Las Mujeres Nobles Merovingias segun Gregorio de Tours

 

Índice

1. Introducción

2. San Gregorio de Tours

3. El obispado de Tours

4. Los Tiempos Merovingios

5. Las Obras de Gregorio de Tours

6. La Historia de los Francos

7. Los Roles Femeninos

8. Conclusiones

9. Bibliografía General

 

1.     Introducción

 

Este seminario propuso como tema general de investigación, durante un año, la influencia de los francos y visigodos en la formación de Europa. Cada alumno eligió una problemática, basada en fuentes del período, que intentó solucionar.

Elegí como área general de interés a los francos, el primer pueblo germánico que se convirtió al catolicismo, y que instauró uno de los reinos romano-germánicos más duraderos: la futura Francia. Para hacer esto me centré en una obra especial, en todos los sentidos, y única: la Historia de los Francos (HF) de Gregorio de Tours.

En la historia feminista, una tendencia relativamente nueva en la historiografía moderna, se quiere resaltar el rol que han jugado las mujeres a lo largo de la historia de la humanidad, que ha sido 'callado' y 'ocultado' por el mundo predominantemente masculino que ha escrito la historia. Creo que en ciertas épocas y sociedades es una afirmación que vale la pena investigar, como lo han hecho anteriormente Eileen Power y Régine Pernoud, entre otros.

Así, mi investigación se centró en el 'elemento femenino' de la Historia de los Francos. Inquietudes, como el rol que cumple una mujer noble en una sociedad guerrera en pleno proceso de expansión, conquista y asentamiento; cuánto y cómo las influyó el cristianismo; qué importancia tienen las mujeres en este proceso de formación de la sociedad merovingia; en la narrativa de san Gregorio, ¿cuál es el lugar que les asigna? 

La sociedad germana franca que 'emigró' a Europa es una sociedad fundamentalmente guerrera. Esto produce, en las relaciones de género, una situación especial en la repartición de los roles. Los hombres dedican la mayor parte de su tiempo y esfuerzo a la guerra [1] , y junto a las mujeres deben compartir ciertas funciones sociales básicas. Para que una sociedad -en este estado- funcione,  las mujeres asumen diversas labores que, en la Baja Edad Media (siglo X en adelante) les serán lentamente restringidas. Esta flexibilidad de las mujeres para asumir roles es un elemento germánico, que Tácito hace notar ya en su Germania, lo cual trabajé el año pasado.

A través de la obra se presenta un mundo confuso y extraño a nuestros ojos. La violencia estaba a la orden del día, así como las guerras, pestes y hambrunas. La Iglesia, vigorosa y emprendedora -en los ojos de nuestro obispo-, lo impregna todo en este nuevo reino. La nación merovingia desfila entre intrigas, pueblos, juicios, iglesias, asesinatos y concilios. Y la mujer tiene un rol constructor y activo en esta sociedad, a la par con los hombres.

Así, el objetivo de esta investigación y de este ensayo es investigar el lugar de la mujer noble franca en la sociedad merovingia, a través de la Historia de los Francos de san Gregorio de Tours, mediante el análisis de los roles que éstas ejercían.

Los historiadores fragmentamos nuestro objeto de estudio con el fin de entenderlo como un todo. Así, utilizo una división metodológica para estudiar a la vida femenina noble entre los merovingios. Estas funciones siempre se entremezclan, pues la vida no es unidireccional. Los roles a estudiar son:

1)       El Rol Económico: en la administración de tierras, ciudades, cultivos, la morgengabe y los tesoros.

2)     El Rol Religioso: en la conversión, transmisión y difusión del cristianismo.

3)     El Rol Político-Reproductivo: en cuanto a las alianzas matrimoniales, los lazos dinásticos-familiares, y la procreación de herederos.

Según Lewis Thorpe "La Historia de los Francos es, mayoritariamente, un recuento de reyes y reinas" [2] , por lo tanto son las mujeres nobles, a las cuales tenemos acceso a través de la fuente, el objeto de nuestro estudio. Y es el libro mismo quien nos da el marco temporal: el período franco merovingio se inicia con Clodoveo, que empezó a reinar el año 481, hasta el año 591, cuando termina de escribir Gregorio.

La importancia de la investigación radica en el poco conocimiento sobre las mujeres en este tiempo, y en el parco uso de una fuente -para el período- con bastante información. No hay acceso a estudios generales sobre la condición de la mujer merovingia, más bien algunos ensayos sobre casos particulares como Clotilde o Radegunda.

La Historia de los Francos es la única fuente para el período merovingio, especialmente el siglo VI, lo que se ha completado con las lecturas secundarias que se encuentran en la bibliografía final. Se ha utilizado mucho a lo largo de la historia, por Montesquieu en su Espíritu de las Leyes y Benito Jerónimo Feijoo en su Teatro del Mundo, por citar un ejemplo. Su credibilidad es reconocida por los historiadores, así como su utilidad, aunque -en general- el período merovingio ocupe poco espacio en las historias de Francia [3] .         

