Las Cronicas Pendencieras de la Hispania Musulmana 

Siglo VIII- Sección Segunda

Crítica al modelo de estudio de las causas de la Invasión de Hispania por el Islam

Ya hemos visto en la primera sección el valor de los historiadores cuando consuelan a los invadidos con el consuelo de los tontos, diciendo que fue cosa de la voluntad de los dioses, en este caso del musulmán, y de aquí que en tiempos en que una batalla era una verdadera carnicería, 10 ó 12 mil soldados de a pie se enfrentasen a la caballería visigoda, la más poderosa del momento, y una caballería arropada por unos 40 mil hombres, vencen los de a pie, a pie conquistan una Península habitada por millones de criaturas, a pie cruzan los Pirineos y llegan hasta el norte de Francia, ¡y todo esto sin perder un solo hombre! Finalizado cuyo mito -se supone- el Español debe bajarse los pantalones y rendirse a a la voluntad divina.

El problema con este tipo de cuentista es que se cumple con ellos la ley del bien y del mal, la que dice "queriendo hacer el bien es el mal el que se me apega", que aplicada a este caso quedaría de esta otra manera "queriendo descubrir la verdad es la mitología la que me sale del cuerpo". Lo que no es ningún problema, pero que deviene uno y muy grande cuando este tipo de payaso llega a imponer su debilidad desde las cátedras de Historia.

Sin demonizar la Invasión, algo que llevaba produciéndose desde hacía uos siglos como si fuese lo más natural del mundo, pero hablando la verdad, un Invasor entra matando, masacrando, asesinando mujeres, niños, ancianos, jóvenes, saqueando, destruyendo...es lo normal. Nada de otro mundo. Lo que no es normal es que se diga que 12 mil soldados de a pie conquistaron un Reino como el de los Visigodos Hispanos con besos y flores, porque así lo había dispuesto la divinidad.

Hemos visto en la primera sección que si el Reino de los Visigodos no fue precisamente un mar de rosas, el remedio que quiso dársele, contra las disposiciones canónicas de la Intelectualidad cristiana del momento, que prohibía recurrir a fuerzas extranjeras para solucionar problemas caseros, el remedio fue infinitamente peor que la situación de tablas que vivían los dos rivales hispano-godos por el trono. Una marea de asesinos y saqueadores, natural en todo invasor, ejemplo los Vikingos, o el propio Atila no muy lejos en la distancia de los tiempos, pone sus cascos en la Península y comienza a hacer su oficio, cuya sanquinaria escuela es en ellos vocación y tanto más destructora cuanto que el fanatismo religioso choca en Hispania con una Religión Divina, el Cristianismo. Y muy pronto, una vez en el Poder el Islam, comenzarían las persecuciones contra los Cristianos, naturalmente.

Mas aun el Islam no se había afianzado aun en Hispania, a pesar de estar saqueando Francia incluso. Todavía la ley por la que la marea invasora se regía era la natural a un invasor en plena invasión, es decir, Fuego y Espada. Este asentanmiento definitivo del Islam en el Poder vendría con el próximo rey de los Moros, Abderramán I. Y con el asentamiento las Persecuciones contra los cristianos por el simple hecho de no ser musulmanes, comenzarían.

