La Fe sin la Inteligencia
es imperfecta. No porque lo diga yo. El Espíritu
Santo ya lo dijo: Vuestra fe, probada, más preciada
que el oro, que se corrompe...Y diciéndolo revolucionó
la relación entre la Fe sola y Dios declarando que
el hombre sin Dios, aunque el hombre sea de fe, es imperfecta,
y por tanto está sujeta a la corrupción que
procede de la ignorancia. Pues quien es perfecto es incorruptible,
y esta incorruptibilidad procede de su conocimiento perfecto
de Dios. Por supuesto, tendríamos que entrar en la
relación de la Ignorancia del Hombre y el Silencio
de Dios. Pues si hay corruptibilidad en la Fe sola es porque
hay Ignorancia, y allí donde hay Sabiduría
no hay corrupción. Y sin embargo la misma Sabiduría
sin la libertad de los hijos de Dios se ve incapaz, gobernada
su relación con sus hijos por el Silencio de Dios,
para mantener en la perfección que precede a la incorruptibilidad.
Ciertamente tampoco
necesitamos recurrir a la Escritura ni a la Sabiduría
para demostrar algo que se ve todos los días y sobre
lo cual nuestros sentidos están hartos hasta la saciedad.
La corrupción que viera el Espíritu Santo
en embrión, como parte de la relación en que
quedaba la Fe, sola, sin la Inteligencia, delante los siglos,
conforme avanzaron los siglos se hizo enorme y hasta veces
adoptó formas... de las que mejor es ni hablar. El
hecho está ahí y negarlo es mantener contra
el espíritu Santo que la Fe sola, siéndole
suficiente la Escritura, es capaz de mantenerse perfecta.
Desde su Ignorancia
los comentaristas de la Biblia acordonaron la verdadera
visión de este Cantar de Salomón y sujetaron
su mensaje salvífico los unos a sus intereses exclusivos,
aduciendo que el autor hablaba de la Esposa, la Iglesia,
y el Esposo, Cristo, y esto sin tener en cuenta que la Esposa
le dice al Esposo: Vete, amado mío.. al final de
su Canto, lo cual, pienso, sería anticipar el rechazo
final de la Iglesia a Cristo, cosa que, creo, es impensable
y por esta misma imposibilidad se pone de manifiesto la
ignorancia desde la que se atrevieron a comentar la Obra
de Dios los comentaristas al servicio de la Fe de las iglesias.
Los otros, viendo
esta contradicción, o no, procedieron al escandaloso
tema del erotismo, aduciendo que este Cantar es poprio de
una mentalidad arabesca, que se explaya en versos fogosos
para encender en la otra parte los deseos sexuales más
íntimos. Hay que ser un verdadero idiota para escuchar
esto y no reirse a destajo sobre las cátedras de
semejantes maestros de la necedad supina. Pero, créase
o no, tales son los niveles de inteligencia de que hacen
gala algunos de los comentaristas. ¿Es que acaso
Dios tiene sexo? ¿Y siendo este Cantar parte de su
Obra cómo puede concebirse que el sexo tenga algo
que ver con este Canto? Que los propios masteres de la Fe
no se alzasen contra esta interpretación animal da
testimonio sobre la animalidad de sus altas inteligencias,
capaces de ponerse a la altura del Dios Altísimo
y hasta de decirle en su cara lo que El quiso o no quiso
decir en un momento dado u otro de su existencia.
Es verdad que siendo
yo un hijo de Dios, no sujeto a la ley del Silencio, y por
tanto abierto al gozo de la libertad natural a quien entra
y sale con el derecho y poder de un hijo del Señor,
mi crítica estare de más a la manera que un
vencedor se pusiera a echarle en cara, a los que perdieron
la carrera, la forma de correr que les privara de la victoria.
Con todo, ver el mal que supone la Ignorancia comentando
la Obra de la Sabiduría de Dios, y lo que es más
terrible, dándosela de sabios en razón de
sus cátedras, sus títulos y sus fidelidades
a los intereses que sirven, y callar, permitiendo que esos
comentarios sigan donde están, y no exigirle a Aquella
a quien se le dio la Biblia por Herencia que destierre del
cuerpo bíblico esos comentarios; no por ser yo el
vencedor, digo, había de mirar con indiferencia mal
tan grande que, al ser contrario al Espíritu del
Autor, levantan entre El y el lector un muro de incomprensión
e ignorancia invencible cuando el lector no tiene fe.
