Este es, sin duda,
el Evangelio de la Virgen. El Episodio del Niño en
el Templo y otros pone de relieve que el Evangelista tuvo
como fuente la propia Madre de Jesús.
...Desde
siempre mi posición personal al respecto, es decir:
sobre la relación inmediata que se entabla entre
la Madre y el Discípulo Amado de Jesús, parte
de las consecuencias que la Crucifixión y Resurrección
de su Hijo había de poner en breve sobre la escena
histórica. Jesús, antes de irse, le asigna
un ángel guardián a su Madre.
I
No le asigna Jesús a su Madre un discípulo cualquiera; le
asigna el más joven de todos, el más fogoso y, con toda
seguridad, como se demostrará en otra parte, familiar del
propio Jesús. La fogosidad de Juan se ve en el título que
el propio Jesús le asigna a él y a su hermano mayor, Santiago,
a quienes llama "los hijos del Trueno", precisamente
por el celo a flor de piel cuando se trataba de Jesús y
su persona. Le asigna, pues, Jesús a su Madre por guardián
el Discípulo suyo más joven, el de sangre más fogosa, un
querubín en su juventud más ardiente. Y además, por el lazo
de parentesco que unía a Jesús y a Juan ¿porque, cómo podía
llegarle el consuelo a aquella Madre de no proceder la caricia
de quien ya de por sí era para ella desde su nacimiento
un hijo, y su mismo físico le recordaba por completo a su
propio Jesús?
De
hecho, la Madre desaparece de la Historia Divina de la Iglesia
inmediatamente tras la Resurrección; y desaparece porque
los Apóstoles levantan a su alrededor un muro inexpugnable,
y dentro de esta fortaleza el querubín que le había asignado
el Hijo a su Madre, el menor de los hijos del Trueno, será
el bastión todopoderoso entre la Madre y todo hombre. Será
este Muro, esta Fortaleza inexpugnable, en la que penetrará
San Lucas, y por voluntad de la propia Madre que su querubín
amado bajará la espada de fuego y le permitirá interrogarla.
De hecho vemos que la Madre se detiene en los detalles del
Nacimiento y de la Infancia de su Hijo Adorado, en cuya
Memoria se recrea y le abre su Corazón a su Escriba, Corazón
que su dueña deja latir con la felicidad de un recuerdo
nacido para ser eterno, tesoro que es su vida. Pero cuando
llega al momento del dolor el Escriba, nuestro San Lucas,
pasa rápidamente la página y para nada se detiene en la
Pasión; para eso estaba allí el propio Juan, el discípulo
Amado que vivió cada momento de la Hora Final de Jesús desde
su Venta hasta su Crucifixión. Hacer regresar a la Madre
a ese momento no procedía y de aquí que el Evangelista pase
por la Pasión sin apenas tocarla, dejando en las manos de
San Mateo, primero, y en la de San Juan, después, relatarla
con la profundidad debida a quienes fueron Testigos Oculares
de los Acontecimientos.
Será la Madre la que le pondrá a San Lucas la Genealogía
de su Casa en la mesa; documento de valor incalculable por
el que, siendo Ella le Heredera de Salomón, su hijo Jesús,
siendo su Primogénito y Unigénito, heredó la Corona de David
desde su Nacimiento. La destrucción de los Archivos del
Templo por los judíos de Flavio Josefo -aquel traidor a
su pueblo que vendió a sus hermanos de Rebelión una vez
que el fuego devoró el Templo y su Biblioteca- tuvo por
objetivo prioritario hacer imposible que los judíos del
futuro pudieran acceder a los rollos genealógicos de la
Casa de María de Nazaret y José de Belén. Ahora bien, en
el Templo sólo existían copias de partidas de nacimiento.
Una de las funciones del Templo era hacer de Oficina de
Registro de Nacimientos. Y dadas las continuas invasiones
y destrucciones que Jerusalén había padecido desde los días
de su refundación por Zorobabel hasta los días de Herodes,
un Archivo de árboles genealógicos a nivel nacional no pudo
completarse nunca; y quedó en manos de cada familia llevarlo.