Pero un punto que no se debe pasar de largo a la hora de reescribir la Verdadera Crónica de la Invasión y Conquista de la Hispania Visigoda gira alrededor de la inmensa ignorancia que el Reino Visigodo tenía sobre el origen y circunstancias polìticas que estaban viviendo las tierras al otro lado del Estrecho. Si observamos la Historia de la Hispania Posromana y Visigoda veremos que en ella se hace casi ninguna mención del Islam. Es decir, existe, pero en la Hispania de los Visigodos el conocimiento y las noticias que se tienen del Islam no cuentan. Primero porque el Islam se encuentra en su época de despegue y la alta criminalidad fratricida que los Musulmanes demostraron poseer desde su cuna, como veremos, auguraba a ojos de los observadores Bizantinos y Visigodos un futuro muy corto a semejante Religión pagana adoradora de "una estrella caída del abismo". Se podría objetar que a través de Don Julián el reino hispano estaba perfectamente al corriente de la situación política del Islam. Pero la objeción no es ningún recurso en este caso, porque o bien Don Julián se había convertido al Islam, entre cuyos fanáticos vivía, o bien su conocimiento de las cosas de los Omeyas era nulo. Si el primer caso no fue un traidor sino un enemigo de Hispania Cristiana, como lo es todo musulmán de cualquier religión que no es la suya si está en condiciones de imponer su ley. Si en el segundo, su ignorabcia fue su perdición. Y de hecho Don Julián pasa de la leyenda al mito y del mito a la no existencia, ya que jamás nadie supo de su existencia tras la Invasión.

El hecho es que la Hispania Visigoda, cuya Historia se perdía en el alba de los tiempos, y su Civilización hundía sus raíces en Fenicia, y con la famosa Gades ya estaba en contacto con el mundo de los Hebreos, es decir, del Próximo Oriente Antiguo, deviniendo durante los días del Imperio Romano una columna de su Estructura gracias a los emperadores que aportó a su edificio, y que con el Cristianismo sus muros soportaron el peso de las Olas Bárbaras que amenazaron destruir lo que había sido construido durante tantos siglos, y que una vez creado el espacio de convivencia Hispano-Visigótico comenzaba a escribir una nueva página en el libro de su Historia, esa Hispania culta la voz de cuyos intelectos se escuchaba en el mundo entero cual antes los pies de sus guerreros pusieron sus plantas en lo más alto del Imperio, fama del cual, el guerrero íbero, pasaron los historiadores de contar como elemento tratando la famosa Batalla del Guadalete, aquélla Hispania de los días del rey Rodrigo y del Conde Don Julián estaba más en contacto con Bizancio que con Marruecos, y eso que el Moro distaba de sus costas lo que se tarda en cruzar el Estrecho.

Y sería esta Ignorancia masiva de la Hispania Visigoda sobre las cosas del Islam y sus circunstancias políticas al principio del siglo VIII la verdadera causa de su ruina. Conmovida por sus propios circunstancias políticas, viviendo una fase de acoplamiento entre la Barbarie Visigoda y el Catolicismo Hispano, que no se acababa de cerrar, aunque la conversión de la Aristocracia ya auguraba un futuro brillante para el nuevo reino, la renovación de la nación tras el terremoto de las invasiones de los bárbaros y la reestructuración de la poderosa Iglesia Católica absorvían el horizonte hispano.

De hecho el otro lado del Estrecho no contó jamás para el Ibero. Exceptuando el Periodo Cartaginés el mundo de la Iberia, primero, y de Hispania, después, jamás se interesó por las tieras al otro lado del Estrecho. En toda la Historia de la Península Ibérica no se registra una invasión o plan alguno de conquista de las tierras al otro lado de las Columnas de Hércules. El Hispano, lo mismo que el Íbero en su día, recibió en sus tierras tantas naciones como vinieron, unas pacíficamente y otras a acoger por la fuerza, pero en el hijo de la tierra no se observó nunca aquella pasión por abandonar sus fronteras y salir al exterior a masacrar que fuera locura en los Vikingo, Hunos, Galos o Celtas. El Íbero, además de ser un buen guerrero, legó al Hispano, herencia que posteriormente durante la Edad de los Descubrimientos quedó empañada por las Conquistas de las Américas, un carácter pacífico, nacionalista, panhumano y abierto a la civilización en todos sus frentes como lo demuestran las crónicas más antiguas.

Al hacerse Cristiano y superar el Periodo de barbarización de su Estado el Hispano de principios del siglo VIII estaba absorvido por su propia situación política y las noticias del estado en que vivía el Islam le era totalmente desconocido. De haber sabido lo que nosotros sabemos actualmente ni por la violación de su madre hubiera el famoso Conde Don Julián accedido al ruego de su partido de echar mano del terrorista islámico para auparse al Poder. Siguiendo las crónicas del Islam de aquéllos días entenderemos el por qué.

