I
La Alianza de
Dios con israel estaba basada en una relación de
reciprocidad, que podemos resumir diciendo: Tú,
Israel, te acuerdas de mí en tu alegría,
y yo, Dios, de ti en tus momentos de tristeza. Y sería
sobre esta base de reciprocidad que Dios le pediría
a Israel ofrecerle sus primicias, sus primogénitos.
Es muy sencillo. ¿No son los días de las
cosechas y el día del nacimiento del primer hijo
los momentos más felices en la vida de un hombre
y su familia? Por esto le dice Dios a Israel: Ofréceme
tus primicias, rescátame tu primogénito.
Es decir, acuérdate de mí en tu alegría,
ven a mí a compartir conmigo tu felicidad, déjame
disfrutar de tus mejores momentos, yo soy tu Dios, tu
amigo, tu padre, tu rey, tu héroe, tu Creador,
y gozo viéndote alegre, vivo tu disfrute, acuérdate
de mí, esta es la adoración que te pido.
Dejadme que os
cuente una parábola. Habí una vez un hombre
que tenía un amigo verdadero, aquel con el que
puedes contar para todo en cualquier momento. Pero este
hombre no se acordaba de su amigo sino cuando le llovían
los malos momentos y necesitaba quien le salvara de la
necesidad. Entonces este este hombre ibaa corriendo en
busca de su amigo a pedirle ayuda, para que le socorrierra
y lo salvara de la apretura del momento. Y así
siempre, aquel hombre se acordaba de su amigo solamente
cuando le venía la necesidad y necesitaba quien
lo salvase de la calamidad que se había fabricado
con sus manos; y corría a buscar a su salvador
porque éste jamás le cerraba la puerta,
jamás le negaba la mano. En verdad este amigo jamás
le fallaba y siempre estaba presto a compartir su tristeza
salvándole de la ruina, sin pedir a cambio nada,
sólo amistad. Mas cuando el hombre recibía
lo que fuera a buscar a casa de su amigo y salvador, aquel
hombre regresaba a su vida y no se acordaba nunca en sus
momentos de alegría y dicha del amigo al que le
debía la vida feliz a la que había regresado
gracias a su amistad. Pero un día este amigo y
salvador se fue de viaje y no dispuso nada en caso de
que aquel hombre llegara a su casa durante su ausencia.
Así que le sobrevino a aquel hombre una vez más
la sombra de la ruina y en aquel momento de tristeza y
desesperación se acordó de la fidelidad
de su amigo a su amistad de toda la vida y corrió
a su casa a pedirle ayuda contra la ruina de la suya.
Pero esta vez se encontró la puerta cerrada, nadie
sabía dónde estaba su amigo o cuándo
regresaría. Y por fin le sobrevino la ruina, y
su casa se hundió.
La moraleja es
sabia. Israel no se aplicó a si mismo esta parábola.
Israel era como el amigo malo y falaz que cuando se ve
envuelto en las mieles del éxito y la alegría
no se acuerda en absoluto de su amigo de verdad, Así
Israel se olvidaba de Dios, su Salvador, y en cuanto el
sol de la alegría volvìa a salir sobre su
casa srael se iba a adorar a otros dioses, a prostiturse
delante de los ídolos a imagen y semejanza de las
criaturas por la mano del Diablo formadas del barro. Y
como el amigo malo y perverso, cuando la ruina pegaba
en su puerta Israel corría a la casa de su Dios
y Salvador a implorarle misericordia y salvación.
Y su Dios, un amigo fiel y veraz, le abríia la
puerta, le daba la mano y le ofrecía lo que viniera
buscando. Así una vez y otra, y otra vez y una
más más para no perder la costumbre, en
cuanto Israel regresaba a recoger sus cosecjas y a parir
primogénitos hermosos y fuertes, Israel se olvidaba
de su Dios y regresaba a sus prostituciones, a adorar
al Diablo que fuera el creador de aquellos ídolos
y sus religiones. Hasta que, como es normal y está
escrito para lección de toda la creación
por toda la eternidad, Dios, el Salvador, bo abre la puerta,
abomina de semejante amistad y vomita de sus entrañas
tal pago a su Amistad.
El Caso de Ester
no fue el último de aquéllos momentos en
que el Pueblo Judípo, una nación falaz y
perversa que una vez y otra gustó de la maravillosa
Amistad y poder de su Salvador, y una vez y otra pasado
el mal tiempo fue a volver a tirarse al barro de la miseria
que tanto odiaba su Salvador. Salvado el Pueblo Judío
de aquella Solución Final que una parte de la corte
del rey persa quiso hacer caer, en plan Hitler, sobre
la nación de los judíos, los judíos
regresaron a revolcarse en el barro de la miseria que
tan pesada le era a los ojos de su Salvador, deviniendo
de nuevo, una vez más, seres dados a la perversión
y enemigos de la Ley qaue decían adorar, hasta
el punto de labrarse con sus manos la ruina que de nuevo
cayó sobre sus cabezas durante el reinado maldito
de Antíoco IV Epifanes. Y una vez más Dios,
el Señor de Israel, abrió la puerta y le
ordenó a su siervo Judas, el Macabeo, salir y combatir
por aquél pueblo la batalla de la libertad.
