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HISTORIA DE ESPAÑA
Las 4 mentiras sobre los godos
Por
JURATE ROSALES
Jurate Rosales, venezolana de origen lituano.
Dirige desde 1985 la revista “Zeta”, semanario venezolano de información y
análisis. Es autora de los siguientes libros:
“Baltų Kalbų Bruožai Iberų Pusiasalyje” (Rasgos de idiomas bálticos en la península ibérica),
en idioma lituano, Chicago, 1985.
“Los Godos”, 2 ediciones de
la revista Zeta, Caracas, 1998 y 1999.
“Los Godos” edición
ampliada, Ariel, Barcelona, España, 2 ediciones en 2004.
“Goths and Balts” (Godos y
bálticos) en inglés, Vyduno Fondas, Chicago, 2004.
Hora de corregir
El siguiente trabajo versa sobre los errores de traducción de textos
medievales, lo cual impidió el conocimiento y utilización de múltiples
documentos que existen y son accesibles, reveladores de los orígenes, idioma y
cultura de los godos que en el siglo V invadieron España. Los errores que
señalo se refieren a:
1.
La creencia que los godos son oriundos de Escandinavia
(producto de un error de traducción);
2.
2. Considerar que el idioma de la Biblia de Ulfilas es una muestra del
idioma de los godos (error de interpretación histórica);
3. Considerar que los godos son germanos (errores de análisis lingüístico);
4. Describir a los godos como un pueblo primitivo (falta de documentación
sobre el particular).
A título de introducción, cabe recordar que en la segunda mitad del siglo
IV, los godos partieron de la costa sureste del mar Báltico, descendieron hasta
el mar Negro y al alcanzar el bajo Danubio, atravesaron la región balcánica
para penetrar en la Península Itálica. En el año 410 tomaron Roma, pero la
abandonaron y tras la muerte de su rey Alarico, se dirigieron hacia el sur de
Francia y la Península Ibérica. Casi un siglo después, en el año 507, perdieron
sus provincias francesas en la batalla de Vouillé contra los francos, y sus
centros de poder se trasladaron a los dominios que poseían en España. Allí,
principalmente en el norte, echaron raíces y se establecieron definitivamente.
Lo más probable es que hoy, todo español lleve algo de sangre goda en sus
venas.
Durante los 800 años que duró la Reconquista hasta la expulsión definitiva
de los moros con la toma de Granada en 1492, llevar sangre goda era en España
un honor y un incentivo de lucha. El escritor y periodista venezolano Rafael
Poleo, lo puso en estas palabras:
“...para los españoles de entonces, la Reconquista fue una gesta de godos contra árabes,
reivindicación legítima si se considera que aquella empresa la lideró una clase
dirigente cuyo núcleo era la nobleza de origen predominantemente godo.” Actualmente
el “ser godo” ha sido olvidado en España, pero permanece vigente en América
Latina, donde, según ese mismo autor: “los godos convirtieron su patrimonio en sinónimo
de nobleza y esa manera de evaluar la palabra godo rige a este lado del
Atlántico, casi siempre con dejo rencoroso, para designar al miembro de la
clase dominante que lo es por razones ancestrales”. Sobre ese particular, la
Enciclopedia Quillet argentina es aún más directa e informa: “hacerse de los
godos: fig. Blasonar de noble. Ser godo: Ser de nobleza antigua.”
En realidad, lo de la “nobleza” no fue sino una evolución tardía. Desde los
albores de la existencia de ese pueblo que cuenta no menos de 4.000 años de
historia documentada, los godos se esmeraron en crear una sociedad organizada,
no necesariamente bélica, sino principalmente agrícola, ganadera y sobre todo –
productiva. El mayor logro de esa cultura ha sido su permanencia, porque sus
planteamientos básicos nunca perdieron validez. El que muchos españoles ignoren
hoy lo que fueron sus ancestros godos, se debe a una grosera deformación de los
hechos históricos. Algunos pretendidos estudios que se hicieron sobre el tema
carecen del más elemental sentido común, rayando en lo absurdo. Sin embargo,
nadie se atrevió a ponerlos en duda.
La meta de este breve recuento consiste por lo tanto, en señalar los más
resaltantes errores que impidieron conocer con precisión quiénes fueron los
godos.
1ª MENTIRA
Un origen escandinavo
La confusión que ubicó el origen de los godos en la península escandinava
parece haberse iniciado con una errónea interpretación de lo dicho por el
historiador Jordanes, quien escribió en latín, en el año 551, una historia de
los godos intitulada De origine actibusque getarum (Del origen y hechos
de los godos). Una revisión de lo que realmente dijo Jordanes, evidencia el
grave error de traducción que a su vez alimentó la teoría de un origen
escandinavo de los godos.