Crónicas de una Invasión.

Mahoma, a diferencia de Manes, de Jesucristo, y de Buda, impuso su credo a base de Espada y Fuego. No hay en la Historia de las Religiones una sola religión que abriera su marcha siguiendo la ley de los imperios. El Islam es la única Religión que sigió este sendero.

La Religión es un fenómeno histórico político de masas cuya naturaleza se basa pricipalmente en su arrolladora extensión popular sin mediar el concurso de la fuerza armada. Es lo que caracteriza ese fenómeno que llamamos Religión, y lo que hace que la Religión sea un fenómeno sui géneris. Dentro ya de cada una el choque de dogmas propone su ley y observamos cómo las chispas saltan y las guerras de religión siguen la ley de Caín y Abel.

En este aspecto el Islam, habiendo nacido a espada y fuego su Historia sería la de una constante y continua matanza fratricida. Pues si en las Religiones Universales, como el Budismo o el Cristianismo, notamos periodos de guerras fratricidas, e incluso divisiones formales entre las ramas religiosas a que da lugar el estado de árbol que con los milenios alcanzan, será en el Islam donde la la guerra religiosa será su propia esencia y sustancia, deviniendo el drama de Caín y Abel su estado perpetuo favorito. El origen de esta naturaleza sería su fundador, quien, no pudiendo aceptar que el mundo no doblase sus rodillas ante su cuerpo, decretó la guerra santa contra todos los infieles, lo que, en términos reales del siglo VII, quería decir contra el mundo entero. Y que en vida él mismo aplicó, especialmente contra los judíos, contra los que se lanzó abiertamente sin provocación previa, y basándose en una simple sospecha arremtió contra la tribu judía de Banu Qurayza, decvapitando a todos los hombres y esclavizando, cuando la esclavitud estaba siendo ya desterrada de la Civilización, a mujeres y niños. Este precedente sería en el futuro la actitud del Islam frente a los Judíos, que cometieron el terrible error, más tarde, de aliarse con tales enemigos contra el Cristianismo.

Abu Bakr 632-634

Suegro de Mahoma, sus dos años de Califa fueron una constante sangría contra los árabes, hasta su total aplastamiento, y una continua guerra civil contra Alí, sobrino, hijo adoptivo y yerno de Mahoma. Contra estos derechos y siguiendo la ley de la lógica animal que dice que dos tetas pueden más que una carreta, Abu Bakr puso sobre la mesa las de su hija, logrando apartar de en medio al mismísimo hijo adoptivo de su yerno. Este no se quedó quieto, pero sus intentos de asesinato del califa chocaron contra la fuerza de sus generales, que no sólo le mantuvieron a raya sino que comenzaron la conquista de Iraq y Siria. De todos modos Alí se las arregló para logar su objetivo y su odiado rival sufrió el bocado de la serpiente.

Umar 634-644

Otro suegro de Mahoma. Sus diez años fueron años de continuo aplastamiento del Próximo Oriente Medio, con las correspondientes masacres de judíos y palestinos hasta imponerles su ley y sus impuestos. La esclavitud, que había sido prohibida por el Estado Bizantino, al menos formalmente, si bien la libertad de los siervos no era precisamente la libertad del hombre moderno, pero que de todas maneras era un paso hacia ésta, fue impuesta por este califa de nuevo en todo su imperio. Tiro que le salió por la culata cuando un esclavo lo asesinó con sus propias manos en la misma mezquita de Medina.

Otmán 644-652

Otro suegro, si bien éste puso dos carretas. Alí, el famoso Alí, el Alí de cuya ambición por el poder absoluto surgieran los Chiítas, volvió a ponerse malo, y no se puso bueno hasta que Otmán fue asesinado. Que se dice fue protagonizado por un hermano de la tercera esposa de Mahoma, pero como el beneficiario fue Alí hay que pensar siguiendo las leyes de la criminología que sospecha primero del beneficiario del delito.

