A
comienzos del siglo V, se produce un hecho fundamental para la historia de
España, la llegada de los visigodos. Es fundamental porque España se convierte
en una comunidad política independiente que es la forma más genérica de decir
Nación, Estado, etc.. España
como tal comunidad política independiente, es un hecho histórico que no se
improvisa, sino que se realiza a través de un proceso que tiene tres etapas:
La percepción de España
como una unidad geográfica: Es obra de los griegos en sus expediciones del
siglo V a.C., tienen un concepto de España como península exclusivamente
geográfico.
Roma va a aportar
determinados caracteres previos a la aparición de España como unidad política
independiente:
Unidad Social del
Territorio. España en su conjunto vino a formar una Diócesis con un Prefecto al
frente. (La Diócesis se dividía en seis provincias romanas: Gallaecia,
Lusitania, Baetica, Carthaginensis, Tarraconensis, Balearica, a las que se unía
la Mauritania Tingitana). Esta unidad administrativa se cohesionó mediante la
aplicación de un derecho común.
Unidad Linguistica: Roma
aportó una lengua común, el Latín, y un arte homogéneo, pero sobre
todo, la unidad religiosa que a partir del siglo IV d.C. será el cristianismo.
Estructuras
Socioeconómicas Comunes: Se va abandonando la organización sociocultural de
base étnica, implantándose la organización social de base territorial.
Economía Global: Se pasa de una
economía prácticamente neolítica a unos sistemas económicos típicos del Imperio
(sistema de producción esclavista). Economía de comercio guiada por el Estado a
través de monopolios para abastecer a las grandes ciudades.
España va a ser una de
las provincias romanas cuya función económica será la de proporcionar trigo a
Roma y que se conocían como provincias frumentales.
PREHISTORIA VISIGOTICA
La Odisea Goda: El pueblo
godo, de origen escandinavo, se asienta en el Mar Negro al norte del Danubio,
con sus dos facciones: Godos y Visigodos. Esta estancia se vio alterada por las
invasiones de pueblos procedentes del Este, como los hunos. La presión obliga a
los visigodos a desplazarse y a cruzar el “limes” en 376 entrando dentro del
territorio del Imperio Romano donde solicitan ser admitidos. Tras ellos, entran
los ostrogodos y algún otro pueblo.
El
emperador Valente les admite por un pacto mediante el cual se les permite
instalarse en la Mesia (Bulgaria), pero las relaciones con el Imperio van a ser
tensas. Roma quería obtener tropas mercenarias, mientras que los visigodos
querían un asentamiento estable en tierra fértil que les permitiera realizarse
como nación, y que Roma no les satisface. En razón de esta insatisfacción, los
visigodos van a realizar un periplo, intentando asentarse en Dalmacia, después
en Panonia (Hungría).
Desde 401, al mando de
Alarico I, intentan penetrar en Italia y en 410 consiguen asaltar Roma. Allí
descubren que el trigo proviene del norte de África e intentan alcanzarla desde
el sur de Italia, pero una tormenta destruye su flota, y además, muere Alarico
I, así que vuelven sobre sus pasos y se dirigen hacia la Galia, instalándose en
Narbona.
El último día del año
406, en la zona de Maguncia, un grupo de pueblos bárbaros, aprovechando que el
río está helado y que la vigilancia es escasa, cruzan el río. Se trata de los
suevos, vándalos asdingos, vándalos silingos y alanos. Durante dos años
deambulan por las Galias, pero en 409, se desparraman por la Península Ibérica.
Los suevos se instalan en la Gallaecia, los vándalos asdingos en Lusitania, los
vándalos silingos llegan hasta la Baetica y los alanos a la Carthaginensis y la
Lusitania.
Ante esta presencia, Roma
decide intervenir y limpiar Hispania de
estos pueblos, especialmente por dos motivos:
La intromisión de estos pueblos no contaba
con la autorización de Roma, y además, a su paso van dejando huella de atroces
atropellos a la población hispanorromana (crónica de Idacio).
