IGLESIA Y CULTURA EN LOS PRIMEROS SIGLOS DEL MEDIOEVO

INTRODUCCIÓN

        En un primer momento el Imperio se inhibe o tolera el cristianismo.  Pero a medida que éste extiende su abanico social, los emperadores advierten que la nueva religión no cuadra con el poder constituido.  Se inician las persecuciones, particularmente intensas durante los reinados de Diocleciano y Decio.

        En el año 313 Constantino promulga el Edicto de Milán, que, en los términos más amplios posibles, instaura la libertad religiosa y corrige la legislación que hiere al cristianismo.

        En 380, una nueva disposición imperial - el Edicto de Tesalónica -  impone el cristianismo como religión oficial del Imperio, imponiendo incluso penas temporales a quien lo incumpliese.  Es el momento de las persecuciones de gentiles y herejes.

        En definitiva, de la Iglesia como comunidad de fe de los primeros tiempos, se pasa a la Iglesia como institución de poder, iniciándose la colaboración entre poder temporal y poder espiritual.

ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA

         La organización administrativa de la Iglesia está íntimamente ligada a la jurisprudencia romana, cuya validez universal, aplicación casuística y gobierno provincial, basado en el predominio de las ciudades, influyeron en el organigrama de la nueva comunidad.  Tres aspectos:

a) La organización de la vida eclesial se basará en unas normas y en una disciplina legal: Formular sistemáticamente la doctrina de Cristo no era suficiente.  De ahí su fuerte matiz institucionalista, que hasta el siglo XI no fue posible del todo por dificultades técnicas -  de comunicación sobre todo, permitiendo hasta esa fecha una gran variedad de prácticas y creencias.

 

b) La organización de la Iglesia se basa en el esquema de la administración del Imperio: Los sucesores de los apóstoles - los obispos, a partir del siglo II- residen en cada ciudad, gobernando el territorio de una diócesis y agrupándose bajo la autoridad de un metropolitano, que vive en la capital de la provincia. La única novedad fue la institución de los patriarcas, como reconocimiento de la jefatura moral de los obispos de las mayores y más importantes ciudades: Alejandría, Antioquía, Constantinopla, Jerusalén y Roma.  Este policentrismo en la cúspide fue instituido en el Concilio de Nicea (325) y probablemente su institucionalización tuvo que ver con la lucha por el poder entre las grandes sedes, que en muchos casos tenía hondas raíces nacionalistas, en un momento en que las herejías amenazaban la unidad.  Roma se convierte en el centro de la Iglesia y en base de lo más tarde serán los estados pontificios, desde el momento en que suple el vacío dejado por el poder civil.

 

c) Libertad Patrimonial: Según dispone el Código Teodosiano, cualquier persona podía dejar libremente sus bienes a la Iglesia.  Esta libertad patrimonial será completada con una tupida red de privilegios, la mayoría de carácter económico: exención tributaria, de servicio militar, etc.  En base a ello, la Iglesia formará un gran patrimonio entre los siglos V al VIII.

RELACIONES IGLESIA ESTADO

     Al institucionalizarse la Iglesia y configurarse la jerarquía sobre la base de la organización administrativa imperial, se desarrolla la institución pública, quedando la comunidad de fieles en segundo plano. En consecuencia, se tiende a olvidar la teoría paulina de las dos sociedades: la comunidad cristiana - cuerpo místico - y la comunidad estatal - sociedad temporal -, que agrupaba a todos los ciudadanos del Imperio en tanto que sujetos de unos derechos y deberes comunes. Por tanto, los cristianos - miembros del cuerpo místico - debían someterse, en tanto que ciudadanos, a los poderes seculares, que también había establecido Dios, aunque no se responsabilizara del uso que cada gobernante hiciera de la autoridad delegada. La progresiva institucionalización de la Iglesia y el olvido de esta teoría facilitó la confusión entre los ámbitos político y religioso.  En un primer momento, el emperador se impone al pontífice: es el Cesaropapismo (p. e.: Constantino mantuvo el título de Pontifex maximus); luego, la supremacía la tendrán los papas, que lo intentan desde un primer momento: es la teocracia pontificia. En fin, la Iglesia encontró el apoyo de los poderes civiles, pero los privilegios obtenidos los pagó con la intromisión, casi siempre subordinadora, de las autoridades políticas.

