RELIGIÓN Y CULTURA EN EL MUNDO CAROLINGIO

LA UNIDAD RELIGIOSA

 

        En toda Europa, a principios del siglo VIII, encontramos la misma necesidad de organización. Es en el 717 cuando comienza a hacerse patente el peligro árabe.

        Un factor importante de unificación es la fe cristiana, una fe más formal que real. Los cuadros de la Iglesia han subsistido y se han desarrollado. En el momento en que se acentúa la decadencia de las monarquías y en que aumenta el poder de los mayordomos de palacio, la Iglesia representa en los reinos un papel de primera importancia. El papel de los obispos se convierte en algo tan importante que, desde la época de Clodoveo, se ve que la monarquía franca adopta una aptitud a la que nunca se habían atrevido los emperadores romanos. La injerencia del poder civil en el nombramiento de los obispos es una innovación radical de los reyes bárbaros y es contraria a los usos romanos.

        Al mismo tiempo que se robustece la situación oficial de la Iglesia, se observa el desarrollo del monacato. Esta corriente existía desde tiempos más remotos y había revestido diversas formas: monacatos orientales, monacatos benedictinos y monacatos celtas; tres corrientes monásticas que se habían extendido por el mundo occidental. A principios del siglo VIII, el monacato es una auténtica institución, un elemento primordial en la organización espiritual y material de la vida rural.

        La Iglesia se ha convertido, además, en la única depositaria de la cultura intelectual. Ya no hay escuelas. Únicamente junto a los obispos y en los monasterios se elabora poco a poco una nueva cultura, que se alimenta, en vez de con los grandes autores de la antigüedad, con las obras de los padres de la Iglesia. En toda la sociedad, el latín, poco a poco deformado y simplificado, deja el sitio a una nueva lengua, sumamente tosca y bárbara, el latín popular.

        La economía es embrionaria. La única riqueza real es la posesión de la tierra, que está dividida en inmensos dominios explotados para beneficio de su propietario, sea este señor laico o comunidad religiosa, por un pueblo de campesinos incultos y todavía medio paganos. La agricultura es el fundamento e la economía. Existe cierto comercio, pero los medios de cambio son rudimentarios. En conjunto, una creciente anarquía se implanta en todo.

 

LA IGLESIA    

 

A) Los Obispos

 

     El papel de la Iglesia durante este período es esencial. Los clérigos son los únicos hombres que tienen instrucción. Es también entre ellos donde los reyes toman sus colaboradores más eficaces.

     Mientras que el emperador Carlomagno tuvo durante todo su reinado a la Iglesia bajo su tutela, con sus sucesores se observará que se realiza una evolución que llevará al episcopado a reivindicar un papel preponderante en el gobierno y a imponer finalmente a los reyes su supremacía y a constituirse en un cuerpo superior en derecho al mismo soberano.

     La Iglesia franca reconocía, a partir de Clodoveo, el régimen de la candidatura oficial, que más o menos equivalía a la elección de los obispos por el rey; cada obispo es señor de su diócesis; debe tomar decisiones de alcance general en asambleas llamadas sínodos o concilios; se habían fundado provincias eclesiásticas, adoptando las antiguas divisiones administrativas del Imperio Romano. A partir de mediados del siglo VII, estas reuniones y esta jerarquía habían desaparecido prácticamente. Los obispos eran frecuentemente creación del rey, que nombraba para las sedes a clérigos de su capilla.

     Una reforma se imponía. La preconizó San Bonifacio, y la realizaron Carlomán y su hermano Pipino el Breve, y después Carlomagno: lograron organizar esta Iglesia jerarquizada y fuerte que fue la del Imperio Carolingio. Sin embargo, el papel de los reyes siguió siendo preponderante en la elección de los obispos.

     El fin de Carlomagno consistió en hacer de la organización eclesiástica, no solo el marco de la vida religiosa del reino, y después del Imperio, sino también un órgano de gobierno. No distinguía entre poder civil y poder religioso; él era a la vez jefe político y jefe religioso y la Iglesia debía ser, normalmente, un agente del bien temporal y del bien espiritual, que se confundían.

