Omar ben
Hafsún nació en Ronda o cerca de ella, en Parauta, en el seno de una familia
muladí, esto es, españoles conversos al Islam. Era de nobles antepasados
hispanogodos, incluso se especula con la posibilidad de que fuera de la familia
del rey visigodo Witiza. Su abuelo Chafar ben Salim fue el primer musulmán de
la familia que como otros muchos cristianos de la época se convirtió para poder
eludir la mayor cantidad de impuestos (las capitaciones) que los cristianos
estaban obligados a pagar para poder conservar su fe.
Su padre Hafs partiría desde Ronda hacia una alquería llamada La
Torrecilla, lugar donde nacería probablemente Omar, situado cerca del Castillo
de Antar, en la falda del monte de Bobastro, cerca de Parauta.
El joven Omar detestaba a los árabes por su insufrible orgullo y el
trato vejatorio que daban a los españoles, ya fueran conversos musulmanes
(muladíes) o se mantuvieran cristianos (mozárabes). A causa de ello
se enfrentó con algunos soldados del gobernador de Málaga, por lo que fue
condenado a 50 latigazos como castigo. Tras esto Omar Ben Hafsún decide partir
hacia el norte de África estableciendose en la ciudad marroquí de Tahart donde
trabajó por algún tiempo como sastre. Allí un anciano con fama de adivino le
predijo que algún día sería soberano de un gran reino. Animado por esta
predicción y aprovechando el creciente caos interno de Al-Andalus decide volver
en el año 880. Con el apoyo de su tío
Mohadir reúne una partida de amigos y descontentos con los que decide edificar
una pequeña fortaleza en el monte de Bobastro, rudimentaria pero de difícil
acceso, aprovechando unos restos defensivos ya existentes, posiblemente de
alguna construcción romana o posterior.
Desde allí empieza a hostigar la
comarca. Tras algunos enfrentamientos con tropas enviadas desde Córdoba para
contener al que simplemente se consideraba como un salteador de caminos, Omar
Ben Hafsún empezó a preocupar al emir de Córdoba. Así pues en el año 883
Mohamed I envía al primer ministro cordobés Haxím al frente de un fuerte
contingente militar por lo que Omar se rinde pactando entrar con sus hombres al
servicio del emir con rango de oficial. Dentro del ejército omeya participa en una aceifa por tierras de Alava
pero el desprecio con el que los árabes tratan a los musulmanes de origen
español hace que decida abandonar Córdoba y seguir con su vida rebelde
regresando a Bobastro dos años después, recibiendo a cientos de partidarios de
origen español, mozárabes y muladíes: daba comienzo en su plenitud la rebelión
mozárabe-muladí.
El nexo de unión entre los rebeldes era el hecho diferencial étnico,
el origen español o hispanogodo. Así pues la rebelión mozárabe-muladí se
trató de un conflicto nacional, no religioso, pues precisamente los españoles
conversos al islám fueron el núcleo central de las bandas insurgentes en contra
del poder árabe establecido en Al Andalus. Un claro ejemplo del carácter étnico o nacionalista de esta rebelión
fueron los nombres que se dieron las dos facciones en lucha: los rebeldes de
origen español denominaban "bandidos del desierto" a sus rivales de
raza árabe, y éstos despreciaban a los hispanogodos denominándolos "hijos
de las blancas" indistintamente de que fueran musulmanes o se mantuvieran
cristianos.
Los bereberes descendientes de los que llegaron junto a los árabes
casi dos siglos atrás con la invasión islámica eran despreciados, al igual que
los españoles, por la clase dirigente árabe y tomaron partido según su interés
pero en el mayor número de casos colaboraron con los españoles contra el poder
árabe.
Omar Ben Hafsún rápidamente toma Auta, (junto a Riogordo), Mijas,
Comares y Archidona. En
el año 886 pacta con otros rebeldes, los Banu Rifá que dominaban Alhama y su
sierra y debe hacer frente a las tropas del gobierno al mando del príncipe
heredero Al-Mundhir (Almóndir), pero cuando está a punto de ser derrotado muere
el emir Mohamed I el 4 de agosto del 886 y Al-Mundhir debe regresar a Córdoba
para hacerse cargo del país. Durante esta pausa Ben Hafsún aprovecha para
reorganizarse reclutando campesinos para hacerse con el control absoluto de las
coras o provincias islámicas de Takoronna (Serranía de Ronda) y Rayya
(Málaga-Axarquía), apoderándose posteriormente de Iznájar y Priego haciendo
desde ellas incursiones por Cabra y Jaén. El emir Al-Mundhir envía tres
generales para someterlo pero sólo recuperan Iznájar, a comienzos del año 888,
el propio emir debe partir al frente de sus tropas y asedia Archidona donde los
muladíes se rinden siendo ejecutados los defensores mozárabes, cuyo jefe es
cruxificado entre un perro y un cerdo. Lo mismo ocurre en Priego que también es recuperada por los omeyas.
Tras estas victorias sigue el asedio de Bobastro provocando que Omar
pacte con el rey su rendición a cambio de la amnistía. Pero
inesperadamente Ben Hafsún rompe la tregua cuando el emir ya se retiraba
atacándolo. Esto provoca la ira de Al-Mundhir que promete no levantar el cerco
hasta destruir completamente a los rebeldes, algo que no logra pues cae herido
por una flecha. Su hermano Abd Allah intrigó para que se le administrara un
veneno haciéndolo pasar por medicina, por lo que Al-Mundhir muere. Abd Allah intenta
ocultar la muerte durante tres días pero al no caer Bobastro lo anuncia a las
tropas, que se desbandan regresando a Córdoba un pequeño cortejo fúnebre. Al enterarse Omar ben Hafsún, ataca la comitiva pero
el nuevo rey Abd Allah le pide que respete al difunto y Omar así lo hace.