LOS ORÍGENES DEL MONACATO

        Según Labriolle, el monacato, en su forma primitiva, refleja tendencias profundamente inscritas en la naturaleza humana, y Butler nos dice que tales tendencias son:      

a) Tendencia al ascetismo: Impele al hombre a purificarse más y más de sus faltas

 

b)   Tendencia al misticismo: Es el deseo que le es congénito de ver realizada de alguna manera en este mundo su unión con Dios.  El monacato es, por consiguiente, un sistema de vida que favorece y regula el ejercicio de estas tendencias, y la vida monástica sería una serie de reacciones normales y humanas ante las aspiraciones de tipo moral y espiritual de los hombres.  Sin embargo hay quien considera tal modo de vida como contrario al espíritu cristiano de hermandad y libertad.

   En cualquier caso este sistema de vida no fue privativo del cristianismo, que ni siquiera fue la primera religión en llevarlo a la práctica: le precedieron las sectas budistas en el lejano oriente y judías, como la de los esenios. Parece ser que el primitivo monacato cristiano se desarrolló en torno al Mediterráneo, concretamente en el Bajo Egipto, en una zona donde era frecuente la huida al campo y a los refugios naturales para eludir el control estatal y los impuestos.  Nos referimos a los anacoretas (que viven en lugar solitario, entregados a la contemplación y a la penitencia) y a los ascetas (se dedican a la práctica y ejercicio de la perfección espiritual). El monacato cristiano en su forma social, en que los monjes aparecen ya como clase, aparece a finales del siglo III (el eremita San Antonio es el modelo) y se desarrollará en la centuria siguiente, momento de las grandes discusiones teológicas y de las figuras cumbres del pensamiento cristiano. Grandes figuras del momento son:

        San Pacomio (1ª mitad siglo IV) que dio al monacato una primera estructuración en comunidades, con una regla fija que introducía el trabajo manual y el estudio de la Biblia.

        San Basilio (329-379), verdadero fundador y organizador del monacato oriental, mediante dos reglas escritas que resaltaban la vida en común y la obediencia a un superior.  Se le debe, además, la adaptación del monaquismo a la mentalidad helenística.

        A partir de los anacoretas se constituye toda una literatura que forma el fondo común de la espiritualidad del desierto. Son los escritos de los Padres del desierto, recogidos por la tradición bajo el título general de Apotegmas o Sentencias, las vidas de los solitarios como la Historia Lausiaca de Palavio y la Historia monachorum in Aegypto.  Toda la tradición posterior se nutrirá de estos textos que nos presentan la espiritualidad del desierto, a la cual recurrirán siempre los reformadores.

        En Occidente, el monacato se difunde más lentamente y sus iniciativas se multiplican hasta el siglo VI sin una dirección definida. Las experiencias orientales fueron conocidas aquí gracias a San Atanasio, patriarca de Alejandría, con ocasión de su destierro a occidente (340). Serán los titulares de las diócesis sus más fervientes defensores y fundadores de monasterios.

