LA RESTAURACIÓN IMPERIAL EN ALEMANIA: LOS OTÓNIDAS
A la muerte de Luis el
Piadoso, el Imperio Carolingio se desintegra repartido entre sus hijos, dando
lugar a la creación de distintos reinos. En el tratado de Verdún aparecen tres
reinos que posteriormente subdivididos conformaran la geografía política de
Europa:
*
Parte occidental (Reino de Francia), para Carlos el Calvo.
*
Parte oriental (Alemania), para Luis el germánico.
*
Parte Central (Franja intermedia) para Lotario que dará nombre a
la zona, la Lotaringia. Es el núcleo del imperio que une las capitales
Aquisgrán y Roma. Estas tierras van a ser muy codiciadas.
La parte occidental del Imperio de Carlomagno quedó, pues, en
manos de Luis el Germánico, en ella se ha constituido un reino que, por
tradición germánica, es electivo según unas normas nada claras. Serán los
pontífices quienes elijan entre los herederos de Carlos el que les parece más
idóneo, y los pontífices van a elegir en función de la elección de los que
tienen el poder militar. Van a ser, en definitiva, los señores feudales con
poder militar quienes terminen por quedarse con el mecanismo de la elección.
En estas circunstancias comienza la historia de la llamada dinastía sajona cuyo primer miembro es
el duque Enrique de Sajonia que consigue hacerse proclamar rey de Alemania con
el nombre de Enrique I el Pajarero (919 -
936) llamado así por su afición a la cetrería.
Enrique I está emparentado con la familia de Widukind, el
jefe sajón que acaudilló la resistencia de su pueblo a Carlomagno, por lo
tanto, está emparentado con la nobleza tradicional sajona, su familia posee un
extenso patrimonio y él mismo es un brillante militar. Junto a estos valores
une algunas victorias sobre los eslavos del Elba, lo que le da el bagaje
suficiente para conseguir la corona e instaurar una nueva dinastía
Las bases de poder de Enrique I son lo suficientemente
sólidas como para que a su muerte en 936, pueda dejar su título real a su hijo Otón I (936 - 972) que será el fundador
del Sacro Imperio Romano Germánico.
Otón I es un sajón al que se le resiste el latín y la cultura
aunque es poseedor de brillantes capacidades militares que le llevan a ejercer
acciones encaminadas a:
*
Fortalecer la caballería alemana para hacer frente a la caballería
húngara que, convocada por Enrique I para boicotear a la Gran Moravia, se ha
instalado en la Panonia y fustiga a Alemania. Esta caballería alemana estará
integrada por elementos no nobles y estará totalmente vinculada a la monarquía.
*
Fortificar la frontera mediante la construcción de castillos
dotados con guarniciones de esa misma caballería.
Con ello consigue en 955 la victoria del río Lech (o victoria
de Lechfeld) que determina un cambio radical en la situación de Europa:
*
Las fronteras europeas se desplazan hacia el este tras la
sedentarización de los magiares.
*
El pontificado puede valorar la existencia de un poder político
fuerte que puede garantizar la estabilidad de la cristiandad.
En 962, el papa Juan XII, elige a Otón I emperador de
occidente, coronándole el 2-2-962, ha nacido el Sacro Imperio Romano Germánico. Nuevo imperio vinculado a Alemania
y enfrentado a Bizancio.
Otón I, a pesar de sus raíces germánicas intentará iniciar
una política de signo imperialista:
*
Contrae matrimonio con Adelaida, dama italiana de gran cultura y
religiosidad.
*
Interviene sistemáticamente en Italia.
*
Prosigue una política de intervención en cuestiones relacionadas
con la Iglesia, reclama el derecho a
presentarse e incluso a decidir en las elecciones episcopales y abadiales.
No se trata de una práctica nueva, es una antigua tradición muy implantada en
occidente que se conoce como “feudalización
de la Iglesia”. Iglesia, por lo demás, dotada espléndidamente con un
riquísimo patrimonio, especialmente territorial, y que disfruta e toda clase de
privilegios y exenciones. Obispos y Abades son además de mandatarios
eclesiásticos, grandes señores feudales. Los señoríos eclesiásticos, por
definición, no constituyen patrimonios en manos de linajes determinados, lo que
significa que pueden estar a disposición de las más altas jerarquías políticas.
La elección de obispos y abades de confianza se convierte, por tanto, en una
baza política de primer orden. Reyes y emperadores van a intentar que las
jerarquías eclesiásticas recaigan en hombres de confianza para intentar así
neutralizar el poder de los señores laicos y asegurarse así su propia elección.
A la muerte de Otón I, le sucede Otón II (973 - 983), hijo de Adelaida. Aunque ya habla latín,
carece de las cualidades militares de su padre, los diez años de su reinado son
una síntesis de todos los problemas por los que pasará el Imperio:
*
Resistencia interna en Alemania con levantamientos de signo
feudal.