Nada, pues, más
contrario al erotismo y a la visión de la Iglesia
y Cristo la causa que moviera las manos de aquel Salomón
rey que, sujeto a la ley del Silencio que Dios les impusiera
a sus siervos desde los días de Set hasta los de
Cristo Jesús, y desde los de Cristo Jesús
a los nuestros, se vió arrastrado a la corrupción
del que levanta templos a ídolos y se pliega a la
voluntad de sus mujeres, atormentando con su conducta a
la Sabiduría que hiciera de aquel muchacho, hijo
del rey del momento, la admiración de todos los reyes
de la tierra de sus días.
Será esta
ruptura inevitable entre el espíritu de la Sabiduría,
que no podía morar en una mente entregada a la corrupción,
y el sabio que la amara más que a su vida, cuando
en su juventud el príncipe la buscó como se
busca el diamante más grande del mundo, y la alcanzó,
porque Ella no le dio la espalda sino que se volvió
a mirarlo y elevó su gloria y su fortuna sobre la
de todos los hombres y reyes de su tiempo; sería
esta imposible marcha unidos hasta la muerte la que el rey,
llorando la pérdida insufrible pero aceptando las
consecuencias de sus obras, en un último canto de
cisne, se acerca a Ella y Ella a él y se despiden
con el abrazo del recuerdo de aquella unión en la
santidad que de Ella hiciera toda complacencia y de él
un hombre para la eternidad.
Las claves, como
siempre, están en el propio autor, y será
el mismo Salomón quien retratando en su Libro a la
Amada que le diera todo lo que tenía, lanzó
su mensaje al futuro, advirtiendo a todos los hijos de Dios,
con el ejemplo de su vida, sobre la ley que rige la relación
entre el espíritu de Dios y de sus hijos. Pues Dios
no puede dejar de ser el que es y siendo imposible que su
espíritu viva en individuo sujeto al pecado y la
corrupción, andando por ese camino ha de llegar el
día en que el espíritu de Dios, sea de Inteligencia,
sea de Sabiduría, sea de Profecía, abandona
al hombre, sea siervo o hijo.
No lanza Salomón
su último canto de amor a la Sabiduría de
Dios con las lágrimas de quien ve irse lo que más
amara en su día. Siervo del Altísimo Dios
de Israel, hasta en su caída su vida estaba en las
manos de su Señor, que recogerá su alma para,
como dice el Espíritu Santo en otra parte, hablando
de su siervo, tenerle en su Reino en la más alta
de las gloria y estima.
Dios Omnisciente
y Todopoderoso, que ve el futuro de las Naciones de su Reino
desde el lejano día de su nacimiento, escribe con
la sangre de su siervo amadísimo en la mente de todos
sus hijos la ley por la que se rige la relación de
toda su creación con su Sabiduría, que no
puede soportar la corrupción en el ser y siguiendo
por cuyo camino se llega a la ruptura que, haciendo de la
suya ejemplo, Salomón nos pone delante de los ojos
para que no pongamos jamás un pie en esa senda.
Dice de Ella en
su Libro: Pues en ella hay un espíritu inteligente,
santo, único y múltiple... Es el resplandor
de la luz eterna, el espejo sin mancha del actuar de Dios,
imagen de su bondad. Y en otra parte: Porque la Sabiduría
no morará en hombre esclavo del pecado.
¿Y cómo
podía ser de otra forma? Pues siendo la Esposa de
Dios Todopoderoso, con quien es una sola cosa, el Espíritu
del Señor es el suyo y acorde a su Ley gobierna todas
las cosas. No pudiendo su esposo Eterno y Padre de Jesucristo
soportar el pecado no hay en el infinito fuerza capaz de
hacer que Dios acepte la convivencia con la corrupción.
Verdad manifiesta que para enriquecernos a todos con un
conocimiento perfecto nos sirve el Altísimo mediante
el ejemplo vivo de la ruptura en el origen de este Canto
del cisne que es el Cantar de los cantares de Salomón,
rey, hijo de David.
Desde esta clave
leed el Cantar y juzgad por vosotros mismos si he comentado
a la manera de quien niega para afirmarse o simplemente
os he Introducido al Misterio de la Sabiduría que
estaba dispuesto a ser descubierto en su día. Y cuando
se os abran los ojos, a quien le corresponda que se aplique
el cuento.
C.R.