2.   San Gregorio de Tours

 

Este obispo de Tours, el número 19, nació el 30 de noviembre de 539 [4] D.C., en lo que hoy es Clermont-Ferrand, Aquitania.  Su nombre bautismal era Georgius Florentius, que cambió al ordenarse. Descendía, por ambos lados, de distinguidas familias senatoriales con un largo historial de servicio a la Iglesia Católica. Lewis Thorpe explica: "... that is to say of wealthy Gallo-Roman landed gentry whose ancestors had enjoyed the rank of Senators under the Empire and were still extremely proud of the fact" [5] .

Su familia había aportado varios senadores -su padre y su abuelo-, y varios santos de la Iglesia, como San Tetricus y San Gregorio, obispos de Langres; San Nicetius obispo de Lyons, y su primo y predecesor en el obispado, San Eufronius. Gregorio está muy consciente de esto, como explica al pasar: "The poor fool seems not to have realized that, apart from five, all the other bishops who held their appointment in the see of Tours were blood-relations of my family." [6] Es decir, que los servicios que prestaba la familia de Gregorio a la Iglesia y al Estado se veían recompensados con altos puestos y canonizaciones.

Según Lewis Thorpe, se infiere que el padre de Gregorio murió cuando él era un niño, y la madre se trasladó a vivir a Burgundia. A los ocho años se le envió a vivir a la casa de su tío, San Gallus obispo de Clermont-Ferrand (525-551), y cuando éste murió, el adolescente siguió estudiando con el obispo Avitus. Visitaba con frecuencia a dos familiares desde Clermont: a su tío abuelo, el obispo de Lyons San Nicetius, y a su primo hermano San Eufronius obispo de Tours. No debe haber sido una sorpresa  para nadie cuando fue ordenado diácono en el 563, a los 25 años. Diez años después, cuando su primo murió, Gregorio fue elegido para reemplazarlo como obispo, y el rey Sigiberto lo aprobó. Tuvo el obispado de Tours durante veintiún años, desde su consagración el 20 de agosto del 573 hasta su muerte a los 55 años el 17 de noviembre de 594.

 

3.   El obispado de Tours

 

Ser un obispo en la Galia franca merovingia en el siglo VI no es cualquier cosa. Es un puesto de mucha importancia, responsabilidad y poder. Una vez elegidos obispos por la comunidad (laicos y eclesiásticos) y aceptada la elección por el Rey, tenían su sustento asegurado y generalmente ocupaban el puesto hasta su muerte. En general, su conducta era buena, cumplían sus funciones espirituales, administrativas y defensivas con celo y rigor. Gregorio expone casos extremos, como Praetaxus de Rouen, asesinado en su catedral [7] , Gunthar de Tours, obispo alcohólico que bebió hasta morir [8] , o Egidio de Rheims que fue enviado al exilio por traición y escapó por poco a la muerte [9] ,  pero son la excepción que confirma la regla.

Es un tiempo caótico, de guerras continuas entre los reinos bárbaros, y donde el poder y la autoridad del Imperio se había disuelto dejando sólo la autoridad y el poder administrativo de la Iglesia Católica. Como explica Thorpe [10] , y Gregorio a lo largo de su obra con numerosos ejemplos, las personas de cualquier clase podían morir en los campos de batallas, en los sitios a las ciudades, en cualquier rencilla, de hambre, de enfermedades, etc. Los depositarios de la autoridad secular, condes y duques, podían ser depuestos en cualquier momento, quitarles sus tierras y haberes, ser torturados hasta la muerte sin importar si eran culpables o inocentes por cualquier cargo, etc.

Los obispos eran los defensores del dogma de la Iglesia Católica y de los numerosos concilios, en contra de los judíos, los incrédulos, los arrianos y otras sectas cristianas, incluso contra los reyes [11] y los impostores que sostenían ser Cristo [12] . Los obispos eran los defensores y el ejemplo de la moralidad pública, "... and they were virtually the only individuals in a position of authority who had any sense whatsoever of human compassion, and who practised Christian charity and loving kindness." [13] Éstos eran responsables de la platería de la Iglesia, de las tumbas y reliquias de los santos y mártires, de la reparación y mantenimientos de las iglesias y de la construcción de nuevos lugares de devoción. Actuaban de visitadores en los monasterios y conventos de su diócesis, supervisaban los refectorios de las catedrales. Tenían muchas propiedades que administrar, sirvientes que gobernar y tierras que cultivar. Ejercían el terrible poder de la excomunión, y sus iglesias eran santuarios para todos los hombres. En la Francia del siglo VI existían once Metropolitanos [14] , cada uno gobernaba una provincia, y 118 obispos sufragáneos. [15]