     Al acabar el reinado, la organización se había realizado. Esta jerarquización ayuda al rey a controlar el episcopado. Es prácticamente Carlomagno quién nombra a los obispos, los clanes familiares de la aristocracia buscan para sus miembros estas dignidades y las riquezas que llevan aparejadas. Es bien patente que bajo Carlomagno buena parte de los obispos pertenecen a la alta aristocracia.

     El papel de oficiales, a la vez religiosos y civiles, asignado a los obispos por el rey, les deja poco tiempo para dedicarse a la evangelización de las poblaciones. Toda la acción espiritual de la Iglesia se confió entonces a los monjes.

 

B) El Monacato

 

     El monacato es un fenómeno social que tuvo a lo largo de toda la Edad Media una influencia y unas repercusiones profundas. Tomó con Carlomagno los rasgos definitivos que conservó durante varios siglos.

     Es en tiempos de Carlomagno cuando se produjo la expansión del monacato, que tuvo tantas consecuencias desde el punto de vista espiritual, social, económico, artístico y literario, y cuya importancia es capital desde todos los ángulos. Tras un éxito inicial, el monacato traído por San Colombano, está en decadencia. A finales del siglo VII, se vio como se extendía la regla de San Benito. La influencia de los monjes anglosajones que, con San Bonifacio, eran de espiritualidad benedictina, favoreció la creciente difusión de la regla de San Benito de Nursia, a fines del siglo VIII. Es entonces cuando se desarrollan las grandes abadías que van a convertirse en centros de cultura.

     Carlomagno, a pesar de su preocupación por hacer que penetrase en su Imperio esta reforma espiritual, era también tributario de las costumbres de su época y consideraba sobre todo a los monasterios como focos de cultura intelectual y centros de explotación rural.

     Arrastrado por las costumbres de una sociedad que estaba construida de forma que la Iglesia se encontraba asociada al gobierno, veremos que:

*     Exige de los abades la participación personal en el servicio de las armas.

*     Reúne varias abadías bajo el mando de un solo abad, que evidentemente no podía administrarlas él mismo.

*     Frecuentemente nombró abades laicos, empleó a los monjes como misioneros, lo que no era su vocación, etc.

     Gracias a la influencia de Carlomagno, e incluso después de su muerte, la Regla de San Benito conquistó el primer puesto y se instauró como la única regla monástica de Occidente. Carlomagno se nos muestra como un organizador y un precursor en una época de transición; será con Luis el Piadoso, y gracias a San Benito de Aniane, cuando se llevará a cabo la reforma monástica.

     Se emprendió la reforma a partir de 816 o 817, pero quedaba mucho por hacer cuando murió San Benito de Aniane en 821, sin embargo, se había tomado la orientación general; en adelante, los monjes se mostrarían más como hombres dedicados a la celebración de culto que como predicadores o misioneros. Al mismo tiempo, la reforma, lejos de limitarse a la vida monástica, se convertía en la de todo el clero. En conjunto, se preocuparon de exigir del clero una vida más regular: hubo menos sacerdotes viviendo en el mundo más o menos como laicos, incluso al episcopado le alcanzó esta corriente, y los obispos se consagraron con mayor empeño a su misión espiritual, mientras que se llevaba a cabo un esfuerzo para asegurar una mayor libertad en las elecciones episcopales.

 

C) El Episcopado, Potencia Política

 

     A consecuencia de estas reformas, el clero secular asumió nuevamente la dirección del movimiento de cristianización, que, desde hacía un siglo, había pasado a los monjes. En adelante, será el cuerpo episcopal el que tome conciencia de su misión de dirección de la Iglesia franca, lo que le llevará a reivindicar un puesto en el Estado. Así se elabora una auténtica teoría política con fundamentación teológica, que acabará por entrar en la práctica y por ser admitida por los mismos soberanos.

