Introducción a la Historia Medieval Universal

I

Presentación

Definición por extensión

Se llama Edad Media o Medioevo al espacio de tiempo que se abre entre el fin del Mundo Antiguo - tomando por este fin la Caída del Imperio Romano de Occidente - y lo que a partir del Renacimiento vino a llamarse, a título global: la Edad Moderna. Existe por tanto la Edad Media en cuando periodo de asimilación, adaptación y reconstrucción de la Civilización del Occidente Europeo, cuyo cuerpo sufrió la Caída del Mundo Antiguo y bailó en el precipicio de su destrucción y aniquilamiento total, por un momento suspendido su futuro al filo del abismo en cuyo fondo perecieron las civilizaciones del Antiguo Próximo Oriente.

Me parece un ejercicio simplista reducir la Resurrección de una Civilización, contra cuyo edificio se estrellaron fuerzas nacidas para asolar, masacrar y pulverizar, a una casualidad, cosa de magia, cuando la superficie de la Historia se mueve sobre estratos de civilizaciones de cuyo nombre hasta hace muy poco nadie, absolutamente nadie, tenía la menor idea de su existencia.

La Edad Media, en cuanto objeto de estudio de la ciencia histórica, por tanto, no entra, ni tiene por qué entrar en aquélla tragedia de enormidad humana sin precedentes que fuera la Caída del Occidente Romano. Aquélla fue una tragedia que atrapó entre sus redes a una multitud de pueblos, acontecimiento hasta entonces sin igual por en cuanto supuso la Caída de una Civilización cuyo árbol hundía sus raíces en el tiempo y cuyas ramas comprendía bajo sus brazos más naciones juntas que la suma de las naciones hasta entonces existentes. La Edad Media comprende el fenómeno sin precedentes de la Muerte de aquél Occidente hundido por las Invasiones de los Bárbaros y su Resurrección como Occidente Cristiano.

Nada, ningún precedente ponía sobre la mesa la posibilidad de la Resurrección del espíritu de Occidente una vez concluída la demolición de Atila y sus Hunos. Nada, excepto...el Cristianismo.

El estudio, pues, de la Edad Media, sin este factor vital, que moldea la mente de quienes vivieron aquélla resurrección, y no sólo la vivieron sino que siguiendo la ley "lo que no mata hace más fuerte" se alzaron sobre el fuego de su inmolación con la fuerza de quien se sabe, recordando la Palabra del Fundador del Cristianismo: Nacido para ser Invencible; esta mentalidad es una dimensión que, de ser relegada al olvido, hace imposible la recreación perfecta de los siglos medievales.

Una investigación de la Historia que ajuste su método al estilo informativo de un periódico, espejo de los tiempos, pero no de los pensamientos de los actores de los acontecimientos, acaba componiendo una Historia vacía de contenido. De aquí, que, al ser aplicado dicho método a la Edad media, se haya llegado a las "Edades Oscuras" de una civilización como perdida en el espacio, constantemente redifiniendo su futuro en lucha contra las tinieblas de su ignorancia.

El hecho real es que el mundo europeo medieval vivió bajo la Luz intensa y revivificante de la resurrección de "la Civilización". De acuerdo a las leyes naturales: el imperio de la Europa Antigua hubiera debido seguir el camino de Babilonia, Nínive, Akkad y otros tantos imperios hundidos en la fosa de los milenios. No sólo Europa no siguió ese camino sino que se levantó de en medio del fuego y miró el futuro con los ojos de quien ahora se sabía Fénix invencible.

La Edad Media fue un Fenómeno Europeo, y sólo y exclusivamente puede aplicarse a Europa. Hablar de una Edad Medieval Universal es una entelequia, un "sofisma" sin valor histórico-científico, una estratagema peyorativa sin fundamentos reales elaborado con el único fin de arrancarle a la Fuerza que produjo el Milagro de la Resurección de Europa y su Civilización, a las alturas del Fin del Mundo Antiguo Romano perfectamente cristiana, su Gloria.

Decir que el Mundo en su totalidad vivió esa misma experiencia "Medieval" al mismo tiempo y partiendo del mismo Origen es provocar una perturbación patológica en el pensamiento de los siglos. En ninguna otra parte de la Tierra durante ese mismo periodo de tiempo, que abarcó un Milenio, tuvo lugar un movimiento paralelo o siquiera parecido. Ningún otro continente ha pasado por las etapas de crecimiento y desarrolllo similares o parecidas a las etapas por las que Europa Cristiana pasó desde el Fin del Imperio Romano a la Edad Moderna.

