Abderramán II
(822-852) supone el apogeo del Emirato Independiente y de su
orientalización.
Va a poner en marcha una serie de reformas
que convertirán Al-Andalus en la pieza más brillante del Califato. Estas
reformas se pueden clasificar en:
1. Reformas Políticas: Al-Andalus estaba regida por una clase dominante sin
integrar a la población, era una dominación del tipo imperial conquistador.
Abderramán II cambia este tipo de gobierno por uno de tipo burocrático, se
pasa de una estructura militarizada a una más burocrática y organizada.
Este
cambio lo hace a imitación del que hicieron los abbasíes en Bagdad.
2. Iniciativas culturales: Abderramán II convierte a Córdoba en una
ciudad moderna, con grandes instalaciones (agua corriente, que en Occidente
tardará todavía seis o siete siglos). Enriquece la vida de la ciudad con
centros de cultura (poesía) y de saber (escuelas) en las que se divulgan los
conocimientos literarios y filosóficos que se iban desarrollando en Bagdad.
De
Bagdad se importan una serie de modas:
La de usar ropa
distinta en verano que en invierno.
El uso de copas de
cristal (frente a las metálicas).
Dentro
de las corrientes de pensamiento que llegan a Córdoba, cabe distinguir dos
escuelas filosóficas:
a) Mutazilismo: Basan su discurso en la especulación racional (“Kalam”),
siendo su principal representante Ibn-Hazn.
b) Chiísmo: Es una postura política, religiosa y filosófica. Su discurso se
fundamenta en el empleo de las alegorías (parábolas). Su principal
representante es Masarra.
La
ciudad de Córdoba se convierte en una de las ciudades más importantes del mundo
islámico y empieza a ser importante en el ámbito internacional.
En el
año 848, Abderramán II ocupa las Islas Baleares, utilizando el famoso “fuego
griego”. Los emires de Córdoba son invitados por los bizantinos para combatir a
los abbasíes de Bagdad. Abderramán II
no acepta esta alianza. Sí acepta relaciones y alianzas con algunos
principados del norte de África donde una serie de príncipes se sitúan bajo el
protectorado de Córdoba.
CRISIS DEL EMIRATO: LEVANTAMIENTOS
DE MULADÍES Y MOZÁRABES
El
éxito de Abderramán II orientalizando Córdoba, es decir, elevándola al nivel
cultural de Bagdad, va a provocar reacciones negativas en dos de sus más
cualificados grupos sociales:
1) Los Mozárabes:
Dejan
de ser el elemento cultural predominante en beneficio de los árabes. Los
mozárabes entran en un proceso cultural depresivo, abandonando su lengua,
costumbres, cultura y religión. La comunidad mozárabe va a intentar evitar su
pérdida de identidad por distintos caminos:
A) Desarrollo de una serie de polémicas doctrinales; disputando con los
musulmanes en un intento de demostrar la superioridad de su propia cultura. Se
radicalizan las culturas abandonándose la vía de aproximación y predominando
los símbolos de exclusión sobre los de inclusión.
B) Corriente de “martirios voluntarios”: Con el fin de motivar a la
comunidad para que no pierda su identidad. Martirios como el de María y Flora
eran provocados mediante injurias públicas al Islam o al Profeta. La Iglesia
oficial y las autoridades mozárabes condenan estas conductas martiriológicas,
que sin embargo, son apoyadas por las personas más dinámicas del grupo como San
Eulogio de Córdoba o Álvaro Cordobés que escribe una obra en defensa de los
mártires, “Indiculus Luminosus”.
Reciben
apoyo, incluso del mundo carolingio que quiere llevarse los cuerpos de los
mártires a Francia.
Los
resultados concluyen, en cualquier caso, con la derrota de los mozárabes que
acaban siendo asimilados por la cultura árabe, perdiendo su lengua, leyes y
organización, integrándose en la comunidad islámica. Estas fechas, segunda mitad
del siglo IX, son decisivas para la conformación de Al-Andalus.