Durante el emirato de Abdallah las rebeliones internas en Al-Andalus
se confirman, toda la región está sumida en la anarquía y se suceden violentos
enfrentamientos entre la población de origen español y los árabes. Omar ben Hafsún
aprovecha para firmar alianzas con otros rebeldes muladíes como Ibn Mastana en
las montañas cordobesas e Ibn al Saliya en Jaen. También desarrolla una
estrategia de alianzas y pactos con beréberes como los Banu Jalí de Cañete e
incluso árabes como los Banu Hayyay de Sevilla, de este modo mientras más
piezas se desprenden del tronco, más aislado se encuentra el Emir en Córdoba. Omar toma Estepa, Osuna y Ecija en el año 889,
conquista Baena masacrando a sus defensores por lo que Priego y el resto de la Subbética
se rinden sin luchar y sus tropas hacen incursiones cerca de la capital,
Córdoba.
El amplio estado que ya controla Omar ben Hafsún establece impuestos
sobre la población para lo que busca una legitimidad oficial que le lleva a
enviar emisarios en el 891 a los Aglabíes de Túnez, y luego en el 910 a los
Fatimíes que sustituyeron a aquellos. Intenta también el reconocimiento de su
estado por el rey astur Alfonso III, instala un obispo cristiano en Bobastro,
construye allí una iglesia y se convierte al cristianismo en el año 899 tomando
el nombre de Samuel. Este sería probablemente un grave error político pues
conllevó la perdida de una parte de los apoyos de los hispanomusulmanes o
muladíes, pues muchos no aprobaron que abrazara de nuevo el cristianismo de sus
antepasados. Esta conversión produjo
así mismo que se rompieran varios pactos establecidos con las tribus bereberes
y árabes enfrentadas al poder del Emirato de Córdoba.
Abd Allah consiguió en Poley, hoy Aguilar de la Frontera, una
importantísima victoria ya que derrota a Ben Hafsún que marchaba sobre Córdoba
(año 891) y recuperó Ecija y otras plazas del Guadalquivir en dura lucha, y que
en parte volverían luego a Ben Hafsún. El nuevo siglo verá el inicio del
declive del malagueño agravado por su controvertida conversión, Sevilla y
Carmona dominada por el árabe Ibrahim ibn Hayyay rompen con él, la nueva
derrota de Ben Hafsún en Estepa permite al emir cordobés reconquistar Jaén en
el año 903, los beréberes Banu Jali también rompen su alianza con el caudillo
hispano y se someten al emir, Bobastro es atacada y todo su reino atravesado
por los ejércitos enemigos perdiendo Martos en el 906, la muerte del emir Abd
Allah y la llegada al trono en el 912 de su nieto Abd al-Rahmán III, agravan
aún más la situación pues el joven omeya quiere pacificar su reino y organiza
un gran ejército con el que conquista de nuevo Ecija, después marcha sobre la
cora de Elvira tomando Baza y Salobreña evitando el ataque directo contra
Bobastro, por lo que en esta primera expedición Abderramán III recupera 70
plazas fuertes y 300 refugios fortaleza menores. En el 914 un nuevo ataque omeya, esta vez por la cora de Takoronna, le
vence en Ojén y sigue por la costa hacia Algeciras ya que Abderramán III decide
seguir sobre Sevilla que se somete, no así Carmona que sigue bajo los Banu
Hayyay y es sitiada hasta caer en el 917.
Omar Ben Hafsún muere en el 917 y su estado pasa a su hijo primogénito
Chafar que tras perder varias plazas en el 919 es asesinado en una conjura en
el castillo de Bobastro en octubre del 920, siendo sucedido por su hermano
Sulayman, posiblemente el más valeroso de los hijos de Omar Ben Hafsún. Sulayman
recupera Ojén brevemente, pierte Jete y Almuñécar en el 921, y muere en una
emboscada en el año 927. Su hermano
Hafs, asume el mando pero tras perder Málaga y ser asediado en Bobastro rinde
la mítica plaza el 19 de Enero del 928.
Había caido Bobastro, la inexpugnable, símbolo de la resistencia
mozárabe-muladí contra el poder árabe y capital de un reino español
independiente al sur del Emirato de Córdoba, llegando a extenderse desde Cádiz
hasta Granada. Tras
50 heroicos años de resistencia cayó la ciudad rebelde que comenzó siendo un
mero bastión militar y que llegó a acoger a unos 10.000 habitantes de origen español
(la mayor parte refugiados durante la guerra civil acaecida durante el reinado
de Al-Mundhir) contando con palacios, alcázares y sólidas murallas. Tras tomar
Bobastro Abd al-Rahmán III ordenó desenterrar los cadáveres de Omar ben Hafsún
y su hijo Chafar y los expuso al público en Córdoba. También desterró de Al-Andalus a muchos mozárabes partidarios de los
hafsuníes, alcanzando de este modo con su victoria un gran prestigio que le
animó a proclamarse Califa en el 929.
Omar Ben Hafsún, "jefe de toda la raza española del
Mediodía" lo llamó el holandés Dozy, "caudillo de la oprimida
nacionalidad española" que decía Simonet, podría ser considerado como el
Cid olvidado, otro héroe popular al estilo de bandoleros como Curro Jiménez que
combatirían muy posteriormente otra opresión extranjera: la invasión francesa. Sanchez Albornoz
escribió sobre Omar Ben Hafsún "otra vez la raza hispana alumbró una gran
capitán popular (...) que los españoles, cristianos o musulmanes amaron con
pasión".
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