Clemente de Alejandría y
Eusebio. Probablemente San Ireneo, como en el pasaje de Mateo, habla de una
manera imprecisa.
Como fecha se
acepta ordinariamente la del 55-62.
La razón es
que en la vida de Marcos hay un espacio, en este período, libre. Al separarse
de Pablo en el primer viaje apostólico (45-48) (Act 15:38) puede ser el
momento de unirse con Pedro, con el que tenía amistad su familia (Act 12:12).
De hecho Marcos está en Roma cuando Pablo está cautivo (61-63) (Col 4:10) y cuando se escribe la primera epístola de San Pedro (1 Pe 5:13). Y con este
margen de fechas no hay inconveniente en admitir que Marcos haya podido venir
antes a Roma.
Del análisis
de su evangelio, concretamente del “discurso apocalíptico” (c. 13), como antes
se dijo, se desprende que es anterior al año 70, y probablemente al 66, ya que
no hay indicios de la guerra romana contra Israel. En cambio, la insistencia en
los sufrimientos, en el ambiente en que se mueve Mc, respondería bien a la
época de la persecución neroniana. Acaso se pueda fijar su fecha entre el
64-70. Según el Prólogo Monarquiano, fue escrito en Italia, y según los
testimonios de Clemente Alejandrino y Orígenes, en Roma.
Finalidad.
Esta la
expresa explícitamente Marcos en el comienzo de su obra: “Comienzo del
Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (1:1-20). Tanto la palabra Jesucristo
como lo que expresa como tema de su exposición, que Jesucristo es “Hijo de
Dios,” son clara muestra de que intenta presentar a Jesucristo como verdadero
Hijo de Dios. Pero, al mismo tiempo, destaca también su aspecto mesiánico con
otros títulos.
Lo primero lo
destaca explícitamente con la confesión por los demonios (5:7; 3:11), la del
Padre en el bautismo (1:11), en la transfiguración (9:7), y, por último, en
boca del centurión junto a la cruz (15:39).
Probablemente
tiene también este sentido, como confesión de la Iglesia primitiva, el uso de
la palabra “Señor” en un contexto en que parecería mejor la de “Maestro”
(11:3). También lo hace ver en pasajes en los que Cristo figura con atributos
divinos, v.gr., perdonando los pecados (2:5-12), o dueño de los ángeles
(13:27), o haciendo ver a los escribas la trascendencia del Mesías (12:35-37),
con la parábola de los viñadores homicidas (12:1) y proclamándose “señor” del
sábado (2:28). Lo que se confirma por el momento en que lo escribe, puesto que
en este sentido de verdadero Hijo de Dios — creencia ya ambiental de la Iglesia
primitiva — es en el que iban a recibirlo los lectores cristianos a quienes lo
destina.
El sentido
mesiánico se ve en “Hijo de David” (10:47; 12:35). El título de Cristo lo
usa Pedro en su confesión de quién sea El, pero debe guardar secreto (8:29-30).
También en la frecuencia con que usa el título de “Hijo del hombre.”
Actualmente discuten los autores si Cristo toma este título exclusivamente de
Daniel, o si procede de los apocalípticos o de las parábolas de Henoc. Pero se
admite, en cualquier caso, que se trata de un título mesiánico, aunque poco
corriente en el medio ambiente. Con él Cristo se presenta como Mesías. Si este
término procediese de los apocalípticos, se discute si el Mesías debería
sufrir. Lo niegan algunos especialistas (Bonsirven, Sjóberg). En todo caso, con
él, Cristo centra en sí el Mesías doliente de Isaías y el Mesías
glorioso-divino de Daniel, conforme a la evolución que de este pasaje hubo en
el mismo ambiente judío.
Ambos temas
los desarrolla Marcos (8:31, etc.), destacando la grandeza de Cristo con sus
milagros, y de una manera especial destacando la expulsión de demonios, signo
de que había llegado el reino de Dios (Mt 12:28).
El “secreto mesiánico.”
Más que en
ningún otro evangelio, es Marcos quien destaca la prohibición de Cristo a los
posesos o curados de que no digan a nadie que El es el Cristo. Hasta el punto
que se quiere hacer ver, al comparar Marcos con Mt-Lc sobre este tema, que
Marcos ha “sistematizado” la voluntad del secreto mesiánico.
Así se ve cómo
lo prohibe decir a los demonios (1:34; 3:12), a gentes curadas (1:44; 5:43;
7:36; 8:26) y a los mismos discípulos (8:30; 9:9).
En cambio,
Mateo lo trae tres veces (16:20; 17:9; 9:30) y Lucas otras tres (4:35-41;
5:14; 8:56). Acaso la fecha de composición del evangelio de Mc explique, en
parte, esta insistencia en el “secreto mesiánico.”