Alí 652-657

La lógica no miente. Y como encima Alí se negó a apresar y juzgar y decapitar, según la ley islámica, a los autores del asesinato del califa saliente, Muwaiyya, gobernador de Siria y pariente del muerto, lo tuvo claro. La guerra civil abierta se hizo. Entonces tuvo lugar una de ésas batallas más propias de los tiempos homéricos que del siglo VII y el desenlace en tablas arrojó a los musulmanes a una guerra civil controlada hasta la muerte de Alí, en el 661. Las consecuencias de aquélla famosa Batalla de Siffin puso en escena la división del Islam en dos ramas, Sunníes y Chiítas, el odio entre las cuales perduraría hasta el presente, siglo XXI, causando durante todo este tiempo tantas matanzas como veces un Estado cometió el error de acoger en sus fronteras los dos partidos al mismo tiempo. El error más grande de los aliados en Iraq, ya puestos, estuvo en ignorar esta realidad islámica, causa concreta de la naturaleza dictatorial de los regímenes musulmanes, dado que conviviendo las dos ramas en un mismo Estado es imposible la paz y sólo el aplastamiento dictatorial de una rama por la otra posibilita la convivencia. de aquí que la dictadura y el Islam vayan parejos y donde quiera que va el Islam van las dos ramas y por tanto la dictadura. Creyendo los Aliados que la Democracia curaría esta herida se han visto envuelto en la realidad islamica irreconciliable entre sunníes y chíitas, que se odian a muerte desde los días de Alí y cuya convivencia es posible únicamente en condiciones dictatoriales, como muy bien supo Saddam Hussein, lo sabe el presidente de Siria, Bashar Asad, lo sabe el primer ministro de Irán, el rey de Arabia, el de Marruecos, y el de la Conchinchina... Los únicos que no comprendieron esta realidad fueron los Aliados, quienes por creer en los valores de la Democracia, que mantiene en convivencia a todo dios, creyeron que los musulmanes harían lo mismo. De aquí, por otra parte, que el invento de la Alianza de los Civilizaciones sea el fruto de la mente de un ignorante que, haciendo de Don Julián, pretende abrirle las puertas en su propia tierra a estos dos clanes enemistados a muerte que llevan a donde quiera que van el terror y la guerra civil.

Alí, atrapado él mismo entre los Caín y Abel que le habían surgido a su propio partido chiíta, fue asesinado por uno de ellos, y con su muerte el califato de los Omeyas comenzó su carrera..

Muawiya 661-680

Asesinado Alí su antiguo rival Muawiya hizo lo que todo individuo que aspira el poder absoluto solía hacer. Aplastar la oposición, estructurar un Estado acorde a sus ambiciones y lanzarse a la conquista por el imperio universal. Por el Este llegó hasta Kabul, conquistando Afganistán; por el norte se metió casi en la misma Constantinopla, y por el Oeste intentó robar Sicilia. El fue, sin ninguna duda, el fundador del Imperio de los Omeyas.

Yazid I 680-683

La guerra civil, aplastada por su padre, y con principio en la abolición de la elección de Califa por el Consejo de los intérpretes del Corán, una vez muerto el tirano volvió al campo. El mismísimo Huseín, nieto de Mahoma, hijo de Alí el Chiíta, le reclamaró el trono. Yazid le dio a conocer su respuesta en la famosa Batalla de Kerbala, en la que toda la descendencia de Mahoma vía Alí fue masacrada, exceptuando, no se sabe el por qué, el hijo del rebelde. El odio de los Chiítas árabes contra Yazid encendió las pasiones bélicas en la Meca y Medina y hasta que no sufrieron el martirio no pararon, y gracias a la muerte que Yazid dejó este mundo, aunque nadie sabe cómo pasó a mejor vida de pronto.