Y Roma no podía permitir instalarse a ningún
grupo bárbaro a orillas del Mediterráneo ya que éste era la arteria principal
del Imperio.
Por todo ello, Roma hostiga a los visigodos que en 414 y al mando
de Ataúlfo entran en la Península Ibérica. Ataílfo es asesinado en Barcelona.
Su nuevo jefe, Walia (415-419) vuelve a fracasar en su nuevo intento de llegar
al norte de África, y una vez más, la flota es destruida por una tormenta.
Walia recibe de Roma la propuesta de expulsar a los pueblos bárbaros de
Hispania. En 418 solo quedan los suevos en Gallaecia y los vándalos asdingos quienes
en 425 deciden pasar a África. Como consecuencia de este servicio, Roma permite
a los visigodos instalarse en la Aquitania (Burdeos).
La
Historia del Reino Godo de Tolosa
Los visigodos permanecen en Aquitania del 418 al 507. Este reino
visigodo de Tolosa consigue extenderse por la mitad sur de las Galias, desde el
Atlántico hasta los Alpes y desde los Pirineos al río Loira. Trasladan su
centro desde Burdeos a Tolosa, desde ahí, van a desarrollar una progresiva
intervención en las cosas de Hispania que presagia su futura identificación con
este territorio, y eso fundamentalmente por la existencia de problemas en
Hispania cuya solución Roma les confía.
El problema suevo. La presencia de los suevos
en Gallaecia es una fuente de problemas con la población hispanorromana;
además, los suevos intentan expansionarse. Sus jefes Rekhila (438-448) y
Rekhiario (448-457) intentan primero ocupar la Bética y la Cartaginensis
(Rekhila), y la Tarraconensis (Rekhiario).
Teodorico II (453-466) viene a Hispania con su ejército, derrota a
los suevos en la batalla de Astorga (456) y como consecuencia, los suevos se
retiran a Gallaecia. Los visigodos se instalan por primera vez en la Península,
con permiso de Roma, creando guarniciones a lo largo del Duero que cubren con un tipo de tropa llamada limitanei
(de la frontera) para vigilar a los suevos.
Las
Bagaudas. Son una especie de movimientos de bandidaje, preferentemente en el
valle del Ebro, donde se producen asaltos a poblaciones (Tarazona, Lérida). Los
visigodos acuden y reprimen estos movimientos con relativa facilidad.
Los propios visigodos también tienen intereses para intervenir en
España, en Aquitania no tienen seguridad porque en la mitad norte de las Galias
están los francos que presionan hacia el sur poniendo en peligro el reino de
Tolosa. En el año 473 un doble ejército se desplaza hasta España y se van
produciendo nuevos asentamientos visigodos en la Península, apoderándose de
ciudades como Tortosa y Tarrasa.
Intervención del Pueblo Visigodo hasta Identificarse con la Península: Estando
así las cosas, se produce la ruptura de las relaciones con Roma. Eurico
(466-484) decide romper el pacto aparentemente hastiado de la falta de
autoridad del emperador. Al ser depuesto Rómulo Augustulo, Eurico sigue
obedeciendo al emperador de oriente (Julio Nepote), pero acaba olvidándose del
Imperio e inicia la etapa del “Reino visigodo independiente”.
OCUPACIÓN VISIGODA
DEL ESPACIO HISPÁNICO
Tras la desaparición del Imperio Occidental, la lucha por la
hegemonía en occidente está encabezada por dos tendencias acaudilladas por sus
respectivos líderes.
Clodoveo: Tras afirmar su poder sobre los
francos y otros pueblos germánicos, se convierte al catolicismo (496), siendo
el candidato de la romanidad, apoyado por la población galorromana, la Iglesia
Católica e incluso Bizancio que le nombra cónsul en occidente.
Y Teodorico “el Grande”, rey de los ostrogodos,
de orientación pro-germánica, es apoyado por los visigodos y otra serie de
pueblos germánicos con los que practica un tipo de política que más tarde se
hará frecuente, el de las alianzas familiares.