     El renacimiento carolíngio había formado una generación de clérigos instruidos. Clérigos y obispos construyen, a principios del siglo IX, una teoría del Estado cristiano fundadas en las ideas expresadas en el siglo IV por San Agustín, en su tratado de la Ciudad de Dios, empezándose a utilizar al comienzo del reinado de Luis el Piadoso. Es lo que conocemos como teoría del agustinismo político. Es un tratado que refleja el pensamiento de gran parte del episcopado hacia 830, y las teorías que, poco a poco, iban desarrollándose. Lo esencial de su doctrina es el carácter condicional que atribuye al poder real. El poder temporal es únicamente el brazo secular al servicio del poder espiritual. Este es ejercido por el episcopado, que tiene el poder de las llaves - las llaves del Reino - y debe indicar a los reyes cual es su deber. Plantea por primera vez en el reino franco la afirmación de la superioridad del poder espiritual.

     Ya en 822, influido por estas doctrinas, el emperador tomó la decisión de preconizar una reforma general del Estado. Se trata de reformar a la vez la los individuos y a las instituciones. Las consecuencias fueron las luchas y revueltas que jalonaron el reinado de Luis el Piadoso, que son buena prueba de la derrota sufrida por todo tipo de autoridad que intenta instaurarse: el poder del emperador, el de los obispos y el del Papa. Se llegará, después de 850, a una forma de Estado en la cual el poder auténtico pertenecerá a las facciones de los grandes, eclesiásticos e incluso laicos, tomando cada vez más relieve el papel de estos últimos.

     A partir de 816, las relaciones entre los dos poderes se modifican. Luis el Piadoso renuncia a intervenir constantemente, como lo había hecho su padre, en el gobierno interno de la Iglesia. Tras la restauración de Luis el Piadoso en 834, la evolución se detiene aparentemente y no se vuelve a observar, hasta el final de su reinado, que los obispos se inmiscuyan abiertamente en las disputas políticas. Sin embargo, a partir de 840, la evolución se vuelve a poner en marcha con ocasión de las luchas entre los hijos de Luis el Piadoso y de la disolución del Imperio.

     Carlos el Calvo, rey de Francia Occidental, dio un nuevo paso adelante en la asamblea de Coulaines, reconociendo límites a su soberanía y a ser amonestado por sus súbditos si viola sus compromisos o comete injusticias. El episcopado representa ahora la principal fuerza moral. Sin embargo, su poder decrece, los nobles empiezan a entrar en escena y van a compartir enseguida el control del poder que los obispos acaban de lograr.

     Cuando Hincman consagró en 869 a Carlos el Calvo como rey de Lorena, la Iglesia, convertida en potencia secular, reformada por los emperadores para cumplir su doble función espiritual y auxiliadora del orden establecido, ve sus instituciones y su clero depurados y organizados. De esta evolución, la monarquía sale rebajada, debilitada y arruinada en breve. En el siglo X será el recuerdo de un gran sueño y la ficción necesaria para conservar la unidad del reino. La Iglesia, para conservar los valores a los que se encuentra unida, contribuirá entonces a devolverle su esplendor. Este papel de la Iglesia, la teoría agustiniana elaborada por sus clérigos y su lugar en el Imperio, caracterizan un aspecto - y no el menos importante - de la civilización carolingia. Es el apoyo natural que se prestan la Iglesia y el emperador lo que permite la admirable aparición del renacimiento carolingio.         

 

EL RENACIMIENTO DE LAS LETRAS

 

A) UN MOVIMIENTO DIRIGIDO  

A fines del siglo VIII y principios del siglo IX, tiene lugar el florecimiento de la cultura en todos sus aspectos, al cual, se ha llamado con toda justicia Renacimiento Carolingio. Los soberanos jugaron un papel activo en este movimiento que fue empezado y dirigido por la Iglesia. Fue en unos pocos monasterios donde se realizaría la lenta preparación que condujo al magnífico despertar que tuvo lugar durante los reinados de Carlomagno y de Luis el Piadoso.

     Cuando los bárbaros conquistaron Occidente, la cultura estaba ya en profunda decadencia, sobre todo en las provincias septentrionales. En las regiones mediterráneas, la cultura y el pensamiento romanos sobrevivieron parcialmente. Los visigodos, maravillados ante ella, la conservaron.

