El Libro de las introducciones a la Biblia Introducción a la Historia de Adan Introducción al Exodo. Reto a la Ciencia del Siglo XXI Introduccion al Levitico LA ESPERANZA DE SALVACIÓN UNIVERSAL DE LA PLENITUD DE LAS NACIONES DEL GÉNERO HUMANO. Introducción al Cantar de los Cantares Introducción al Profeta Daniel Introducción al Profeta Jeremías Introducción al Evangelio de San Mateo-Reto al Cristianismo El Misterio del Evangelio de San Marcos La Biblia tal cual la
conocemos se basa en un Principio Universal Supremo, que comprende en su cuerpo
literario el espíritu de la Ley, el alma Moral de la Sociedad y la razón
Metafísica de la Historia en cuanto Movimiento del Género Humano en el Tiempo y
el Espacio, y por extensión: de la Creación entera. Este Principio es la
Biblia. Sea en cuanto Religión aplicada a la Humanidad en tanto que Ser, el
Cristianismo; sea en cuanto Acto aplicado a una Raza en tanto que elegida, el
Judaísmo; la Biblia es el Principio inconmovible que mantiene la Historia
Universal en evolución constante desde el Caos y la Anarquía a la Armonía y el
Derecho naturales a la Inteligencia del Ser. El Hombre es anterior a todo libro
escrito y, como Ayer igualmente en un Mañana hipotético, el Hombre puede
sobrevivir sin libro alguno. Pero la Civilización no puede subsistir sin la
Biblia; la Civilización es el fruto de la Biblia. Antes de Cristo no hubo
Civilización.
La Civilización comienza
con el Cristianismo, y es en el Cristianismo y durante su proceso de
crecimiento y edificación que la Civilización se fue formando hasta devenir
consciente de su Ser. La Historia de la Civilización es, por consiguiente,
Historia del Cristianismo. Y al igual que desde el principio el Cristianismo
estuvo sujeto a proceso de persecución y destrucción, asimismo la Civilización
ha crecido y se ha desarrollado en lucha desgarradora constante contra una
sucesión imparable de fuerzas destructoras, externas e internas, consecuencias
de las cuales fueron revoluciones y guerras mundiales.
Desde la Semilla que en
Abraham y sus padres comenzó a echar raíces en la Historia, hasta el Nacimiento
del Verdadero Fundador de la Civilización en la Tierra, nuestro Jesucristo, un
Mundo de animales y bestias racionales buscó la eternidad de su Sociedad
Salvaje basando su victoria en el Poder de la Fuerza Bruta. Pero el salto de
una Sociedad Animal-Racional a la Civilización Espiritual-Ontológica sólo puede
basarse en el Poder del Creador del Universo, quien creó al Hombre a su Imagen
y Semejanza a fin de establecer entre la Creación y su Creador una Sociedad
basada en el Ser en tanto en cuanto sujeto de Deber y de Derecho. Es decir,
engendrar en el devenir de lo Humano un hijo de Dios.
Este Proceso, expuesto a
su fracaso apocalíptico desde los orígenes de la Historia Universal escrita,
cual se refleja en la Biblia, es el que se consuma -por Restauración mediante
Redención- con el Nacimiento de Jesús, y en la Muerte de Cristo se abre a toda
la Humanidad, extendiendo Jesucristo con su Resurrección lo que se hizo a
título individual al dominio universal. Así pues, puesto que desde su
Nacimiento el Cristianismo, en la Persona de su Fundador, ha estado sometido a
constante presión destructora, su fruto, la Civilización, Cristiana por en
cuanto sin el Cristianismo jamás se hubiera producido el salto de la Sociedad
Animal-Político-Racional a la Civilización del Derecho a la verdad, la Justicia
y la Paz; y precisamente porque éste era el Fin del Cristianismo que Dios puso
sobre la faz de la Historia al hacerse hombre su Hijo, la Civilización
Cristiana ha sido objeto de constantes ataques destructivos, ya desde fuera
como desde dentro. Pero mientras exista la Biblia el Cristianismo seguirá su
evolución histórica hasta unir la Plenitud de las Naciones del Género Humano en
un Único Reino Universal, cuya Corona reposa en la Cabeza del Hijo Unigénito de
Dios. Pues este es el Fin de la Historia: la Glorificación del Hijo de Dios, el
Brazo de Yavé, Creador de todas las cosas, por cuya Palabra Todopoderosa Dios
Eterno, su Padre, para maravilla de toda su Casa, hace, hizo y hará
"brillar la Luz en medio de las Tinieblas".