*
Lucha en la frontera del este frente a los eslavos del río Elba.
*
Intervención en Italia. Es otra constante del imperio alemán. En
982 Otón II organiza una expedición a la Apulia con objeto de apoderarse de
unas tierras nominalmente bizantinas pero que están amenazadas por los
sarracenos. Otón II es derrotado por los musulmanes en cabo Colonna, muriendo poco después.
Le
sucede un niño de pocos años que será reconocido rey y nombrado emperador. Otón III (983 - 1002) nieto de Adelaida
e hijo de una princesa bizantina, Teófano, es por tanto nieto de sajones y de
bizantinos y se convertirá en una gran figura integradora.
A
la muerte de su padre queda en manos de dos mujeres (Adelaida y Teófano), que
le educan en latín y en griego, se le educa con los mejores preceptores de la
época, sobre todo, con Geberto de Aurillac que más tarde pasará a la historia
como el papa Silvestre II.
Geberto,
eclesiástico francés, ha dado muestras de una actitud científica que contrasta
con la propia de su época, resistiéndose a aceptar las “verdades
tradicionales”. Emprende un largo peregrinaje en busca de nuevas teorías y
doctrinas. Este peregrinaje le lleva a la Península Ibérica donde tiene
contactos con la ciencia Islámica. Después de su estancia en los monasterios
peninsulares, Geberto seguirá manteniendo relaciones intelectuales cuya
consecuencia es que verá crecer en él una afición por las técnicas de
experimentación. Geberto, finalmente, será consagrado pontífice con el nombre
de Silvestre II.
Otón
III y Silvestre II a través de la “Renovatio Imperii Romanorum” han
conseguido dictar los principios básicos de un nuevo Imperio Romano Germánico, un Imperio universal de paz y concordia
en el seno de la religión cristiana.
Un
Imperio piramidal en cuya cabeza están las dos espadas blandidas por el papa y
el emperador, en el segundo escalón, los restantes pueblos europeos dirigidos
por Otón quien concede títulos reales a los reyes de Hungría, Bohemia y
Polonia, las tres unidades del este recientemente cristianizadas.
Un
Imperio que hunde sus raíces en la tradición más antigua del Imperio romano
cristianizado, por eso muchos de los signos que adopta su iconografía oficial
son de tradición romana y por eso su cetro lleva una esfera. Posee además un
ceremonial palatino de tradición clásica y reclama, por último, la herencia de
Carlomagno, levantando la tapa de su sepulcro y cogiendo el anillo imperial.
Otón
III define un Imperio de signo supranacional con base espiritual cristiana. El
cristianismo será la base en que concluyan los pueblos europeos que se están
convirtiendo al mismo, base que se manifestará en la armonía de las relaciones
del emperador cristiano con los reyes de toda Europa constituidos en
representantes de Dios desde sus respectivas parcelas.
Frente
a la doctrina de Carlomagno cuyo poder fue total y alcanzó a todos aquellos que estaban convertidos al cristianismo, el nuevo
Imperio se define como un Imperio de
simbiosis y equiparaciones en donde los poderes espiritual y temporal deben
obedecer a un diálogo entre las jerarquías espiritual y política.
Desgraciadamente,
los dos arquitectos del nuevo sistema, mueren poco después de definirlo, en
1002 muere Otón III debilitándose la dinastía y sus propósitos. Otón III poseía
una vasta cultura relacionada con los círculos eclesiásticos de mayor categoría
moral de la época, actúo en la Iglesia de entonces con una línea de honestidad
y un comportamiento intachable.
Muerto Otón III, le sucede Enrique II, personaje secundario
con el que termina el sueño elaborado por Otón III y Silvestre II, de la
construcción de una comunidad supranacional alimentada por el espíritu de
concordia y cristianismo.
A partir de Enrique II,
se desatan los enfrentamientos de signo feudal en Alemania, lo que le obliga a
intervenir en estos asuntos y en los eclesiásticos, para evitar que los príncipes y señores temporales adquieran
mayor autoridad que la suya, buscándose aliados entre los señores eclesiásticos
interviniendo en las elecciones episcopales y abadiales.
En el sentido material, Enrique II continúa el programa de
avance hacia el este, acabando con el sueño de convivencia pacífica, como había
sido tradición de los siglos anteriores. Enrique II utilizará el argumento
religioso con fines puramente políticos e imperialistas contra las tribus
eslavas del este.
Al morir Enrique II, termina la dinastía sajona y con
Conrado, se va a iniciar la dinastía Salia, cuyas directrices van a ser
similares, la diferencia estriba en que los salios, van a tener mucho menos poder
patrimonial que los sajones, lo que permite a los poderes feudales mejorar su
posición relativa respecto a la monarquía.