La Edad Media, con sus etapas, es Era Medieval del Cristianismo, con sus Edades, peyorativamente llamadas Oscuras por los detractores de la Iglesia Católica, verdadera autora del milagro de la Resurrección de la Ley, la Ciencia y el Derecho en Europa.

La Edad Media fue un Fenómeno Histórico exclusivamente Europeo. Ni en el Asia Lejana o Próxima, ni en el Africa profunda o vecina, ni en las Américas, australes o boreales, ni en las Australias remotas, durante ese Milenio tuvo lugar un movimiento paralelo, o sólo parecido. La Era Medieval Cristiana es exclusivamente Europea y llamarla Universal es llevar a su extremo el elemento perturbador que el Ateísmo científico introdujo en la inteligencia de la Edad Moderna.

Ahora bien, si en la superficie del Siglo XXI hay alguna escuela capaz de probar que la fenomenología europeo-cristiana tuvo su correspondencia gemela, o siquiera melliza, y concediendo aún más, tan sólo colateral, frente al resto del mundo, ante la evidencia tendremos que admitir que estando Japón a dos pasos de Alaska, y China a dos de Canadá, esas grandes civilizaciones medievales esperaron al Europeo para descubrir el Nuevo Mundo y el resto del planeta...por un deseo todopoderoso de honrar a los Europeos con los laureles de la Victoria del Descubrimiento.... Estando Japón y China a dos pasos de las Américas, y en invierno a una caminata por las islas del Norte, que la considerada por los orientalistas la civilización más antigua y desarrollada del mundo, la China, que en la vida los chinos pusieran los pies de su civilización en las costas americanas, a mí personalmente, se me antoja la prueba contundente que marca una distancia insalvable entre la Era Medieval como fenómeno exclusivo europeo, imposible de extrapolar a ninguna cultura existente entonces en la Tierra.

La Edad Media fue un fenómeno Europeo. No existe Historia Universal Medieval. Historia Medieval Universal es una entelequia de una Edad Moderna que buscó la alienación del Europa de su Origen cristiano.

Ciertamente durante el Milenio que duró la Era Medieval Cristiana existía un Mundo y por inercia se le comprende a ese Mundo dentro de la órbita de las naciones europeas en función de la existencia paralela en el tiempo. De donde vino a crearse esa cosa que se dio por llamar Historia Universal Medieval, que satisfacía el complejo de omnipotencia de la Razón Moderna, y de camino le servía al Ateísmo científico para excluir a la Iglesia Católica del Proceso Histórico que condujo a la Resurrección de Europa. Con todo, y a pesar de todo, la Era Medieval es un fenómeno exclusivo europeo en función del factor original: el Cristianismo.

Era lógico que dada la dimensión de invencibilidad connatural a la vocación universal del Cristianismo, Europa tenía que extender sus ramas y tocar con sus dedos los confines de la Tierra. Meta que alcanzaría su cumbre en la Edad Moderna. Y porque su vocación se realizó, deviniendo la Señora del Mundo la que en su día fuera arrojada a la tumba, la Edad Media define la Adolescencia de la Civilización Cristiana. Ya veremos cómo esta definición encuentra su camino a lo largo de las próximas secciones.

Ahora, siguiendo la estructura, nos detendremos en cómo se produjo la perturbación por la que siendo la Zona de tiempo que llamamos Edad Media el sustrato más externo de la Memoria de la Europa Moderna, la misma Europa comenzó a mirar su Pasado como si estuviese contemplando una película que no era la suya. El Renacimiento, en este contexto, sin dejar de aplaudir su genialidad, tuvo su debilidad quijotesca, a flor de locura en el voraz momento en que el Cristianismo se ponía a tiro del Paganismo Clásico, y haciendo acopio de su sabiduría dantesca estimaba el Renacentista que el Cristianismo fue un error y el Paganismo Clásico el paraíso perdido.