El enfrentamiento entre los dos bloques es inevitable entre
francos y visigodos. Clodove y Alarico II se enfrentan en la batalla de Vouillé (507) en
la que Clodoveo consigue la victoria. Los visigodos pierden todos los
territorios de las Galias a excepción de las provincias Narbonense y Provenza
que mantienen gracias al apoyo de Teodorico “el Grande”. Al morir éste en 526,
los visigodos también las pierden.
Del 507 al 526, el reino visigodo de Tolosa desaparece por
completo, en el año 531 solo conservan la Septimania que es una pequeña franja
al sur de la Narbonense lindando con los Pirineos. Los visigodos, por tanto, no
tienen otra opción que identificarse con la población española.
GOBIERNO Y CONTROL
DEL TERRITORIO
Una vez expulsados de Narbona, al frente del pueblo visigodo en
Hispania se consolidó una nueva dinastía formada por dos reyes: Teudis
(531-548) y Teudisclo (548-549) que se va a encontrar con los siguientes
problemas:
Frágil situación interna. En 531 la Península
Ibérica se encuentra con tres zonas geográficas que tienen tres situaciones
políticas distintas.
Zona noroccidental: Ocupada por pueblos
insumisos, suevos, cántabros y vascones que no obedecen a nadie, ni a Roma ni a
los visigodos.
Zona central: Controlada por los visigodos.
Zona sudoriental: En la que la aparición de
los visigodos y la desaparición de los romanos crea un vacío que hace que
emerjan los poderes locales:
Obispos,
grandes terratenientes y
asambleas de notables, que crean un pequeño “senado” que gobierna las ciudades.
Sobre estas tres zonas,
se produce la superposición de tres organizaciones diferentes:
Administración civil romana: A estas alturas
está muy degradada y apenas quedan algunos retazos en la administración
municipal.
Administración visigoda: Los visigodos habían
recibido de Roma la administración militar. Al desaparecer la administración
civil romana, los visigodos asumen una serie de competencias que pertenecían a
la misma, como la administración de justicia. Al carecer de los órganos
administrativos adecuados, un órgano ya existente tiene que asumir las nuevas
funciones, con ello, se produce una involución hacia fórmulas inorgánicas con
lo que estamos enfilando el camino hacia lo que será la administración feudal.
Organización administrativa estática: El origen de esta administración
está en los privilegios que Constantino concede a la Iglesia Católica (los
mismos derechos que tenía la pagana). Entre estos derechos está el “derecho del
foro” reconociendo a las curias diocesanas (obispos) capacidad para que algunos
de sus actos tuvieran valor civil (testamentos, emancipaciones, etc.). Mientras
las curias municipales empiezan a desaparecer, las curias eclesiásticas
permanecen, convirtiéndose en una de las organizaciones administrativas más
concurridas y de mayor porvenir.
Esta
situación hubiera requerido de los reyes visigodos un esfuerzo enorme para su
homogeneización, esfuerzo que no podrán hacer por las amenazas de Francos y Bizantinos.
El peligro franco continúa añadiéndole ahora el matiz
religioso, los francos son católicos mientras que los visigodos son arrianos.
En
541 Clotario y Childeberto, envían una expedición cuyo objetivo es apoderarse
del valle del Ebro y de las ciudades de Zaragoza y Pamplona. Teudisclo les
corta la retirada, lo que provoca el retroceso precipitado de los francos a los
que Teudisclo causó importantes bajas (el hecho se conoce como el primer
Roncesvalles).
Tras
este fracaso, los francos apenas vuelven a intervenir y aunque continúan siendo
una amenaza, ésta ya no es de primer orden.
La amenaza bizantina está ligada a la política de
reintegración mediterránea que está llevando a cabo Justiniano.
Para
los reyes visigodos, la Bética estaba muy romanizada y se resistía a abandonar
los “poderes locales” citados anteriormente, además, podía “sintonizar” muy fácilmente
con los bizantinos. Los visigodos intentarán ocupar la Bética y someterla a su
poder.