Como Obispo de Tours Gregorio tenía responsabilidades especiales. Era el Metropolitano (Arzobispo, diríamos hoy) de Le Mans, Rennes, Angers, Nantes y otras cuatro sedes. Su catedral había sido quemada en un desastroso incendio que destrozó Tours durante el episcopado de su predecesor san Eufronius, y le costó diecisiete años reconstruirla. La Iglesia de San Martín de Tours había sido quemada por el clérigo Willichar y, aunque se había hecho mucho para restaurarla, Gregorio le dio especial importancia a la decoración interior. El hecho de que San Martín estuviera enterrado en Tours hacía del lugar un sitio especial donde pedir santuario, por lo que el obispo hubo de soportar a muchos fugitivos de la justicia, como Gunthram Boso, Merovech y Eberulf. En su casa episcopal rara vez estaba sin visitas: el cuento sobre el mar Rojo [16] se lo contó un viajero; Simón, un Obispo exiliado de Armenia, le contó la caída de Antioquía; San Aredius, abad de Limoges, lo visitó antes de su muerte. Durante los 21 años de episcopado de Gregorio, el mando civil de la ciudad de Tours pasó de Sigiberto a Chilperico y luego a Childeberto II (durante su minoría de edad Gunthram Boso ejerció el poder). Con todos estos reyes el obispo estuvo en términos de intimidad, aunque no siempre de amistad.

Se supone que Gregorio era un hombre pequeño, pero es un rumor basado en un cuento apócrifo que puso a circular Odo de Cluny en su Vita Sancti Gregorii el siglo X D.C.; también se dice que enfermaba frecuentemente, basado en su hábito de mezclar para sí extrañas y apestosas pociones hechas de infusiones del polvo de las reliquias de los Santos. En todo caso, explica Thorpe, en tiempos donde la peste bubónica y la disentería hacían estragos, que el obispo cayera enfermo de vez en cuando, no debía sorprender a nadie. Aunque su salud no fuera la mejor, tenía un valor a toda prueba: se rehusó entregar al malvado Gunthram Boso (que lo había hecho sufrir) al insolente emisario de Chilperico, Roccolen; en circunstancias parecidas, se negó a entregar a Merovech a la venganza de su familia; defendió solo al obispo Praetextatus en el Concilio de París; discutió firme y acaloradamente con el rey  Chilperico cuando éste quiso hacer su propia interpretación de la Santísima Trinidad; en vez de huir de Francia, como le aconsejaron, se defendió solo y valientemente en el Concilio de Berny-Riviére en contra de los cargos de haber calumniado a la Reina Fredegunda; y siempre se resistió a los recolectores de impuestos que intentaban extorsionar al pueblo de Tours por orden de Childeberto.

 

4.   Los Tiempos Merovingios

 

La Historia de los Francos es una crónica de los reyes y reinas francas, es decir, la nobleza. Según Thorpe, la narración personal de Gregorio empieza con el asesinato del Rey Sigiberto el 575, justo después de su consagración, y llena los libros V a X. Antes, Gregorio miraba hacia atrás con libros y recuerdos de infancia y juventud (libros III y IV).

La dinastía de los Reyes Merovingios reinó en la Galia desde el principio del siglo V hasta el 751, aunque los últimos cien años son un período de decadencia y sujeción a los Mayordomos de Palacio, que eventualmente los reemplazarían como reyes, los Carolingios. Chlogio o Clodio, el semilegendario fundador, es mencionado brevemente por Gregorio, al igual que Merovech (m. 456), su sucesor e hijo putativo, de quien recibe el nombre la dinastía. Se dedican dos capítulos al reinado de Childerico (m. 481), el tercer rey merovingio. Gregorio le da un largo tratamiento a Clodoveo, quien por medio de sus victorias contra los restos del Imperio romano, los líderes de los Alamanes, los Burgundios, y los Visigodos arrianos, unificó gran parte de la Galia bajo el mando de los francos salios. Clodoveo derrotó al general romano Siagrio cerca de Soissons el año 486, ejecutándolo; se casó con la princesa burgundia Clotilde, quien en el 496 lo persuadió de aceptar el bautismo y volverse cristiano y católico; derrotó y ejecutó a Alarico, rey de los Visigodos, en Vouillé el año 507. Murió el año 511, tras reinar treinta años, y fue enterrado en París en la Iglesia de los Santos Apóstoles, que había fundado.

Clodoveo dejó cuatro hijos: Theuderic, de una concubina, y los tres hijos sobrevivientes de Clotilde, Chlodomer, Childeberto I y Lothar I. Se describe gráficamente en los libros III y IV sus interminables peleas, sus guerras en Burgundia, Septimania y España;  el asesinato de los niños de Chlodomer por Lothar y Childeberto, y la destrucción del hijo rebelde de Lothar, Chramn.

Lothar I murió el año 561. Todos sus hermanos habían muerto. Dejó cuatro hijos, tres de los cuales (Charibert, Guntram y Sigiberto) eran hijos de su segunda esposa, Ingunda; y el cuarto, Chilperico, de su tercera esposa Aregunda. La Galia que él había logrado reunificar, como Clodoveo, quedó otra vez dividida entre cuatro hermanos, con las capitales en París, Orleans, Rheims y Soissons. Los eventos de sus reinados  hasta la muerte de Charibert el 567 están descritos en el libro IV, 21-45. Con la muerte del hermano mayor una nueva partición se hizo necesaria. Las actividades de Guntram, Sigiberto y Chilperico se describen en el libro IV, 46-51. El año 575 Sigiberto fue asesinado en Vitry, y Gregorio tenía 36 años. Hasta entonces había vivido muchos de los eventos, pero no había participado en ellos. Desde ese año, o un poco antes, empezó a escribir con autoridad y conocimiento personal, desde su punto de vista de obispo metropolitano de Tours.