Mas antes de entrar en materia tengamos en cuenta que los procesos históricos, y especialmente los europeos, no son de generación espontánea. El Imperio Romano ni se fundó en un día ni cayó en una noche. Ni de golpe y porrazo la Era Medieval pasó a la Edad Moderna. El Renacimiento sería la visagra sin la que comprender el salto de una Edad a otra no parece que sea cosa de sentido común. Y de la misma manera el Fin del Mundo Antiguo y el Principio de la Primera de las Edades de la Era Medieval no vino a cuento de un estornudo. Un largo proceso de derrumbe convivió junto a un profundo proceso de reforzamiento de los pilares y fundamentos del edificio inevitablemente llamado a caer.

El Principio de la Era Medieval no surge de la Nada, ni el Fin del Mundo Antiguo, representado en Occidente por el Imperio Romano, de la chistera de un mago. Un estudio que pretenda ser algo más que una masa de datos tiene que enfrentarse al hecho de la continuidad en el caos y la Fe en el éxito contra la adversidad más terrible que supo mantener firme la Iglesia Católica desde la punta del pie de Italia hasta la nuez del sur hispano, y desde las columnas de Hércules hasta las islas del hielo escocés en cuyo iceberg se criara aquel fuego que llamaron en su día "Braveheart Wallace".

Abrir el estudio de la "Historial Medieval Universal" anulando el poder de la Fe de aquella Iglesia que hizo con su Esperanza renacer del fuego la Ley y la Ciencia del fuego en que sus alas fueron reducidas a polvo, para extenderlas hasta los confines del mundo, y legarle su vocación de Poder determinante de Futuro, y por contra reducir la Influencia de aquella Iglesia al de un elemento anticivilizador, es, desde cualquier opción intelectual que se examine, un ejercicio destructor de la Memoria de Europa. La elevación de dicho método a categoría de ciencia fue una de las causas remotas que condujeron a la Edad Moderna tardía a las guerras europeas, éstas sí, en verdad, mundiales.

Los Prolegómenos

La Edad Media - a título de partida de nacimiento - comienza en el año 476, tras ser destronado Rómulo Augústulo por el jefe de los bárbaros, Odoacro, y finaliza en el 1492 con el Descubrimiento. Algunos historiadores firman la defunción de la Era Medieval en el 1453, cuando cae el Imperio Bizantino, pero éstos dan de lado que la evolución de ambos edificios sociales no tuvieron en común absolutamente nada más allá de compartir fronteras en el espacio. La historia del cuerpo europeo occidental y del imperio bizantino son dos mundos aparte; aplicarle las leyes propias del Medioevo Occidental a un imperio que no murió sino que envejeció, y murió de viejo, es traspasar las leyes de la Historia como ciencia e introducir en la investigación factores subjetivos basados en la autoritad académica. Lo que le fue natural al Cuerpo Medieval es su principio desde las cenizas del Imperio Romano de Occidente. Bizancio no conoció esta muerte, y, en consecuencia, no participó de la experiencia vital de la resurrección occidental. Esta experiencia vital determinó la personalidad y carácter de los pueblos europeos medievales, y le abrió a su civilización, cristiana, un futuro nuevo, en el que entró la Nueva Europa con la fuerza de la criatura que se quiere comer el mundo.

De la misma manera que cubicamos en periodos de crecimiento los tiempos de todas las cosas vivas, la Era Medieval tuvo sus fases de desarrollo. Que se suelen llamar: Edad Media Temprana (siglo V a siglo IX), Alta Edad Media (siglo IX a siglo XI) y Baja Edad Media (siglo XI a siglo XV). A partir de aquí el Renacimiento, que hará de puente entre la Edad Medieval y la Edad Moderna.

Por regla general los estudiosos y herederos de aquellas edades de cultivo y desbrozo, de poda y de crecimiento, una vez hartos de aquel fruto tan trabajosamente cosechado, comenzaron a contemplar la Edad Medieval con malos ojos, acusando a la Europa en su Infancia de ser ignorante, atrasada, inculta, analfabeta y terriblemente sujeta a las pasiones de sus instintos más salvajes. Crítica que, se supone, firmaron mientras educadamente daban por sentado que, de haber dirigido ellos el destino de la Historia, otro gallo hubiera cantado en el corral europeo, y no precisamente el que se buscó la Iglesia Católica, el famoso Carlo Magno sobre el que ya se tendrá tiempo de hablar.