Justiniano
en 532, ocupa Cartago y su zona, y desde allí, amenaza a los reinos germánicos
de occidente. La reacción de éstos no se hace esperar y los ostrogodos
desplazan a su dinastía reinante, de carácter probizantino, por otra de
carácter nacionalista.
Los
visigodos toman posiciones al otro lado del estrecho ocupando Ceuta, mientras
que Teudisclo, decide trasladar la capital a Sevilla.
En la
Bética, se produce una rebelión azuzada por un noble visigodo llamado
Atanagildo (551-567) que aprovecha para proclamarse rey con el apoyo de los
bizantinos, que a su vez, aprovechan para tomar posiciones en la Península.
La
ocupación bizantina va a ser limitada (desde Cartagena a Huelva), concretamente
hasta el río Guadalete, lo que indica que solo tenían intereses comerciales y
con esta ocupación tenían bastante para realizar su comercio. Lo que ocupan es
simplemente una colonia con algunas instituciones: Autoridad militar suprema
(magister militum), unas instituciones portuarias y una ceca para acuñar
moneda.
Tras
esta instalación bizantina, aumentan de forma considerable las relaciones
mercantiles y culturales con Bizancio.
Atanagildo
reacciona contra la presencia bizantina, consigue controlar la Bética
(Sevilla, pero no Córdoba), instala la capital en Toledo y trata de estrechar
sus relaciones con los francos.
Tras
la muerte de Atanagildo, los nobles visigodos, temerosos de la proximidad
bizantina, sacan la capital de Toledo y la colocan en la Septimania eligiendo
como rey a Liuva (567-573). Probablemente no contaba con las simpatías de
todos, especialmente del grupo toledano de Atanagildo, por lo que muy pronto
asoció al trono a su hermano Leovigildo, que además, se casó con la poderosa
viuda de Atanagildo y que controló desde el primer momento los dominios de
Hispania, quedando relegado Liuva a la Septimania aunque compartiendo reino.
LEOVIGILDO: CREACIÓN DEL ESTADO
VISIGODO
En
573 muere Liuva y queda Leovigildo como único monarca. La situación es
complicada.
Los visigodos tienen un escaso control del territorio. Hay zonas
autónomas, otras ocupadas por los suevos o por los bizantinos.
Los visigodos, como
independientes, tienen que desarrollar el aparato estatal como antes lo
hicieron los romanos.
Dualidad de sociedades: La hispanorromana y la visigoda. Estos dos
grupos poseen hábitos distintos en cuanto a la economía, dieta alimenticia,
estructuración social (la sociedad visigoda es semitribal), diferencias en el
plano cultural, especialmente la religión, católica para los hispanorromanos y
arriana para los visigodos, y lo más importante, diferencias en cuanto a las
costumbres y al derecho.
Respecto
a este último aspecto ha habido dos líneas de opinión de los historiadores:
Tesis personalista: La defienden historiadores de tendencia germanista
(Sanchez Albornoz, Hinojosa, etc.). Existe un derecho distinto para romanos y
visigodos. Según esta tendencia, el derecho para los visigodos era inmutable,
hasta el punto que ningún rey podía modificarlo y solo hacerlo cumplir. ¿Como
se explica entonces que en la época Tolosana aparezcan el Código de Eurico y el
Breviario de Alarico II? La explicación que se da es que el Código de Eurico
rige solo para los visigodos, mientras que el Breviario de Alarico II lo hace
para los hispanorromanos.
Sí están de acuerdo los historiadores de esta
tendencia en que a medida que avanza el tiempo, se avanza hacia una territorialización
de las leyes (es decir, que afecten por igual a todos los habitantes de un
territorio). Este proceso comienza con Teudis y su Ley de Teudis que regula las
relaciones económicas en relación con la propiedad de la tierra. Después
vinieron otros pasos como fue el reinado de Leovigildo y la promulgación del
Liber Iudiciorum o “Fuero Juzgo”.
