Y el Verbo es
Dios
III
Esta pequeña incursión en la Naturaleza Divina
tiene por misión conducirnos a la contemplación
verídica de la Unidad entre el Padre y el Hijo
en el seno del Acto Creador, que el propio Jesús
nos descubrió, afirmando que "el
Padre le muestra el Hijo todo lo que hace y le mostrará
mayores obras que ésta"... de suerte
que nosotros quedemos maravillados. Hecho carne el Verbo,
por tanto, nuestra comprensión de la Relación
entre el Padre y el Hijo dentro del Acto Creador no puede
ser obviada ni dada de lado en función de la mentalidad
obtusa y patética del ateísmo científico,
y mucho menos del cientifismo teológico que para
no escandalizar al primero se encierra en el tradicionalismo
dogmático heredado de Edades Oscuras sujetas a
la Ignorancia y el poder del príncipe de las tinieblas.
Recordemos
que corregir no es condenar. Que humillarse no es renunciar.
Que arrodillarse no es acobardarse. Dios no escribe un
Libro buscando la ruina de su criatura, sino para rescatar
a su Creación caída al filo del abismo por
el odio de una generación de hijos suyos contra
el Espíritu en tanto que Espíritu. Resuelto
este enigma, vemos la verdadera naturaleza de la relación
divina en el Acto Creador, donde el Padre es la Omnisciencia,
es decir, la cabeza pensante, y el Hijo es el Brazo que
ejecuta. Dos Personas distintas, pues, y un Único
Dios Creador. De aquí que cuando dice el Texto...
Pero el espíritu de Dios se cernía sobre
la superficie de las Aguas... las
Personas en Dios se manifiestan como Una Sola y Única
en el Espíritu, que, siendo el mismo en ambas,
es Dios.
Y
será contra este Espíritu que, la Caída
mediante, desenterrará el hacha de guerra el Maligno,
la Serpiente, el Dragón, cuya cabeza es Satán,
el príncipe de las Tinieblas. El hombre, Adán,
deviene peón en un tablero, instrumento al servicio
de una causa ajena al Género Humano, y ésa
causa sería: la División entre las dos Personas
Divinas, levantar entre Padre e Hijo una división
respecto al destino de la Ciencia del bien y del mal.
Sobre este asunto versa el Relato del Paraíso.
Sobre
el Acontecimiento de la Caída digamos que el objetivo
de la partida del espíritu del Diablo contra el
Espíritu Santo era, Tentación mediante,
abogar ante el Hijo contra el Padre en pro de la legalización
de la Ciencia del bien y del mal, cuyas leyes, principios
y dominio podría el Hijo gustar en vivo y en directo
sobre la superficie de la Tierra.
Desde
el punto de vista de la Eternidad ésta partida
era un delito contra la Creación, contra el Género
Humano y contra Dios en su Plenitud: Padre, Hijo y Espíritu
Santo. Tentar al Hijo era tentar a Dios; esperar que el
Hijo cayera seducido por la Ciencia del bien y del mal,
de la que abomina el Padre, era y es negar que el Espíritu
Santo esté en el Hijo. Y sin embargo que el Hijo
es Dios de Dios los Rebeldes ya lo habían visto
con sus ojos cuando, Brazo de su Padre, dijera: Haya
Luz, y la Luz se hizo. El fin de la partida abierta
en el Edén, por consiguiente, era, desde el mismo
momento de su apertura, el Destierro de los Rebeldes de
la Creación, y la Proclamación a todos los
vientos del Misterio Eterno de la Unidad del Padre y el
Hijo en el Espíritu Santo.
Bendito,
pues, sea Dios porque no se dejó corromper mirando
los lazos de paternidad que le unían a los enemigos
de su Creación y aplicó la Ley sin acepción
y acorde a Justicia dictó sentencia. Contra el
Traidor: Muerte Eterna; contra el Desobediente: Pena de
muerte y Resurrección.
Esto
en cuanto al Génesis