Dada esta Meta se
entiende que Dios y su Libro hayan sido objetos de persecución y exterminio de
parte de todos los poderes ciegos que tuvieron y tienen en la Unificación del
Género Humano en un sólo Cuerpo, Ecce Homo, cuya Cabeza es Cristo Jesús, su
enemigo público número uno. La Coronación del Hijo Unigénito de Dios como Rey
Universal, Único y Sempiterno, sobre la Creación entera de Dios Eterno, su
Padre, es una Declaración de Abrogación de todas las Coronas del Universo y un
Manifiesto de Libertad por el que la Obediencia Debida de criatura a criatura
queda abolida en Exaltación Omnipotente del Poder de Aquel en cuyas Manos Dios
Padre ha dispuesto que estén todas las cosas, las del Cielo y las de la Tierra:
Por la Eternidad.
La Biblia es, pues, ante
todo y sobre todo, la Crónica de una Revolución Universal que le afecta a la
Creación entera y establece la Historia del Futuro de la Eternidad desde un
Principio Nuevo. Desde el Prólogo mismo de la Biblia, "La Creación del
Universo", Dios se manifiesta como su Autor y presupone en su Omnisciencia
la Fragilidad de su Libro a los ojos de un Mundo cuya Ignorancia sobre las
Causas de la Revolución del Reino de los cielos, que en la Biblia encuentra su
Prehistoria, era tan grande - la ignorancia humana - como inmensa la diferencia
entre la Inteligencia del Creador y una Criatura aún en su fase
animal-racional-política.
En efecto, el
"animal racional" en su versión política o en su versión filosófica
era una criatura impotente frente al abismo que separa la Razón de la
Inteligencia. Y sin embargo el Hombre fue creado para alcanzar la Inteligencia
sin límites ni medida, a imagen y semejanza de la Naturaleza de la Inteligencia
de su Creador. Pero privado de este acceso su Historia tenía, por lógica, que
escribir en las páginas del Universo la Crónica de una Guerra Civil Perpetua
cuyo Fin, por ley, habría de conducir a todo el Mundo a su Apocalipsis Final.
La Biblia es, por
consiguiente, la Crónica de la Fundación del Reino Universal de Dios, Padre e
Hijo, en el mismo Espíritu Santo, (Antiguo Testamento), y el Establecimiento de
la Civilización bajo cuya Bandera y Estandarte cristianos el Mundo se enfrenta
a ese momento en tensión final: Obediencia a la Corona del Hijo de Dios o
Rebelión contra la Voluntad de Dios, su Padre (Nuevo Testamento).
En el camino la Historia
Universal es reflejada en una Familia, la de Noé, que se hace Tribu en Abraham,
el Hebreo, y se desarrolla hasta devenir Nación, la Judía, en cuyos hijos e
hijas todo lo bueno y todo lo malo encontró cuerpo a fin de que en su carne y
en su sangre la Humanidad, como se lee, recibiéramos un Curso Divino sobre la
Ciencia del bien y del mal, cuyo desconocimiento ocasionó la ruina temporal de
nuestro Género.
Desde el conocimiento de
esta Ciencia del Bien y del Mal se entiende la naturaleza del ataque de la Razón
contra la Fe y su interés en reducir a fábula el Libro de los Orígenes del
Género Humano. Mi misión en esta sección de la BTM, es entrar en la Historia de
esa Familia, Tribu y Nación a la luz de la Historia Universal rescatada de su
tumba por la Arqueología, contra cuya Historia la Razón, antes de la
Arqueología, se lanzó con la furia de una bestia depredadora dispuesta a
devorar página por página cada uno de los libros de las Sagradas Escrituras. La
necesidad es obvia. Aún cuando la dialéctica de la Razón del XIX contra la
Veracidad Histórica de la Biblia ha sido desmantelada por la Arqueología,
enfangado el Siglo XX en el Apocalipsis de su destrucción total, los
Historiadores del XXI aún no han desecho lo que la Razón hiciera, y sigue
circulando en el mundo la montaña de sentencias sin fundamento científico que
los profetas del Socialismo y del Evolucionismo escribieron contra el
Cristianismo.
Aún cuando no lo crean,
ellos pasarán, ya están pasando: "Pero mi Palabra no pasará jamás".