La libertad conquistada
por los Macabeos, los judíos volvieron a labrar
sus campos y a parir sus hijos en paz. Y como siempre
y era ya parte de sus genes, en la alegría se olvidaron
de su Dios y volvieron a revolcarse en el lodo infecto
de sus pecados y crímenes a los ojos de la Ley
de su Salvador. Olvido que los llevó finalmente
a la ruptura de aquella Amistad Sagrada que les valiera
el ser una nación única entre todas las
naciones del mundo, cuando, arrastrados al Mal perpetuo
por el peso de sus delitos: pidieron la Muerte de Cristo.
Con la terrible equivocación de que esta vez pusieron
sus manos abominables sobre la Persona del Hijo de su
Salvador y Dios, Yavé, Señor de Abraham,
de Moisés y de David. Este, Yavé, el Todopoderos
Salvador del Israel bíblico se vio así pagado
por su Salvación precisamente por aquéllos
sobre cuyas desgracias pesó siempre su Mano Omnipotente
para consolar sus almas y hacer brillar de nuevo sobre
ellos el sol de la alegría y el gozo.
La Enseñanza
es eterna y su Moral, perfecta. Pues habiendo sido creados
a imagen y semejanza de nuestro Creador se entiende que
Dios tiene ninguno de nuestros defectos y todas nuestras
virtudes elevadas a su potencia suprema, de aquí
que su concepto de la Amistad sea el del hombre de la
parábola de arriba, según se viera en la
Destrucción de la nación de los judíos
y es visible sobre la faz de la Tierra al presente en
el resto de los escapados que El dejara para que le sirviera
de testimonio entre todas las naciones del mundo. Es decir,
tarde o temprano aquella Amistad que Dios declarara por
Abraham y por amor a su Amigo Abraham extendió
El sobre su descendencia, tarde o temprano esa Amistad
y porque llevada por la descendencia de Abrahan según
los cánones del amigo malvado de la parábola,
esa Amistad tenía que llegar a su fin, independientemente
de que la mala suerte y la desgracia se unieran en una
mala porra y sin saberlo, pero estando escrito, los judíos
consumaran su perfidia poniendo las manos sobre el Hijo
de su Salvador.
II
Los historiadores,
ésos que a sí mismos se adjudican la gloria
de un investigador y escudriñador de los milenios
y sus secretos, extendieron sobre la existencia de esta
Reina Ester el velo de su inteligencia falaz, y aducieron
en su defensa argumentos tan fútiles como que los
Griegos no recogieron en sus habladurías sobre
el mnundo de los Persas y los Medos ninguna que noticia
sobre una reina con este nombre. No es que tenga yo en
concreto contra los Tucídices y los Herodotos queja:
para nada; fueron mis maestros. Mi queja no es contra
ellos. Cada cual es responsable de sus paranoias y delirios;
de manera que es impolsible censurar la actitud de quienes
no conociendo la Biblia era imposible que se interesasen
por la investigación de un tema del que no tuvieron
conocimiento. La queja es contra los historiadores apócrifos
de los milenios quienes, incapaces para destar un simple
nudo, se declarar desenredadores del mismísimo
nudo gordiano. Aunque más falaces con todos aquellos
que les dan cuerdfa porestándoles oídos.
Pues como dice el proverbio: Para que exista un necio
es de cajón su par.
Contra todos
los que deambularon por mil recodos, mareando la perdiz
con objeto de ocultar el fin que perseguían en
secreto, no otro que tirar al fuego la Biblia, digamos
que las repercusiones psicológicas que el fracaso
de Jerjes Primero, el Rey Grande, el Señor de los
naciones, Dueño del mundo desde los confines de
Turquía Occidental hasta la India y Etiopía,
Dios del Unuverso... bla bla bla, el fracaso de semejante
divinidad delante de una nación de pigmeos navegando
la calva del Mediterráneo en barquitos de pino,
cuyos ejércitos inmortales no pudieron pasar el
Muro de las Termópilas sino a traición,
como los cobardes, donde el rey de los Espartanos con
300 hombres hizo morder el polvo a millones de hormigas
devoradores de naciones, digamos que aquél sonado
fracaso en la Bahía o Golfo de Salamina, cuando
cientos de miles de barcos divinos alfombraron la gloria
de las aguas helenas con el recuerdo de una gesta para
la eternidad. aquél sonoro fracaso del Granb Rey
del Mundo desde el Helesponto hasta el Indo y las mismas
cataratas del Nilo, la fama de semejante payaso que se
creía un dios viviente, nacido para see r adorado,
sufrió su derrota más grande y pesada en
su propia cama, cuando, al regresar de su victoria cantada,
jajaja, un Viva largo por los Helenos, su propia hembra
le aconsejó que puesto que enseñaba las
espaldas y ya que tenía los pantalones por el suelo,
pues eso, no era cosa de mujer entrar a matar por atrás
al cobarde que salió huyendo de Salamina dejando
su trasero al aire.