¿Cuál es el
motivo de que Cristo quiera que se guarde este “secreto mesiánico”?
Se hacen notar
circunstancias en las que se ve que el secreto no va a guardarse; v.gr.,
resurrección de la hija de Jairo, ante gentes; a veces las curaciones se hacen
lejos de la multitud, a distancia, y, sin embargo, lo prohibe a los agraciados
(8:22-26); los discípulos aparecen con una inteligencia de quién sea Cristo.
Las
interpretaciones que se dieron son varias y según las tendencias doctrinales.
Así, se ve en ello la expresión de una teología posterior originaria de la
catequesis cristiana, para ensayar el explicar los sufrimientos y muerte de
Cristo (Wrede); otros hablan de una creación posterior de la comunidad, para
justificar el carácter humilde de la vida de Jesús (Dibelius); otros lo reducen
a un artificio literario (Ebeling).
Generalmente
se admite que es debido a un sentido “preventivo” de Cristo: no quiere que en
aquel ambiente mesiánico sobreexcitado puedan provocarse por imprudencias de la
turba, al pensar en un Mesías puramente humano, conforme a las creencias
ordinarias judías, levantamientos mesiánicos de tipo nacionalista (Jn 6:15; Mt
12:23; Jn 1:19-25), que terminasen en disturbios políticos con intervención de
Roma, y que se alterase el auténtico plan mesiánico.
Sin embargo,
se ha propuesto otra solución basada en una “condición de la revelación.” Según
ésta, “Jesús no podía decir claramente lo que El era antes de haber mostrado
por su muerte la significación de sus títulos.” Pero esto no es evidente.
Cristo desde su encarnación era el Mesías, aunque la plenitud de su obra se
lograse, meritoriamente, en el Calvario. ¿Por qué no poder decir lo que ya era
desde este punto de vista? Apelar aún a que “la revelación se mueve en un mundo
apocalíptico, y la ininteligencia humana del que se beneficia de ella es
normal”, no es resolver el problema. Pues, en este caso, habría que admitir que
toda la revelación, por no manifestar la plenitud de su contenido en un primer
estadio, no era revelación — apocalipsis — hasta la etapa final de la misma.
¿Se podría negar que Cristo prohibiese decir lo que El ya era por no haber
llegado en su obra a la plenitud de la misma, que es decir también a la plena
madurez de su revelación a las gentes? Esta posición parece más sutil que
satisfactoria. Si los hechos hablan, ¿por qué negar El lo que es? Así, a la
pregunta que le hacen los enviados del Bautista de si El es el Mesías o esperan
a otro, responderá con los hechos de sus curaciones, conforme al vaticinio
mesiánico de Isaías, y añadirá: “Y bienaventurado aquel que no se escandaliza
de mí” (como Mesías; Mt 11:2-6).
El Evangelio de Marcos y sus fuentes.
La crítica
acepta generalmente el origen “fundamental” del evangelio de Marcos en la
predicación de Pedro, según afirma la tradición. Pero se han planteado otras
hipótesis.
La fundamental
fue la de un texto o fuente Urmarkas, o un Mc anterior al evangelio de Marcos,
y que habría sido utilizado por éste para la redacción de su evangelio. Pero
los enfoques a este propósito han sido muy dispares. Se citan algunos .
Swete sostiene
que la crítica interna del mismo sugiere el origen de este evangelio de Pedro,
pero acepta que el Marcos actual está retocado por otro editor. Hawkins niega
el “Proto-Marcos” y acepta la fuente de Pedro, pero admitiendo retoques
procedentes de otras fuentes antes de su uso por Mateo y Lucas. Es donde menos
rasgos hay de “adaptación” a los usos de la catequesis. En la misma línea está
Stanton, extendiéndose ampliamente en fijar las fuentes distintas de Pedro. J. Weiss,
restringiendo mucho el papel de Pedro en el evangelio de Marcos, a pesar de su
radicalismo, admite unos veinte episodios de este origen, aunque no recogidos
directamente por Marcos. Este es un compilador que utiliza diversas fuentes;
unas procedentes de Pedro — unos veinte episodios — y otras de otras
tradiciones valiosas. R. A. Hoffmann propone un primer evangelio de Marcos,
escrito en arameo, que apareció bajo una doble forma. La primera procedería de
un discípulo de Pedro, que puede ser Marcos mismo, y la segunda edición,
también aramaica, habría sido influenciada por el “paulinismo,” que llegaría al
máximo en su versión griega anterior al año. La razón es su comparación con
Mt-Lc. Debiendo éstos haber utilizado a Mc, tuvieron que hacerlo bajo una forma
más corta.