La
duda, sin embargo, era mucho más poderosa que la lógica
y para curarse de sustos los judíos, una vez firmada la
imposible reconciliación en el seno del Judeocristianismo,
optaron por hacer imposible la remota posibilidad de trazar
desde los Archivos del Templo la línea genealógica de Jesús
desde José y María a Salomón rey. Que este objetivo fue
el verdadero motor de la revuelta del 66 se demuestra por
la traición de su cabecilla más famoso, el futuro historiador
Flavio Josefo, quien se pasó a los romanos nada más haber
cumplido el fin por el que levantara a la población contra
el dominio de Roma. Fue una pena que los judíos y el mundo
elevasen a este traidor a su pueblo y nación como fuente
de las memorias judías para el periodo entre los Macabeos
y los 4 Césares locos. Pero allá cada cual con su inteligencia.
La genealogía que nos sirve San Lucas es de un valor sagrado
excepcional para emparentar a Jesús con el Heredero del
rey David. Sobre la disparidad de números generacionales
entre ésta y la genealogía de San Mateo en la Historia Divina
de Jesús, Segunda Parte, solucioné este enigma. No creo
necesario pues tener que resumir lo que ya está resumido.
Y
respecto a la locura de la destrucción de los archivos del
templo por los propios judíos, a fin de eliminar de la Historia
todo documento que avalase la existencia de aquel Mesías
cristiano, recordemos que no creyendo en Jesús, ni Flavio
Josefo ni ningún judío de su tiempo, ninguno de aquellos
rebeldes podía creer que su Ciudad Santa y Su Patria sería
historia antes de prender ellos la llama. El fin justifica
los medios, figura siempre entre los dogmas de la ideología
del terror.
II
El punto en el que vamos a detenernos ahora tiene que ver
con el momento de composición de este Evangelio. En su Prólogo
el Escriba de la Virgen es directo y anula todos los comentarios
de los expertos historiadores que señalizaron el nacimiento
de los Apócrifos en alguna parte al otro lado del siglo
II. San Lucas no pierde el tiempo en estudios documentales
porque está viviendo el momento y tiene en su poder los
primeros relatos apócrifos que el Gnosticismos simoníaco
había puesto ya en circulación.
Era
imposible que San Lucas se esté refiriendo al Evangelio
de San Mateo y al de Marcos, como mucho, y referirse a ellos
diciendo: "Puesto que ya muchos
han intentado componer un relato de los acontecimientos
cumplidos entre nosotros". Cuando dice "muchos" no se está refiriendo a Mateo y Juan, y si a ellos se refiriera
bajo ningún concepto el Espíritu Santo se refiriera llamando
sus Evangelios "relatos".
No serán estos Evangelios los que tuviera en mente el Escriba
cuando afirmara lo que dice en el prólogo de la Memoria
de la Virgen; pues de serlo jamás habría calificado el Espíritu
Santo de "muchos" la publicación de Evangelios Divinos, y en todo caso se
hubiera quejado de que cada Discípulo no hubiera escrito
el suyo y aún de que cada ciego, cojo y manco y paralítico
y leproso y resucitado no hubiera hecho otro tanto. El Escriba
de la Madre tiene en mente cuando dice "muchos
relatos" la proliferación de apócrifos que,
aprovechando el vacío literario, y por en cuanto la Predicación
estaba limitada a la Palabra de viva Voz, según lo confiesa
en el último párrafo de su prólogo nuestro amado Lucas,
diciendo: "para que conozcas
la firmeza de las enseñanzas que tú has recibido de viva
voz"; así pues, fue este vacío por donde la
escuela de Simón el Mago, el mismo Simón que quisiera comprarle
a Pedro por esclavo el Espíritu Santo, entró en las comunidades
cristianas y estaba viciando la Fe mediante el veneno de
un conocimiento falso sobre la vida de la Familia de Jesús.
Nosotros podemos decir que como Cristo tuvo al Bautista
para que le preparase el camino, el Anticristo tuvo a Simón
el Mago para que le hiciera otro tanto.