1) Revuelta de los Muladíes:
Los muladíes consideran que no están
desempeñando el papel que debería corresponderles, por lo que surgen muchos
descontento que provocan levantamientos por todo Al-Andalus. Distinguimos
cuatro focos principales.
Toledo:
está en rebeldía constante contra Córdoba y la exasperación asciende después de
la “jornada del foso”, hasta el punto de llegar a darse enfrentamientos
militares e incluso a hacer preso al gobernador de Toledo. Los sucesores de
Abderramán II derrotan a los toledanos, pero el clima de odio crece cada vez
más.
Mérida-Badajoz:
Nos
encontramos una serie de rebeliones que cobran importancia bajo la dirección de
Ib-Marwan-al-Chilliqui, que es un muladí que está en buenas relaciones con los
reyes cristianos de Asturias (al-chilliqui = el gallego), para los musulmanes,
el reino de Asturias era el reino de Galicia.
Ibn-Marwan-al-Chilliqui
es derrotado y hecho preso, se escapa y construye junto a Mérida la fortaleza
de Badajoz donde perdura hasta la época de Abderramán III en que éste le
asedia, le derrota y le lleva prisionero a Córdoba (930).
Zaragoza-Tudela:
La
familia de los Banu-Qasí, son los descendientes de los que pactaron la entrega
pacífica y la aceptación del Islam en los primeros momentos.
Cuando
tras Abderramán II el Emirato entra en crisis empiezan a obrar por su
cuenta. Muza-ben-Muza se proclama rey de un territorio que iba desde Tudela
hasta Lérida y algunas crónicas le califican como el tercer rey de España.
Los
Banu Qasí se mantienen en el valle del Ebro apoyados por Navarra, hasta que a
partir de 859 Navarra se alía con los reyes de Asturias. Los Banu Qasí se
quedan solos y son derrotados siendo llevados a Córdoba. El Emirato coloca en
su lugar otro linaje, el de los Tuchibíes.
Bobastro (serranía de Ronda):
Omar-ben-Hafsun
era, en principio, un bandolero con una gran personalidad que aplica con
sentido cuando se convierte en líder de la causa muladí, llegando a controlar
una parte importante de territorio en las confluencias de las actuales
provincias de Jaén, Málaga, Granada y Sevilla. Dispone incluso de Écija como
capital.
En
899, Omar-ben-Hafsun se convierte al cristianismo, con lo que su posición
política empieza a decaer. En 911 entra en contacto con el Califa fatimí del
norte de África, Omar llega incluso a invitarle a pasar a España para
arrebatársela al Emir de Córdoba.
Estos
contactos le hacen mucho más peligroso para Abderrahmán III que se ve
obligado a tomar “cartas en el asunto”. Abderramán III ya no para hasta que
en 928 (muerto ya Omar), ocupa el reducto de Bobastro.
Tan
grande fue la alegría de Abderramán III por la toma de Bobastro que decide
instaurar el Califato.
San Eulogio de Córdoba
Arzobispo Presbítero y mártir
(año 859)
Muhammad I y Quinto emir de Córdoba, sucedió a su padre Abderramán II en el trono en el 852, y mantuvo su política: Hacer frente a las rebeliones y luchar contra los cristianos del norte, derrotando en varias ocasiones al rey asturiano Ordoño I. En Al Andalus fue un cruel perseguidor de cristianos, siendo grande el número de mártires que condenaba a muerte ...
San Eulogio nació en Córdoba y se le considera el gran Doctor de la
Iglesia mozárabe. Su figura la conocemos bien por sus escritos y por la
biografía que escribió su amigo Alvaro Paulo. Muy difícil era la situación de
la comunidad cristiana española, sometida al Islam, los musulmanes solamente
permitían ir a misa a los que pagaban un impuesto especial por cada vez que
fueran al templo, y castigaban con pena de muerte al que hablara en público de
Jesucristo fuera del templo.
Eulogio nació el año 800 de una familia que se conservaba
fervientemente católica en medio de la apostasía general, cuando la mayoría de
los católicos había abandonado la fe por miedo al gobierno musulmán. Este santo será el que logrará renovar el fervor por la religión católica en su ciudad y los alrededores.