El nacimiento de un mito
Jordanes inicia la descripción de la patria goda original llamándola “la
isla de Scandzia”. El texto en latín es:
“Ad Scandziae insulae situm, quod superius reliquimus, redeamus, de hac
etenim in secundo sui operis libro Claudius Ptolomeus, orbis térrea discriptor
egregius, meminit dicens: est in Oceani arctoi salo posita insula magna, nomine
Scandza, in modum folii cetri, lateribus pandis, per longum ducta concludens
se. De qua et Pomponius Mela in maris sinu Codano positam refert, cuius ripas
influit Oceanus. haec a fronte posita est Vistula fluminis, qui Sarmaticis
montibus ortus in conspectu Scandzae septentrionali Oceano trisulcus inlabitur,
Germaniam Scythiamque disterminans.»
La mayoría de las traducciones conocidas en los tiempos modernos recogen la
palabra “Scandzia” y la interpretan como Escandinavia. Sin embargo, una traducción
literal de lo dicho por Jordanes revela algo muy distinto:
“Volvemos a la isla de Scandzia a la que nos referimos arriba, de la que en
el libro segundo de su obra habla Claudio Ptolomeo, notable relator del orbe
terrestre, y allí dice: hay puesta en el Océano del Norte una gran isla,
llamada Scandza, con la forma de una hoja de limón, de lados arqueados, en
alargada extensión terminando en si misma, que Pomponio Mela dice está en el
mar en el golfo Codano cuyas orillas (acc.pl.: ripas) baña el Océano, y por su frente (abl.sg. de frons – cara, fachada) está colocado (positus est) el río Vístula que parte de
los montes de Sarmatia, cayendo en tres ramales en el Océano de Septentrión con
el sitio de Scandza a la vista, marcando la frontera entre Alemania y Escitia.”
El error parece haberse generado al considerar la palabra frons con
el sentido de en frente, cuando el significado latín de esa voz es “el
frente” y en el ablativo que utiliza el latín significa “por su frente”:
por su parte frontal, que es lo contrario de “en frente”. El hecho de afirmar
el autor que el nacimiento de la isla se ve (in conspectu) en la boca
del Vístula, debía haber advertido a los traductores que no es posible “ver” a
Escandinavia desde la boca del Vístula. Este solo hecho ya era suficiente para
percibir de que no se trata de la península escandinava, porque la distancia
desde el punto más cercano de Suecia a la desembocadura del Vístula es más o
menos igual a la que separa Madrid de Barcelona y a nadie se le ocurriría decir
que desde Madrid se puede “ver” Barcelona. Por otra parte, en la época en que
escribió Jordanes, no existían mapas de la península escandinava y mucho menos
mapas de la costa del mar Báltico en el que desemboca el Vístula, así que
tampoco podía Jordanes “ver” las cosas, como hoy las observamos en un mapa. Tan
escasos eran los conocimientos oficiales sobre esa área, que los autores
antiguos solían llamar al mar Báltico “mar del Norte”, o simplemente “el
Océano”.
Ahora bien: el texto de Jordanes, escrito en el año 551, fue dado a conocer
a los historiadores modernos por el latinista germano Theodor Mommsen
(1817-1903), Premio Nobel en 1902, en su obra “Monumenta Germaniae
Historica”. El primer traductor del texto de Jordanes fue el lingüista
alemán Wilhelm Martens (1884-1913) y la traducción fue publicada en 1914. En
ella, Martens inicia la larga cadena de errores al traducir la palabra frons, no por “frente” sino por “en frente”3, y además, obvia totalmente en la
traducción la frase “terminando en si misma”, limitándose a decir que la isla
es larga.
Curiosamente, los traductores después de Martens, copiaron textualmente lo
dicho no por Jordanes, sino por Martens. La traducción al inglés de Christopher
Mierow data de 1915 y repite el error: “this island lies in front of”. La
traducción muy reciente de Theedrich Yeast, vuelve a insistir en lo mismo, al
tiempo que confiesa haberse guiado por las traducciones anteriores de Martens y
Mierow. Dice Yeast: “this island lies opposite the river Vistula”. Una
revisión de algunas traducciones en otros idiomas, parece confirmar que todos
se guiaron no por el latín de Jordanes, sino que buscaron la facilidad del
alemán o el inglés.
Lo importante es que mucho antes de Mommsen, el rey Alfonso X El Sabio ya
tenía conocimiento de la Historia de los Godos escrita en el siglo VI por
Jordanes. En su Historia de España, al referirse en el capítulo 3864 al
origen de los godos, Alfonso X El Sabio tradujo en el siglo XIII el texto de
Jordanes (o copió el mismo texto que utilizó Jordanes, eso no podemos saberlo),
pero tenía más clara la situación geográfica del lugar de origen de los godos,
quizás porque en la época de sus cercanos antepasados, los godos de España todavía
solían viajar a ese lugar para consultar a sus antiguos augurios, según lo
relató en el año 1073, en Prusia oriental, el cronista Adamus Bremenensis en su
obra Descriptio insularum aquilones.