Chilperico vivió nueve años más después del asesinato de su hermano. Los eventos de este período se dan considerablemente detallados en dos libros, V y VI. Chilperico tenía tres esposas: Audovera, que fue confinada en un convento hasta que Fredegunda la asesinó; Galswintha (hermana de Brunhild, viuda de Sigiberto) que murió a garrotazos por orden de Chilperico; y la formidable y temible Fredegunda, que murió pacíficamente en su cama muchos años después, el 597. De los hijos de Chilperico y su primera mujer, Audovera, el mayor, Theudebert, murió en el campo de batalla; luego el padre forzó a su hijo rebelde Merovech a suicidarse; Clodoveo, el tercer hijo de Audovera, fue asesinado por Fredegunda; y su hija Clotilde (la cuarta) fue la cabecilla de la revuelta del Convento de Santa Radegunda en Poitiers. Rigunth, la hija de Chilperico y Fredegunda, partió en su malogrado viaje para casarse con Recaredo, el hijo de Leovigildo rey de los Visigodos. Cuando llegó a Toulouse su padre murió, y entonces, después de muchas vicisitudes, volvió al hogar de su madre viuda, con quien vivió en extrema enemistad. El año 584 Chilperico fue asesinado en la villa real de Chelles.

La muerte de Chilperico dejó a Guntram como el único hijo vivo de Lothar I. A Sigiberto le sucedió su hijo de cinco años Childeberto II, el 575; a Chilperico le sucedió Lothar II, el único hijo varón de Fredegunda, de cuatro meses de edad a la muerte de su padre. Guntram hacia mucho que había perdido a sus cuatro hijos: su segunda esposa, Marcatrude, asesinó a Gundobad, el único hijo de Guntram con Veneranda, y después perdió a su propio hijo. Los dos hijos de Austrechilde, Lothar y Chlodomer, murieron de disentería el 577. Desde el año 584 Guntram actuó como un benevolente (para la época) tío de Childeberto II, a quien llamaba su hijo adoptivo.

Los libros VII-X cubren los años 584 a 591. Cuarenta de los ciento sesenta y ocho capítulos de estos cuatro libros tratan problemas de la Iglesia. En los otros capítulos late un espíritu de revuelta constante: los desafíos a la autoridad de los reyes por grandes nobles (Gundovald, Eberulf, Mummolus, Guntram Boso, Rauching, Ursio, Berthefried); la enemistad constante con los bretones; la rebelión en contra de Leubovera, la segunda abadesa del Convento de Santa Radegunda en Poitiers, liderada por Clotilde y Basina, ambas princesas de sangre real. Una tras otra estas rebeliones fueron aplastadas, siempre con grandes pérdidas de sangre y vida. Lothar II seguía en su niñez. Childeberto II gradualmente maduraba, y su relación con el rey Guntram se centraba en el tratado de Andelot, 587. Detrás de Childeberto II estaba su madre, la reina Brunhild, la odiada enemiga de la reina Fredegunda, la viuda de Chilperico.

La Historia de los Francos es también una procesión de obispos, abades y otros dignatarios de la Iglesia, incluyendo un recuento de los 18 obispos anteriores a él en el obispado de Tours.

Debajo de los reyes y reinas, los grandes nobles y los príncipes de la Iglesia, está la gente común. Batallones armados corriendo de arriba abajo, siendo su objetivo asolar y conseguir botín antes que pelear con el enemigo. Grandes conflagraciones estallaban: en Mareuil en las afueras de Blois, en Poitiers, en París, en Tours. Hay frecuentes inundaciones, hambrunas y epidemias, que no muestran ningún respeto por los seres humanos. Los asesinos están por todas partes, siendo la  mayor parte -si hay que creerle a Gregorio de Tours- emisarios de la reina Fredegunda. Peleas mortales surgen entre pueblos amigos: los hombres de Blois y Orleans se unen para devastar Chartres y Châteaudun. Dentro de las ciudades hay salvajes peleas entre las personas 'buenas': en Tours Sichar ataca a Austregesil pero mata a Auno; Chramnesind, hijo de Auno, trata de tomar venganza contra Sichar; pero se vuelven amigos (Sichar y Chramnesind) pero al final el hijo de Auno siente el llamado de la sangre y asesina con su daga a Sichar, para luego colgar su cuerpo desnudo en la reja de su jardín. Vemos poco de los realmente pobres: entre sus más grandes sufrimientos está el pago de impuestos; y su destino más horrible es ser arrojados en la cárcel, donde son amarrados en cadenas hasta morirse.