     Aunque aparentemente se conservaba la cultura, en realidad, la ignorancia del griego y, por ende, la imposibilidad de nutrirse de las fuentes griegas y de su filosofía, se tradujo en un empobrecimiento de los conocimientos y del pensamiento, a pesar de los esfuerzos de algunos espíritus selectos como Beocio y Casiodoro. La cultura encontrada por los bárbaros en Occidente, y con la cual pudieron codearse, no era sino un vestigio de la auténtica cultura de la época clásica.

     Hecho importante fue la adopción del latín como lengua culta, y se puede comprobar como algunas costumbres jurídicas romanas, como por ejemplo, la redacción de actas, comienzan a introducirse en el derecho bárbaro.. Sin embargo, se abandonan los métodos romanos de educación, inservibles para un pueblo de guerreros y conquistadores. Solo la Iglesia conserva la herencia de la antigüedad, y la cultura eclesiástica, religiosa y clásica a un tiempo, comienza a formarse aliando los temas cristianos con una forma heredada de la latinidad clásica. El monaquismo, con su lectura asidua de libros sacros y profanos, salvó la latinidad pero no la difundió, imprimiéndole al mismo tiempo, un carácter de alianza entre clasicismo y cristianismo que es el de las obras de los Padres de la Iglesia., cuyos trabajos figuraban entre los más difundidos y leídos. Un hecho es en extremo importante: el del desarrollo del latín popular, que es una simplificación y  deformación del latín clásico.

     En la segunda mitad del siglo VII, la cultura se degrada aún más. Ya no se encuentran hombres cultos a la antigua usanza. Las familias senatoriales se fusionan cada vez más con las francas y adoptan su genero de vida. Los únicos centros de cultura se refugian en las escuelas episcopales y monásticas. Las guerras emprendidas por Carlos Martel en la primera mitad del siglo VIII, acabaron por arruinar aquellos núcleos de instrucción y de cultura. La ignorancia se generalizó. Solo algunos clérigos conocían la escritura, hecho importante, porque iban a ser ellos los que realizarían las tareas hasta entonces reservadas a seglares cultos, y solo ellos serían los que detentarían la cultura desde ese momento. Los monasterios se convirtieron en refugio de todo el que quería dedicarse al estudio, lugares donde se interesaban aún por los libros. La decadencia cultural significó también la del pensamiento.

     Este era el estado de cosas al comienzo del reinado de Carlomagno. Se hacía necesaria una renovación en los estudios. Correspondió a Carlomagno comenzar esta obra cuyo apogeo tuvo lugar durante el reinado de Luis el Piadoso.

     Este Renacimiento se presenta como un movimiento bastante general con caracteres bien definidos:

*     Inspiración cristiana.

*     Tiene como objetivo extender la Iglesia, pues aunque se dirige fundamentalmente a los clérigos, tiene un carácter universal al concebir escuelas para todos, laicos e incluso mujeres.

*     Es de raíz exclusivamente latina: ya que el mundo griego estaba en esta época aislado de Occidente.

*     Se extendió a todas las formas del saber humano (no solo a la Literatura).

     Este movimiento no fue espontáneo, sino dirigido, y la voluntad de Carlomagno desempeñó un papel esencial. Al comenzar su reinado, la cultura era casi exclusivamente monástica, más tarde, como consecuencia de la legislación, se abrieron otros centros de estudio, surgiendo escuelas cerca del palacio real, de las catedrales e incluso en las parroquias.

     El primer esfuerzo se dirigió a la producción y la multiplicación de los libros. Es el momento en que tiene lugar una verdadera revolución en el arte de escribir: la escritura merovingia se vio desplazada por una caligrafía de pequeño módulo, la letra carolina.

     Las bibliotecas se enriquecieron. En realidad, se buscaban los ejemplares para copiarlos, haciéndolos venir de España, Irlanda, etc.. Esta práctica se perpetuó durante largo tiempo. En los centros donde estas bibliotecas existían, ya fueran abadías u obispados, había siempre escuelas que tenían por objeto formar clérigos.