En su Primera Crónica de España, en el capítulo 386 titulado “Aquí
comienza la estoria de los godos et cuenta de que yentes fueron et de quales
tierras salieron”, el Rey Sabio incluye varias explicaciones adicionales:
1. que la isla está situada en el golfo “es assentada en el seno”; 2.
que esa isla rodea la tierra y las costas adyacentes como un arco “cerca
toda la tierra et a las costas aduchas cuemo en arco”; 3. que comienza en
el lado Este de la boca del Vístula “correl aparte de orient el rio Vistula” y lo hace en el punto donde el Vístula se divide en tres ramales y marca la
frontera con Alemania (la cual evidentemente se encontraba al Oeste, lo que
significa que las tierras al Este de esa frontera no lo eran): “et dalli o
comiença a parecer a la ysla de Scançia ua partido por tres canales et ayuntan
se cercal mar de septentrion, et ua partiendo frontera entre tierra de Sciçia
et de Alemanna.”
Efectivamente, los dos largos bancos de arena que pueden ser considerados
islas y hoy son penínsulas, se originan en la orilla Este del Vístula, en el
sitio donde ese río desemboca en el mar Báltico que los autores antiguos y del
medioevo llamaban “mar de septentrión”.
Las confusiones de Mela
Otra confusión la originó el geógrafo Pomponio Mela, mencionado tanto por
Jordanes como por Alfonso X El Sabio como la autoridad que define el nombre del
golfo donde nace esa isla de Scandza. En su famosa geografía, Melo llama ese golfo Codanus sinus y lo coloca “más arriba del Elba”, un río de Alemania
situado bastante más al occidente del Vístula. (Por cierto, tanto Jordanes como
Alfonso X dicen que Melo habla de ese golfo en su Libro II, cuando en realidad
lo hizo en el Libro III). Resulta que Melo menciona dos veces en su geografía
el nombre del Codanus sinus, pero parece situarlo cada vez en otro
lugar.Mela era un importante geógrafo español , quien escribió su famosa Chorographia,
según concuerda la mayoría de los estudiosos, hacia el año 44 después de
Cristo. En ese libro ofrece descripciones excelentes y adelantas para su época
del golfo de Vizcaya, pero sus conocimientos del norte de Europa pecan de
muchos errores. En su capítulo 3,31 Mela sitúa el Codanus sinus (golfo
Codanus) “arriba del río Elba”, pero más adelante, en el párrafo 54, pareciera
hablar de Dinamarca y agrega que entre las islas de ese lugar que “ocupan hoy
los teutones y que, por su fertilidad y tamaño supera las demás”.
El problema entonces es que Mela no sabía exactamente donde se encontraba
ese Codanus sinus, ya que lo colocaba cada vez en un lugar diferente. En
cambio Jordanes y Alfonso X, al igual que otras fuentes, lo tenían por el
actual golfo de Danzig, puesto que lo ubicaban en el sitio donde desemboca el
Vístula.
Si observamos que Mela describió esa región del norte de Europa como un
lugar cuyos habitantes vivían desnudos y se resguardaban del intenso frío
cubriéndose con sus propias orejas que tenían muy largas, o que se
transformaban de noche en lobos, cabe abrigar ciertas dudas sobre las fuentes
de información que utilizó Mela. En cambio, la gran virtud de Alfonso X El
Sabio es la escrupulosa exactitud, asombrosa en un siglo XIII, de sus datos geográficos.
En ese aspecto, debemos otorgar mucha más credibilidad a Alfonso X, y esto nos
ubica definitivamente en el banco de arena que empieza al Este de la
desembocadura del Vístula y, efectivamente, a partir de allí rodea la tierra y
las costas como un arco.
El nombre de Codano
La arqueología indica que la región al Este de la desembocadura del Vístula
fue habitada por pueblos bálticos desde por lo menos 2000 antes de Cristo y
dejó de serlo en su ala occidental cuando lo que hoy es Prusia oriental fue invadida
por los germanos en el siglo XIII después de Cristo. Antes de esa fecha y
durante más de tres mil años, la región presenta el cuadro arqueológico y
posteriormente histórico, de una permanente presencia báltica. Los nombres de
los lugares geográficos son de origen báltico. Es cuando vale la pena examinar
si la voz “Codano” entra también en ese grupo y averiguar cómo la pronunciaban
en el idioma local.