Tesis territorialista: Niega que el derecho germánico sea inmutable, y
por tanto, afirma que el rey puede crear derecho. Los visigodos, según esta
tesis, tendrían leyes comunes con los hispanorromanos desde época tolosana. La
presencia de los dos códigos anteriormente citados la explican de la siguiente
forma:
En cuanto al
Código de Eurico (476) inciden en que al haber caído el Imperio de Occidente,
Eurico se ve obligado a legislar para llenar el vacío. Este código contiene una
mezcla de derecho romano con derecho germánico. El derecho romano sería el
“derecho provincial romano”, los destinatarios, por tanto, no son solo los
visigodos sino también los hispanorromanos.
El Breviario de
Alarico II (506) es un año anterior a la batalla de Vouillé. En ese momento
existe un apoyo de la población romana a Clodoveo. Alarico II con este
Breviario habría intentado ganarse a los hispanorromanos (infructuosamente como
se vería después).
Hay
que concluir diciendo que de estas dos tesis, será la segunda la que en estos
momentos está más en boga. No obstante, hay que hacer la observación de que las
costumbres visigóticas tenían mucho peso entre su población como más adelante
se verá.
En la
época de Leovigildo se avanza mucho más en la territorialización con la
promulgación del “Liber Iudiciorum”.
Leovigildo hace frente a estos problemas de
la forma que sigue:
Consolidación del Dominio Territorial.
Desde
el primer momento va a dedicar sus energías a extender el dominio visigodo
sobre la Península mediante campañas hacia el Sur y el Levante. No es que consiga grandes éxitos, pero sí
algunos. En 572 consigue la sumisión de Córdoba, también ocupa Medinasidonia, y
posiblemente, arrebata Baza a los bizantinos.
Hacia el Norte y sus Zonas Insumisas:
En Gallaecia
consiguen la sumisión de algunos señores independientes.
En la zona
Cántabro-Astur, consigue el dominio de la ciudad de Amaya (que tenía su propio
senado).
En el territorio
vasco, donde con el fin de contener a la población de las montañas, construye
sobre una pequeña aldea existente, la ciudad-fortaleza de Victoriaco (581).
Campaña dirigida
contra el reino suevo: Tras la batalla de Astorga (456), los suevos entran en
una etapa decadente, hasta que cien años después reaparecen evangelizados por
San Martín de Braga, vueltos al catolicismo y con unas magníficas relaciones con
bizantinos y francos. Los suevos con su rey Miro, van a chocar con Leovigildo
por su inclinación a la romanidad y por su apoyo a la rebelión de Hermenegildo
y la Bética contra su padre. En el año 585, Leovigildo derrota a Miro
anexionando la Gallaecia al reino visigodo.
Construcción del Estado Visigodo.
Esta
construcción estaba facilitada y exigida por la nueva situación. El rey
visigodo, tras la independencia, tenía unas nuevas competencias, pero también
contaba con nuevos recursos. Las fuentes de riqueza que antes iban a parar al
Imperio, ahora se quedan en poder visigodo, las tierras vacantes, los
impuestos, el derecho a confiscar bienes, etc.
Sobre esta base Leovigildo
trató de construir un aparato estatal que reprodujera las formas y prerrogativas
imperiales:
En
relación a las formas la monarquía visigoda no había adoptado el aparato
externo (ni corona, ni trono, ni manto, etc.). Leovigildo asume estos signos
externos y su efigie empieza a aparecer (monedas, retratos, edificios, etc.) y
también asume titulaciones imperiales (flavius, etc.).
En
relación a las funciones Leovigildo ya no solo legisla sino que en lugar de
promulgar “edictos”, Leovigildo promulga leyes. La diferencia es que las leyes
solo las podían dictar los emperadores mientras que los edictos podían ser
promulgados por “notables” como los prefectos. Los anteriores reyes godos solo
habían promulgado edictos.
La
razón de estas modificaciones es no solo atender a las nuevas competencias,
sino la de aparecer ante la opinión hispanorromana como un auténtico soberano,
ya que para éstos la imagen del soberano la seguían teniendo en Bizancio.
Leovigildo quiere neutralizar esta situación apareciendo como un “par” del
emperador bizantino.