Su abuelo, que se llamaba también Eulogio, lo enseñó desde pequeño a que cada vez que el reloj de la torre daba las horas, dijera una pequeña oración, por ejemplo: "Dios mío, ven en mi auxilio, Señor, ven a prisa a socorrerme". Tuvo por maestro a uno de los más grandes sabios de
su tiempo, al famoso Esperaindeo, que gobernaba el monasterio de Santa Clara,
cerca de Córdoba, y le decía: «Si quieres que tu oración vuele hacia Dios, ponle
dos alas: el ayuno y la limosna». Además lo formó en filosofía y otras ciencias. Como compañeros de estudios tuvo a Pablo Alvarez, el cual fue siempre su gran amigo y escribió más tarde la vida de San Eulogio con todos los detalles que logró ir coleccionado.
Su biógrafo lo describe así en su juventud: "Era muy piadoso y muy mortificado. Sobresalía en todas las ciencias, pero especialmente en el conocimiento de la Sagrada Escritura. Su rostro se conservaba siempre amable y alegre. Era tan humilde que casi nunca discutía y siempre se mostraba muy respetuoso con las opiniones de los otros, y lo que no fuera contra la Ley de
Dios o la moral, no lo contradecía jamás. Su trato era tan agradable que se ganaba la simpatía de todos los que charlaban con él. Su descanso preferido era ir a visitar templos, casas de religiosos y hospitales. Los monjes le tenían tan grande estima que lo llamaban como consultor cuando tenían que redactar los Reglamentos de sus conventos. Esto le dio ocasión de visitar y conocer muy bien un gran número de casas religiosas en España.Todas sus obras, escribe Alvaro, estaban llenas de luz. De su bondad,
de su humildad y de su caridad podía dar testimonio el amor que todos le tenían."
Ordenado de sacerdote, a los 25 años, ya un destacado sacerdote de la
iglesia de San Zoilo, Eulogio se fue a
trabajar con un grupo de sacerdotes y pronto empezó a sobresalir por su gran
elocuencia al predicar, y por el buen ejemplo de su santa conducta. Dice su biógrafo: "Su mayor afán era tratar de agradar cada día más y más a Dios y dominar las pasiones de su cuerpo". Decía confidencialmente: "Tengo miedo a mis malas obras. Mis pecados me atormentan. Veo su monstruosidad. Medito frecuentemente en el juicio que me espera, y me siento merecedor de fuertes castigos. Apenas me atrevo a mirar el cielo, abrumado por el peso de mi conciencia".
Intentó Eulogio peregrinar a Roma. Era un empeño muy difícil y lograron disuadirlo. Poco después emprende otro viaje. Quiere conocer el paradero de dos de sus hermanos dedicados al comercio por tierras del Rin. No puede conseguirlo, pues las guerras que había a ambos lados del Pirineo le cortan el paso. Estando en Zaragoza recibe noticias tranquilizadoras de sus hermanos. Entonces se dedica a otra tarea muy importante y providencial: recoger en Leyre, Siresa y otros monasterios de Navarra y Aragón preciosos manuscritos de la antigüedad, que se llevó como botín a Córdoba, y sirven para conservar y restaurar la cultura cristiana. Entre los documentos recogidos los había de Horacio,
Virgilio y San Agustín, (cosa que era dificilísimo en esos tiempos en que los libros se copiaban a mano, y casi nadie sabía leer ni escribir) y nunca se guardaba para él solo los conocimientos que adquiría. Trataba de hacerlos llegar al mayor número posible de amigos y discípulos. Todos los creyentes de Córdoba, especialmente sacerdotes y religiosos se fueron reuniendo alrededor de Eulogio.
En el año 850 estalló la persecución contra los católicos de Córdoba. El gobierno musulmán mandó asesinar a un sacerdote y luego a un comerciante católico. Los creyentes más fervorosos se presentaron ante el alcalde de la ciudad para protestar por estas injusticias, y declarar que reconocían como jefe de su religión a Jesucristo y no a Mahoma. Enseguida los mandaron torturar y los hicieron degollar. Murieron jóvenes y viejos, en gran número. Algunos católicos que en otro tiempo habían renegado de la fe por temor, ahora repararon su falta de valor y se presentaron ante los perseguidores y murieron mártires.