Los expertos, siempre tan sabios, y por su oficio de ciegos
al servicio de sus amos, pocas veces hijos de la Verdad,
como mucho siervos de prestado, suelen y han solido datar
el nacimiento del movimiento apócrifo, como he dicho antes,
bien avanzado el Siglo II. Contra ellos y porque con sus
afirmaciones negaron el testimonio de San Lucas, este Testimonio
se demuestra irrefutable y pone de relieve el carácter profético
del espíritu de Jesús, quien ya predijera el nacimiento
de esta escuela de falsos apóstoles que intentarían destruir
lo sembrado por sus Verdaderos Discípulos mediante la siembra
de la cizaña de la mentira. El espíritu literario que inspira
las manos de unos y otros son prueba final sobre la naturaleza
de la fuente que a cada uno movía a escribir la Memoria
del Acontecimiento más grande jamás vivido por la Humanidad,
¡qué otro!:
El
Hijo de Dios se había hecho hombre, y devenido el hijo del
Hombre había tomado como propia la Batalla que ningún hombre
podía por sí mismo ganar, y regalarnos a todas las naciones,
del Cielo y de la Tierra, la Victoria del hijo de Eva sobre
el príncipe del Infierno, Serpiente maldita que enroscada
al tronco del árbol de la Muerte perecerá entre sus ramas
en el fuego preparado para los enemigos del Reino de Dios
desde el día que el Padre Misericordioso recogiera la defensa
de su hijo menor, nuestro histórico Adán, y jurando
por su Cabeza y la Gloria de su Nombre nos daría quien en
Duelo Final se enfrentaría cara a cara con el Maligno, aquel
Satán malvado y tenebroso que, en su locura y demencia,
se presentaba ante Dios Padre en la creencia y seguridad
de bastarle un simple movimiento de manos para aplastarle
al hijo del Hombre la cabeza.
Nuestro
Dios Amado, con el Ser en llamas por tener que soportar
la presencia de semejante criatura, que El creara, cierto,
pero que el Infierno adoptara por propia, guardaba Silencio
mientras la llama de su Celo le quemaba por dentro el ser
a sus profetas, quienes haciéndose eco del Fuego que ardía
en el Eterno, repetían a boca llena sus Oráculos contra
los enemigos de su Reino.
Es
el Rey de este Reino Mesiánico quien se hizo Hombre
por amor a su Dios y siendo el Hijo Todopoderoso de tal
Padre Omnipotente, por nosotros y todo su Reino se enfrentó
en duelo a muerte con el Traidor del Edén, aquella Serpiente
maligna que bullía en el alma de Satán y con su lengua venenosa
arrastrara a nuestra Eva a la Caída.
Dios,
magnífico, exultante en su Omnisciencia, por la madre perdida
le dio a la Humanidad una Madre encontrada, tanto más gloriosa
y nacida para serlo sempiternamente por en cuanto nació
para darle su carne al Hijo de Dios, nuestro Campeón y Héroe,
y con su carne darle a su Gloria cuerpo con el que levantar
su brazo y dejar caer su puño sobre la cabeza del enemigo
de Dios y de los hombres, carne que, revestida de Divinidad,
no conoció la muerte.
Han pasado dos mil años, es verdad, desde el día en que
la Nueva Madre de la Humanidad y su Escriba, nuestro amado
Lucas, se sentaran frente a frente y por amor a nosotros
la Madre se abriera su Corazón, que aún sangraba cada vez
que se le iba las manos al rostro de su Hijo y no podían
sus dedos acariciar a Aquel que con El se había llevado
su vida.
Dos
mil años después nosotros levantamos nuestros brazos al
Cielo y bailando al son inagotable de la Fe y la Esperanza
alzamos nuestra Voz del polvo y con nuestra palabra aclamamos
el Nombre de nuestro Rey por la Eternidad, la Memoria de
cuyo estancia en nuestra Tierra está escrita de forma Fiel
y Verídica en el Evangelio que a continuación podéis leer.
C.R.