Una de las diferencias entre los idiomas bálticos (o en nuestra opinión –
godos) y el latín, es que generalmente el báltico antiguo pronunciaba la G en
el lugar donde el latín tenía el sonido K. Como ejemplos de esa tendencia
traída por los godos, podemos mencionar las voces latinas lacrima y lacus que se convirtieron en España en lágrima y lago. Otra diferencia son los
diptongos, que el latín ya no pronunciaba, pero que en los idiomas bálticos
eran (y son) abundantes al punto de modificar en España muchas palabras latinas
agregándoles el diptongo: ej. bonus dio “bueno”, novus se
transformó en “nuevo”, “regnum” en reino, “ferrum” en hierro,
etc.
Si invertimos la regla y nos preguntamos cómo deformaba el latín las
palabras godas, tenemos que la G goda debe transformarse en una K latina. Efectivamente,
Codano es la pronunciación latina (con el sonido K y sin el diptongo) de la voz
báltico-prusiana “gudian” y “godian” – godos. El sinus codanus,
era entonces simplemente el golfo Godian, o golfo de los godos.
Entre los autores que comprendieron que el “sinus Codanus” era el “golfo de
los godos” cabe citar al historiador Edward Gibbon (1737-1794). En su famosa
obra “Decline and fall of the Roman Empire”, Gibbon escribió: “El poder
de los godos debe haber sido grande en ese tiempo: es probablemente a ellos que
el Sinus Codanus debe su nombre”.
Ya anteriormente, el historiador prusiano Matheus Praetorius, se refería en
el año
1688 a
la voz “Codano” como una traducción de “Godan”. Además de testificar que esa
era la voz todavía utilizada en su tiempo, también cita al geógrafo Cluverio,
famoso en Ámsterdam: “Cluverius ab hoc Codano seu Godano sinu, celeberrimam
Regalis Prussiae Urbem Gedarum dictam, vulgo Dantiscum, seu Danzig. Quod aliis
Gythonium, veterum cultorum nomine vocatum, audit.; suma traxisse originem
testatur”. Philippus Cluverius (1580-1623) era un geógrafo alemán nacido en
Danzig y autor de importantes obras de geografía editadas en Holanda. Indica,
según Praetorio, que el golfo se llamaba Codano o Godano y allí estaba la
ciudad de Danzig, “antiguamente llamada Ghytonium – lo que indica de donde
le viene el nombre” – o sea que el nombre viene de los godos.
El significado de “scandia”
En ese mismo libro Orbis gothici publicado en 1688 en Prusia Oriental por
el historiador Matheus Praetorius (1635-1707), el autor afirma que la voz Scandia
proviene del verbo báltico skandinnu (en lituano moderno la voz “skandinu”
existe, y significa “yo sumerjo”, del verbo skandinti, skandina - sumergir).
Efectivamente, Praetorius traduce la palabra por “sumerjo” (“… deductum putat
nomen a voce Sarmatica skandinnu, Submergere”). En ese mismo capítulo,
Praetorio explica que “los ancianos” llamaban así a las “maris Balthici oris” –
las costas del mar Báltico.
En realidad, la voz scanda, scandinavia y scandia, o las scandzia, scandza,
scançia que en Jordanes y AlfonsoX muestran la típica palatización de los
idiomas bálticos (la cual fue introducida por los godos en España y palatizó
las palabras latinas), es sinónimo de otra voz báltica, que en lituano es
“nerija” (viene del verbo nerti, neria, nėrė – sumergirse).
Decir “skandina” o “neria” es decir lo mismo. A medida que los bálticos
occidentales fueron sucumbiendo a partir del siglo XIII ante los teutones, y
los bálticos orientales avanzaron sobre la casi totalidad del territorio
lituano, pareciera que la palabra “nerija”, que los bálticos orientales
utilizaban con más frecuencia cuando hablaban de costas, se impuso sobre
“skandina”. Sin embargo, hasta el día de hoy ambos verbos siguen coexistiendo
en el idioma lituano con idéntico significado.
De acuerdo con la enciclopedia lituana, la voz nerija significa “bancos
de arena que se forman en orillas poco profundas de océanos, mares, bahías y
grandes lagos. (…) La más conocida (en Lituania) es la Nerija de
Curlandia…”. Estamos hablando del banco de arena que forma una península,
la cual se origina al Este de la boca del Vístula y se denomina en lituano
moderno Nerija, pero aparentemente en el pasado, solían llamarla “Skandzia”, lo
cual corresponde a una forma gramatical correcta del lituano para decir: la que
se sumerje.
Praetorius considera la posibilidad de que el nombre “sumerjo” (skandinu) se deba a las naves hundidas en ese mar, pero si comparamos esa palabra con
su sinónimo contemporáneo, el verbo nėrė (se sumergió) con el
derivado “nerija”, tenemos que el significado son bancos de arena sujetos a las
mareas o inundaciones. La palabra seguramente tenía un uso utilitario, porque
advierte al navegante que en esa costa corre peligro de encallar y debe
calcular la marea para anclar o zarpar. Muchas costas del mar Báltico son
formadas de bancos de arena llanos, donde la marea alta cubre grandes
extensiones, para luego retirarse. De ser cierto, como lo sugiere Praetorius,
que los bálticos fueron los tempranos colonizadores –o por lo menos visitantes-
de las costas del mar Báltico, la voz debe haber sido el natural apelativo de
los sitios que visitaban por vía marítima.