En esta línea
fundamental se ponen otros muchos autores críticos de esta primera etapa,
acentuándose más o menos estos perfiles y buscándose nuevas combinaciones, a
veces tan hipotéticas como radicales (Wendling, Loisy, Wellhausen.). Como un
tipo de hipótesis posterior está la de Bussmann. Con objeto de explicar la
dependencia de Mt y Lc de Mc y explicar, al mismo tiempo, por qué, si Mt y Lc
dependen de Mc, aquéllos no traen todos los pasajes de éste, presentó la
hipótesis de tres redacciones de Mc. Las dos primeras, completadas cada vez
más, fueron conocidas por Mt y Lc en momentos distintos de su amplificación.
Pero, aparte de ser gratuito y de pie forzado, no explica la homogeneidad
lingüística de todo el evangelio de Mc; ni las omisiones en que se basa para
hacer su hipótesis exigen este artificio de triple redacción; pueden tener otra
explicación; v.gr., Lc pudo omitir disputas antifarisaicas (Mc 7:1-23) por no
interesar a los lectores de su evangelio.
En 1954
exponía Vaganay otra teoría. El Mt aramaico ha sido utilizado no sólo por Mt y
Lc, sino también por Mc. De él toma el contenido y orden de historias. Supone
que el arameo de Mt y el de Mc eran semejantes. Mc se limita a copiar, y sólo a
introducir algún matiz o detalle pintoresco. El trabajo de redacción de Mc fue
escaso, pues se limitó a copiar a Mt arameo. Admite además una doble
dependencia en Mc de Pedro. Hace la catequesis de Pedro en Jerusalén semejante
a la de Roma. Y aquélla pasó al evangelio aramaico de Mt. Mc procede así de
Pedro.
Es una teoría
gratuita. Reduce el trabajo de Mc, no a ser autor, sino simple copista de Mt. Y
supone una habilidad de retoque en los pasajes de Mt arameo sin que se
trasluzca nada de lo postizo de ellos.
En 1955 se
expusieron otras dos teorías. Una es la de A. Guy. Se basa en Papías. Marcos,
aunque escribió con esmero las cosas del Señor, no lo hizo con
"orden". Distingue este desorden en repeticiones, en interrupciones a
las narraciones, etc. Pero admite, por otra parte, un gran orden en el
desarrollo cronológico de la narración. De aquí saca el autor la conclusión de
diversos estadios en la composición del evangelio. En el primero pasa la
tradición oral, en historias sueltas, a ser puesta por escrito en hojas de
papiro; el segundo consiste en que un compilador reúne esas narraciones en
papiro, agrupándolas con un orden caprichoso, un poco condicionado por diversos
factores; hay un tercer estadio, que no se explícita bien, en que se estructura
en la forma actual el evangelio. Marcos es el compilador; en él está el influjo
de Pedro. Pero el editor posterior es otro. Esta teoría es tan sencilla, tan
simple, en un tema cuyo problema es muy complejo, que así no puede ser
admisible.
El mismo año
1955 expuso otra V. Taylor. Se analiza la estructura del evangelio de Marcos, y
da una clasificación de diversas unidades: narraciones con sentencias, con
milagros, con relatos de la vida de Cristo; narraciones propias de Marcos, o un
posible predecesor; narraciones de parábolas.
Admite que
parte de estos elementos ya existían agrupados, formando determinados tipos,
v.gr., las parábolas (c.4), el discurso escatológico (c.13). Cita hasta 18 de
estos elementos agrupados.
Con este
material se elabora el evangelio de Marcos. La obra de éste es redactar un evangelio,
una serie de datos sobre la vida de Cristo, para hacer ver que es el Hijo de
Dios, utilizando este material. Así, a veces lo incorpora con las agrupaciones
con que ya existía, dándoles un cierto orden, e intercalando notas
redaccionales y haciendo ciertas síntesis que completen el material
preexistente y sirvan de elementos de unión y acoplamiento.
Esta hipótesis
tiene elementos aprovechables. Pero reduce al mínimo la labor de Marcos en
ella, según la cual no es verdadero autor, sino sólo un simple incorporador de
todo un material preexistente, limitándose a simples retoques de unión. Pero
Marcos es autor, procedente de Pedro, según el testimonio de la tradición,
aunque haya — se han — utilizado otras fuentes.
Naturalmente
el tema de la elaboración del evangelio de Mc está abierto a la discusión.
El “paulinismo” de Marcos.
Habiendo sido
Marcos compañero de San Pablo en el primer viaje apostólico y habiéndole
seguido posteriormente con intimidad, como se indicó en la nota biográfica
sobre Marcos, se pensó si Marcos no habría incorporado a su evangelio
enseñanzas de Pablo.
El problema
toma diverso enfoque según provenga de tendencias racionalistas o católicas.
Para las primeras, en algunos autores, Marcos habría incorporado a su evangelio
la doctrina, v.gr., de la divinidad de Cristo, la universalidad de la salud y
redención del género humano por Cristo, las cuales serían, además, inventos de
Pablo.