        Los primeros lugares de difusión están ubicados a orillas del Mediterráneo: España, con un florecimiento temprano y caracteres distintos a otros lugares. Es importante la obra de San Isidoro, San Fructuoso de Braga, Juan Biclaro, etc.  Francia, con fundadores y centros de la importancia San Martín de Tours (Marmouttier, centro de la espiritualidad merovingia), Juan Casiano (San Victor de Marsella) y San Cesario de Arles, que en el siglo VI escribe la primera regla para comunidades femeninas. A mediados del siglo V San Patricio evangeliza Irlanda, organizando la vida monástica. monjes irlandeses acometerán una importante labor de evangelización y organización eclesiástica en el continente: San Columbano, su principal representante, fundará en Italia el monasterio de Bobbio (Lombardía). Pero serán los benedictinos los que imprimirán su particular sello a la vida monástica occidental.  Según Berliere lo que hizo San Benito de Nursia (480-549) fue encauzar y comprobar con sus experiencias personales la doctrina y las tradiciones del monacato antiguo.  En realidad, su Regula monachorum más que un código disciplinario es una reglamentación espiritual, alejada de todo exceso rigorista. El monasterio está concebido a la medida de una gran familia en la que el abad está dotado de amplísimos poderes y en el que la vida diaria se reparte a partes iguales entre el oficio divino, la lectura, el trabajo manual y el descanso (ora et labora es el lema). Una forma de perfección al alcance de todos en la que la discreción acaba convirtiéndose en la norma principal.  Fundó varios monasterios entre los que destaca el de Monte Cassino en Italia.  Los reformadores posteriores tratarán siempre de imitar este modelo de vida monástico.

BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA

COLOMBAS (G.M.), El monacato primitivo, Madrid, B.A.C., 1974.

GIGON (O.), La cultura antigua y el cristianismo, Madrid, Gredos, 1970.

KNOWLES (David), El monacato cristiano, Madrid, Guadarrama, 1970.

MITRE (Emilio), Claves de la Iglesia en la Edad Media, nº 12 de "Las claves de la Historia", Barcelona, Planeta, 1991.

CRISTIANISMO Y CULTURA ANTIGUA

   Desde la época de la Ilustración existe un debate sobre si el Cristianismo fue el destructor, el complemento o la pieza de recambio de la cultura clásica pagana. Ciertamente, la cultura pagana constituyó para los cristianos el verdadero rival. Pero también es cierto que a lo largo de una serie de generaciones el pensamiento cristiano trató de llegar a un compromiso con la cultura antigua. Varias etapas:

1) De abierta hostilidad:

     El choque entre Cristianismo y cultura clásica es, en principio, irreconciliable. Las actitudes en contra de la debilidad argumental del Cristianismo se mantuvieron en los sectores más conservadores de la sociedad romana, incluso después de proclamarse la libertad religiosa. Ejemplos:

*     Celso con “la verdadera palabra” (176 d.C).

*     Porfirio, “15 libros contra los cristianos”.

*     Símaco : portavoz de los que vieron la causa de la decadencia del mundo antiguo en la alteración de las costumbres.

     Frente a estos autores se levantaron los apologetas. Es el caso de Tertuliano con su "Apologeticum" (197) en contra de judíos, paganos y gnósticos. Entre los apologetas se va perfilando al Cristianismo no sólo como la redención sobrenatural, sino como la religión moral, el conocimiento verdadero, la auténtica filosofía.

2) De compromiso:

     Desde el momento en que un sector de los cristianos consideró al Imperio válido para la difusión de su doctrina. Así, los autores cristianos inspirarán sus argumentos teológicos en los moldes de la filosofía pagana (componente de su acervo cultural). Incluso utilizarán, a la hora de interpretar los hechos, la alegoría. Así, Marciano Capella (S.V) en su obra «Nueve libros de las Nupcias de Mercurio y la Filología expuso la que iba a ser la estructura de los estudios en la Edad Media: Siete Artes Liberales, divididas en Trivium (Gramática, Retórica y Dialéctica) y Quadrivium (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música).

     Desde mediados del siglo IV las grandes figuras de las letras latino-cristianas se inspirarán en autores paganos.

*     S. Ambrosio de Milán (374) en Cicerón, Virgilio, Platón y neoplatónicos.

*     S. Jerónimo:(Dalmacia, 346) será un polemista en la línea de Tertuliano, historiador estudioso de la Biblia de la que fue su traductor (Vulgata).