Leovigildo
trata de configurar un espacio soberano y para ello hace de Toledo una “Urbis Regia”, la dota de edificios
notables (palacios, basílicas, teatros, hipódromos, etc.), intentando crear el
escenario en el que pueda brillar y manifestarse la soberanía regia. Toma como
modelo a Constantinopla (a Toledo se la podría llamar la “nueva
Constantinopla”), reproduciendo el mismo esquema.
Y crear un sistema defensivo, basculando el territorio en torno a dos
ciudades fortificadas:
Sevilla, a la que
se encarga la seguridad del Sur y a cuyo frente pone a su hijo primogénito
Hermenegildo.
y
Recópolis, de
nueva creación (provincia de Cuenca) orientada a la defensa del Levante y a cuyo
frente pone a su hijo Recaredo del que la ciudad toma el nombre.
Unificación social: La convivencia de las dos sociedades va
evolucionando, pasándose de una posición inicial en que ambos grupos tratan de
mantener sus diferencias a una situación de intento de unión de ambas
poblaciones. Los visigodos eran
minoritarios y para no ser absorbidos culturalmente por los hispanorromanos
tenían que acentuar sus rasgos diferenciales. Los hispanorromanos, por su
parte, no podían unirse a los visigodos al prohibir la religión católica los
matrimonios con miembros de otra religión (arrianos).
La situación va
cambiando por distintos motivos:
La convivencia
diaria hace que se produzca la aproximación, sobre todo en el nivel
aristocrático, y
el interés del
propio Leovigildo que no puede construir un Estado sólido con esta dualidad de
sociedades
El
plan de Leovigildo se va a hacer mediante dos programas:
Programa de unificación de leyes: El derecho visigodo que ya tenía un
avanzado grado de territorialización va a avanzar más en este sentido con
Leovigildo que promulga nuevas leyes y revisa las antiguas para quitarles
posibles connotaciones personalistas. Así, reforma el Código de Eurico, lo que
se conoce como “Codex Revisus”.
Igualmente,
suprime algunos tribunales de administración de justicia que tenían carácter
personalista.
Programa de unificación religiosa: Hay que hacer hincapié en la
importancia que la religión tenía en la identidad cultural de los pueblos. Los
visigodos se identificaban con la religión arriana, mientras que los
hispanorromanos eran de tradición católica. Hasta tal punto llegaban estas
identificaciones que a la fe arriana se le llamaba “fides gótica” y a la fe
católica se la llamaba “fides romana”.
Lo
normal es que la unión de las dos tradiciones se hubiese hecho mediante un
proceso de aculturación en que la cultura más numerosa y más rica hubiese
absorbido a la otra, es decir, los visigodos deberían haber abandonado el
arrianismo y haber abrazado el catolicismo.
Leovigildo
quiso hacerlo al revés, que los hispanorromanos se hicieran arrianos, y para
conseguirlo lanza las siguientes ofensivas:
Ofensiva ideológica y propagandística: Destinada a elevar la imagen
social de la Iglesia arriana (milagros, santos, etc.). El rey obliga a los
católicos que cedan a los arrianos algunas iglesias “martiriales”.
Persecución de los católicos de raza goda: Con la consiguiente
confiscación de bienes de la Iglesia.
Presión sobre la jerarquía arriana: Para que rebaje las exigencias a los
católicos que quisieran abrazar el arrianismo. (Ej. obligatoriedad del bautismo
por inmersión). En el plano dogmático se compone la frase “en el nombre del
Padre, por el Hijo y para el Espíritu Santo” para suavizar el hecho de negar la
divinidad del Hijo.
Leovigildo
fracasa estrepitosamente y no solo no logra la unidad religiosa sino que además
consigue que se rebele la Bética contra su política. Rebelión dirigida por su
hijo Hermenegildo que había sido ganado para la causa católica.
Leovigildo derrota a Hermenegildo al que
manda encarcelar en Tarragona donde es asesinado ¿por un sicario de su padre?…
El fracaso de Leovigildo le va a hacer
cambiar de táctica y en el lecho de muerte recomienda a Recaredo que siga
intentando la unidad religiosa, pero esta vez, desde el lado católico.
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