En primer
lugar, estas doctrinas no son inventos de San Pablo, sino los elementos
esenciales de la fe cristiana, como se ve en los sinóptica. Pero, además, del
análisis del evangelio de Marcos, comparado con la obra de Pablo, se puede
concluir lo siguiente:
La palabra
redención, que usa Marcos (10:45), nunca aparece en las epístolas de San Pablo.
La misma fórmula de la consagración, donde se enuncia claramente esta doctrina,
como fórmula, difiere manifiestamente de la de Pablo (1 Cor 11:25). Los
términos que Pablo usa con predilección faltan en Marcos. Otras expresiones
predilec de Pablo están usadas en Marcos en un sentido completamente distinto.
La doctrina de la justificación por la fe, tan típica del kerigma de Pablo, no
se encuentra expuesta con esta claridad en Marcos.
Algunos elementos literarios de redacción.
Un análisis
minucioso del evangelio de Marcos hace ver en él diversos matices y pequeños
procedimientos literarios, característicos o muy usuales. Se van a indicar sólo
algunos muy acusados.
Pobreza de
vocabulario. — Resulta monótono. Generalmente,
la unión de frases se hace por la conjunción (xai), y frecuentemente las une
como un clisé el adverbio “en seguida” o “de nuevo.” Son simples elementos
literarios sin valor cronológico. De una manera insistente está usando los
verbos “hacer,” “tener,” “poder,” “querer,” con la consiguiente fatiga
literaria. También usa frecuentemente las expresiones: “se puso a” hacer una
acción; y describe, sin más, las gentes o las cosas como “numerosas.” También
como frase hecha usa la “mirada circular” de Cristo, sea llena de bondad o de
ira, siendo el contexto el que la valore. Otra característica es la frase de
cuando el Maestro “llama,” usada en otros contextos; v.gr., Pilato llamando al
centurión. Por eso, de suyo, la simple palabra no tendría un sentido especial
en la “vocación” de los discípulos. Igualmente las descripciones para las
enseñanzas son “en la casa” o “en el camino.”
Esquematismo. — Marcos a veces hace relatos históricos, pero
encajados en un esquema más o menos prefabricado en su estilo. Así, v.gr.,
comparando la tempestad calmada (4:39-41) y un exorcismo (1:25-27); la curación
de un ciego (8:22-26) y un sordomudo (7:32-36); o entre la descripción de las
reacciones ante dos predicaciones de Cristo (6:1-2 y 1:26-27); los relatos de
la preparación de la cena (14:13-14) y la entrada en Jerusalén (11:1-6). Un
ejemplo del mismo es la comparación, aquí muy acentuada, entre la tempestad
calmada y un exorcismo.
Mc 4:39-41
Y despertando,
mandó y dijo al mar: Calla, enmudece (se produce el milagro). Y sobrecogidos de
temor, se decían entre ellos:
¿Quién es
éste?
Jesús le
mandó, diciendo: Sal de él (efecto del exorcismo).
Quedaron todos
estupefactos, diciéndose unos a otros: ¿Qué es esto?
De este
esquematismo, Lagrange concluía también la unidad del autor de este evangelio.
De él escribe: son “escenas muy vivas, arrojadas en el molde de un pensamiento
muy simple, incapaz de variar sus procedimientos.”¿Qué autor?
Realismo
descriptivo. — Podría parecer una
paradoja lo que es en Mc una realidad: la pobreza de vocabulario y el
esquematismo más o menos flexible de algunos relatos junto con la viveza y el
colorismo descriptivo. Utiliza palabras vulgares (1:38; 2:11; 14:31) que Lc
evita deliberadamente. “De ahí la extraordinaria variedad de palabras para
describir las realidades concretas. Swete ha encontrado once palabras
diferentes para designar la casa y sus partes, diez para los vestidos, nueve
para los alimentos. Turner ha destacado la variedad de nombres mencionados por
Mc: treinta y seis veces toma cifras determinadas; entre las cuales, nueve son
los Doce; dos, los “tres días,” y diez, otros nombres repetidos.”
Esquema evangélico de Mc.
Señaladas las
características del evangelio de Mc, éste no tiene una división perfectamente
definible. La agrupación de varios episodios parece tener más un orden lógico
que cronológico. Además, varios de ellos deben ser insertados con la agrupación
con que vienen de las “fuentes,” condicionando así la situación exacta. No
obstante, las líneas generales del evangelio de Mc son perceptibles, sobre todo
siguiendo el encuadramiento geográfico.
La línea
general es: Introducción. Ministerio galilaico. Pequeña salida extragalilaica.
Después de la confesión de Pedro en Cesárea, Mc orienta su evangelio hacia
Jerusalén. Relato del ministerio jerosolimitano. Pasión y resurrección.

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