En el
III Concilio de Toledo (589), Recaredo se convirtió al catolicismo. Se trató de
una conversión masiva que afectó tanto a las clases altas (nobleza y obispos),
como a las bajas (pueblo). Fue un fenómeno muy importante que tuvo lugar cuatro
años después de la subida al trono de Recaredo (585). Si es cierto que
Leovigildo recomendó a su hijo tal medida, esta tardanza se debió a que no se
atrevió a dar el paso hasta que no se vio coronado como rey. El modo de
conversión no fue homogéneo. Los grupos aristócratas realizaron un acto
personal e individualizado, abjurando del arrianismo y aceptando el
catolicismo. Se puede dudar de su sinceridad u oportunismo, pero fue algo
“activo”. El pueblo, en cambio, tuvo una actitud más pasiva y muchos ni
siquiera se enteraron. Sin embargo, de alguna manera, se pusieron los medios
para que el pueblo lo conociera y asumiera. Uno de esos instrumentos fue la
introducción del “Credo” en la misa. La conversión provocó resistencias, pero
no excesivas, y solo durante los primeros veinte años. Todas estas resistencias
tuvieron una forma similar: una revuelta política dirigida por un jefe militar,
acompañada de una revuelta ideológica dirigida por algún obispo arriano
obligado a convertirse.
La primera tuvo lugar en la Septimania,
donde se levantaron dos condes y un obispo que contaron, curiosamente, con la
ayuda de los francos, molestos con los visigodos por el asesinato de
Hermenegildo. Son, sin embargo, derrotados por el duque Claudio de Lusitania.
En Emerita Augusta había dos obispos: uno
arriano (Sunna) y otro católico (Masona). Sunna se alió con Witerico, un jefe
noble visigodo y entre ambos pretendieron asesinar a Masona y al duque Claudio.
Su trama fue descubierta y Claudio la reprimió. Witerico no se resignó, y ya
desde Toledo, organizó otra revuelta que sí triunfó, y en 603, tras asesinar al
hijo y sucesor de Recaredo, Liuva II, ocupó el trono. Witerico lanzó grandes
persecuciones contra los católicos e intentó, aunque sin éxito, reinstaurar el
arrianismo.
En 610, Witerico fue asesinado por una
reacción católica, concluyendo así, todas las resistencias contra la
conversión.
Fue éste, uno de los principales hechos de
la Historia de Hispania, pues produjo un cúmulo de secuencias y consecuencias
que se desarrollaron posteriormente. La reinserción de Hispania en el ámbito
jurídico-cultural de la romanidad occidental, fue la principal repercusión. Esta
reinserción, provocó la noción de pertenencia que quedó orientada hacia el
mundo occidental. Se renuncia así, a una parte importante de la herencia
germánica. Por otra parte, la conversión y las relaciones externas
establecidas, evitaron la caída en la órbita ortodoxa de Bizancio.
Entre las repercusiones inmediatas de la
conversión destacan:
a) Tras desaparecer la diferencia religiosa interna, los hispanorromanos,
que constituían la fuerza cultural más elevada, pudieron prestar su apoyo a la
monarquía.
a) Esta población hispanorromana que entra en la administración y en el
gobierno, aporta toda una ideología católica en favor del oficio real que
robustece a la monarquía. Entre estos ideólogos de la monarquía cabe destacar a
San Isidoro de Sevilla.
a) Otras repercusiones se aprecian en el período de la Reconquista cuando
afloran los referentes jurídicos de época visigoda.
a) La
conciencia de pertenencia a Occidente, tiene algunas ventajas. Occidente envió
apoyo moral, y en muy pocas ocasiones militar, a la tarea reconquistadora. Este
apoyo hubiera sido menor si Hispania no hubiera estado integrada en Occidente.
LA EVOLUCIÓN POLÍTICA
Desde
el 610 hasta la derrota de Rodrigo en 711, pueden establecerse cuatro etapas en
la evolución política visigoda:
1) 610-631: (etapa de consolidación de la monarquía católica)
Se
implanta el cesaropapismo que Recaredo había reivindicado en el III Concilio de
Toledo. El sistema sucesorio tiene un predominio hereditario. Tras la muerte de
Witerico (603-610), desapareció el tiranicidio, aunque sí hubo deposiciones.