Entre las varias “scandias” así llamadas por los godos, una de ellas
corresponde al lugar de donde partieron. Según Jordanes, es la “Scandza” que
empieza en el lado Este de la desembocadura del Vístula y fue la “vagina” de la
que salieron las naciones: vagina nationum. Alfonso X El Sabio lo dice
en otras palabras: según él, esa Scandia fue “fuente criadera de yentes”.
Dos ciudades llevan en esa área otrora habitada por los bálticos prusianos,
el nombre de “Scanda”. Una es la hoy pequeña ciudad de Skandava en la actual
Polonia cerca de la frontera con Lituania, en lo que fue el corazón de los
territorios de los prusianos bálticos. Está situada a orillas de un río y en la
encrucijada de vías de comunicación desde el mar Báltico hacia los territorios
bálticos de tierra adentro. En la tardía edad de bronce, había sido un centro
cultural y comercial, al juzgar por los restos arqueológicos en los que fueron
encontrados numerosos objetos de la edad de bronce, así como cierta cantidad de
monedas romanas. Se llama hoy Skandava en lituano, Skandawa en polaco y Scandau
en alemán.
La otra es la ciudad portuaria fundada por el primer rey godo, Bueric, con
el sencillo nombre de Scandia de los Godos – sería en lituano moderno
“gudų Skandija” y en lituano antiguo “gudum Skandia”, de la que quedaron
en polaco las consonantes GDaNSK (Danzig en alemán).
También está la provincia costera sueca de Skane en la península
escandinava. Contrariamente a Gdansk, no lleva el nombre de los godos, salvo
que a todas luces, fueron los godos quienes conocían sus orillas y las llamaban
por lo que eran: bancos de arena beneficiados por las mareas, o sea
“scandinavias”.
2ª MENTIRA
El origen germano
Las preguntas sencillas son las más difíciles de responder. ¿Por qué los
godos de España se llamaban “godos”? ¿Por qué no se llamaron “Goths” al estilo
germano, o “getae” según el latín clásico e incluso “getes” del latín tardío?
En España la palabra godo (y “gudo” que también aparece en textos romances)
no es el getae latín, ni el Goth germano, sino el “gudo” de los idiomas y
pueblos bálticos, oriundos desde por lo menos el segundo milenio antes de
Cristo de la costa del mar Báltico y la cuenca del alto Dnieper. De allí
partieron en los siglos IV y V a la conquista de Roma, para luego proseguir
hacia el sur de Francia y a toda España.
Cabría preguntar a quienes afirman que los godos fueron germanos, ¿por qué
al llegar a España, los godos en vez de llamarse “goths”, decían “godo”? ¿Cómo
explicar ese salto de garrocha lingüístico que de pronto brinca por encima de
Alemania, para reproducir en España el nombre que se daban a si mismos los
pueblos godos de Europa oriental?
Las poblaciones de los bálticos orientales que vivían en la cuenca del alto
Dnieper antes de que sus territorios fuesen paulatinamente invadidos por los
eslavos a partir del siglo VI, eran conocidas en Europa oriental como naciones
“godas”. El historiador lituano Simanas Daukantas (1793-1864) escribe que se
les dividía en:
* los godos blancos ( en el original
“balti gudai”), habitantes de las actuales regiones de Polotsk, Vitebsk
y Esmolensko;
* los godos marrones (“rudi gudai”), población de las antiguas tierras prusianas de Polonia del sur y Masovia;
* y los godos negros (“juodi gudai”), en los llamados bosques negros, región de Kiev, Severia, Novgorod y
Pleskava.
Hasta el día de hoy, en Lituania, la hoy eslava -pero otrora báltica- Bielorrusia,
es la “Gudia Blanca”, en lituano moderno Baltgudija.
En cuanto a los godos occidentales, el historiador prusiano Matheus
Praetorius (1635-1707), explicó en su libro Orbis Gothici, publicado en
1688, que el “Gothus” latín era lo mismo que el “Guddus” de los antiguos
prusianos: “adeo ut Gothus sive Guddus idem...”
Praetorius habló en su obra del nombre Guddae (“Guddae nomen”) con
que se identificaba la nación báltica que desde tiempos inmemoriales vivía en
Prusia Oriental hasta que esa región fuera vencida por los caballeros
teutónicos en el año 1306, que es cuando se transformó en territorio germano.
El idioma báltico de esos antiguos prusianos se extinguió definitivamente al
final del siglo XVII.