 

5.    Las Obras de Gregorio de Tours

 

Gregorio de Tours fue un escritor prolífico para su época. La Historia de los Francos es el único libro que tenemos para conocer la Francia Merovingia del siglo VI. La Crónica de Fredegario, un libro anónimo posterior, se basa en gran parte en este libro. Escribió también, como informa en su libro X, capítulo 38: "I, Gregory, have written the ten books of this History, seven books of Miracles, and one of the Lives of the Fathers. I have composed a book of Commentaries on the Psalms; I also wrote a book on the Offices of the Church" [17]

Según la Introducción de Thorpe, la lista completa de sus trabajos sería:

-La Historiae Francorum (HF), 10 libros, a los cuales se refería simplemente como Historiae, el apellido Francorum fue agregado después.

-El Liber in Gloria Martyrum Beatorum, un libro en 106 capítulos.

-El Liber de passione et virtutibus Sancti Juliani martyris, un libro en cincuenta  capítulos.

-El De virtutibus beati Martini episcopi, en cuatro libros.

-El Liber Vitae Patruum, un libro en veinte capítulos.

-El Liber in gloria Confessorum, un libro en 110 capítulos. Los ítems 2, 3, 4 y 6  hacen los 'Siete libros de Milagros'.

-El Liber de miraculis beati Andreae apostoli, un libro con 38 capítulos cortos.

-El Passio sanctorum Martyrum Septem Dormientium apud Ephesum, un libro en 20 capítulos cortos, traducidos al latín por Gregorio.

-El De Cursu Stellarum ratio, un libro en 47 capítulos cortos. Gregorio lo llama 'Oficios de la Iglesia'.

-El In Psalterii tractatum commentarius, que está perdido excepto por los títulos y el nombre de los capítulos.

-Un libro sobre 'El Pueblo' [18] de Sidonio Apollinaris, actualmente perdido.

     

6.   La Historia de los Francos

 

1. Intención y Forma

En su prefacio Gregorio se lamenta que en la Galia de su tiempo "... no se puede encontrar un hombre que escriba un libro sobre lo que pasa hoy ..." [19] En algún momento, después de su consagración en agosto del 573, habiendo sopesado cuidadosamente las demandas sobre su tiempo y su fuerza para sus nuevas responsabilidades; y teniendo una creciente necesidad de descanso, se propuso escribir un libro de historia contemporánea. Continuó trabajando en éste hasta el año de  su muerte (594), aunque su libro termina el 591. Naturalmente iba a pensar en términos de crónica, porque "... en el siglo sexto un historiador de eventos contemporáneos significaba un historiógrafo, y un historiógrafo significaba un cronista, un registrador que listaba los hechos forma cuasi diaria mientras ocurrían, escogiendo entresacando su material sin duda, pero escribiéndolos en orden cronológico." [20]

La Historia de los Francos de Gregorio es, por supuesto, mucho más que una crónica. Hay un fuerte sentido narrativo, los eventos más importantes están construidos en secuencias dramáticas, y Gregorio no es un mal cuentista; mientras que los incidentes pequeños son escritos a la manera de una crónica.  La alternativa de recolectar material durante un cierto número de años y entonces, en un momento propicio, sentarse a escribir una historia filosófica y razonada, vista en perspectiva, con causas y efectos, en su debida proporción y balanceada apropiadamente, no se le ocurrió a Gregorio. Desde su ventajoso punto en Tours, quería describir lo que pasaba en el momento. La vida era mucho más incierta entonces, y si hubiera adoptado un punto de vista moderno para escribir, habría muerto con todas sus notas alrededor y sin ningún libro.

Todavía tenemos el problema de decidir cuándo empezó, en la Historia que tenemos, la narrativa contemporánea. Podemos asumir, junto a Thorpe, que esto se sitúa al principio del libro V, con el asesinato del rey Sigiberto el 575. Pero al mismo tiempo Gregorio miraba hacia atrás, investigando. Se inspiró en las lecturas de las crónicas de Eusebio, Paulo Orosio y San Jerónimo, y su propio conocimiento de la Biblia. Así, se dio el trabajo de hilar la historia del mundo desde Adán y Eva hasta la muerte de San Martín de Tours el 397, es decir, resumir en un libro de 35 capítulos '5596 años de historia'. Thorpe asume que fue escrito antes que los libros V-X. El paso siguiente era rellenar el vacío entre el año 397 y el 575, es decir, escribir los libros II, III y IV, desde Trajano hasta su propio episcopado, sobrepasándose ligeramente en el tiempo con el libro V.

Un cuarto paso, probablemente después del año 584 cuando escribía el Liber in Gloria Martyrum Beatorum, el Liber Vitae Patruum y el Liber in gloria Confessorum, fue agregar 68 capítulos con información eclesial (vidas de santos, concilios, historias de obispos, asuntos de la Iglesia etc.)

 

2. Deudas Históricas y Literarias

La mayor parte del libro I es una reescritura del viejo y nuevo testamento. En éste y el siguiente,  Gregorio menciona constantemente los nombres de Eusebio, Jerónimo y Paulo Orosio. También se refiere a diversos textos como Sulpicio Severo (Gesta Pilati, Historiae Sacrae), Victorio de Aquitania (Cursus Paschalis), San Jerónimo (De Viris Illustribus), y a otros libros anónimos como el Sancti Saturnini, Passio Sancti Irenaei, Vita Sancti Hilarii Pictavensis Episcopi, Inventio Sanctae Crucis, y  Itinerarium Theodosii de Situ Terrae Sanctae.