     La organización de las escuelas en el Regnum francorum, fue elemental y de tipo privado, exclusivamente clerical y , sobre todo, monástica; su objetivo principal fue formar clérigos y, sobre todo, monjes. La obra de Carlomagno, iniciada en 780, consistió fundamentalmente en:

*     Buscar y traer sabios extranjeros, sobre todo de países como Italia e Inglaterra, en donde las escuelas eran aún florecientes.

*     Sentar, por medio de la legislación, las bases de una enseñanza, todavía modesta, pero destinada a ser el primer jalón de la cultura.

*     Fundar, al lado de su corte, un verdadero centro científico, artístico y literario.

     Su objetivo principal era el de perfeccionar a los clérigos, pero las medidas adoptadas por Carlomagno, abrieron horizontes más amplios y sus resultados sobrepasaron el ámbito puramente escolar. Las escuelas tenían la obligación de estar abiertas a todos y de inculcar la vida y conciencia cristianas.

     Este esfuerzo organizador hizo posible que el plan de enseñanza instaurado, durase varios siglos, distinguía entre la enseñanza elemental y la de las artes liberales. El programa fijado desde el siglo VIII, duraría hasta el siglo XII.

 

B)  EL AMBIENTE INTELECTUAL

     Los hombres de estudio formados durante el reinado de Carlomagno, llegaron a la madurez en el momento de su muerte. Como ocurre siempre con una sociedad inculta, en conjunto, está dominada por espíritus selectos, las relaciones mantenidas por estos, generalmente de forma epistolar, desarrollaron una especie de sociedad moral. Se creó un modo de pensar, una comunidad de preocupaciones, de costumbres intelectuales, un estilo de producción literaria y científica, que influyó no solo en los contemporáneos, sino también en sus sucesores. Es lo que se ha llamado el movimiento literario carolingio. Las influencias que se encuentran en las obras son: en primer lugar, el viejo sustrato germánico, después, y sobre todo, la aportación bíblica y cristiana que viene del estudio profundo de las Sagradas Escrituras y de los Padres de la Iglesia, y, finalmente, los valores heredados de la tradición romana redescubierta tras siglos de olvido.

     La influencia de la Antigüedad, no conocida directamente, sino a través de ciertos autores tardíos, como Isidoro de Sevilla, obispo español del siglo VII, teorizador de las artes y de la literatura, matizó el período carolingio, ya que los escritores del siglo VIII conocieron a los clásicos a través de sus obras. San Isidoro representó en el siglo VIII lo que quedaba de la cultura clásica y fue, al mismo tiempo, el modelo de muchos escritores. La influencia oriental que se desarrolló al contacto con la Biblia, fue introducida por las obras de un anglosajón, Beda el Venerable. Tanto Isidoro de Sevilla como Beda, fueron los maestros del pensamiento de los escritores de la época carolingia.

     Todos los escritores que no solo estuvieron en contacto con Carlomagno, sino a menudo llamados para secundar su obra renovadora, se caracterizaron por la misma preocupación: restaurar la lengua latina y nutrirse de las fuentes clásicas. En el caso de la creación literaria se limitaron a la imitación de los clásicos y de la Biblia. No obstante, sus obras forman un conjunto original; nunca se habrán visto tan íntimamente mezcladas las reminiscencias del clasicismo pagano y del cristianismo. Con Carlomagno tuvo lugar el florecimiento de géneros literarios nuevos, que nacieron al contacto de civilizaciones distintas. Esta original fusión fue aún más perceptible en los campos de la filosofía, de la teología y del derecho.

     Carlomagno llevó a cabo una reforma que versó sobre la revisión de los libros, la introducción de usos romanos y el retorno al canto romano. Metz se convirtió en un centro de música sacra romana y por las órdenes reales de 789, 802 y 805 se obligaba a todos los sacerdotes a estudiar el cántico gregoriano.. De esta manera, Carlomagno  colaboró personalmente en la unificación y romanización de la liturgia