Dentro de esta tendencia hereditaria se usó con frecuencia la asociación al
trono. La practicaron Sisebuto con Recaredo II y Suintila con Ricimiro (aunque
esta no tuvo éxito).
A
Witerico le sucedió Gundemaro (610-612) que siguió una política semejante al
anterior en su lucha contra bizantinos y vascones.
Le
sucede Sisebuto (612-621). Es el rey culto, escritor, poeta. Durante su mandato
Isidoro llegó a la culminación de prestigio en la Iglesia convirtiéndose en el
ideólogo del gobierno real Sisebuto realizará una política intervencionista en
la Iglesia y contraria a los judíos. Realizará campañas contra los ruccones e
intentará negociar la situación bizantina con el patricio imperial Cesáreo. A su
muerte, dejó un hijo, Recaredo II (621-621), que murió a los tres meses.
En el
campo de las letras, se conservan dos obras de Sisebuto, ambas de contenido
religioso. Una consiste en un poema contra las supersticiones, y la otra, la
más importante, es la “Vida de San Desiderio”, un santo francés algo anterior.
Además de ser un síntoma de unión entre la política y el clero, ambos obras
tienen una clara intencionalidad política. En el caso del poema, se había
extendido una práctica de acudir a los arúspices para adivinar quien iba a ser
el siguiente rey. El resultado inducía a aceptar al elegido, y esto, era muy
perniciosos para el sistema hereditario. La “Vida de San Desiderio” se inscribe
en la tensión que sigue existiendo entre francos y visigodos. Sisebuto intenta
disminuir el sentido de primacía catolicista de los francos, recordándoles las
persecuciones que hicieron contra los católicos, en este caso, contra San
Desiderio.
Suintila (621-631) asumió el poder. Su
reinado puede dividirse en dos partes. Durante los primeros cinco años, serán
las actividades militares las que destaquen sobremanera en los dos frentes
habituales.
Las depredaciones y penetraciones en el valle del Ebro protagonizadas
por autónomos montañeses de estirpe vascona, debían estar alcanzando ya una
peligrosidad evidente. La campaña de Suintila se desarrolló en un amplio ataque
por varios puntos, desde el alto y medio Ebro hasta terminar penetrando en el
corazón de la actual Navarra. La victoria y operación de limpieza de las tropas
toledanas debieron ser considerables. Los rebeldes montañeses prometieron
obediencia en el futuro, con el consiguiente pago de tributos y se obligaron a
participar en la construcción de la plaza visigoda de Olite.
De
mayor importancia y significación histórica serían las campañas realizadas por
Suintila entre los años 623 y 625 contra lo que quedaba de las posesiones
bizantinas en Hispania, cuando el emperador Heraclio se encontraba en el
momento crucial de su titánica lucha contra el sasánida Cosroes II, y el
Exarcado estaba pasando dificultades ante las agresiones longobardas. Confiadas
a su suerte, las exiguas tropas bizantinas en España, fueron fácilmente
derrotadas por los ejércitos de Suintila. En concreto, sería conquistada la
capital, Cartagena que sería sometida a una destrucción de carácter ejemplar,
dejando de existir como ciudad y como sede episcopal.
Más
difícil es estudiar la política interna desarrollada por Suintila. Sus
brillantes éxitos militares de los primeros años, le llevarán a reforzar los
aspectos imperiales de su gobierno, que, entre otras cosas, intentaban acabar
por apuntalar el predominio de su familia. Así, en 625, Suintila procede a
asociar al trono a su joven hijo Ricimiro.
Suintila
inicia una política anti-nobiliaria en los cinco últimos años de su reinado que
trajo como consecuencia un extendido descontento de la nobleza. De esta forma,
hacia finales de 630, se formaría, con base en la Narbonense, un complot
nobiliario contra el monarca encabezado por Sisenando ayudado por el merovingio
Dagoberto. Suintila y su familia, abandonados por sus propias tropas, se
entregaron sin combatir.
2) 631-642: De Sisenando a Tulga.