En los capítulos 8 y 9 del segundo libro Gregorio se lanza a descubrir la primera mención de un rey franco, y se dirige a un material hoy  perdido, como la Historia de Renatus Profuturus Frigeridus, y la Historia de Sulpicio Alexander, de donde cita amplios pasajes. Toma más material de Paulo Orosio, la Eneida, luego se refiere a la Vita Sancti Aniani, dos cartas de Sidonio Apolinar, y a las Cartas y Homilías de San Avitus. Cita una carta de San Eugenio, y otros detalles son extraídos del Passiones martyrum in Africa, la Vita Sancyi Remigii episcopi Remensis y la Vita Sancti Maxentii.

En los 8 libros restantes se cita en menor cantidad a estos autores, más tres contemporáneos: Ferreolus, Sulpicio Severo y Venancio Fortunatus (próximo obispo de Tours). Pero a cambio, transcribió el texto original de siete documentos:

 

1.        La carta de fundación enviada a los obispos vecinos por Santa Radegunda cuando estaba estableciendo su convento en Poitiers. (HF, IX, 42)

2.      La respuesta enviada a Santa Radegunda por siete obispos: Eufronius de Tours, Praetextatus de Rouen, Germanus de París, Félix de Nantes, Domitianus de Angers, Victorio de Rennes y Domnolus de Le Mans. (HF, IX 39)

3.      El texto del tratado de Andelot firmado por el rey Guntram y el rey Childeberto II  el 587. (HF, IX, 20)

4.      El discurso que el  Papa Gregorio envió a los habitantes de Roma asolados por las plagas, justo antes de su consagración el 590. (HF, X, 1)

5.       La carta de simpatía y soporte enviada el 590 por diez de sus compañeros prelados a Gundegisil, obispo de Bordeaux y metropolitano, quien falló en controlar  la rebelión en el convento de Santa Radegunda en Poitiers. Los obispos que firmaron la carta son: Aetherius de Lyons, Syagrio de Autun, Aunacharius de Auxerre, Hesychius de Grenoble, Agrícola de Nevers, Urbicus de Riez, Félix de Belley, Veranus de Cavaillon, Bertram de Le Mans y Félix de Châlons-sur-Marne. (HF, IX, 41)

6.      El juicio, en el año 590,  dado a la abadesa Leubovera y las dos monjas rebeldes Clotilde y Basina. Éste fue hecho por Gregorio Metropolitano de Tours, Ebregesil obispo de Colonia, Maroveus obispo de Poitiers, Gundegisil Metropolitano de Bourdeaux, y otros obispos de dicha provincia. (HF, X, 15)

7.       La lista de ayunos, abstinencias y vigilias observadas en la Catedral y otras iglesias de Tours. (HF, X, 31)

Es una lista impresionante, según Thorpe. Recordemos que estos documentos se han conservado sólo porque Gregorio los transcribió en la Historia de los Francos. Con los números 3, 6 y 7 Gregorio tenía relaciones personales. El número 4 fue traído de Roma el 590 por el diácono Agiulfo, de memoria o en un escrito. Los numerales concernientes al convento de Santa Radegunda deben haber sido copiados de los archivos parroquiales de Tours.

La educación de Gregorio fue más eclesiástica que secular. Como hemos visto, desde los 12 años fue educado por el archidiácono Avitus en Clermont-Ferrand. Los textos latinos que estudió en su niñez, fueron los Salmos, los Evangelios y las Epístolas, más que trabajos de los escritores clásicos romanos que estaban a su disposición. No parece haber remediado este vacío, excepto por algunas lecturas de la Eneida, aunque esto puede ser un rastro de la enseñanza de Avitus.

 

3.      Conocimiento  Personal

Para obtener información sobre los eventos ocurridos antes del año 539, con la invasión de Theudebert a Italia, nuestro santo sólo podía apoyarse en libros y rumores. Su propia observación de los eventos nacionales no puede haber empezado antes del 563, cuando a la edad de 25 años fue ordenado diácono.

Por otra parte, como hemos visto, tenía muchos amigos y conexiones en altos puestos, por lo que no hay duda que tuvo serias conversaciones sobre los acontecimientos de su tiempo con san Avitus de Clermont-Ferrand, con su tío abuelo el obispo Nicetio, y su primo el obispo Eufronius. Para el período comprendido entre el año 538 y el 573, tenía medios para obtener información confiable, aunque él no formara parte de los eventos que describía. Esto nos lleva del libro III, 32 al libro IV, 57. Es claramente los libros V al X donde debemos buscar sus contribuciones personales.