Los visigodos que invadieron España en el siglo V, procedían de Prusia
oriental y se autodenominaban “godos del crepúsculo”, mientras que los
ostrogodos, invasores de Italia, eran los “godos de la aurora”, según las
raíces bálticas vak-vac (vats) con la variante eslava vech- (crepúsculo)
y auš(te)ra, austrums (aurora). Los visigodos eran los godos occidentales y los
ostrogodos eran los godos orientales, tal como lo indican sus nombres y lo
confirman sus lugares de origen.
El cambio de nombre
Los estudiosos alemanes del siglo XIX, en su mayoría firmes defensores del
origen germano de los godos, aparentemente no encontraban cómo interpretar los
múltiples documentos antiguos sobre el imponente pasado de esos “godos” del
Báltico, que de ninguna manera podían ser considerados germanos. Cada vez que
se topaban en los documentos antiguos con la palabra “godo” y aparecía que esos
“godos” no procedían de territorios germanos, el problema se les hacía
insoluble, sobre todo porque a ninguno se le llamaba “goth” y todos eran
“godos” o “gudos”.
El filólogo germano Georg Heinrich Ferdinand Nesselmann (1811-1881),
investigador del idioma de los antiguos prusianos, decidió que en vez de llamar
a ese pueblo por su nombre original “Guddae”, era mejor quitarle ese apelativo
y sustituirlo por otro, menos dado a confusiones. Decidió bautizarlo “báltico”,
por el mar Báltico en cuyas orillas siempre había vivido. Así lo hizo en su
libro Die Sprache der alten Preussen (El idioma de los antiguos prusianos),
publicado en 1848. Allí propuso que los idiomas prusiano antiguo, lituano y
letón fuesen llamados “idiomas bálticos”. Lo grave no fue el hecho de inventar
un nuevo nombre, sino que Nesselmann colocara el nombre original de los “godos”
dentro de la calificación exclusiva de “germánicos”. A partir de 1848, todo lo
relacionado con los godos de España, se transformó en una inmensa confusión.
Lo realmente asombroso es que nadie protestó, y los pueblos de la antigua
Prusia, Lituania y Letonia, fueron catalogados mundialmente como una rama
“báltica” del grupo indoeuropeo. La novedad fue universalmente aceptada. Entre
las consecuencias del improvisado bautizo, cabe mencionar que los académicos
occidentales no fueron informados del cambio de nombre. Muchos se quemaron
inútilmente las pestañas buscando algún legado de idiomas germánicos en la
génesis del castellano, sin jamás llegar a saber que el nombre “godo” indicaba
originalmente a los pueblos bálticos.
¿Gudos o godos?
En Lituania, la palabra contemporánea es “gudas, gudo”. En España, se
afincó como “godo”, con una O en la raíz. Si nos preguntamos cuál de las dos
formas es la original, la respuesta es que España adoptó la versión de los
idiomas hablados en la región costera de los bancos de arena que Jordanes llamó
“Scandza”.
“Godo” corresponde a la pronunciación del dialecto costero de Saugiai,
región del puerto de Klaipėda. El lingüista Jonas Užpurvis señaló que el
dialecto de Saugiai, aledaño a Nerija, la península de arena de donde partieron
los godos, utiliza en la raíz la O larga y también la O corta, en palabras que
otros idiomas bálticos pronuncian con U.
En España, en los inicios del romance, ambas versiones estaban presentes,
lo cual es natural si pensamos que los invasores godos provenían de todas las
naciones bálticas occidentales, donde algunas utilizaban la U y las más
occidentales de la costa pronunciaban la misma palabra con O. Por ejemplo, Ramón
Menéndez Pidal cita nombres medievales de pueblos españoles con la
pronunciación U: Gudiel, Gudiellos, Gudillos, pero también
recopila la presencia de Godiellos, La Goda, Goda, etc. El experto en la
formación del romance Paul M.Lloyd, señala las palabras donde la U latina pasa
a ser una O en español: bucca se transforma en “boca”, y lupu en
“lobo”, pero Lloyd se pregunta por qué esto ocurre en algunas palabras y no en
otras. La respuesta podría ser simple: algunas lenguas bálticas pronunciaban la
O, mientras que otras decían U. Depende de quien, entre los godos llegados a
España, lo decía, porque eso a su vez dependía de la región báltica de su
procedencia.
Lo que nunca existió ni en el Báltico ni en España, fue el “goth” al estilo
alemán. Los bálticos en Europa oriental y los españoles en España, utilizaron
ambos tanto la modalidad “gudo” como la de “godo”, con la particularidad que en
el lituano culto contemporáneo arraigó la versión “gudo”, mientras que en
España prevaleció la de “godo”.