FUNDACION DEL REINO
UNIVERSAL
La segunda parte de su
Libro, el Evangelio, trata de la Batalla entre la Vida y la Muerte, del Cielo
contra el Infierno, y glorifica la Victoria del Espíritu Santo contra el
espíritu Maligno; de Cristo sobre el Diablo.
Dice el Libro de Dios en
su tercera parte que llegado el Día Anunciado le ordenó Dios a todos sus hijos
presentarse ante su Trono y deponer sus coronas a sus pies. De lo que se lee se
ve que unos lo hicieron y otros se negaron, y en consecuencia los Rebeldes que
no lo hicieron fueron perseguidos, destronados y arrojados del Cielo.
De la lectura del Nuevo
Testamento se desprende que mientras los príncipes Fieles persiguieron a los
Rebeldes, Dios llamó a su Primogénito, le dió a conocer la Doctrina del Reino
de los Cielos e inmediatamente le envió a nuestro mundo, donde se encarnó en
María "la Virgen de Nazaret", y nació bajo el reinado de los Herodes,
en Belén de Judá, durante los días del censo universal decretado por Octavio
César Augusto.
Ignorante y desconocedor
de las medidas revolucionarias que su Padre había proyectado y empezaban a
materializarse a raiz de su Encarnación, el Hijo de Dios descubrió a Cristo
durante el episodio que El mismo protagonizara en el Templo, a la edad de los
doce años aproximadamente. En Cristo descubrió Jesús el Pensamiento de Dios, y
lo que es más importante, descubrió el Origen del Espíritu Santo, que estaba en
su Padre, Único Dios Verdadero e Increado que conocieron el Infinito y la
Eternidad.
Se desprende de la
lectura del Nuevo Testamento que Dios le descubrió a su Hijo tanto la identidad
del verdadero Enemigo de su Reino cuanto la Naturaleza de la Revolución que
únicamente y nadie más que Cristo Jesús podía y debía abrir.
Cristo Jesús, el Rey
Mesías, el heredero de todas las promesas escritas en el Antiguo Testamento,
nacido del espíritu de Yavé: "espíritu de inteligencia y sabiduría, de
entendimiento y fortaleza, de consejo y temor de Dios". Estando sin
embargo sujeto por su Origen a la estructura del Mundo Antiguo, y porque de
entre todos los príncipes del Cielo Jesús era el Rey de reyes, también a El le
tocaba obedecer y sujetarse al decreto de Abolición del Imperio que su Padre
dictara y estuvo en la causa de la Batalla en el Cielo, de la que habla en Su
Libro, Apocalipsis. Al igual que lo hicieron los Príncipes del Cielo también el
Rey de reyes y Señor de señores debía deponer su Corona a los pies de Dios.
Y así fue. Así se hizo;
Jesús, el Primogénito de los hijos de Dios, el Unigénito de Dios, puso su
Corona a los pies del Trono del Espíritu Santo de Dios, su Padre.
De manera que sujeto a
la condición de los particulares que bajo riesgo y cuenta propia emprenden una
revolución sin contar con más fuerza que el amor a la Verdad, también Jesús fue
atrapado por los poderes reaccionarios de este mundo, y, consecuentemente,
entregado a los jueces de Cristo para que fuera contado entre los malhechores
por enemigo de la Nación al caso.
EL MISTERIO DE CRISTO.
Pero lo que no sabía
nadie, porque nadie podía saberlo, era que al regresar a su Mundo Jesucristo lo
hacía como Rey Todopoderoso a imagen y semejanza de su Padre, y que Glorificado
de esta manera llevaba a su Casa una Nueva familia, su propia Familia, a nacer,
pero que estaba en El: Una Esposa, la Iglesia Católica, engendrada para unir a
todo el Universo en una misma Religión, unos Hermanos, cuyo Poder es el de
Dios, que está en su Palabra, y una Descendencia, nacida para unir todo su
Reino en una misma Inteligencia.
He aquí el Misterio de
Dios, que es Cristo: La Cabeza es Cristo Jesús; el Tronco es la Iglesia
Católica, y los Miembros los Hermanos y los Hijos de Dios. Aquí está el
espíritu de Inteligencia:
"Tengo por cierto
que los padecimientos del tiempo presente no son nada en comparación con la
gloria que ha de manifestarse en nosotros; porque la expectación ansiosa de la
creación está esperando la manifestación de los hijos de Dios, pues las
criaturas están sujetas a la vanidad, no de grado, sino por razón de quien las
sujeta, con la esperanza de que también ellas serán libertadas de la servidumbre
de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de
Dios"
C.R.Y&S
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