Jefe del grupo de sacerdotes de San Zoilo, por su santidad y su
sabiduría, Eulogio se dedica a rezar y a escribir, a instruir y alentar a los
cristianos acosados y perseguidos por el Islam si no abandonaban el cristianismo. Algunos más flojos decían que no había que proclamar en público las creencias, pero San Eulogio se puso al frente de los más fervorosos y escribió un libro titulado "Memorial de los mártires", en el cual narra y elogia con entusiasmo el martirio de los que murieron por proclamar su fe en Jesucristo. A dos jóvenes vírgenes cristianas, Flora
y María, las llevaron a la cárcel y las amenazaron con terribles deshonras si no renegaban de su fe. Las dos estaban muy desanimadas. Lo supo Eulogio y compuso para ellas un precioso
librito: "Documento martirial", y les aseguró que el Espíritu Santo
les concedería un valor que ellas nunca habían imaginado tener y que no les
permitiría perder su honor. Las dos jóvenes proclamaron valientemente su fe en Jesucristo y le escribieron al santo que en el cielo rogarían por él y por los católicos de Córdoba para que no desmayaran de su fe. Fueron martirizadas y pasaron gloriosamente de esta vida a la
eternidad feliz.
El gobierno musulmán mandó a Eulogio a la cárcel y él aprovechó esos meses para dedicarse a meditar, rezar y estudiar. Al fin logra salir de la cárcel, pero encuentra que el gobierno ha destruido los templos, ha acabado con la escuela donde él enseñaba y que sigue persiguiendo a los que creen en Jesús.
Eulogio tiene que pasar diez años huyendo de sitio en sitio, por la ciudad y por los campos. Pero va recogiendo los datos de los cristianos que van siendo martirizados y los va publicando, en su "Memorial
de los mártires".
En el año 858 murió el Arzobispo de Toledo y los sacerdotes y los fieles eligieron a
Eulogio para ser el nuevo Arzobispo.
Pero el gobierno se opuso. Algo más glorioso le esperaba en seguida: el martirio.
Eulogio molestaba a los visires y al cadí por su incansable actividad
y su proselitismo, y es también metido en la cárcel. Tenían además contra él que había acogido e instruido a la joven Lucrecia, cristiana acusada de apostasía, por ser hija de musulmán, que deseaba vivir como católica, pero la ley se lo prohibía y quería hacerla vivir como musulmana. Entonces ella huyó de su casa y ayudada por Eulogio se refugió en casa de cristianos. Pero la policía descubrió dónde estaba y el juez decretó pena de muerte para ella y para Eulogio.
Llevado nuestro santo al más alto tribunal de la ciudad, uno de los fiscales le dijo: "Que el pueblo ignorante se deje matar por proclamar su fe, lo comprendemos.
Pero Tú, el más sabio y apreciado de todos los cristianos de
la ciudad, no debes ira sí a la muerte. Te aconsejo que te retractes de tu religión, y así salvarás tu vida". A lo cual Eulogio respondió: "Ah,
si supieses los inmensos premios que nos esperan a los que proclamamos nuestra fe en Cristo, no sólo no me dirías que debo dejar mi religión, sino que tu dejarías a Mahoma y empezarías a creer en Jesús. Yo proclamo aquí solemnemente que hasta el último momento quiero ser amador y adorador de Nuestro Señor Jesucristo".
Estas palabras exacerban más al tribunal. Un soldado le abofeteó la mejilla derecha y nuestro
santo le presentó la mejilla izquierda, y fue nuevamente abofeteado. El 11 de
marzo del año 859, cuenta su biógrafo, fue decapitado. Poco después martirizaron también a Santa Lucrecia.
Los sagrados restos fueron sepultados en la iglesia de San Zoilo. En el año 883 fueron trasladados de Córdoba a Oviedo. Su urna se conserva todavía en la Cámara Santa de esta ciudad.
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