3ª MENTIRA
La Biblia de Ulfilas
El historiador Jordanes vivió a mediados del siglo VI. Escribió su Historia
de los godos ciento cuarenta años después de la toma de Roma por los
visigodos, y unos sesenta años después de la conquista de Italia por los
ostrogodos. En un capítulo de esa historia, Jordanes se refirió a la situación
en los Balcanes después del caos creado allí por el avance y posterior derrota
de los hunos. Lo hizo como testigo presencial, porque además de fechar su
escrito en el año 551, lo escribió en Bizancio, que para esa fecha era el
Imperio Romano de Oriente, dueño de los Balcanes. Tenemos, por lo tanto, en
Jordanes a un historiador con acceso a las primeras fuentes directas, lo cual
le confiere un alto grado de credibilidad.
Los capítulos 50 y 51 de Jordanes relatan en qué lugares de los Balcanes se
asentaron las diversas etnias que quedaron dispersas en la región después de la
desaparición del poder huno (año 455). En el capítulo 50, Jordanes enumera los
pueblos que se instalaron en lo que había sido el territorio regido por los
hunos, y precisa el área geográfica que ocupó cada grupo: los gépidos estaban
en Dacia (parte de la actual Rumanía), los godos vivían en Panonia en las
ciudades de Esmirna y Vindobona (actual Viena), los sauromatas llamados
“sármatas” con los cemandros y algunos hunos se alojaron en la ciudad de Castra
Martis en Iliria. Los esciros, los sadagaros y parte de los alanos con su jefe
Candac, ocuparon Escitia menor y Moesia inferior (parte de Bulgaria). Es de
notar que cada nombre se refiere a otra nación, de las que muchas no tenían
nexos ni de origen ni de lengua.
De paso, Jordanes cuenta dónde se encontraban diversos miembros de su
propia familia, desde abuelo, padre, tía y primo, lo que indica una información
de primera mano y confirma un hecho importante: había en aquel momento en los
Balcanes post-hunos, una mezcla de gente de diversos orígenes que convivían en
un área relativamente reducida.
Jordanes dice que su abuelo fue secretario de Candac, el jefe de los
alanos. Continúa diciendo que el hijo de su hermana Gunthigis, era hijo de
Andago, quien era a su vez hijo de Andela, descendiente de la estirpe real
ostrogoda de los Amalos, lo que significa que esa rama de su familia eran godos
de sangre real.
Jordanes sigue nombrando una maraña de otras naciones presentes en ese
rompecabezas balcánico, y allí aparecen los rugios (germanos) al lado de lo que
quedaba de los hunos, agrupados, todos ellos, en una parte de la actual
Rumania.
Una vez terminado el complicado recuento, Jordanes pasa al capítulo 51: “También
existían otros godos, los llamados pequeños godos, una nación innumerable. Su
sacerdote y jefe era Wulfila, que también parece haberles inventado unas
letras. Hoy (o sea en tiempo de Jordanes que es el año 551) ellos están
en Meosia en la región de Nicopolis al pie del monte de Emi (el monte
Hemus, en la Stara Planina búlgara), son muy numerosos, pero pobres y nada
guerreros, una gente que carece de cualquier fortuna salvo que tienen rebaños
de todo tipo, alimento para ganado y madera en los bosques. Su tierra produce
poco trigo, pero es rica en otros frutos. No saben de viñedos y compran vino a
sus vecinos. La mayoría de ellos bebe leche.”
Lo anterior es todo lo que está escrito en ese brevísimo capítulo 51.
Jordanes, quien escribe en 551, habla del grupo llamado “los pequeños godos” y
se refiere a su ubicación en tiempo presente: “Hodieque sunt in Moesia…” – y
hoy están en Moesia… Cabe observar que en esa misma fecha, los visigodos
gobernaban España. Su rey era Aguila y a partir de 554 entronizaron a
Atanagildo. Los ostrogodos estaban en Italia, donde su reino se inició en 493
con la entrada de su rey Theodorico en Ravena. Ese reino duró hasta el año 555,
cuando –muerto ya Theodorico – ocurrió la rendición final de las tropas
ostrogodas ante la invasión bizantina.
De manera que tenemos en aquel año 551 muchos tipos de godos:
(1) Los visigodos de España,
(2) Los ostrogodos de Italia,
(3) Los visigodos y ostrogodos que no participaron de la marcha a Roma y
seguían viviendo en sus tierras étnicas en el Báltico y casi todo el noreste de
Europa,
Y (4) los “pequeños godos” de Wulfilo (Ulfilas), asentados al pie del monte
Hemus en Bulgaria.
Esos “otros godos”, como los llamó Jordanes, no muestran mucho en común con
los visigodos u ostrogodos. No eran guerreros, eran pobres, vivían en una
región poco favorecida, al pie de una cordillera con cuatro picos de más de
2.000 m
de altitud, como lo
es la Stara Planina, y su subsistencia dependía de rebaños y de madera. En
tiempos posteriores, no hubo más noticia de ellos. Lo único que quedó, es la
Biblia que les escribió Ulfilas y que originó la teoría del origen germano de
todos los godos.