 

4. Credibilidad

Con los límites impuestos por las circunstancias Gregorio de Tours era concienzudo y afinado escritor de eventos, y así ha sido reconocido a través de los siglos. Claude Fauchet lo llamó el "padre de la historia francesa", y J. J. Ampére lo describió como "el Heródoto de la Barbarie". Mucho de lo que describió lo vio con sus propios ojos. De tiempo en tiempo, copiaba documentos originales completos para sostener sus argumentos. La Historia  contiene referencias a un gran número de libros que el obispo consultó con cuidado.

Cuando había recogido información oral, añadió a las palabras fertur/ferunt, se dice, dicen; para dejar en claro que escribía las opiniones de otras personas. Cuando no estaba seguro de algo, lo admitía. Aunque sus descubrimientos son algo confusos, el intento de descubrir la primera ocasión en la cual un líder de los francos recibió el título de Rey, es una pieza de primera calidad de investigación histórica; sus 'autoridades' están expuestas de una manera ordenada, con los pasajes importantes copiados extensamente, autores que hoy en día no poseemos o de los cuales nunca oímos nada.

Pero comentarios adversos también se han hecho. Gregorio era un galo-romano escribiendo una historia de los francos: ha sido acusado por teutones patrióticos de ser injusto con los merovingios al exagerar su brutalidad [21] . Gregorio era un celoso hombre de iglesia, y naturalmente veía todas las situaciones desde el punto de vista de la iglesia; y un rey que asistiera regularmente a misa, o un conde que hiciera grandes esfuerzos para proteger a la iglesia y sus propiedades, puede esperar ver sus vicios reducidos o perdonados. Como ha sido explicado, nuestro obispo inventaba ágiles conversaciones acomodadas a las situaciones; un aparato dramático ocupado con gran efecto hasta por historiadores ingleses del siglo XIX.

La documentación ha sido puesta contra él, ha sido acusado de explayarse en eventos menores donde él jugaba un rol importante, en detrimento de procesos más importantes. Se ha dicho que miraba al mundo desde las ventanas de su iglesia en Tours y que se complacía en charlas locales intrascendentes. Esto no se puede negar, pero es impugnar su escogencia de material y su sentido de juicio; recordando que a la vez nos enseña mucho de lo que deseamos saber de la sociedad de su tiempo. Cometió algunos errores en fechas y nombres, siempre en tono menor: "Gregorio a veces afirma cosas que no son ciertas, pero esto pasa cuando no sabía la verdad, o era mal informado por sus fuentes. Nunca ha sido culpado de calumnia o falsedad." [22]

 

5. Lenguaje

Gregorio escribía como hablaba. Su lenguaje es el latín hablado cotidianamente en la Galia del siglo VI, usado por un hombre criado por una familia culta y distinguida, y muy consciente de su posición como obispo metropolitano. No hay evidencia de que haya dictado la Historia de los Francos. En cuanto a los primeros libros, consultó sus fuentes y preparó su propia versión de las circunstancias que deseaba describir. En el resto de los libros, las partes más interesantes de la historia, los eventos pasaban y Gregorio formaba parte de ellos o juntaba información. Después, en un momento adecuado, añadía algunas páginas a su creciente manuscrito. No hay duda que tenía amanuenses para hacer copias, pues era un hombre ocupado.

No es apropiado ni importante comparar su latín con el de los clásicos como César o Cicerón, y es injusto comparar su estilo con el latín de Eginardo u otros escritores del Renacimiento Carolingio. Su lengua es vernácula, moviéndose rápidamente del discurso de la era de Augusto hacia los primeros textos del Viejo Francés. Es rico en su vocabulario, sus sintaxis se libera gradualmente de las reglas, su morfología cambia de una estructura sintética a una analítica, donde las preposiciones y los artículos reemplazan a las declinaciones latinas.

Está consciente de las carencias de su lenguaje. "Mi latín puede ser provincial pero no puedo dejar pasar en silencio las cosas que he visto" [23] y otras frases por el estilo nos lo demuestra. Es provincial en tanto cuanto es de la Provincia de la Galia. En efecto, él es el primero de quejarse de lo mal que se habla en su tiempo.

Gregorio de Tours estaba rodeado de francos, y la mayor parte de ellos debe haber hablado su propia lengua antes que el latín, o solamente el franco. No hay evidencia que él hablara el dialecto, y ciertamente no conocía el griego.

Su estilo es plano y sin adornos. Las palabras tienen una simple función narrativa: cuentan una historia, dejan constancia de un juicio, en alguna ocasión expresan emociones, nada más. Su lenguaje es rico y variado pero no ornamentado. Está consciente de ello como escribe en el prefacio: "Mi estilo no es muy refinado" [24] , y en otras partes.

 

7. Los Roles Femeninos

 

El estado de guerra constante y de peligro permanente, ya  sea humano o divino, ayudó a perpetuar el elemento germánico de la flexibilidad de los roles [25] . Margaret Wade [26] explica que la naturaleza generalmente desordenada de la sociedad permitía un marco de acción más amplio para la influencia personal de las mujeres. Los recursos humanos, tan escasos, debían ser utilizados de acuerdo con el talento de cada uno, éstos debían fluir según las necesidades más urgentes de la sociedad en formación. A continuación analizaremos los datos de la Historia de los Francos, en relación a los tres roles.