Muawiya II el Breve 684

Este pacífico muchacho lo primero que hizo fue suspender las guerras y declarar la paz universal. Zubayr, el nuevo aspirante a campeón del mundo musulmán, le respondió diciendo que no era más que un cobarde y se escudaba en la paz para no defender como un hombre su reino. Incapaz de ver tanta sangre el bueno de Muawiya abdicó a los pocos meses, y al poco fue asesinado con el beso de la serpiente.

Marwan 685

El hombre vengó la muerte de su predecesor aplastando la rebelión de Zubayr, recuperando para el Califato Egipto y Siria, a la par que se vio envuelto en la guerra civil entre los propios omeyas por el control de las riquezas del Imperio. Simplemente se murió.

Malik I 685- 705

Siguiendo con la persecución de Zubayr el Malo su ejército sitió la Meca. Después de siete meses catapultando la ciudad los ejércitos imperiales entraron en la ciudad y masacraron a los 10.000 de Zubayr, coprendiendo en el asalto a la población. Otro rebelde, un tal Musarrih, éste a las puertas de su palacio como quien dice, siguió el mismo destino que Zulayr. Y uno más que se atrevió a llevarle la contraria, un tal Abderramán, que se atrevió hasta conquistar el Turquestán, siguió el mismo sendero a la casa del silencio. Mientras sus generales resolvían estos asuntos caseros, otro de sus generales, Zubayr como el rebelde, abrió las alas de su caballería por Libia, Túnez y el este de Argelia.

A la altura del año 695 su general Hasán, al frente de 40.000 hombres, con sus caballos, carros y todo el arreo de un ejército en campaña de invasión y conquista, conquistó la antigua Cartago y llevó su caballería hasta las mismas puertas del Atlas. Los bizantinos, dueños hasta entonces de Cartago, y desde Cartago controlando la región magrebí, regresaron para poner las cosas en su sitio, pero Hasán le dio caña en la célebra Batalla de Cartago -698- y los bizantinos abandonaron el Magreb hasta la altura de Ceuta.

Fue durante estas operaciones que los Visigodos entraron por primera vez en contacto con el Islam. Cartago pidió ayuda a los Visigodos de Witiza, que les envió unos 500 hombres. Todo para nada.

Al Walid I 705-715

Con la subida al trono del hijo de Malik, Hasán fue sustituído por Musa al frente de los ejércitos occidentales y encargado de la Conquista de Hispania dentro del plan universal de apropiación de todos los recursos del mundo para el Islam por orden del Califato Omeya. El padre de este Musa fue un judío converso cuyo consejo al Califa, pensando en la Conquista del Imperio de Constantinopla, fue el de atacar el Imperio de Bizancio por los dos lados, por el Oeste y por el Este. Y gustándole este consejo el Califa envió a Musa a Marruecos con la orden de abrir las operaciones de la Invasión de Hispania, desde donde dada las condiciones política por las que atravesaba la Europa Antigua tras el desmembramiento del Imperio Romano de Cccidente el ejército de los Creyentes no encontraría mayores problemas para cerrar la pinza que habría de ponerle a la corona del Califa la Perla de Emperador de Oriente. Ya en las costas Musa envió a Tariq en operación de tanteo, no encontró mayores problemas y la Invasión se decidió para el año siguiente. El Paso del Estrecho no exigía una flota al estilo de la Invencible, y pues que hasta en pateras se puede hacer el trayecto el mito de la quema de las naves de Tariq suena a broma más que a asunto histórico. Lo que sí es de suponer es que Musa pusiera a Tariq contra la espada y la pared, es decir, pena de muerte en caso de cruzar de vuelta el Estrecho sin la victoria, y Tariq, para evitar tentaciones, le metiera fuego a la flota de barcos que durante el año confiscara en toda la región para el asalto de la Hispania Visigoda. Con este Al Walid comenzaron las persecuciones cristianas en el Imperio Islámico y la destrucción masiva de iglesias.

 

uélla