En el siguiente capítulo, el 52, Jordanes vuelve a marcar la diferencia, al
decir: “Ahora, para volver a la gente de la que tratamos (en este libro),
o sea a los ostrogodos…”, lo cual nos permite interpretar que los “pequeños
godos” no lo eran.
Testigo de su tiempo y su circunstancia
La Biblia de Ulfilas, llamada Codex Argenteus debido a sus letras plateadas
y su portada de plata, apareció en el siglo XVII en un convento de Werden, en
el Ruhr, Alemania. De sus 330 páginas originales sólo quedaban 187. El volumen
fue adquirido por un coleccionista sueco, pasó a manos de la corona de Suecia,
luego fue sustraído y vendido en Holanda donde lo compró nuevamente un sueco,
Magnus de La Gardie, quien lo donó a la Universidad de Uppsala, Suecia. En
1769, el lingüista sueco Johan Ihre publicó un estudio de la lengua en que esa
Biblia fue escrita. Comprobó que su fonética y parte de su vocabulario eran
germánicos. A partir de entonces, prevaleció el convencimiento que los godos
eran germanos.
El relato oficial de la vida de Ulfilas (310-383), indica que se formó en
Constantinopla, fue consagrado obispo en la fe arriana en 341 y durante casi
una década evangelizó a unos godos de Dacia (Rumania), pero al sufrir la
persecución por su fe cristiana, huyó con sus seguidores a lo que hoy es
Bulgaria. Las fuentes alemanas en la Historia Universal de Walter Götz indican
que la persecución partió de los visigodos y por eso huyó Ulfilas: “sus
correligionarios sufrieron bastantes ataques y sobre todo les era hostil el
príncipe Atanarico. Un calendario gótico da cuenta de no pocos mártires. Hacia
350 resolvióse Wulfila con sus partidarios – se les llama pequeños godos – a
pasar al territorio de Roma. Estableciéronse en la comarca de Plewna”29, o
sea en Bulgaria. Podemos añadir que el Atanarico que persiguió a Ulfilas (Wulfila) y su grey, fue posteriormente rey de los godos y como tal fue recibido con
grandes honores en Constantinopla en el año 383, ciudad donde murió.
Los feligreses de Ulfilas, al juzgar por el idioma en que fue escrita su
Biblia, eran un producto de las mezclas de gente de diversas procedencias que
en esas décadas cohabitaban en los Balcanes. El vocabulario usado por Ulfilas
es una mezcla de palabras germanas, bálticas y eslavas. El alfabeto, igual que
la lengua, es un collage de letras griegas, romanas y rúnicas, lo que también
refleja el momento y el lugar. La fonética es claramente germana, con el
característico “Lautverschiebung” de la pronunciación alemana. Los germanos,
que vivían en las nacientes del Danubio y bajaban a lo largo de su cauce,
tenían forzosamente que estar presentes en medio de todas las mezclas que cohabitaban
en la cuenca de ese río. De modo que no
hay ninguna contradicción en cuanto al interés suscitado por el Codex
Argenteum, siempre y cuando se le considere como una muestra del momento y de
las circunstancias en que fue escrito.
El error de los lingüistas e historiadores consistió en atribuir la lengua
de la Biblia de Ulfilas a los godos que, bajando desde el Báltico y el alto
Dnieper, conformaron los dos ejércitos que vencieron Roma en dos oportunidades,
la primera en el año 410 con los visigodos bajo el mando de Alarico, la segunda
en 493 con los ostrogodos bajo el mando de Theodorico. Esos ejércitos eran
reputados por su tradición guerrera, y como lo atestiguan las fuentes
históricas, ninguno fue inferior a 200.000 hombres bajo armas, lo que indica una
población muy superior al grupito pacífico de seguidores del obispo Ulfilas.
Quienes propagaron la teoría de que los “pequeños godos” asentados al pie del
Monte Hemus, en un área que no es sino una fracción de la actual Bulgaria,
representaban a aquellos godos que vencieron al mayor imperio de su tiempo, y
que por lo tanto los godos eran germanos, obviaron todo estudio de su
procedencia y origen territorial, tan detalladamente descritos por Jordanes y
Alfonso X El Sabio.
Los antiguos linderos de los pueblos godos
Cuando Jordanes escribió que los godos lindaban en su frontera occidental
con los germanos, decía algo evidente: que godos y germanos eran dos naciones
distintas, puesto que los separaba una frontera, igual como en la actualidad,
cuando hablamos de la frontera entre Francia y Alemania, es evidente que de un
lado están los franceses y del otro los alemanes.
Jordanes explica la diferencia entre germanos y godos de m&ua |