Otros críticos, sin embargo, considerando que no hay criatura que venga a luz sin sangre, ni genio sin pasar por la fase del mamón, ni atleta por la del chiquillo arrastrándose a cuatro patas, superando estas obviedades vieron "en aquéllas edades oscuras" brillar la luz bajo cuyos resplandores Europa marchó, contra corriente pero invencible, hacia la Edad Moderna. Pues a la criatura no se la debe juzgar por sus circunstancias sino por su progreso, y confundir Feudalismo con Medievalismo es una incoherencia.

La Edad Media es el período histórico que va del siglo V al XV. Feudalismo es un sistema político, económico y social que rigió en Europa en ese periodo, pero que, con sus variantes locales, estuvo vigente antes del nacimiento de la Era Mediavel, y permaneció vigente en otras partes del mundo tras el fin de las Edades Medias Europeas. ¡Cómo llegó la Civilización Occidental a un sistema social tan básico después de haberse gobernado por el Derecho Romano!, esta es la gran cuestión, pero si no olvidamos que la carne y la sangre sobre la que crecieron los huesos y los nervios de la Nueva Europa era carne Bárbara, la respuesta nos viene con la cuestión.

El Feudalismo no nació, "se hizo". Y sería la consecuencia final de un largo y lento proceso de siglos, provocando cambios enormes a todos los niveles. Quienes, por contra, creen que la Edad Medieval surgió de la Nada olvidan que el Hombre y la Civilización son un ente en edificación sobre bases existentes, y nadie pare un adulto ni nación alguna salta de la nada al vacío sin mediar un puente. Antes de saltar el Imperio por los aires el proceso de feudalización había comenzado ya con Constantino el Grande. Cuando Diocleciano les prohibe a los campesinos cambiar de domicilio, el proceso de feudalización como sistema de sustitución del sistema imperial esclavista al del trabajador nacido libre, pero sujeto a servidumbre, ya estaba vivo.

La Era Medieval - para ir entrando ya en materia - marcó el Principio de un Mundo Nuevo que, por razón de quienes forjaron la posibilidad de su nacimiento, se llamó Cristiano. Y este proceso Cristiano por el que la Edad Medieval es inextrapolable a ninguna otra parte del planeta es el elemento que la Edad Moderna, laica y atea, quiso borrar de la Historia mediante la entelequia de la creación de una Edad Medieval Universal.

El curso de Historia Medieval que las universidades oficiales imponen a los pueblos europeos tiene en esta perturbación de la Verdad Histórica su método. El cristianismo no es definido como la fuerza determinante y básica sino como un elemento cuya influencia es, cuando no mala sí nefasta, a lo largo de las edades medievales.

La Edad Moderna está llena de ejemplares dantescos campeando grandilocuentes su espada anticristiana en defensa del imperialismo republicano como ley sublime desde el que edificar el derecho civilizador. Gibbon y otros tantos genios, románticos del imperialismo salvaje, estatuas de sal llorando los viejos tiempos de esclavitud y de circo de gladiadores, avanzaron en las universidades la naturaleza del cristianismo como elemento negativo en el conjunto de la historia europea. Hay que lamentar que las generaciones del XX no sólo no corrigieran el peso de semejante corriente antihistórica con pretensiones de reescribir la Historia a su gusto, para acabar imponiendo la naturaleza del cristianismo como elemento perturbador en los manuales de Historia Medieval Universal. Y cuando alguno se mantuvo neutral tampoco se atrevió, para no caer bajo la ira de la Academia, a defender el Cristianismo como núcleo sin cuya existencia Europa jamás habría levantado cabeza.

Quieran o no lo quieran reconocer, el cristianismo fue la fuerza directora del Futuro de Europa, y su existencia fue tan real como su legalización en el siglo IV, el proceso de crisis del esclavismo que generó en el Imperio, y la transición entre el Mundo Antiguo Pagano y el Mundo Nuevo Europeo-Cristiano que la Iglesia Católica levantaó sobre la Igualdad de todos los hombres, romanos y bárbaros, como sujetos del Evangelio y del Reino de Dios en la Tierra.