Sisenando
(631-636), estaba obsesionado con legitimar su poder, lo conseguirá en el IV
Concilio de Toledo (633), presidido por Isidoro que antes tanto había elogiado
a Suintila. La nobleza exige privilegios a Sisenando, tanto para la
aristocracia laica como para la eclesiástica, privilegios que pueden ser:
a. Políticos: Destaca el derecho a elegir rey (IV Concilio de Toledo de
633), y la obligación de conceder a nobles y obispos el control sobre la
monarquía, en particular, el derecho a deponer al tirano (aquel que no sube al
trono por vía legítima), y el derecho a compartir con el rey la capacidad de
indultar a los condenados.
b. Económicos: Los laicos consiguieron que las tierras que el rey
concediese a sus clientelas fueran hereditarias. La Iglesia consigue la
confirmación de la propiedad de todos los bienes adquiridos anteriormente, en
especial, de los obtenidos en el momento de la conversión de Recaredo en 589.
A
Sisenando le sucedió Chintila (636-639), que nombró sucesor a su hijo Tulga
(639-642). La tierna edad de éste, y la debilidad de su gobierno dieron lugar a
conjuras nobiliarias, entre las que tendrá éxito la liderada por Chindasvinto,
probablemente duque de un distrito militar septentrional y que ya había
participado en alguna intentona golpista anterior.
3) 642-672: Chindasvinto y Recesvinto.
Este período se caracteriza por el intento
de la monarquía de reaccionar contra el poder nobiliario. Estará dirigido por
Chindasvinto (642-653) y su hijo Recesvinto.
Ambos
son conocidos por su gran labor legisladora, atribuyéndoseles la redacción
definitiva del “Liber Iudiciorum” (Fuero Juzgo).
Chindasvinto
dirige duros ataques a la nobleza y a su enriquecimiento tratando de anularlo.
Obtiene en un Concilio la pena de muerte contra los conspiradores contra el
rey, la patria, o el pueblo. Por esta ley, ejecuta a 200 “optimates” y a 500
“mediocres” a los que confisca sus bienes para repartirlos entre la clientela
real.
La
nobleza intentó resistir y aprovecharon la muerte de Chindasvinto para obligar
a Recesvinto (649-672) a que les conceda numerosos privilegios: distinción
entre bienes de la corona y bienes propios del rey, distribución de los bienes
de los vencidos de forma proporcional entre la corona y los nobles.
1) 672-711: De Wamba a D. Rodrigo.
Fracasado el intento de reacción de la
monarquía, se consolidan ahora dos grupos antagónicos. Desde 672, la sociedad estará dividida entre la
clientela de Recesvinto y el resto de la nobleza que actúa cada vez más de
forma insolidaria.
La
nobleza contraria a Recesvinto elige rey a Wamba (672-680), aunque fue aclamado
rey en Gerticos el mismo día que murió Recesvinto, probablemente, con toda
intención, retrasó su coronación hasta su unción real en Toledo de manos del
obispo Quirico.
Esta
elección no es aceptada por los clientes de Recesvinto que provocan varias
sublevaciones dominadas por Wamba con relativa facilidad. Wamba se considera
ahora con fuerzas para restablecer el poder de la monarquía, pero el mal era ya
endémico y solo consiguió provocar una conspiración en 680 que le depone del
trono (tonsura).
Subió
entonces al trono un miembro de la familia de Chindasvinto, Ervigio (680-687).
Desde este momento, todo el sistema sucesorio se centró en una lucha entre la
clientela de Chindasvinto y la de Wamba. Ervigio fue apartado del trono de una
manera similar a Wamba. Tras esto, hubo un intento de unificación haciendo que
Égica, de la familia de Wamba se casase con Cixilona de la de Chindasvinto. Se
consiguió una cierta calma, pero pronto aparecieron las rivalidades.
Égica
fue sucedido por su hijo Witiza, miembro también del grupo de Wamba. A su
muerte en 710, surgió la gran crisis. Sus contrarios eligieron a Rodrigo
(710-711), de la familia de Chindasvinto, pero los hijos de Witiza y su
clientela no lo aceptaron y se sublevaron en la Septimania, pretendiendo
gobernar dos de los tres hermanos, Akhila y Ardabasto. Acuden a la ayuda de
fuerzas exteriores entre las que destacan las musulmanas.
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