 

1. Función Económica

Este rol se refiere, principalmente, a dos aspectos. El primero tiene que ver con la morgengabe, y el segundo con la administración del tesoro y las joyas.

En la mañana siguiente a la primera noche juntos, los reyes merovingios entregaban a sus reinas ciertas ciudades y los ingresos provenientes de éstas. A esta práctica Gregorio la denomina morgengabe, una de las pocas palabras del dialecto franco que se ven en sus páginas. En el tratado de Andelot [27] , firmado el 28 de noviembre del 588, se decidió lo siguiente:

"Respecto a las ciudades de Bordeaux, Limoges, Cahors, Lescar y Cieuntat, que, es incuestionable, Galswinth, hermana de la Dama Brunhild, recibió como dote, o morgengabe, es decir, un regalo de mañana [morning gift], cuando vino por primera vez a la tierra de los Francos, y se reconoce que la Dama Brunhild las heredó; por decreto del rey Guntram y el consentimiento de los Francos, durante la vida del rey Chilperico y el rey Sigiberto, se ha acordado que la Dama Brunhild reciba entre sus posesiones la ciudad de Cahors, con toda su tierra y sus habitantes ...." [28]

Estas ciudades eran administradas por estas damas nobles, junto a los obispos y/o duques y condes correspondientes. La influencia que otorgaba el poder del dinero y de las tierras era claramente ejercida por las reinas. San Gregorio nos cuenta que la reina Fredegunda, en un momento de profundo dolor por la muerte de su primer hijo Samson, "... ordenó que pusieran frente a ella los registros de impuestos, traídos por Mark, desde sus ciudades, y los echó al fuego." [29] De dicha administración estas damas sacaban el dinero que usaban para fundar iglesias y conventos, para dotar monasterios y construir ajuares para sus hijas.

La princesa Rigunth, la hija de Fredegunda y Chilperico, se iba a casar con Recaredo, hijo del rey visigodo Leovigildo. Cuando iba a partir, con un inmenso ajuar:

"Entonces él [Chilperico] la entregó a los enviados visigodos, proveyéndola con una tremenda dote. Su madre añadió una gran cantidad de oro y plata, y muchas ropas finas. Cuando él vio esto, el rey Chilperico pensó que no le quedaba nada. La reina Fredegunda advirtió que estaba enojado. Se volvió a los Francos y dijo: " No se imaginen, hombres, que algo de esto viene del tesoro amasado por los reyes anteriores. Todo lo que ven me pertenece. Su ilustre rey ha sido muy generoso conmigo, y yo he puesto mucho de mis propios recursos, de las haciendas regaladas, de ingresos e impuestos. Ustedes, también, me han hecho frecuentes regalos. De estas fuentes vienen los tesoros que ustedes ven ante sí. Ninguno ha sido sacado del tesoro público." El rey se calmó cuando oyó esto." [30]

Chilperico tenía todas las razones para sentirse nervioso, pues era la reina quien administraba el tesoro público de las casas reales: los salarios de los funcionarios y de los criados pasaban por sus manos. El papel central de una reina en lo tocante a dar y recibir regalos le ayudaba a ganarse amigos y crear lazos de obligación. Muchas damas nobles intervenían considerablemente en los asuntos eclesiásticos, porque la capacidad de convertir en obispo a un protegido manejable podía extender y consolidar su propia influencia.

Una de las funciones importantes de una reina en esta época era organizar los espectáculos de la corte y adornarlos ella misma. El poder y la riqueza del rey debían resultar impresionantes, a fin de intimidar a sus revoltosos nobles; la riqueza y la categoría que una reina podía aportar con sus propios bienes e importante linaje eran, por tanto, una parte lógica de la ostentación real. En el caso de Fredegunda es más impresionante aún, pues era una sirvienta, sin linaje noble, que ascendió al trono enamorando al rey.

La princesa visigótica Galswinth [31] , la segunda esposa del rey Chilperico, fue "amada tiernamente, porque había traído una gran dote" [32] , lo que no impidió que el matrimonio acabara mal, pues la poligamia del rey la molestaba. Ella "rogó que le permitieran volver a su hogar, aunque significara dejar atrás todos los tesoros que había traído con ella." [33] Al final, murió estrangulada en su cama por orden de su marido.

La libertad económica sobre sus bienes era una característica de las mujeres nobles francas. En el tratado de Andelot se escribió también el siguiente párrafo: "Es, también, específicamente acordado, y debe ser observado, que cualquier cosa que Rey Guntram haya donado a su hija  Clotilde, o vaya, por la gracia de Dios, en el futuro a donar, en propiedades de cualquier tipo, en hombres, ciudades, tierras o ingresos, permanezcan en su poder o bajo su control. Se ha acordado que si ella decide por su propia voluntad disponer de cualquier parte de las tierras, ingresos o dineros, o de donarlas a cualquier persona, que por la gracia de Dios sean poseídos por esa persona a perpetuidad, y que no le sean quitados en ningún momento por ninguna otra persona. Más aún, ella puede, bajo l