La caída del Imperio Romano

Así pues, suponer que el fin de un Mundo y el Principio del nuestro tiene una única fecha es un recurso barato. Y si en todo caso debiéramos adjudicarle una fecha al Principio del Mundo Medieval ésta será siempre la suma de todas las fechas sobre cuyas espaldas cargó su destino la civilización saliente. El saqueo de Roma por los godos de Alarico I, en el 410, el derrocamiento de Rómulo Augústulo, en el 476, tuvieron en común ser parte de esa suma. Los hombres de aquel Siglo de Muerte y Resurrección, Principio y Fin de dos Eras, vivieron su tiempo de la misma manera que nosotros somos conscientes de la trascendencia con la que mirarán las generaciones de aquí a un Milenio nuestra conducta, y sin embargo no podemos avanzar más juicio que el de Narciso enfrente del espejo. Y es que no hay otra forma de vivir la Historia que seguir el ritmo del sol que se levanta todos los días y se acuesta todas las tardes.

El hundimiento del Imperio - poniéndonos en sus botas - era algo que el Cristianismo veía venir desde que comenzara la cuenta atrás apocalíptica. La Iglesia Católica, aunque legalizada, seguía trabajando para el Día después de la Caída de Roma; su trabajo consistió en el apuntalamiento del edificio a fin de evitar que cuando temblara la tierra el Cristianismo fuera tragado por ella. El asentamiento cada vez más numeroso de los Bárbaros en el territorio imperial, aportando la guerra civil arriana a la unidad cristiana; la pérdida de identidad del hombre romano y su transformación en el tipo clásico que ya le costara a los Helenos su ruina; el peso cada vez mayor del derecho bárbaro sobre el romano; eran señales en el cielo donde la Iglesia veía venir el Fin y miraba al horizonte, el Nuevo Principio, sin saber qué había al otro lado pero consciente de que, fuera lo que fuese, siempre sería mejor que lo que les habían legado los Clásicos.

El Fin no era un Hecho que la Iglesia y sólo la Iglesia viera. Teodosio lo vio con los ojos de su razón. El fortalecimiento de la Unidad Imperial Niceana no había detenido el avance de oleadas de pueblos, desconocidos hasta entonces en muchos casos, cuyo peso amenazaba con hundir definitivamente y para siempre las fronteras. La nueva y poderosa aristocracia cristiano-romana se enfrentaba al Hecho con la Fe, pero también con medidas acorde a los tiempos.

Dentro de este contexto, la división del Imperio, contra la experiencia del "divide y vencerás" y a tenor de su ciencia, fue la campanada que le anunció a los enemigos de Roma que la fruta estaba madura. Curioso es que un hombre tan grande en la guerra y la política como aquel Teodosio cometiera un error tan enorme. Pero así es la vida y de estos errores se compone la Historia de la Humanidad, empezando por el día que Adán escuchó a Eva.

Como todos sabemos Teodosio confió la regencia de Occidente a la tutela del protector de su hijo Honorio. Pero cuando en el 455 murió asesinado Valentiniano III, nieto del mismo Teodosio, el destino de Roma dejó por última vez de ser un misterio y devino un secreto a voces: "Sálvese el que pueda". Los bárbaros, comenzando por aquel Estilicón de las hazañas bélicas romanas, copaban el ejército y seguían la ley de los cuervos: Críalos y te sacarán los ojos. Los últimos estertores de la agonía se escribieron entre caudillos bárbaros y generales romanos luchando por repartirse el Imperio y ver quién se quedaba con la parte del león. En algunos aspectos aquél último episodio, antes de llegar la suma a dar su igualdad, recuerda las Guerras de los Diodocos tras la muerte de Alejandro Magno.

Al final nadie se llevó la parte del león, ni Atila, ni Teodorico, ni Siagro. El Imperio se hundió. Y se hundió como tantos imperios se hundieron antes: El Heleno, el Persa, el Neobabilonio, el Asirio, el Hitita, el de Ur, el de Akkad, el de Menfis, el de Tebas, el de Lagash, el de Kish. Polvo al polvo, cenizas a las cenizas, "pues, al fin, polvo eres y al polvo volverás".

Lo que diferenció este Fin del que conocieron otras civilizaciones, terminando esta presentación, fue la suite. Ni el imperio de Akkad, ni el de Babilonia, ni del de Jerusalén, ni el de Susa, ni el de Atenas, ninguno conoció la Resurrección. Tal es el Origen de la Era Medieval: Cruz y resurrección.

C.R.