Es aquí
donde entra Ester. Y donde los historiadores falaces se
olvidan de la inmensa ruina que a la fama del Gran Rey
le supuso su Huída con el culo al aire delante
de una nación de pigmeos que con 300 hombres le
anunció el fin que le esperaba a su todopoderoso
ejército. Y a la inmensa ruina que le sobrevino
a su fama debemos sumarle nosotros el agujero negro que
semejante despliegue de fuerzas y su consecuente hundimiento
en las aguas helenas le supuso al tesoro real. Sobre estas
dos columnas la solidez de la existencia del libro que
llamamos de Ester y está en el origen de la Fiesta
de los Purim, que hasta el día de hoy celebran
los supervivientes de la Tragedia, el edificio de la verdad
nio se cae ni tiembla. Aquel hombre -independientemente
de quien fuera- necesitaba lo más preciado que
un hombre necesita en momentos de adversidad, un soporte
moral y humano que le devuelva la confianza y sepa borrar
de su alma el recuerdo de la tormenta. O séase,
Ester. Y aquéllas arcas reales necesitaban lo que
necesitan todos los tesoros consumidos por la ruina de
sus administradores: que se llenasen. Y aquí entra
Mardoqueo y su solución final.
El rey encontró
lo que necesitaba para recuperarse de su verguenza y salir
de su humillación con la cabeza alta y los pies
por delante, una mujer ajena totalmente a su drama y por
Ley criada para servir a su marido como si se tratase
del mismo Dios. La reina Ester. Y sus tesoros encontraron
al hombre que remediarían su falta de peso, un
Mardoqueo que vio en las riquezas de los judíos,
tradicionalmente aliados del Gran Rey, poderosos ya en
la Corte de Nabucodonosor, cuya influencia y poder en
el comercio y la burocracia no fue extinta por la Ocupación
Meda y Persa, que se reservara excluxivamente la Función
Militar, manteniendo el Pueblo de los Judíos sus
riquezas, sus negocios y sus puestos en la Administración
Imperial, este Pueblo cuyas riquezas no tenía medida
sería la fuente de la que se nutriría el
Tesoro del Gran Rey. Y el Gran Rey , como todo hombre
de Estado, entre su Imperio y un pueblo de su Imperio
eligió de los dos males el menor: exterminio de
ese pueblo, que en este caso fue el Judío.
III
Los
enemigos de la Biblia y por tanto de Dios, incapaces de
comprender la Omnisciencia y Todopoder de un Creador que
se mueve a todos los niveles de las cosas humanas dirigiendo
la línea del tiempo acorde a su Plan de Salvación
Universal, acusaron a los judíos de escribir la
Historia a posteriori, pariendo la impostura de unos hechos
que jamás existieron tal cual y fueron escritos
para engrandecer la conciencia de superioridad de la raza
judía respecto a las demás razas del planeta.
Y en verdad que la maravillosa sincronización de
los eventos bíblicos promueve la visión
de una Inteligencia Todopoderosa cuyo movimiento en el
mundo de los Milenios se deja sentir y ver exclusivamente
cuando le toca mover peón, adelantar ficha, poner
su Victoria un paso más cerca del final. Ahora
bien, ¿la Biblia no implica a Dios? Por esto, quien
denuncia la impostura en base a la necesidad de la existencia
de esta Inteligencia Divina no hace sino denunciarse a
sí mismo como un impostor entre Historiadores verdaderos.
Y si éste impostor es falaz ¡cuán
falaz no será quien le presta oidos!
La
Moral, finalmente, es perfecta y tiene por credibilidad
la eternidad. Amigo, hermano, acuérdate de tu Creador
en todos los días de tus primicias, en tus momentos
más grandes de alegría. Antes del abrazo
a tus padres, abraza a Dios; antes de darle la mano a
tus hermanos, extiende tus manos bendiciendo a Dios; en
el colmo de tu felicidad, antes de besar el rostro de
tus hijos, alza tu cabeza a Dios y adora con tus ojos
su santa existencia, baila ante su presencia, abre tus
labios y dirígele tu pensamiento, acuérdate
de su Espíritu y sea El el primero en conocer tu
alegría, luego abraza a tu padre, saluda a tu hermano,
besa a tu hijo. Y cuando la tristeza y los malos tiempos
lleguen, que de todo hay en la viña del Señor,
no te averguenzes de acordarte de quien te amó
en tu alegría.
C.
R.