*     S. Agustín: que es el verdadero ensamblaje cultural y social en el medievo. De su abundante producción literaria destacarse: “Confesiones”, estudio de su trayectoria espiritual; “De Civitate Dei” considerada como la primera historia filosófica del Cristianismo. En principio, escrita como réplica a las observaciones críticas de autores cristianos. Su argumento en síntesis: la humanidad tiene como telón de fondo la lucha entre dos ciudades, la terrestre que agrupa a todos aquellos que vivan de acuerdo con el hombre, y la divina que agrupa a todos aquellos que vivan según el espíritu. La venida de Cristo hará posible el triunfo de la divina al final de los tiempos.

         En los reinos germánicos surgirán una serie de figuras, vinculadas al medio eclesiástico, que mantendrán también la cultura clásica y harán posible el renacimiento cultural carolingio:

*     Bajo dominio ostrogodo: Boecio, con su filosofía de cuño platónico a platonizante. Escribirá "Consolación de  la Filosofía”. Casiodoro: Cartas diversas y sus Instituciones divinas y seculares (monasterio de Vivarium).

*     En la Galia Franca: Gregorio de Tours: que expresa la decadencia de la cultura clásica en su patria. “Historia eclesiástica de los francos".

*     Bajo dominio bizantino y lombardo: San Gregorio Magno.

*     En la España visigótica: San Isidoro -(570-636) con obras de todo tipo., ”Historia de los reyes godos, suevos, vándalos”, “crónica universal" y "Etimologías”, que demuestran su gran saber enciclopédico más que un conocimiento profundo. Juan de Bíclaro, autor de una Crónica”  que recoge los acontecimientos entre 567-590. Justo de Urgel con unas comentarios de "El Cantar de los Cantares".

*     Islas Británicas: Beda el Venerable (672-735) en el que se funden las tradiciones irlandesas y romanas. ”Historia eclesiástica del pueblo inglés".

TEXTOS

1. El Cristianismo, religión oficial del Estado romano (Edicto de Tesalónica del 380)

        "Deseamos que todas las gentes gobernadas por nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos y que es la que hoy en día profesan el pontífice Dámaso y el obispo de Alejandría Pedro, hombre de santidad apostólica.  Según la disciplina apostólica y la doctrina evangélica, dicha fe dice que hemos de creer en la divinidad única del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, iguales en majestad bajo la Santísima Trinidad.  Por esta ley disponemos que los que sigan esta norma sean llamados cristianos católicos.  Los demás, a quienes se puede juzgar como locos, sufrirán la infamia de la herejía.  Sus lugares de reunión no serán considerados como iglesias y serán destruidos tanto por la venganza divina como por nuestra iniciativa, que tomaremos de acuerdo con el arbitrio celeste.

        Ordenamos, igualmente, que todas las iglesias sean entregadas a los obispos que reconozcan que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son de una misma majestad y virtud de una misma gloria y de un mismo esplendor... Y los que disientan de la comunión de fe, tal y como antes lo hemos expresado, sean expulsados de sus iglesias como herejes manifiestos. En adelante no podrán adquirir iglesias para que el sacerdocio de la verdadera fe proclamada en Nicea permanezca puro.  Después de las disposiciones dadas en esta ley no habrá lugar para maliciosas astucias." (Codex Theodosianus, lib.  XVI, I, 2-3).

2.   Teoría de los dos poderes (carta del papa Gelasio I al emperador de Constantinopia Anastasio, año 494)

        “Hay dos poderes, augustísimo emperador, por los que está regido el mundo: la sagrada autoridad pontificia y el poder real.  De ellos, el primero es mucho más importante, ya que ha de rendir cuentas incluso de los reyes y de los hombres ante el tribunal divino.  Pues ya sabes, clemente hijo nuestro, que aunque ocupas el lugar de más alta dignidad sobre la raza humana, así y todo debes someterte fielmente a aquellos que tienen a su cargo las cosas divinas y defenderlos con objeto de lograr tu salvación.  Sabes que en lo que concierne a la recepción y reverente administración de los sacramentos debes obedecer a la autoridad eclesiástica, más que manejarla. Así pues, en tales materias has de someterte al juicio eclesiástico, en lugar de tratar de doblegarlo a tu propia voluntad...” ( Patrología Latina, t. LIX col. 42).